La pizarra de Yuri: economía
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domingo, 4 de julio de 2010

Saudi Aramco, la discreta tiranía global.

¿Microsoft? ¿Wal-Mart? ¿General Electric? ¿ExxonMobil? ¿Petrochina? Tonterías. Si esa gente te parece importante, es porque no conoces a estos.

Sede central de Saudi Aramco en Dhahran. En primer plano, la mezquita
Al-Mujjama. Detrás a la izda., el edificio de ingeniería; y a la dcha., las
dos torres que albergan la administración.
Es la empresa más grande del mundo, una de las que más beneficios deja, y constituye la infraestructura real de una de las peores tiranías del planeta. Nadie sabe hasta dónde llegan sus tentáculos, pero se le conocen inversiones y lobbies en todos los lugares donde se toman decisiones. Tras ella y a través de ella, un extenso clan de teócratas islámicos interviene libremente en los principales mercados globales sin que nadie les tosa ni un poquitín. Hablamos de Saudi Aramco, el gigantesco conglomerado petrolero, gasístico y financiero con sede en Dhahran. ¿Habías oído hablar alguna vez de ella?

Dios, Patria, Rey, Empresa.

Arabia Saudí es una monarquía absolutista al estilo tradicional, donde la religión, el estado, la casa real y Saudi Aramco constituyen un todo inseparable e indistinguible. Cuatro veces más extensa que España, ocupa la mayor parte de la Península Arábiga a caballo entre el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Sin embargo, su población es relativamente baja (veintiocho millones de habitantes, de los cuales 5,5 millones son inmigrantes extranjeros); se halla concentrada sobre todo en la capital Riad y en una estrecha franja de la costa oeste que se extiende desde Jizan, al sur, hasta Jeddah, La Meca y Medina en el norte. La mayor parte del país se encuentra fundamentalmente despoblada, pues está ocupada por el Desierto Arábigo. Este desierto contiene algunos de los lugares más alienígenas del planeta Tierra, como el inquietante Rub' al-Khali, el lugar vacío.

Aunque el país tiene una larga historia –que incluye, notoriamente, la creación del Islam y el Califato original entre La Meca y Medina a principios del siglo VII–, el estado moderno no se fundó hasta fechas recientes: 1932, para ser exactos. En realidad, fue una creación anglosajona a partir del Tratado de Darin (1915), que convertía los territorios bajo control del clan de los Ibn Saud en un protectorado del Imperio Británico. Gracias a ese apoyo, los Ibn Saud –una familia aristocrática tradicional con características culturales beduinas, que ya habían fundado un par de estados antecesores en el área– consiguieron dominar militarmente el territorio allá por 1926. Mediante el Tratado de Jeddah (1927), el Reino Unido reconoció la independencia del entonces llamado Reino de Nejd y Hejaz, bajo el dominio absolutista del monarca Abdul Aziz ibn Saud. Sus oponentes de la casa de los Rasheed –apoyados por el Imperio Otomano– fueron absorbidos o eliminados. En 1932, Nejd y Hejaz fueron unificados como la Arabia de los Saud. Es decir, Arabia Saudita.

El conflicto tuvo un componente religioso. Los Rasheed eran chiítas bastante corrientes; los Saud, sunitas en una versión especialmente estricta y reaccionaria conocida como wahhabismo (aunque ellos prefieren el término salafismo). El wahhabismo o salafismo es uno más de los supuestos retornos a los orígenes que las religiones presentan de vez en cuando, hasta cierto punto parecido a las ramas ultraconservadoras del protestantismo cristiano: reacción ante un clero corrupto y frente a innovaciones (como el sufismo), literalismo e inerrancia de su libro sagrado (para unos la Biblia y para otros el Corán), defensa de la pureza religiosa y los valores familiares tradicionales, oposición a la idolatría (incluyendo las imágenes, monumentos e iconos), oposición radical a cualquier forma de religión popular o tradicional (magia, talismanes, etc), denuncia del culto a los santos o cualquier otro intermediario ante su dios, así como severo puritanismo moral, social y sexual con elementos sexistas y clasistas muy fuertes.

Como consecuencia, el desarrollo de la identidad nacional saudí quedó estrechamente vinculado a este salafismo y a la Casa de Saúd, por oposición al chiísmo, a la Casa de Rasheed y a sus amigos otomanos (o sea: turcos). El país nunca se dotó de una Constitución, ni de instituciones independientes, ni de nada ni remotamente parecido a una separación de poderes, ni de separación entre iglesia y estado, ni de ninguna otra libertad, derecho o característica propia de un estado moderno; en el mundo musulmán, se sitúa así en el extremo opuesto de la Turquía de Kemal Ataturk que vino a reemplazar al Imperio Otomano. No fue hasta 1992, después de la Primera Guerra del Golfo, cuando Arabia Saudí promulgó por primera vez una Ley Básica a modo de Constitución para quedar bien ante sus aliados occidentales; sus artículos 1, 2, 3, 6,7, 8 y 9 rezan como sigue:
1. El Reino de Arabia Saudita es un estado árabe islámico soberano, y el Islam es su religión. Su Constitución es el Libro de Dios [el Corán] y la Sunnah [tradición] de su Profeta [Mahoma], que las oraciones y la paz de Dios sean con él. El árabe es su idioma y Riad, su capital.
2. Las festividades públicas del estado son el Id al-Fitr y el Id al-Adha [el último día del Ramadán y la celebración del sacrificio de Abraham]. Su calendario es el calendario de la Hégira.
3. La bandera estatal será como sigue: (a) será verde [el color del Islam]; (b) su anchura será igual a dos tercios de su longitud; (c) las palabras "No hay más que un Dios y Mahoma es Su Profeta" se inscribirán en el centro con una espada a sus pies [...]
6. Los ciudadanos deben lealtad al Rey de acuerdo con el Sagrado Corán y la tradición del Profeta, en sumisión y obediencia, en tiempos fáciles y difíciles, en la fortuna y en la adversidad.
7. El Gobierno de Arabia Saudí deriva su poder del Sagrado Corán y la tradición del Profeta.
8. [Los principios del] Gobierno de Arabia Saudí se sustentan en la justicia, la consulta y la igualdad según la Ley de Dios [Shari'ah].
9. La familia es el núcleo de la sociedad saudí; sus miembros serán educados sobre la base de la fe islámica, la lealtad y la obediencia a Dios, su Profeta y sus guardianes [...]
...y sigue por un estilo durante decenas de artículos de los 83 que contiene. La propiedad privada es sagrada (artículos 18 y 19), los impuestos se impondrán sólo cuando haya necesidad (art. 20) y la propiedad, el capital y el trabajo son derechos personales de acuerdo con la Ley de Dios (art. 17). Con respecto a las libertades y derechos democráticos, en cambio, sólo encontramos lo siguiente:
12. La consolidación de la unidad nacional es un deber, y el Estado impedirá cualquier cosa que pueda conducir a la desunión, la sedición y la separación.
26. El estado protegerá los derechos humanos según la Ley de Dios [Shari'ah].
44. Las autoridades del estado son: el poder judicial, el poder ejecutivo y la autoridad reguladora. [...]
45. El poder judicial es una autoridad independiente [...] excepto en lo relativo a la Ley de Dios [Shari'ah].

