La pizarra de Yuri: cultura
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domingo, 18 de julio de 2010

El origen de Dios.

En el siglo XXI, casi cuatro mil millones de personas
adoran a una amalgama de antiguos dioses cananeos.

El complejo religioso más importante de nuestro tiempo es, sin duda, el sistema monoteísta de cultos abrahámicos. Cristianismo e islam, originados en el judaísmo, declaran en la actualidad unos 3.600 millones de seguidores y aumentan constantemente con el incremento de la población mundial. El papel de estas creencias en los sucesos y conflictos del presente, desde finales de la Guerra Fría, no puede ser más evidente y relevante. Pero, ¿de dónde proceden? ¿Qué clase de deidad es esta? ¿Cómo surgió el dios de las religiones abrahámicas?

De los judíos antiguos.

El Éxodo no ocurrió.

Sí, ya, es una pena porque la historieta mola un montón y la superproducción de Hollywood era la caña. Pero todos los indicios históricos y arqueológicos apuntan a que nunca hubo una gran masa de judíos en Egipto, ni saliendo de Egipto, ni viajando por el Sinaí durante no sé cuántos años. Y menos los 603.550 "aptos para la guerra" que díce Números 1:46, o los 600.000 "hombres de a pie, sin contar los niños" (y es de suponer que tampoco las mujeres y niñas...) indicados en Éxodo 12:37, lo que bien podría sumar unos dos millones de personas en total.

Se da la circunstancia de que los escribas egipcios eran como una especie de contables germánicos con trastorno obsesivo-compulsivo, que tomaban nota de todo y guardaban copia de todo. Y en toda la historia egipcia no aparece una sola referencia, ni siquiera indirecta, a un hecho de semejante calado: la emigración súbita del 66% de su población aproximadamente (el Egipto Antiguo tenía una población de unos tres millones de personas en torno al periodo del Imperio Nuevo y de aproximadamente siete millones hacia el final de su existencia). De hecho, ni siquiera mencionan la presencia notable de judíos en Egipto; en realidad, sólo hablan de ellos como otro pueblo periférico más. Lo más parecido es una vaga referencia a algo remotamente similar a una "plaga", tema al que los antiguos eran muy aficionados –y los modernos también–.

Tampoco existe registro arqueológico alguno sobre una masa humana semejante moviéndose por los desiertos del Sinaí durante décadas (y menos aún en las poblaciones que dice la Torá), ni manera de cuadrar al Faraón del Éxodo con ninguno de la realidad (salvo en los habituales ejercicios de fantasía), ni por cierto forma alguna de trazar el texto original antes de mediados del primer milenio antes de nuestra era.

De hecho, resulta bastante obvio que el Éxodo no es sino un mito de fundación nacional hebreo –como hay tantos otros–. Si ocurrió algo remotamente parecido que pudiera inspirar a sus autores, desde luego no fue en el segundo milenio aC (como debería ser para constituir la fundación de Israel) sino en el primero, cuando Israel ya llevaba existiendo un tiempo. La política del Éxodo es del primer milenio, no del segundo. La geografía del Éxodo es del primer milenio, no del segundo (en el segundo no existían aún muchas de las localidades indicadas por la Torá). Y la necesidad del Éxodo es del primer milenio, no del segundo: a partir del exilio en Babilonia, en torno al siglo VI a.C. Que es, por cierto, cuando se funda la religión judía que conocemos: no se puede trazar ninguno de sus textos hasta fechas anteriores al siglo V a.C. Y muy probablemente su forma completa actual ni siquiera sea anterior al II.

Nunca hubo cruce del Mar Rojo, maná lloviendo de los cielos, Tablas de la Ley, Diez Mandamientos, Arca de la Alianza, becerro de oro ni cosa parecida. Es muy posible que ni siquiera hubiese Rey Salomón o Primer Templo de Jerusalén (no con la significación que nos han contado, al menos). Lo que sí hubo fue un conglomerado de pueblos canaanitas en el llamado complejo cultural del Levante, vinculados a Asiria y Mesopotamia por un lado, a Egipto por el otro y a Turquía y las islas griegas por vía marítima. La cultura de los yacimientos israelitas más tempranos es canaanita, sus objetos sagrados son los del panteón canaanita, la cerámica pertenece a la tradición local canaanita y el alfabeto es canaanita temprano. La única diferencia entre los poblados israelitas y el resto de los cananeos es la ausencia de huesos de cerdo, aún no se sabe bien por qué (pero sin duda recuerda a las prohibiciones del judaísmo y el Islam). Más allá de toda duda razonable, uno o una mezcla de estos pueblos canaanitas se encuentran en el origen de los hebreos modernos.

Estos pueblos canaanitas compartían los mismos dioses, y de manera notable uno llamado Ēl, que también era el término genérico para "deidad": un dios anciano, muchas veces representado con barba, que aparece a menudo sentado en su trono. Se encuentra más comúnmente citado en plural, Elohim, pues los canaanitas eran fundamentalmente politeístas. No, no es un plural mayestático. Es politeísmo: los dioses.

Ēl, Elohim, Alá.