Por su parte, el poder ejecutivo está totalmente concentrado en el Rey. Pero... ¡un momento! ¿No nos falta el poder legislativo? Quiero decir, ya sabes, legislativo-ejecutivo-judicial y todo ese rollo...

No, obviamente no falta. El poder legislativo está igualmente concentrado en la Casa Real, los clérigos (ulemas) que interpretan la Ley Divina y los jueces que la aplican. Estamos, pues, ante una teocracia absolutista de rasgos medievales, a años luz de la Revolución Francesa y lo que ésta significó. El imperio de la ley es el imperio de la ley del rey, el clero y la patria. Dios, Patria, Rey. Y Empresa.

El oro negro y el amigo americano.

Desde su mismo origen, la historia de Arabia Saudí está inextricablemente vinculada al petróleo que abunda a mares bajo sus arenas inhóspitas.Ya en 1932, geólogos norteamericanos de Standard Oil de California (hoy en día Chevron) encontraron petróleo en otro protectorado británico de facto sito en la misma Península Arábiga, o casi: Bahréin. En 1933, apenas un año después de la fundación del país, los Saúd concedieron una concesión a esta misma compañía petrolera para realizar prospecciones en su territorio. En 1936, la Texas Oil Company (ahora llamada Texaco) compró a Standard Oil el 50% de esta concesión. Ya en 1938 estas compañías abrieron el primer campo, precisamente en Dhahran, donde ahora se encuentra la sede de Saudi Aramco.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tales pozos ya apoyaron marginalmente el esfuerzo de guerra aliado. Sin embargo, no fue hasta el final de la misma cuando estas compañías norteamericanas comenzaron a explotar a fondo las riquezas petrolíferas de la región; así, dejaron en un remoto segundo lugar a sus primos británicos de BP, que se concentraron en la explotación de los pozos iraníes. En 1944, Standard Oil cambió el nombre a su subsidiaria local –hasta entonces denominada Casoc, o California Arabian Standard Oil Company– por Aramco: Arabian American Oil Company. En 1945, esta Aramco abrió la gigantesca refinería de Ras Tanura, que durante muchos años sería la más grande del mundo y aún hoy ocupa la quinta posición.

En 1948, otras dos de las siete hermanas (ahora conocidas como ExxonMobil, la segunda empresa privada más grande del mundo después de Petrochina) se sumaron al negocio, comprando importantes participaciones en Aramco. De esta forma, las cuatro hermanas estadounidenses –lejos de competir– cooperaron durante décadas para explotar la riqueza petrolera saudí a gran escala.

La Guerra Árabe-Israelí de 1948 comenzó a complicar las cosas. En esta guerra, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se pusieron de parte de Israel y dejaron solos a los árabes, con el resultado que se puede suponer. Entre esto y que los yanquis se estaban haciendo de oro con el petróleo saudí sin que la Casa de Saúd viera más que las sobras, en 1950 amagaron con nacionalizar Aramco por primera vez, imitando lo ocurrido en Venezuela poco antes. En esencia, querían el 50% de los beneficios. ExxonMobil, Texaco y Chevron entraron en pánico y pidieron ayuda al gobierno de los Estados Unidos. El presidente Truman se la prestó, y de qué manera: garantizó a estas compañías petrolíferas una reducción de impuestos equivalente al 50% de los beneficios sobre las ventas de combustibles, de tal modo que le pudieran dar el otro 50% a los Ibn Saúd sin reducir sus ganancias. El dinero se canalizó directamente a través del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Este trato de favor a gran escala se conoce como el golden gimmick.

Como en Arabia Saudí no existe separación alguna entre la monarquía y el estado, todas estas riquezas inmensas iban a parar de hecho a las arcas de la Casa Real, que a lo largo de los siguientes años se hicieron famosos en el mundo entero por su estilo de vida lujoso hasta extremos absurdos. Bien es cierto –todo sea dicho en justicia– que aprovecharon para levantar el país, aunque en la práctica el país les pertenecía también. Paralelamente, los países productores de petróleo comenzaron a ser conscientes de los enormes beneficios que podían obtener –y que hasta ese momento se llevaban sobre todo estas compañías extranjeras–, por lo que comenzaron los movimientos para fundar la OPEP.

Y los Estados Unidos protegieron a la Casa de Saúd frente a todos sus enemigos exteriores e interiores, a pesar del problema con Israel. A cambio de esto y de su 50%, el Rey permitía que Aramco siguiera forrándose con el petróleo saudí. Participaron en la Guerra de los Seis Días, por aquello de la solidaridad entre hermanos árabes, musulmanes, etcétera, pero sin muchas ganas (y mucho menos para ayudar a los egipcios, con quienes no se pueden ni ver). Sin embargo, la Guerra del Yom Kippur de 1973 complicó bastante las cosas: la tibieza del riquísimo estado saudí frente al enemigo sionista comenzó a estar muy mal vista en todo el mundo árabe y la Casa Real temió por su estabilidad; pero, por otra parte, tenían las manos atadas porque la muy norteamericana Aramco era la casi única fuente de riqueza para el país y sus monarcas.

La brutal derrota de los árabes en esta guerra del Yom Kippur forzó a Arabia Saudí a participar en el embargo del petróleo de 1973 contra Estados Unidos y Europa Occidental. Y funcionó. La OPEP se hizo consciente de pronto de su poder global; la Casa de Saúd, también. Ahora ya no eran simplemente ricachos, hombres de paja de poderes extranjeros: se habían convertido en operadores de alcance planetario. Pronto, el Movimiento de Países No Alineados –la mayor alternativa que existió jamás a la hegemonía de los Estados Unidos y la URSS– estaba en marcha, incorporando a casi toda la OPEP. En ese mismo año de 1973, la monarquía saudí utilizó una parte de la fortuna acumulada durante todos estos años para adquirir el 25% de Aramco, en lo que constituyó el primer paso para su nacionalización.

A lo largo de los siguientes siete años, la Casa de Saúd (o el estado saudí, que lo mismo da) fue adquiriendo participaciones cada vez mayores en la empresa. En 1980 compraron la última acción, con lo que la otrora norteamericana Aramco se convirtió en saudita por completo; de esa forma, Riad recuperaba el control completo sobre su producción y exportación de petróleo sin depender de los Estados Unidos. Así, ganó una mayor libertad política para moverse entre los polvorines del Oriente Próximo y en los mercados del mundo entero.