Mira que nos habrán dado la brasa con los Rollos del Mar Muerto, y qué poquito se ha hablado de las culturas ugarítica y eblaíta, que nos legaron un enorme registro documental sobre los pueblos canaanitas del tercer y segundo milenio: exactamente cuando empezaba a formarse esta religión judía de la que posteriormente se derivaría el cristianismo y el Islam. Resulta que los Elohim bíblicos eran ya deidades ugaríticas, eblaítas y de los demás pueblos de la región. En el panteón levantino, estos Elohim son los setenta hijos de Ēl, un conglomerado de deidades venerados en toda la zona desde tiempos prehistóricos. Y, muy notablemente, con un claro componente acadio-babilónico.

Ēl, singular de Elohim, ya aparece presidiendo la lista de dioses en las ruinas de la Biblioteca Real eblita (yacimiento arqueológico de Tel Mardik), allá por el 2.250 a.C. Eso es mucho antes de que nada llevara el nombre de Israel o el adjetivo de judío (y no digamos cristiano o musulmán): hablamos de los contemporáneos del Imperio Antiguo de Egipto, cuando las pirámides aún estaban seminuevas. Ēl, un dios-toro, es a su vez un cognado del acadio Ilu o Ilum y se trata probablemente del mismo dios que Baal-Hammon, al que los fenicios –otros canaanitas– sacrificaban a sus bebés quemándolos vivos ante Moloch.

Todas estas palabras, en realidad, son versiones modernas sobre cómo se pronunciaban esas cosas. Porque la realidad es que estos idiomas semíticos y protosemíticos se han escrito de siempre sólo con consonantes. Y cuando se escriben sólo con consonantes –que es como se hacía– todos resultan idénticos entre sí: variantes sobre las raíces 'L y L-M. Ēl, Elohim, Eli, Ilah, Ilu, Ilum y demás expresiones divinas no son sino expresiones diversas de 'L y L-M: el dios, los dioses.

Estas raíces protosemíticas no sólo viajan hasta nuestro tiempo a través de los Elohim de la Torá y el Antiguo Testamento, o el Eli del nuevo, sino también por la vía de las culturas árabes que se desarrollaron en el mismo territorio y sus alrededores. El dios de los musulmanes es el mismo dios abrahámico que el de cristianos y judíos; y el nombre del dios se transporta mediante esta raíz L, transformándose en Alá (que significa, exactamente... Dios). La famosa shahada del  Islam "no hay más dios que Dios y Mahoma es su mensajero" empieza literalmente: lā 'ilāha 'illā-llāhu...; o sea, no hay más iLah que aLá. Islam, por supuesto, procede asímismo de la raíz semítica S-[L-M], y significa "sumisión [a Elohim]").

Yavé.

Sin embargo, judíos y cristianos aseguran que su Ēl tiene otro nombre más, y que este nombre es Yavé, Yahvéh, Yehová (Jehová) o cualquier otra invención sobre el tetragrámaton hebreo YHWH. Normalmente, lo que hacen es combinar YHWH con distintos juegos de vocales sacados de Elohim o Adonai ("Señor"). Pero por lo que yo sé, se podría decir también Lloví (decorado como Yohvíh), Lleva (Yehvah), Llave (Yahveh) o cualquier otra combinación al uso; porque, supuestamente, el nombre de su dios era tan, tan sagrado y tan, tan secreto que la forma original se ha perdido. Esto, por lo que se ve, es muy importante y los distingue del resto de seguidores del antiguo dios-toro levantino; además, es un término en singular y así se aleja del incómodo y cananeo plural politeísta Elohim.

El origen de este nombre YHWH es más oscuro pero no más exclusivo en territorios levantinos que los muy vulgares Elohim. Para empezar, ya en el mismo Antiguo Testamento aparece cincuenta veces en una variante más corta, normalmente pronunciada Jah o Yah (YH): veintiséis en solitario y veinticuatro como parte de la palabra aleluya (alelu-yah, "alabad a Yah"). Se dan tres circunstancias curiosas. La primera es que los textos bíblicos donde aparece predominantemente tienden a contarse entre los más antiguos (como Salmos o el Cantar de los Cantares), lo que sugiere una forma primitiva del nombre. La segunda es que existía un antiguo dios lunar egipcio que se llamaba también Yah, y los egipcios mandaron mucho en Canaán durante varios periodos importantes de su historia (con una influencia extensiva en sus regiones meridionales...). Y la tercera es que la raíz consonántica YW (Yav) aparece ya en la Épica de Baal ugarítica y en varios textos eblaítas como una variante sobre el dios del mar Yam.

Pero dejémonos de especulaciones. Este dios YHWH es un dios meridional de los edomitas, otro pueblo semítico que vivía por la parte del Desierto del Négev y que finalmente fue asimilado a los judíos. Hay arqueólogos notables que afirman haber identificado a YHWH en textos egipcios referidos a los shasu, un pueblo beduino de ganaderos nómadas que rondaba en torno a estos desiertos, pero otras personas opinan que esta palabra YHWH hace referencia a sus campamentos (lo cual no es necesariamente exclusivo). En todo caso estamos ante un dios levantino meridional surgido en los territorios por donde antiguamente vagabundeaban los shasu y luego trabajaban el cobre los edomitas... que, curiosamente, están por la parte del Sinaí, donde según la versión bíblica este nombre inefable "le fue revelado a Moisés". El primer texto donde aparece este dios YHWH de los judíos es una estela moabita conservada en el Museo del Louvre, y no sale muy bien parado: relata cómo los han derrotado y cómo las copas sagradas de YHWH son arrastradas ante un dios de Moab.