Sin embargo, la Casa de Saúd nunca se sintió cómoda lejos del amigo americano, sobre todo teniendo en cuenta que sus rivales egipcios se estaban alejando de la URSS y acercándose a los Estados Unidos. No querían dejar de ser los favoritos de Occidente en el mundo árabe. De tapadillo, siguieron cooperando a todos los niveles. Las operaciones norteamericanas para crear el integrismo islámico moderno contra la URSS en Afganistán y los regímenes seculares prosoviéticos en todo el Oriente Medio se ejecutaron fundamentalmente a través de Arabia Saudita y Pakistán (esos eran los tiempos en que Hollywood nos obsequiaba con un Rambo amigo de los muyahideen contra el pérfido oso comunista). El durísimo salafismo islámico fue exportado a un –por aquel entonces– bastante secularizado Afganistán a través de un tal Osama Bin Laden y sus talibanes con dinero saudita y estadounidense. (Y también misiles de alta tecnología al Irán de los ayatolás a través de –no te lo vas a creer– Israel, sí, Israel, en lo que vino a ser el asunto Irán-Contras).
Durante la presidencia de Ronald Reagan, el apoyo norteamericano a los integristas islámicos se extendió a su maquinaria de propaganda. En la imagen, dos capturas de la película Rambo III donde el héroe estadounidense lucha codo con codo junto a los muyahideen (ahora llamados "terroristas") contra el enemigo soviético. Uno de los organizadores principales de estos muyahideen era Osama Bin Laden, y la ayuda se canalizó fundamentalmente a través de Pakistán y Arabia Saudí.

Saudi Aramco.

Y Aramco siguió creciendo y creciendo y creciendo, ahora bajo control exclusivo saudí. Poseen el campo de Ghawar –el más grande del mundo– y también los de Safaniya-Khafji, Shaybah, Abqaiq, Berri, Manifa o Faroozan más otros muchos por todo el planeta en los que han ido adquiriendo participaciones. Poseen el 20% de las reservas de petróleo de la Tierra. Construyeron el Master Gas System, la red de hidrocarburos más grande del mundo, así como enormes refinerías y plantas de gas licuado. Compraron superpetroleros. Con la permanente ayuda estadounidense, desarrollaron avanzadas tecnologías de extracción, procesamiento y distribución. Se instalaron gigantescos gasoductos y oleoductos, terminales de carga, de todo. En 1988, la empresa fue estatalizada definitivamente bajo el nombre Saudi Aramco.

Saudi Aramco es propiedad exclusiva al 100% de Arabia Saudí –de la Casa de Saúd–, no tiene más accionistas y no sale a bolsa, con lo cual siempre permanece en un discreto segundo plano; carece de obligación de aportar a nadie más que el monarca cuentas de resultados, balances, auditorías y demás cosillas para pobres. En 2005 (actualizado en 2006), un singular documento de Financial Times desveló que las empresas más valiosas del mundo –más grandes en términos económicos– no eran ni Microsoft, ni Wal-mart ni ninguna de esas: la lista estaba encabezada por los gigantes petrolíferos estatales que no tienen que rendir cuentas a nadie más que a sus propios estados.

Y arriba del todo, destacando a enorme distancia de todas las demás, estaba Saudi Aramco.

Con un valor total estimado de 781.000 millones de dólares –repite conmigo: setecientos - ochenta - y - un - mil - millones - de puñeteros dólares–, la muy estatal y muy islámica Saudi Aramco era ya en 2005-2006 tan grande como las dos compañías privadas más grandes del mundo juntas: esas eran, por aquellos tiempos, ExxonMobil y General Electric.

Sus ingresos anunciados en 2008 fueron de 233.000 millones de dólares –repítelo–. Esto la pone en un modesto sexto lugar con respecto a empresas más pequeñas; de ahí come la práctica totalidad de Arabia Saudí. Saudi Aramco es quien paga todas las facturas, a través de una densa trama de nepotismo, clientelismo e ingenierías contables tanto dentro como fuera del país. Controla el 90% de la riqueza nacional. Arabia Saudí es Saudi Aramco.

Saudi Aramco tiene enormes inversiones en el exterior, y de manera muy notable en los Estados Unidos, donde ha estado estrechamente vinculada con los dos presidentes de la familia Bush. Lo hace a través de subsidiarias conocidas y de inversiones mucho menos obvias en los mercados globales. Nadie sabe hasta dónde llegan sus tentáculos. Pero llegan muy lejos.

Aviones de Saudi Aramco en el aeropuerto Rey Fahd.

La tiranía discreta de alcance global.

En Arabia Saudí no existen los derechos humanos. Es el tercer país que más gente ejecuta per capita –incluyendo menores–; las amputaciones de miembros y las tandas de cientos de latigazos se aplican libérrimamente. Su imperio de la ley depende del rey y de los clérigos. Las minorías sexuales son reprimidas brutalmente; el sexo fuera del matrimonio es ilegal. Los derechos de la mujer son un chiste (y los del hombre, sobre todo cuando es pobre, también). Los inmigrantes extranjeros (los pobres, claro) son carne de cañón para el sistema judicial, si es que se le puede llamar así. La policía política está por todas partes. Sin embargo, el caso saudí casi siempre aparece como una nota a pie de página en las declaraciones grandilocuentes sobre la protección de los derechos humanos. En serio, ¿cuántas veces has oído hablar del problema de los derechos humanos en Arabia Saudí?

En Arabia Saudí no existen ni siquiera las formas de una democracia, aunque sea de papel. Los partidos políticos y los sindicatos están rigurosamente prohibidos, y quienes intentaron formar alguno, encarcelados o muertos. No hay ni siquiera un Parlamento de coña. No hay elecciones. No hay ninguna manera mediante la que el pueblo pueda intervenir en el poder. La monarquía es intocable. No se tolera ninguna clase de disidencia. Es como Corea del Norte, pero con pasta. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de la necesidad de llevar la democracia a Arabia Saudí?

Entrevista (subtitulada en inglés) a un verdugo saudí:



En Arabia Saudí no existe la libertad de opinión. Ningún medio de comunicación ni ningún ciudadano particular puede criticar al poder o al Islam. Los periodistas están estrechamente vigilados. Incluso bloggers moderadamente críticos como Fouad Al-Farhan son detenidos durante meses en confinamiento solitario. El acceso a Internet está censurado y controlado mediante un firewall que no tiene nada que envidiar al chino, provisto por la compañía norteamericana Secure Computing. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de los problemas con la libertad de opinión, prensa e Internet en Arabia Saudí?

En Arabia Saudí no existe la libertad de religión. Vamos, ni de coña. Mucho menos que en China, por decir algo. Arabia Saudí es islámica y salafista, punto. La policía religiosa –mutaween– es omnipresente. Los extranjeros que quieran celebrar ritos, pueden hacerlo en su habitación del hotel o del complejo gubernamental para guiris. No se permite difundir materiales de ninguna otra religión (ni siquiera de otras versiones del Islam). Convertirse a otra religión es apostasía, condenada con la pena de muerte; ni en la URSS de Stalin, ni en Corea del Norte ni en la Alemania nazi se vio esto. La minoría chiíta está severamente oprimida y discriminada. La mera idea de construir un templo de algo distinto al salafismo constituye una especie de broma de poco gusto. Según estos absolutistas, cualquier cosa que suene remotamente a relativismo es motivo más que suficiente para hacerlo desaparecer en las arenas, incluso sin juicio. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de la represión religiosa o ideológica en Arabia Saudí?

Ciudadanos prominentes de Arabia Saudí –una tiranía donde todo está controlado– han financiado abundantemente grupos terroristas por todo el mundo, y se dice que siguen haciéndolo. En una situación kafkiana, reprime en su propio país a los mismos militantes que ha fomentado –y puede que fomente– en otros muchos lugares. Allá donde hay mujahideen, hay ciudadanos saudíes, dinero saudí, teología saudí; sea Afganistán, Bosnia, Chechenia, Kosovo... o Nueva York. De los diecinueve autores materiales de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Manhattan y Washington DC, quince fueron saudíes. Y sin embargo... eso.

El único país del mundo que posee aviones AWACS E-3 Sentry fuera de la OTAN es Arabia Saudí; ni siquiera Israel los tiene. Junto con Kuwait, es también el único país fuera de los Estados Unidos con carros M1A2 Abrams; y uno de los cuatro que opera cazas y cazabombarderos F-15 Eagle. Es el único país fuera de Europa que tuvo el Panavia Tornado y que tiene el Eurofighter Typhoon. A pesar de ser una conocida tiranía con extraordinarias violaciones de los derechos humanos, todo el mundo le vende material policial y represivo por toneladas. No es como si no pudiera pagar todo ello y mucho más, claro; pero las decisiones de compraventa de estas armas tan sofisticadas y poderosas no se rigen exclusivamente por motivos económicos. Ni lo hace el vendedor, ni lo hace el comprador.

Mientras tanto, Arabia Saudí –Saudi Aramco, la Casa de Saúd, el Islam salafista, todo en uno– sigue exportando 360.000 barriles de petróleo por hora –cien por segundo, más que Rusia y los Emiratos Árabes Unidos juntos– hacia todo el sediento mundo. Es el quinto poseedor de reservas de divisa del planeta con 395.000 millones de dólares, inmediatamente detrás de China (2,5 billones), Japón (990.000 millones), la Eurozona (668.000 millones) y Rusia (447.000 millones). Su fondo soberano de inversión SAMA es el tercero de esta Tierra, con 431.000 millones de dólares. La deuda pública nacional asciende al 13,5% del PIB (la de Estados Unidos es del 86,1%, la de Alemania del 77% y la de España del 50%, datos de 2009, por poner tres ejemplos); en deuda externa, eso son 58.600 millones de dólares, menos que Nueva Zelanda y equivalente a su producto nacional bruto de... 57 días. Todo ello según declaración pública, lo que difícilmente incluye las inversiones privadas de los miembros de la extensa familia real.

Sin el petróleo saudí, el mundo se detendría de inmediato. Sin el dinero saudí, los mercados colapsarían de la noche a la mañana.

El resultado es obvio: estos no son moros sino señores árabes a quienes nadie se atreve a incomodar, no vaya a ser que ocurra algo con el petróleo o con las monumentales inversiones que mantienen en todos los sectores. Sus palancas políticas y geoestratégicas son extensas y profundas, y cuanto más desarrollada es una sociedad, más depende de que esos superpetroleros cargados hasta la bandera sigan llegando a su hora –por no mencionar posibles desinversiones en, digamos, los sectores más delicados de tu economía, o de tus negocios en particular–. Mientras tanto, la que probablemente sea la peor tiranía teocrática del mundo sigue su camino suavemente, prósperamente, globalmente. Discretamente. Y de fondo, las inmensas refinerías de Saudi Aramco rielando desde el Mar Rojo hasta el Golfo Pérsico y el mundo entero, acariciadas por las ardientes arenas del lugar vacío.
Un sector de la gigantesca refinería de Rabigh, propiedad de Saudi Aramco. Con una capacidad de procesamiento de 400.000 barriles/día, es la segunda más grande del país y una de las mayores del planeta.

EL LIBRO DE LA PIZARRA DE YURI:
La Pizarra de Yuri
Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
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martes, 8 de junio de 2010

Una respuesta de BP.

Se ve que andaban algo cortos de tiempo.

Como os prometí (a vosotros y a ellos), aquí está la respuesta que el Departamento de Comunicación de BP ha tenido a bien remitirme en contestación a mis cinco preguntas:
Estimado [Yuri],

Gracias por su interés. En relación con sus preguntas, puede encontrar la mayoría de las respuestas en las webs  www.deepwaterhorizonresponse.com y www.bp.com. Confiamos en que comprenda que hay algunas preguntas que plantea cuyas respuestas aún no se conocen pues están en proceso de investigación.

Un saludo,

Comunicación BP

Como es bastante evidente, los sitios web indicados no contienen grandes respuestas a las preguntas más sustanciales planteadas. En particular, no hay respuesta alguna a estas tres preguntas:
  1. ¿Por qué BP y sus asociados iniciaron la explotación de pozos de gran profundidad sin disponer de ninguna tecnología razonablemente comprobada de contención en caso de accidente?
  2. ¿Qué otras instalaciones del tipo de la Deepwater Horizon existen en el mundo y dónde se encuentran ubicadas?
  3. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP en particular y la industria petrolífera en general para prevenir la repetición de un accidente de estas características?

En estos momentos, la situación es que la nueva cápsula está recogiendo 11.000 barriles al día (lo cual deja en muy mal lugar la presunción anterior de BP según la cual el escape era de unos 5.000 barriles al día) y sigue sin saberse a cuánto asciende el flujo total que ha estado y está escapando al Golfo de México. Diversas fuentes hablan de un mínimo entre 12.000 y 19.000 (Gobierno de los Estados Unidos, USGS), con algunas llegando hasta cerca de 100.000 (Steven Wereley de la Universidad Purdue en declaración al Congreso de los Estados Unidos, Ira Leifer de la UCSB y miembro del Flow Rate Technical Group gubernamental).