(Clic para ampliar)

En todo caso, resulta bastante obvio que el dios de los antiguos judíos es una mezcla del dios-toro supremo común a todos los pueblos canaanitas, Ēl (en su forma politeísta Elohim), y un oscuro dios secundario de los territorios meridionales absorbido en algún momento de su historia. En la práctica, no hay ninguna diferencia notable entre el Ēl levantino venerado por ugaríticos o eblaítas y el Ēl-Yahvéh adoptado por los judíos. Esta vieja deidad canaanita es la que siguen adorando casi cuatro mil millones de personas en el siglo XXI.

La diosa desaparecida.

Sí, eso de la diosa está muy de moda en la literatura comercial, pero todos los dioses antiguos tenían sus correspondientes diosas; y Ēl-Elohim-Yahvéh no fue una excepción. En el conglomerado cultural levantino, la diosa-madre de Ēl era Asherah, también conocida bajo otras variantes como Ashratu o Atirat. En la Épica de Baal ugarítica, Asherah es la creadora de los Elohim.

Asherah aparece en la Biblia, y muy específicamente en el Libro 2º de Reyes, donde se explica cómo destruyen su culto y queman "todos los objetos que se habían hecho para Baal, para Asherah y para todo el ejército de los cielos" (2 R 23:4-7) durante lo que parece ser el relato de una violenta represión monoteísta en plan talibán volando Budas (bueno, peor...). En otros puntos aparece traducida como un cipo que no debe ser plantado junto al templo de Yahvéh.

Y es que parece que el culto a Asherah como diosa consorte de Ēl-Elohim-Yahvéh era generalizado entre los judíos antiguos; existe un extenso registro arqueológico al respecto, y de hecho cualquiera diría que se trataba de una diosa muy popular antes de que los monoteístas pasaran todo por la espada y el fuego. Tampoco vayamos a idealizar según qué cosas: existe una posibilidad cierta de que a Asherah le fuera lo del sacrificio humano tanto como a su nuera Anat/Tanit, que según dicen se ponía cachonda oliendo a menor cocinado (o cocinada) en el Tophet. La verdad es que entre una panda de politeístas dispuestos a sacrificarte un churumbel para aplacar a la diosa y una panda de monoteístas dispuestos a sacrificar a todo el mundo para imponer lo suyo, me quedo con un AK-47 y salga el sol por Antequera. Sí, el pasado era un asco.

Pero lo cierto es que Asherah le encantaba a los judíos antiguos, decía, como demuestran numerosos hallazgos arqueológicos. Incluso se conservan inscripciones donde se la vincula directamente a Yahvéh, como un óstracon del siglo VIII aC descubierto por arqueólogos israelíes en 1975 donde se lee "yo te bendigo por YHWH de Samaria y Su Asherah" (yacimiento de Horvat Teman). Otro, de Khirbet el-Kom (cerca de Hebrón), pone: "Bendito sea Uriyahu por YHWH y Su Asherah; de sus enemigos le salvó!". Todo esto puede que suene a algunos un tanto herético, pero son descubrimientos avalados por arqueólogos de gran prestigio como Israel Finkelstein –profesor y ex-director del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, co-director de las excavaciones de Megiddo y probablemente el mayor experto vivo en las Edades del Bronce y el Hierro hebreas– o Neil A. Silberman, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Massachusetts. A quienes, por supuesto, los literalistas bíblicos y otros fanáticos por el estilo no pueden ver ni en pintura.

Copia del óstracon de Kuntillet 'Adschrud (Horvat Teman, Sinaí, Sur de Israel). En la inscripción (hebreo antiguo) se lee "A[shy]o al R[ey?] dijo: dí a (X) (Y) (Z), que seas bendito por YHWH de Shomron (Samaria) y su ASHERAH".

Hubo una diosa de Israel. En realidad, seguramente, hubo varias entre estos Elohim canaanitas. Que todo ello fuera barrido por el monoteísmo, y ahora se pretenda que jamás ocurrió, no le resta ni un ápice de veracidad. Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo fue? Y, ¿por qué?

Monoteísmo.

Hoy en día tenemos a los israelitas por guerreros notables, pero esto no ha sido así muy a menudo durante el devenir de la historia. A lo largo de mucho tiempo fueron un pueblo pequeño y atrasado, al que le dieron para el pelo una y otra vez, resultando en numerosos exilios. Por ejemplo, los romanos. El Jerusalén que ahora visitan muchos crédulos pensando que están en la ciudad de Jesús es en realidad el desarrollo árabe de Aelia Capitolina: una colonia romana y bien pagana construida desde cero –incluído el trazado de las calles– después de que a las legiones imperiales se les hincharan las narices con los judíos, destruyeran la ciudad por completo y finalmente los mandaran a la diáspora para los siguientes diecinueve siglos. Pocas bromas con los latinos. Sí, hasta la Vía Dolorosa es una calle romana sin conexión alguna con el Jerusalén antiguo, como todo lo demás en ese lugar; para ser exactos, un ramal del decumanus maximus según la urbanización imperial estándar. La supuesta ubicación de los actuales lugares santos cristianos, judíos y musulmanes constituye ya una especie de chiste sacrílego por el que la gente parece dispuesta a seguir matándose.

No era la primera vez. Seis siglos y pico antes, en el 587 aC, los babilónicos de Nabucodonosor el Caldeo hicieron lo propio. Jerusalén fue saqueada, el Templo resultó destruido y a los hebreos se los llevaron a Babilonia como esclavos. Es durante este periodo de esclavitud cuando surge la religión abrahámica de la que emanan la judía actual, la cristiana y la musulmana. Fue sometidos en Babilonia o después donde escribieron la mayor parte de la Toráh y del Antiguo Testamento (incluidas las leyendas del Génesis, el Éxodo y el Pentateuco en general), y es también en este tiempo cuando se desarrolla el monoteísmo exclusivo y excluyente que las caracteriza.

Pongámonos en situación. Estamos en los tiempos en que mis dioses son más chulos que los tuyos porque te he vencido. Y los hebreos habían sido vencidos; pero vencidos del todo, tanto como su enemigo nazi dos mil y pico años después, con toma del Reichstag y toda la parafernalia. Más, si me apuras. Siguiendo la lógica de la época, los Elohim-Yahvéh deberían haber sido absorbidos bajo el paraguas del panteón caldeo; ni siquiera debería haber sido muy difícil, pues muchos de los Elohim levantinos eran paralelos a los dioses y diosas babilónicos.

Pero eso significaba perder por completo la identidad y desaparecer como pueblo; uno más, en los vientos de la historia. Es en este contexto donde surge una novedad (y, una vez más, no hay ningún dato histórico o arqueológico que permita pensar que sucedió antes). Por un lado, se crean una leyenda nacional fuertemente impregnada de mitología babilónica: el Diluvio Universal es un plagio directo de la épica sumeria análoga, Génesis 1 bebe directamente del Enûma Elish y Génesis 2 del Atrahasis, Adán es parecido a Adapa (y ambos son también cognados), la serpiente presenta extrañas similitudes con Ningizzida, y así con todo. Por otro, Elohim-Yahvéh pasa a ser un dios omnipresente, omnisciente, todopoderoso y único; y todo lo que le sucede a los hebreos –su pueblo elegido– forma parte de su plan, prediseñado desde el origen de los tiempos. Incluso sus enemigos trabajan para él sin saberlo. Con ello desaparecen también las historias mitológicas de dioses y diosas, pues ya no tienen sentido.

Esta es, sin duda, una novedad en la historia humana que no está documentada claramente en otro momento o lugar (aunque existen paralelismos en algunas tradiciones del hinduísmo).  Este dios ya no es exactamente sobrenatural, sino extranatural; todo se justifica en él y a través de él. No es mucho más que una forma de pensamiento circular (no confundir con el razonamiento circular de Aristóteles), pero ciertamente poderosa. Porque, aunque en un principio no sea más que una rareza de un pueblo de la Antigüedad, medio milenio y pico después comenzaría a convertirse en el sustrato religioso esencial de la mayor parte del mundo. Hasta nuestros días.

Ángeles y demonios.

¿Y qué pasó con el resto de los Elohim? Pues que se convirtieron en demonios. Belcebú, por ejemplo, es Baal Zebub, el dios de las moscas, en lo que muy bien podría constituir una corrupción más o menos despectiva de Baal Zebul (el dios de las alturas). Leviatán está probablemente relacionado con el monstruo ugarítico Lotan o Lawtan. Sin embargo, no es evidente de dónde se sacaron los nombres de los ángeles. El rabino del siglo III Simón ben Lakish reconoció que los ángeles antiguos no tenían nombre y las denominaciones actuales proceden (también) del exilio en Babilonia. En todo caso todos ellos son nombres teofóricos que incluyen la mención de Ēl: Gabriel, Rafael, Miguel, el musulmán Azrael, etcétera.

Ubicar estos ángeles y demonios en el nuevo monoteísmo resultó siempre bastante complicado. De manera particular, surge un ángel maléfico mayor (Satán, Lucifer, Iblis) que de una forma retorcida debe ser necesariamente un agente del dios todopoderoso, omnipresente y omnisciente (o, de lo contrario, este dios no podría ser todopoderoso, omnipresente y omnisciente). Todas estas entidades son la herencia del politeísmo precedente. Las religiones abrahámicas comparten varios niveles de ángeles (arcángeles, serafines, querubines...), uno o varios niveles de demonios (que los musulmanes llaman shaitan), un "demonio mayor" (Satán, Iblis...) y, en el caso exclusivo del Islam, una cantidad de genios (djinn).

El cristianismo, además, vuelve a multiplicar el número de entidades divinas mediante la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres dioses en uno, de manera tan contradictoria e inexplicable que se considera un misterio divino). Y, en algunas denominaciones como la católica, incorporando lo que muy bien puede interpretarse como una semidiosa (la Virgen) y un santoral; muchos miembros de otras religiones o personas sin religión consideran estas incorporaciones una forma de politeísmo blando para facilitar su expansión e integración en territorios tradicionalmente politeístas y menos próximos al entorno cultural levantino.

Monoteístas e imperios.

Porque el éxito y la extensión de estas nuevas religiones (en su tiempo) está estrechamente vinculada a la expansión de los imperios que las adoptaron como propias; de manera notoria, el Imperio Romano tardío, el Califato Omeya y –después– los lugares a donde llegaron sus sucesores, conquistadores y comerciantes. Al principio, durante más de medio milenio, este monoteísmo abrahámico no fue más que una rareza judía y así se habría quedado si hubiera seguido siendo exclusivamente hebreo. Es su transmisión al cristianismo y al Islam lo que terminaría convirtiéndolo en una religión global.