La catástrofe continúa y nadie sabe realmente lo grande que es. Que cada cual juzgue como crea conveniente.


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domingo, 30 de mayo de 2010

Cinco preguntas a BP.

Cinco semanas y cinco fracasos son paciencia y prudencia suficientes.

En vista de que quienes deberían hacerlas mantienen un curioso silencio, yo creo que ya es hora de que empecemos todos a hacer preguntas en tanto que ciudadanos de este mundo (y consumidores). En el momento presente, estas son las mías, que ya han sido remitidas a BP España a través de su página web:







Watch live streaming video from wkrg_oil_spill at livestream.com

Feed en tiempo real del escape de petróleo a gran profundidad ocasionado por BP en el Golfo de México. Es una webcam y puede que a veces se detenga o no se vea.

Estimado señor o señora:

En primer lugar, permítale transmitirle mi más sentido pésame por el fallecimiento de los once trabajadores a bordo de la plataforma Deepwater Horizon, hundida en el Golfo de México el pasado 20 de abril de 2010; pésame que le rogaría hiciera llegar a sus familias si tal cosa es posible. Entiendo que este es, además de un desastre ecológico, una tragedia humana que sin duda les habrá afectado hondamente como compañeros que son de estas personas.

Transcurridas cinco semanas desde el inicio de esta catástrofe, y ante el fracaso de las diversas medidas tomadas para contenerla, comprenderá que somos muchos los ciudadanos preocupados e inquietos por la evolución de la misma. Me temo que, en vista de lo que está sucediendo, las explicaciones dadas a la sociedad y a los consumidores hasta ahora por su compañía resultan lamentablemente insuficientes. Es por ello que me dirijo a ustedes para realizarles las siguientes preguntas, comunicándole que he publicado copia de las mismas en mi blog y pretendo hacer lo propio con las respuestas o su ausencia:

1. ¿Por qué BP y sus asociados iniciaron la explotación de pozos de gran profundidad sin disponer de ninguna tecnología razonablemente comprobada de contención en caso de accidente?

Ha quedado palmariamente demostrado que BP –y con toda probabilidad la industria petrolífera en general– carece de tecnologías para contener un accidente por blowout a gran profundidad, cuya posibilidad era cierta y conocida. Toda actividad humana tiene sus riesgos; sin embargo, los preceptos más básicos de la cultura de la seguridad determinan que no se emprende una actividad industrial a gran escala sin un plan de contingencia al menos razonablemente conocido y comprobado para el peor caso posible. Aparentemente, BP y sus asociados iniciaron una serie de explotaciones petrolíferas submarinas para las que no existía ni existe ninguna tecnología de contención de esta clase de siniestros en un plazo y con una fiabilidad prudenciales. ¿Por qué asumieron semejante riesgo? Habiendo asumido el riesgo, ¿se responsabilizan ustedes de todas sus consecuencias?

2. ¿Qué otras instalaciones del tipo de la Deepwater Horizon existen en el mundo y dónde se encuentran ubicadas?

Habiendo quedado demostrado de la peor manera posible que no existen tecnologías practicables para la contención de este tipo de accidentes en tiempo y forma sensatos, deduzco que la existencia de estas instalaciones implica un riesgo grave e incontrolable para el medio ambiente y las comunidades humanas circundantes. Resulta, por tanto, asunto de interés público conocer qué otras plataformas de perforación susceptibles de sufrir un accidente análogo existen en el mundo, y cuál es su ubicación precisa; tanto si pertenecen a BP como a cualquier otra compañía o estado.

3. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP en particular y la industria petrolífera en general para prevenir la repetición de un accidente de estas características?

Dado que los accidentes por blowout han demostrado ser una constante en la historia de la explotación petrolífera, a pesar de todos los esfuerzos destinados a prevenirlos, resulta obvio por sí mismo que la perforación en lugares difícilmente accesibles y con grave riesgo medioambiental representa una actividad irresponsable e inadmisible. ¿Qué medidas eficaces se han tomado o se van a tomar para evitar su repetición? Estas medidas, ¿pueden impedir realmente que vuelva a suceder un accidente así, pese al fracaso de todas las anteriores? ¿De qué manera? En caso contrario, parecería razonable clausurar de inmediato todas estas instalaciones. Entiendo que esta opción puede causar graves perjuicios económicos a sus operadores, ¿pero existe alguna otra alternativa realista en el estado actual de la tecnología? Si existe, ¿por qué no se implementó en la Deepwater Horizon?

4. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP y sus asociados para reponer el daño causado al medio ambiente y para indemnizar a las comunidades humanas afectadas por el mismo en el Golfo de México o en cualquier otro lugar?

Resulta evidente que el accidente de la Deepwater Horizon ha causado un daño inmenso al medio ambiente y a las comunidades humanas afectadas por el mismo, en el Golfo de México y puede que en otros lugares. A pesar de las cifras iniciales que se dieron, claramente subestimadas, ahora ya se conoce que este accidente se encuentra al menos en la misma categoría que las mareas negras ocasionadas por el Amoco Cadiz en 1978 o el Atlantic Empress en 1979, las sucedidas en Nowruz o Fergana en 1983 y 1992 e incluso las causadas en el mismo Golfo de México por la plataforma Ixtoc I en 1979 –un accidente bastante parecido al actual–. Esto puede convertir el siniestro de la Deepwater Horizon en el segundo o tercer peor vertido de la historia, ahora mismo o en fechas próximas. ¿De qué manera BP y sus asociados van a reparar el daño causado al medio y a las comunidades humanas, hasta qué punto exacto y con qué recursos económicos, políticos y sociales? Y no menos importante: ¿de qué manera van a indemnizar a las familias de los once trabajadores fallecidos?

5. Finalmente, ¿cómo van a parar el desastre actual y cómo van a reparar el daño total causado por el mismo?

Una vez los intentos de contener el accidente han fracasado, el petróleo sigue fluyendo al Golfo de México a un ritmo de entre 5.000 y 100.000 barriles por día, según las diversas fuentes (estimación original de BP: 5.000 bbl/día; Eugene Chaing de la Universidad de California en Berkeley: 20.000-100.000 bbl/día; Steven Wereley de la Universidad Purdue en testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos: 95.000 bbl/día; entre otros).

En estos momentos, más allá del nuevo intento de tapar el orificio con una nueva cápsula, se están dando estimaciones de "meses" o "hasta agosto" para la perforación de pozos que alivien al siniestrado; lo que, en varios escenarios posibles a la luz de estos datos, podría convertir el desastre de la Deepwater Horizon en uno de los dos más graves de la historia, en la misma categoría que los vertidos ocasionados durante la Guerra del Golfo de 1991. Funcione el nuevo intento de taponar la perforación o no, ¿qué medidas de específicas están tomando o van a tomar para minimizar los daños mientras estos trabajos se completan, para reparar el daño causado al medio ambiente y para indemnizar a las comunidades afectadas por la prolongación en el tiempo de este desastre?