Se ha insistido muchas veces en que esta idea del dios único y todopoderoso pega especialmente bien con las organizaciones sociales de tipo piramidal e imperialista, pero en mi opinión esto no resulta evidente por sí mismo. Hubo grandes imperios en la Antigüedad, perfectamente piramidales y perfectamente imperialistas, que eran politeístas o cualquier otra cosa que les pareciese bien. No es obvia la razón por la que el monoteísmo abrahámico fue aceptado por tantas gentes en tantos lugares distintos (aunque su carácter fuertemente proselitista y su alto grado de elaboración teológica puede aportar alguna luz); ni tampoco por qué nunca logró penetrar profundamente en algunos territorios importantes (los que ya estaban previamente ocupados por las religiones dármicas y orientales y no fueron desplazadas por la vía de la conquista militar o, en algún caso, comercial).

Parece como si este monoteísmo abrahámico hubiera sido especialmente capaz de destruir o absorber con relativa facilidad al animismo y el paganismo politeísta (haciendo mayores o menores concesiones), pero lo hubiera tenido mucho más difícil al enfrentarse con otros sistemas filosófico-teológicos complejos. A partir de mediados del siglo XIX, su expansión geográfica queda interrumpida en términos generales; el dominio colonial británico de India, por ejemplo, ya no resultó en su cristianización a niveles significativos (ni en el desplazamiento del Islam donde ya estaba presente, como Pakistán), a diferencia de lo que había ocurrido durante la colonización de América o estaba sucediendo aún en el África subsahariana. La fuerte presencia de potencias coloniales en la China del mismo periodo tampoco produjo una cristianización efectiva. Y no fue por falta de misioneros y proselitistas, ni en un sitio ni en el otro.

A partir del siglo XX, el monoteísmo abrahámico comienza a retroceder en sus lugares de origen. Por una parte se produce un fenómeno de sincretismo con una parte de estas religiones orientales, en lo que se suele llamar globalmente Nueva Era, sobre todo en Europa y Norteamérica; y, al mismo tiempo, un proceso de secularización rápida y muy significativa en Europa e Israel (y durante un tiempo también en el mundo islámico, antes de que una nueva forma de fundamentalismo emergiera en torno a las luchas de la Guerra Fría; una tendencia a la que tampoco son ajenos los Estados Unidos).

A principios del siglo XXI, el viejo dios Ēl de los cananeos sigue siendo la deidad más venerada del mundo bajo cualquiera de sus aspectos, a solas o mezclado con el Yah edomita; y, sin embargo, se tambalea en los países desarrollados. Seguramente ninguno de sus seguidores originarios, cuatro o cinco mil años atrás, soñó jamás que llegara tan lejos ni con formas tan diversas. Hasta hoy.
Bibliografía:
  • Lemche, Niels P. (2008) The Old Testament, between theology and history. Westminster John Knox Press, Louisville KY. ISBN 978-06-642-3245-0.
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  • Davies, Philip R (2006) In search of 'Ancient Israel' (2ª edición). Continuum, Londres. ISBN 978-1-850-75737-5.
  • Finkelstein, I; Silberman, N. A. (2003) La Biblia desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados. Siglo XXI de España Ed., Madrid. ISBN 978-84-323-1124-6.
  • Day, John (2002) Yahweh and the gods and goddesses of Canaan. Sheffield Academic Press Ltd., Londres. ISBN 978-08-264-6830-7.
  • Smith, Mark S. (2002) The early history of God: Yahweh and the other deities in ancient Israel (2ª edición). Wm. B. Eerdmans Publishing Co., Grand Rapids MI. ISBN 978-08-028-3972-5.
  • Smith, Mark S. (2001) The origins of biblical monotheism. Oxford University Press, Nueva York. ISBN 978-01-951-6768-9.
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  • Coogan, Michael D. (1998) The Oxford history of the biblical world. Oxford University Press, Nueva York. ISBN 0-19-513937-2.
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  • Olmo Lete, G. del (1993) La religión cananea. Ausa, Barcelona. ISBN 978-84-86329-89-1.
  • Thomson, Thomas L. (1992) Early history of the Israelite people. Brill Academic Publishers, Leiden. ISBN 90-04-11943-4.

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domingo, 4 de julio de 2010

Saudi Aramco, la discreta tiranía global.

¿Microsoft? ¿Wal-Mart? ¿General Electric? ¿ExxonMobil? ¿Petrochina? Tonterías. Si esa gente te parece importante, es porque no conoces a estos.

Sede central de Saudi Aramco en Dhahran. En primer plano, la mezquita
Al-Mujjama. Detrás a la izda., el edificio de ingeniería; y a la dcha., las
dos torres que albergan la administración.
Es la empresa más grande del mundo, una de las que más beneficios deja, y constituye la infraestructura real de una de las peores tiranías del planeta. Nadie sabe hasta dónde llegan sus tentáculos, pero se le conocen inversiones y lobbies en todos los lugares donde se toman decisiones. Tras ella y a través de ella, un extenso clan de teócratas islámicos interviene libremente en los principales mercados globales sin que nadie les tosa ni un poquitín. Hablamos de Saudi Aramco, el gigantesco conglomerado petrolero, gasístico y financiero con sede en Dhahran. ¿Habías oído hablar alguna vez de ella?

Dios, Patria, Rey, Empresa.

Arabia Saudí es una monarquía absolutista al estilo tradicional, donde la religión, el estado, la casa real y Saudi Aramco constituyen un todo inseparable e indistinguible. Cuatro veces más extensa que España, ocupa la mayor parte de la Península Arábiga a caballo entre el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Sin embargo, su población es relativamente baja (veintiocho millones de habitantes, de los cuales 5,5 millones son inmigrantes extranjeros); se halla concentrada sobre todo en la capital Riad y en una estrecha franja de la costa oeste que se extiende desde Jizan, al sur, hasta Jeddah, La Meca y Medina en el norte. La mayor parte del país se encuentra fundamentalmente despoblada, pues está ocupada por el Desierto Arábigo. Este desierto contiene algunos de los lugares más alienígenas del planeta Tierra, como el inquietante Rub' al-Khali, el lugar vacío.

Aunque el país tiene una larga historia –que incluye, notoriamente, la creación del Islam y el Califato original entre La Meca y Medina a principios del siglo VII–, el estado moderno no se fundó hasta fechas recientes: 1932, para ser exactos. En realidad, fue una creación anglosajona a partir del Tratado de Darin (1915), que convertía los territorios bajo control del clan de los Ibn Saud en un protectorado del Imperio Británico. Gracias a ese apoyo, los Ibn Saud –una familia aristocrática tradicional con características culturales beduinas, que ya habían fundado un par de estados antecesores en el área– consiguieron dominar militarmente el territorio allá por 1926. Mediante el Tratado de Jeddah (1927), el Reino Unido reconoció la independencia del entonces llamado Reino de Nejd y Hejaz, bajo el dominio absolutista del monarca Abdul Aziz ibn Saud. Sus oponentes de la casa de los Rasheed –apoyados por el Imperio Otomano– fueron absorbidos o eliminados. En 1932, Nejd y Hejaz fueron unificados como la Arabia de los Saud. Es decir, Arabia Saudita.

El conflicto tuvo un componente religioso. Los Rasheed eran chiítas bastante corrientes; los Saud, sunitas en una versión especialmente estricta y reaccionaria conocida como wahhabismo (aunque ellos prefieren el término salafismo). El wahhabismo o salafismo es uno más de los supuestos retornos a los orígenes que las religiones presentan de vez en cuando, hasta cierto punto parecido a las ramas ultraconservadoras del protestantismo cristiano: reacción ante un clero corrupto y frente a innovaciones (como el sufismo), literalismo e inerrancia de su libro sagrado (para unos la Biblia y para otros el Corán), defensa de la pureza religiosa y los valores familiares tradicionales, oposición a la idolatría (incluyendo las imágenes, monumentos e iconos), oposición radical a cualquier forma de religión popular o tradicional (magia, talismanes, etc), denuncia del culto a los santos o cualquier otro intermediario ante su dios, así como severo puritanismo moral, social y sexual con elementos sexistas y clasistas muy fuertes.

Como consecuencia, el desarrollo de la identidad nacional saudí quedó estrechamente vinculado a este salafismo y a la Casa de Saúd, por oposición al chiísmo, a la Casa de Rasheed y a sus amigos otomanos (o sea: turcos). El país nunca se dotó de una Constitución, ni de instituciones independientes, ni de nada ni remotamente parecido a una separación de poderes, ni de separación entre iglesia y estado, ni de ninguna otra libertad, derecho o característica propia de un estado moderno; en el mundo musulmán, se sitúa así en el extremo opuesto de la Turquía de Kemal Ataturk que vino a reemplazar al Imperio Otomano. No fue hasta 1992, después de la Primera Guerra del Golfo, cuando Arabia Saudí promulgó por primera vez una Ley Básica a modo de Constitución para quedar bien ante sus aliados occidentales; sus artículos 1, 2, 3, 6,7, 8 y 9 rezan como sigue:
1. El Reino de Arabia Saudita es un estado árabe islámico soberano, y el Islam es su religión. Su Constitución es el Libro de Dios [el Corán] y la Sunnah [tradición] de su Profeta [Mahoma], que las oraciones y la paz de Dios sean con él. El árabe es su idioma y Riad, su capital.
2. Las festividades públicas del estado son el Id al-Fitr y el Id al-Adha [el último día del Ramadán y la celebración del sacrificio de Abraham]. Su calendario es el calendario de la Hégira.
3. La bandera estatal será como sigue: (a) será verde [el color del Islam]; (b) su anchura será igual a dos tercios de su longitud; (c) las palabras "No hay más que un Dios y Mahoma es Su Profeta" se inscribirán en el centro con una espada a sus pies [...]
6. Los ciudadanos deben lealtad al Rey de acuerdo con el Sagrado Corán y la tradición del Profeta, en sumisión y obediencia, en tiempos fáciles y difíciles, en la fortuna y en la adversidad.
7. El Gobierno de Arabia Saudí deriva su poder del Sagrado Corán y la tradición del Profeta.
8. [Los principios del] Gobierno de Arabia Saudí se sustentan en la justicia, la consulta y la igualdad según la Ley de Dios [Shari'ah].
9. La familia es el núcleo de la sociedad saudí; sus miembros serán educados sobre la base de la fe islámica, la lealtad y la obediencia a Dios, su Profeta y sus guardianes [...]
...y sigue por un estilo durante decenas de artículos de los 83 que contiene. La propiedad privada es sagrada (artículos 18 y 19), los impuestos se impondrán sólo cuando haya necesidad (art. 20) y la propiedad, el capital y el trabajo son derechos personales de acuerdo con la Ley de Dios (art. 17). Con respecto a las libertades y derechos democráticos, en cambio, sólo encontramos lo siguiente:
12. La consolidación de la unidad nacional es un deber, y el Estado impedirá cualquier cosa que pueda conducir a la desunión, la sedición y la separación.
26. El estado protegerá los derechos humanos según la Ley de Dios [Shari'ah].
44. Las autoridades del estado son: el poder judicial, el poder ejecutivo y la autoridad reguladora. [...]
45. El poder judicial es una autoridad independiente [...] excepto en lo relativo a la Ley de Dios [Shari'ah].