Soy consciente de que estas son preguntas complicadas a las que no se puede responder con las habituales frases hechas de relaciones públicas; pero es que, precisamente, somos bastantes las personas cansadas de frases hechas de relaciones públicas y necesitamos explicaciones de mayor calado y profundidad sobre lo sucedido en tanto que ciudadanos y consumidores de sus productos. Es por ello que les ruego un esfuerzo para dar a conocer a la sociedad la respuesta a estas cuestiones y cualesquiera otras que consideren oportuno añadir.

Queda atentamente a su disposición,



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La Pizarra de Yuri
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miércoles, 21 de abril de 2010

Del volcán islandés y la (no tanta) fragilidad humana.

El problema no es que seamos frágiles; el problema es que ser fuertes sale muy caro.

Por costumbre, los humanos seguimos empeñados en llamar tierra firme y cosas así a las inciertas balsas de roca tibia sobre las que vivimos, bamboleándonos a la deriva sobre un inmenso mar de magma ardiente. Definitivamente, aún no nos hemos hecho a la idea de que la biosfera terrestre –el lugar donde alienta casi todo lo que somos, casi todo lo que amamos– es una estrechísima capa de moho raro y gases tenues sobre otra capa igualmente estrecha de piedra, alrededor de una esfera de lava ígnea en un rincón cualquiera del cosmos. Existimos en una delgada, casi imperceptible lámina de realidad atrapada para siempre entre el fuego abrasador y el helor infinito.

Quizá por ello, nos alarmamos cuando estos pecios a la deriva topan y rascan y rasgan y pliegan entre sí, generando toda clase de fenómenos sísmicos y volcánicos. Bueno, por eso y porque nos puede matar, claro. Lo que llamamos vulcanismo –por el viejo dios Vulcano de los romanos, el herrero– es sin duda la manifestación más espectacular y temible de esta sencilla realidad. Es la vulcanología, una rama de la geología, quien estudia las muchas maneras en que este magma candente bajo nuestros pies llega hasta la superficie infiltrándose por las costuras de nuestros precarios navíos pétreos o simplemente estallando a través de la cubierta. Continentes enteros se han formado –y han desaparecido– así a lo largo de todas las eras terrestres. Este es un planeta vivo, está caliente y se mueve.

Algunas zonas, generalmente a lo largo de las líneas de contacto entre estas gabarras terrosas que creemos sólidas como la roca, son de suyo proclives a ceder el paso a este magma infernal hacia la superficie. Estas líneas se conocen como cinturones de fuego, por razones obvias. A lo largo de estos cinturones de fuego la actividad volcánica y sísmica es constante, e intensa. El más conocido es el del Pacífico, una interminable sima ardiente alrededor del más grande de nuestros océanos, entre las embarcaciones llamadas América y Eurasia.

Islandia se halla exactamente a caballo entre dos de estas brechas abismales: en la dorsal mesoatlántica. De hecho, toda Islandia es un gigantesco volcán, que se ha ido elevando a fuerza de acumular lava durante los últimos veinte millones de años. La autoría específica se debe a la denominada pluma islandesa, o punto caliente islandés. Estos son lugares específicos donde la actividad es extremadamente elevada, y tiende a permanecer estable en el tiempo aunque las capas superficiales de corteza se muevan. Esto da lugar a veces a curiosas trazas de volcanes que van emergiendo a lo largo de una línea aparente, aunque en realidad la pluma se ha mantenido estable y es la placa tectónica la que ha ido moviéndose sobre ella.

La erupción volcánica más gigantesca de la historia de la Tierra –al menos desde que la Tierra terminó de estabilizarse (más o menos) tras su formación– fueron las Escaleras Siberianas, que bulleron desde gran profundidad hace unos 250 millones de años, aportando a Eurasia una masa equivalente a la de toda Europa Occidental. Constituyen el origen de la inmensa riqueza mineral rusa del presente, y se las considera responsables del Gran Morir: la extinción supermasiva del Pérmico-Triásico, que acabó con el 90% de las especies vivas. Les siguen de cerca las Escaleras Decanas, en la India, hace unos 65 millones de años; no son pocos quienes opinan que le echaron también una manita importante al meteorito que acabó con los dinosaurios no aéreos por esas mismas fechas, durante la extinción masiva del Cretácico-Terciario.

Extensión de las Escaleras Siberianas. Sí, todo eso fue un solo volcán una vez.

Pero estas escaleras fluyeron lentamente a lo largo de mucho tiempo, lo que no se corresponde muy bien con nuestra idea infantil de un volcán de verdad: la montañita cónica que explota un buen día, según la dibujaría un niño. Entre las erupciones explosivas más importantes de la historia terrestre se encuentran la caldera de La Garita, actualmente en el estado norteamericano de Colorado, que sufrió varias explosiones consecutivas a lo largo de un par de millones de años con una potencia explosiva total equivalente a cien mil veces la bomba Zar –el arma termonuclear más potente fabricada por la especie humana jamás–. Esto sucedió hace aproximadamente 27 millones de años. No fue tampoco pequeña Toba, hace unos 70.000 años –cuando ya andábamos por aquí–, a la que se supone causante directa de aquella vez en que no fuimos muchos más de mil.

En tiempos históricos tenemos Thera, que hirió de muerte a la civilización minoica y muchos creen en el origen de las leyendas sobre la Atlántida.  Y por supuesto el Tambora, en 1815, causante de la mayor hambruna del siglo XIX durante el año sin verano a través de un invierno volcánico muy similar a un pequeño invierno nuclear, pero sin radiación. La famosa erupción del Vesubio que enterró las ciudades romanas de Pompeya y Herculano en el año 79 dC es sólo una más de los millares de volcanes que vienen explotando constantemente y seguirán haciéndolo durante miles de millones de años. Comparándolo con todos estos, la reciente erupción del Eyjafjallajökull islandés que está provocando tantos problemas no es más que un suceso menor.

El Eyjafjallajökull.

Vamos, no es tan difícil de pronunciar: éyzfasleiguk, o algo así (sí, he estado un cuarto de hora hasta que lo he conseguido, ¿qué pasa?). Se trata de un estratovolcán justo encima de la pluma islandesa mencionada más arriba, que ha estallado un montón de veces; la última, en 1821. Aquella vez mató a un montón de ganado local por envenenamiento con flúor.