Por su parte, el poder ejecutivo está totalmente concentrado en el Rey. Pero... ¡un momento! ¿No nos falta el poder legislativo? Quiero decir, ya sabes, legislativo-ejecutivo-judicial y todo ese rollo...

No, obviamente no falta. El poder legislativo está igualmente concentrado en la Casa Real, los clérigos (ulemas) que interpretan la Ley Divina y los jueces que la aplican. Estamos, pues, ante una teocracia absolutista de rasgos medievales, a años luz de la Revolución Francesa y lo que ésta significó. El imperio de la ley es el imperio de la ley del rey, el clero y la patria. Dios, Patria, Rey. Y Empresa.

El oro negro y el amigo americano.

Desde su mismo origen, la historia de Arabia Saudí está inextricablemente vinculada al petróleo que abunda a mares bajo sus arenas inhóspitas.Ya en 1932, geólogos norteamericanos de Standard Oil de California (hoy en día Chevron) encontraron petróleo en otro protectorado británico de facto sito en la misma Península Arábiga, o casi: Bahréin. En 1933, apenas un año después de la fundación del país, los Saúd concedieron una concesión a esta misma compañía petrolera para realizar prospecciones en su territorio. En 1936, la Texas Oil Company (ahora llamada Texaco) compró a Standard Oil el 50% de esta concesión. Ya en 1938 estas compañías abrieron el primer campo, precisamente en Dhahran, donde ahora se encuentra la sede de Saudi Aramco.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tales pozos ya apoyaron marginalmente el esfuerzo de guerra aliado. Sin embargo, no fue hasta el final de la misma cuando estas compañías norteamericanas comenzaron a explotar a fondo las riquezas petrolíferas de la región; así, dejaron en un remoto segundo lugar a sus primos británicos de BP, que se concentraron en la explotación de los pozos iraníes. En 1944, Standard Oil cambió el nombre a su subsidiaria local –hasta entonces denominada Casoc, o California Arabian Standard Oil Company– por Aramco: Arabian American Oil Company. En 1945, esta Aramco abrió la gigantesca refinería de Ras Tanura, que durante muchos años sería la más grande del mundo y aún hoy ocupa la quinta posición.

En 1948, otras dos de las siete hermanas (ahora conocidas como ExxonMobil, la segunda empresa privada más grande del mundo después de Petrochina) se sumaron al negocio, comprando importantes participaciones en Aramco. De esta forma, las cuatro hermanas estadounidenses –lejos de competir– cooperaron durante décadas para explotar la riqueza petrolera saudí a gran escala.

La Guerra Árabe-Israelí de 1948 comenzó a complicar las cosas. En esta guerra, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se pusieron de parte de Israel y dejaron solos a los árabes, con el resultado que se puede suponer. Entre esto y que los yanquis se estaban haciendo de oro con el petróleo saudí sin que la Casa de Saúd viera más que las sobras, en 1950 amagaron con nacionalizar Aramco por primera vez, imitando lo ocurrido en Venezuela poco antes. En esencia, querían el 50% de los beneficios. ExxonMobil, Texaco y Chevron entraron en pánico y pidieron ayuda al gobierno de los Estados Unidos. El presidente Truman se la prestó, y de qué manera: garantizó a estas compañías petrolíferas una reducción de impuestos equivalente al 50% de los beneficios sobre las ventas de combustibles, de tal modo que le pudieran dar el otro 50% a los Ibn Saúd sin reducir sus ganancias. El dinero se canalizó directamente a través del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Este trato de favor a gran escala se conoce como el golden gimmick.

Como en Arabia Saudí no existe separación alguna entre la monarquía y el estado, todas estas riquezas inmensas iban a parar de hecho a las arcas de la Casa Real, que a lo largo de los siguientes años se hicieron famosos en el mundo entero por su estilo de vida lujoso hasta extremos absurdos. Bien es cierto –todo sea dicho en justicia– que aprovecharon para levantar el país, aunque en la práctica el país les pertenecía también. Paralelamente, los países productores de petróleo comenzaron a ser conscientes de los enormes beneficios que podían obtener –y que hasta ese momento se llevaban sobre todo estas compañías extranjeras–, por lo que comenzaron los movimientos para fundar la OPEP.

Y los Estados Unidos protegieron a la Casa de Saúd frente a todos sus enemigos exteriores e interiores, a pesar del problema con Israel. A cambio de esto y de su 50%, el Rey permitía que Aramco siguiera forrándose con el petróleo saudí. Participaron en la Guerra de los Seis Días, por aquello de la solidaridad entre hermanos árabes, musulmanes, etcétera, pero sin muchas ganas (y mucho menos para ayudar a los egipcios, con quienes no se pueden ni ver). Sin embargo, la Guerra del Yom Kippur de 1973 complicó bastante las cosas: la tibieza del riquísimo estado saudí frente al enemigo sionista comenzó a estar muy mal vista en todo el mundo árabe y la Casa Real temió por su estabilidad; pero, por otra parte, tenían las manos atadas porque la muy norteamericana Aramco era la casi única fuente de riqueza para el país y sus monarcas.