Ya en diciembre del año pasado, los geólogos comprendían que el éyzfasleiguk estaba por la labor de armarla otra vez. Nadie le dio mucha importancia: en Islandia, uno u otro volcán está constantemente reventando, a punto de reventar o recién reventado. El caso es que desde 2006 a 2009 se habían detectado unos 250 terremotos entre 8 y 12 km de profundidad (menos que el de Haití, conspis), y en febrero los monitores GPS dispuestos en el área observaron desplazamiento de tierra de tres centímetros en dirección sur, con un rápido corrimiento de un centímetro en un solo día: indicadores claros de que grandes cantidades de magma estaban fluyendo por el subsuelo.

Aquello es una zona despoblada e inhóspita, y nadie vio la primera erupción. Se cree que se produjo el 20 de marzo, entre las 10:30 y las 11:30 UTC. Las autoridades evacuaron a unas 500 familias de granjeros situadas en las proximidades, sobre todo por el riesgo de inundaciones instantáneas (aquello son glaciares), y cerraron los aeropuertos de Reikyavik y Keflavik; los reabrirían poco después. Con lo tocada que está la economía islandesa a consecuencia de la crisis financiera global, los emprendedores locales rápidamente pusieron en marcha una campaña de turismo volcánico, con visitas guiadas, webcams (cam1, cam2, cam3) y toda la pesca.

Se estimó que la fisura tiene unos 500 metros de longitud, con 10 o 12 cráteres en erupción, que emiten lava basáltica bastante densa a unos 1.000 ºC. Esta viscosidad hace que la lava avance lentamente, en dirección noreste. El 31 de marzo se abría una segunda fisura, 200 metros al norte. Los geofísicos afirman que ambas fisuras comparten la misma cámara magmática; es decir, que se trata de un único volcán. Y no es un volcán muy importante: tan solo uno más, cuyo interés difícilmente sobrepasa el ámbito de la geología y las ciencias planetarias. Durante los siguientes días, la erupción fue remitiendo hasta convertirse en un lento río de lava que fluía poquito a poco.

El 14 de abril se produjo una nueva erupción explosiva del éyzfasleiguk, en el centro del glaciar; cosa frecuente en esta clase de volcanes, y de hecho esperada. Las autoridades evacuaron esta vez a 800 habitantes locales, y de nuevo no parecía que pasase nada digno de recordar. Sin embargo, esta segunda erupción reventó debajo del hielo glaciar, en vez de al aire libre como la primera. Y fue más potente: unas veinte veces más.

El glaciar empezó a fundirse por el enorme calor, el agua cayó a chorros dentro del volcán y se puso a enfriar rápidamente la lava y, muy especialmente, la ceniza. Este enfriamiento rápido produce un fenómeno de cristalización de la ceniza caliente, que a continuación es propulsada a la alta atmósfera por la propia erupción. Entonces fue cuando las alertas empezaron a dispararse, y el mundo entero empezó a mirar hacia este olvidado volcán.

El volcán, las NATs y la economía global.

Pues se da la circunstancia de que esta ceniza cristalizada es muy peligrosa para la aviación. Se trata de un polvo abrasivo, finísimo y muy ligero, que se cuela por todos los rincones y destroza rápidamente por limado los mecanismos en marcha; de manera notable, las complejas etapas de admisión y compresión de los motores a reacción girando a miles de revoluciones por minuto.

Cuando la toma de aire de un reactor absorbe cantidades significativas de esta ceniza abrasiva, se filtra por todos los mecanismos y se deposita en las turbinas y compresores. Entonces éstos se convierten en una especie de torno de fresado que se fresa a sí mismo rotando a gran velocidad, deteriorando rápidamente los sofisticados sistemas e incrementando la temperatura hasta el punto de ignición y fundido.Además, obtura las intrincadas redes de inyectores para la cámara de combustión, y contamina la reacción. Y adicionalmente, el grano este tiende a fundirse y recristalizarse en torno a los mecanismos, bloqueándolos y gripándolos. En pocos minutos, el motor está destrozado por completo y, seguramente, en llamas. Otros muchos sistemas del avión dependientes del aire exterior resultan afectados también. En suma: el vuelo por dentro de una nube de esta ceniza abrasiva constituye un riesgo cierto, y muy notorio, de perder los motores, perder los generadores eléctricos, perder la sensorización barométrica y acabar hechos pedazos en medio del mar.

Se da la circunstancia de que Islandia está justo en medio del Océano Atlántico, a mitad camino entre Europa y Norteamérica. Los vientos dominantes a esta latitud son los del oeste, que empujan la ceniza hacia Europa. Pero por esta zona los vientos también rotan en célula de Hadley, en el sentido de las agujas del reloj, para convertirse en los alisios ecuatoriales: los vientos que hincharon las velas de los exploradores y comerciantes desde tiempo inmemorial. A efectos prácticos, la ceniza abrasiva del éyzfasleiguk se extiende como una mancha de aceite hacia oriente y hacia el sur, desde ras del suelo hasta la alta estratosfera.



Hace mucho que viajeros y mercaderes ya no atraviesan los mares empujados viento en popa por sus velas. Pero sus descendientes, los grandes jetliners que surcan orgullosamente esos mismos cielos propulsados con poderosos motores a reacción, son tan dependientes del aire en esas regiones como lo fueron Cristóbal Colón, Vasco de Gama o la Flota de las Indias. Más todavía: a estos marinos les habría dado igual si el viento soplaba un poco sucio y les manchaba las velas, pero a los navegantes del cielo no les da igual si sus reactores se transforman en un amasijo destrozado e incendiado de metal pulido.

Hablamos de la ruta comercial más densa e importante del mundo: la que une Europa y Norteamérica. Al sur de Islandia se extienden las aerorrutas intercontinentales NAT por donde circulan día y noche cientos y miles de aviones con millones de pasajeros y cientos de miles de millones de euros en valiosísimas mercancías. Hacia oriente, Europa: la muy rica, muy avanzada, muy superpoblada Europa, dependiente de una densísima trama de tráfico aéreo para su prosperidad y normal funcionamiento. Y los aviones no deben, no pueden volar por ese aire tenue impregnado con la ceniza abrasiva del Eyjafjallajökull.



Por supuesto, hay soluciones: buscar rutas alternativas menos contaminadas, trabajar a altitudes más limpias, optar por otros medios de transporte o simplemente esperar a que pase lo peor. El problema es que todas estas soluciones son carísimas, antieconómicas e imprácticas. Todo el sistema de comercio aéreo global está concebido para ser rentable sobre unas rutas determinadas con unas características determinadas; y esa concepción lo determina todo, desde las decisiones de compra de este u otro tipo de avión, hasta el precio del combustible aeronáutico o el modelo de negocio de los transportistas, sus proveedores y sus clientes: todos nosotros, en último término. La erupción del Eyjafjallajökull es, sobre todo, un desastre económico en unos tiempos en que no estamos para muchas tonterías con el dinero.

Leo ahora mismo que el Eyjafjallajökull ha proyectado una nueva nube abrasiva que avanza en dirección sur, otra vez a través de las pistas NAT. No se puede saber cuándo remitirá el fenómeno: puede costarle días o años. Parece razonable suponer que el agua del glaciar que se encuentra en posición de cristalizar la ceniza se agotará más pronto que tarde, y entonces pasaremos a tener nubes de ceniza volcánica común que siguen siendo molestas y peligrosas, pero no tanto ni a tanta distancia. Por otra parte, en cualquier momento podría producirse una nueva erupción en zona glaciar que ponga el fenómeno en marcha otra vez, con mayor intensidad.

El Eyjafjallajökull está activo, está en erupción y no se va a parar porque al moho que camina sobre dos patas le parezca bien. En realidad, no existe nada a escala humana que pueda parar un volcán de cierto calibre. Tampoco es obvia la manera de proteger a los aviones para que puedan volar a través de esta ceniza, y mucho menos la manera de implementarlo en miles de aeronaves si se encontrara algún arreglo (sin duda, igualmente costoso). Erupciones anteriores del Eyjafjallajökull han durado en torno a dos años, aunque la actividad principal se daba en fases de pocos días, por si sirve como un intento de predicción sobre lo que va a ocurrir a partir de ahora. Por otra parte, si dura tanto es posible que provoque un cierto efecto de enfriamiento planetario por invierno volcánico, lo que no nos vendría nada mal frente al calentamiento global; el que no se consuela, es porque no quiere.

Se dice que esta es la semana en que Europa retrocedió noventa años, antes de que hubiera aviación comercial, y en cierta medida es verdad. Por un lado estamos inconcebiblemente mejor equipados para enfrentarnos a esta situación (pagando mucho dinero), pero por otro ya nos habíamos desadaptado a un mundo en que el tráfico aéreo no estaba garantizado y normalizado. Desde hace más de medio siglo, nuestra economía y nuestro modo de vida depende de la existencia de rutas aéreas económicas y seguras mucho más de lo que imaginamos. Si la erupción se extiende en el tiempo, nos va a costar readaptarnos. Nos va a costar mucho dinero, quiero decir. A todos.

El ser humano no es tan frágil. Sobrevivimos al Tambora, y a Toba, y a Thera, y con el Eyjafjallajökull ni siquiera nos vamos a sentir en peligro en ningún momento. Lo que es frágil es nuestra dependencia de las infraestructuras enormemente sofisticadas que mantienen nuestra prosperidad y nuestro modo de vida, de las que casi nunca somos conscientes. No hace mucho conté en este blog cómo una guerra moderna podría causar decenas de millones de muertos y miseria incontable para miles de millones más sin necesidad de arrojar una sola bomba sobre la gente, por el sencillo procedimiento de cortarnos la luz. Esto no se parece ni de lejos a eso, pero a menos que el viejo dios Vulcano sea misericordioso, terminará ocasionando más empobrecimiento y desempleo del que estamos padeciendo ya. Como les ocurrió a los antiguos, la mayor parte de la gente ni siquiera será consciente de la causa y sólo lo percibirán a través de sus experiencias personales; aunque si el Eyjafjallajökull no cesa, o cuando ocurra cualquier otro en el futuro, será tan real como la depresión económica que azotó a las comarcas alrededor del Vesubio desde tiempos romanos hasta casi nuestros días. Esto... ¿queda algún templo de Vulcano por ahí donde ir a quemar algo de incienso, si me hace usté el favor? :-D

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miércoles, 24 de febrero de 2010

¡En qué manos estamos...!

Un error de primaria en los mercados financieros lanza el petróleo a 80 dólares el barril.


La verdad es que no sé si es de chiste o de cabreo. Pues nada, que el jueves pasado los militares dieron un golpe de estado en Níger, un país conflictivo donde se veía venir. Un cierto mayor Adamou Harouna se lió la manta a la cabeza y depuso al no mucho más democrático presidente Mamadou Tandja, al parecer con cierto derramamiento de sangre y gran espectacularidad en forma de vehículos blindados, tiroteos y explosiones por toda la capital. Nada del otro mundo: han tenido cuatro como este en los últimos treinta y cinco años.

Sin embargo, cuando las noticias de lo que estaba sucediendo llegaron a los mercados globales de hidrocarburos, los inversores empezaron a comprar toda clase de presentes y futuros sobre el petróleo hasta propulsarlo cerca de los 80 dólares USA por barril. Según Tom Bentz, analista financiero de BNP Paribas Commodities,
"Los mercados se dispararon en el mismo momento en que salió una noticia de Reuters sobre tiros en la capital de Níger, en un aparente golpe de estado..."
Otros alzaron las cejas. ¿Por qué? Sí, en Níger hay un modesto sector petrolífero, con unos 324 millones de barriles en reservas y una producción irrelevante. En 2012 está previsto abrir unos pozos para que extraigan aproximadamente 20.000 barriles al día, menos que las plataformas petrolíferas españolas en el Mediterráneo Oriental... y en España ni siquiera consideramos que tengamos una industria del petróleo. En algún momento del futuro se espera pasar por allí el nuevo gasoducto Trans-Sahariano, pero hablamos de gas natural, no de petróleo, y sólo de una posibilidad futura. Entonces... ¿por qué los inversores decidieron apostar al precio del petróleo, como si esperasen una escasez o al menos turbulencias inmediatas a consecuencia del golpe de estado en Níger?

Fácil: estos esclarecidos capitalistas confundieron Níger con Nigeria, lo que no es como confundir Austria con Australia, pero se le parece. Nigeria es uno de los mayores productores petrolíferos del mundo, con más de dos millones de barriles diarios y unas reservas probadas de 36.220 millones de barriles. Sin duda, un golpe de estado en Nigeria justificaría esas inversiones; sólo que no hay ningún motivo para suponer que en Nigeria haya riesgo inminente de golpe de estado. Básicamente porque en Nigeria ya gobiernan unos facciosos a través de elecciones amañadas y graves violaciones de los derechos humanos, con la comunidad internacional mirando muy seriamente para otra parte, que aquí hay petróleo y estos son de la cuerda.

El gobierno nigeriano tuvo que salir al quite para desmentir que en su país hubiera pasado nada. Lejos de disimular la metedura de pata, estos gloriosos inversores han aprovechado para formar la burbujita petrolífera del mes. Y yo me digo: si estos son los que con sus movimientos de dinero deciden la ruina o la prosperidad de las naciones mediante sabias decisiones macroeconómicas... ¿en manos de qué cretinos estamos?

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