La brutal derrota de los árabes en esta guerra del Yom Kippur forzó a Arabia Saudí a participar en el embargo del petróleo de 1973 contra Estados Unidos y Europa Occidental. Y funcionó. La OPEP se hizo consciente de pronto de su poder global; la Casa de Saúd, también. Ahora ya no eran simplemente ricachos, hombres de paja de poderes extranjeros: se habían convertido en operadores de alcance planetario. Pronto, el Movimiento de Países No Alineados –la mayor alternativa que existió jamás a la hegemonía de los Estados Unidos y la URSS– estaba en marcha, incorporando a casi toda la OPEP. En ese mismo año de 1973, la monarquía saudí utilizó una parte de la fortuna acumulada durante todos estos años para adquirir el 25% de Aramco, en lo que constituyó el primer paso para su nacionalización.

A lo largo de los siguientes siete años, la Casa de Saúd (o el estado saudí, que lo mismo da) fue adquiriendo participaciones cada vez mayores en la empresa. En 1980 compraron la última acción, con lo que la otrora norteamericana Aramco se convirtió en saudita por completo; de esa forma, Riad recuperaba el control completo sobre su producción y exportación de petróleo sin depender de los Estados Unidos. Así, ganó una mayor libertad política para moverse entre los polvorines del Oriente Próximo y en los mercados del mundo entero.

Sin embargo, la Casa de Saúd nunca se sintió cómoda lejos del amigo americano, sobre todo teniendo en cuenta que sus rivales egipcios se estaban alejando de la URSS y acercándose a los Estados Unidos. No querían dejar de ser los favoritos de Occidente en el mundo árabe. De tapadillo, siguieron cooperando a todos los niveles. Las operaciones norteamericanas para crear el integrismo islámico moderno contra la URSS en Afganistán y los regímenes seculares prosoviéticos en todo el Oriente Medio se ejecutaron fundamentalmente a través de Arabia Saudita y Pakistán (esos eran los tiempos en que Hollywood nos obsequiaba con un Rambo amigo de los muyahideen contra el pérfido oso comunista). El durísimo salafismo islámico fue exportado a un –por aquel entonces– bastante secularizado Afganistán a través de un tal Osama Bin Laden y sus talibanes con dinero saudita y estadounidense. (Y también misiles de alta tecnología al Irán de los ayatolás a través de –no te lo vas a creer– Israel, sí, Israel, en lo que vino a ser el asunto Irán-Contras).
Durante la presidencia de Ronald Reagan, el apoyo norteamericano a los integristas islámicos se extendió a su maquinaria de propaganda. En la imagen, dos capturas de la película Rambo III donde el héroe estadounidense lucha codo con codo junto a los muyahideen (ahora llamados "terroristas") contra el enemigo soviético. Uno de los organizadores principales de estos muyahideen era Osama Bin Laden, y la ayuda se canalizó fundamentalmente a través de Pakistán y Arabia Saudí.

Saudi Aramco.

Y Aramco siguió creciendo y creciendo y creciendo, ahora bajo control exclusivo saudí. Poseen el campo de Ghawar –el más grande del mundo– y también los de Safaniya-Khafji, Shaybah, Abqaiq, Berri, Manifa o Faroozan más otros muchos por todo el planeta en los que han ido adquiriendo participaciones. Poseen el 20% de las reservas de petróleo de la Tierra. Construyeron el Master Gas System, la red de hidrocarburos más grande del mundo, así como enormes refinerías y plantas de gas licuado. Compraron superpetroleros. Con la permanente ayuda estadounidense, desarrollaron avanzadas tecnologías de extracción, procesamiento y distribución. Se instalaron gigantescos gasoductos y oleoductos, terminales de carga, de todo. En 1988, la empresa fue estatalizada definitivamente bajo el nombre Saudi Aramco.

Saudi Aramco es propiedad exclusiva al 100% de Arabia Saudí –de la Casa de Saúd–, no tiene más accionistas y no sale a bolsa, con lo cual siempre permanece en un discreto segundo plano; carece de obligación de aportar a nadie más que el monarca cuentas de resultados, balances, auditorías y demás cosillas para pobres. En 2005 (actualizado en 2006), un singular documento de Financial Times desveló que las empresas más valiosas del mundo –más grandes en términos económicos– no eran ni Microsoft, ni Wal-mart ni ninguna de esas: la lista estaba encabezada por los gigantes petrolíferos estatales que no tienen que rendir cuentas a nadie más que a sus propios estados.

Y arriba del todo, destacando a enorme distancia de todas las demás, estaba Saudi Aramco.

Con un valor total estimado de 781.000 millones de dólares –repite conmigo: setecientos - ochenta - y - un - mil - millones - de puñeteros dólares–, la muy estatal y muy islámica Saudi Aramco era ya en 2005-2006 tan grande como las dos compañías privadas más grandes del mundo juntas: esas eran, por aquellos tiempos, ExxonMobil y General Electric.

Sus ingresos anunciados en 2008 fueron de 233.000 millones de dólares –repítelo–. Esto la pone en un modesto sexto lugar con respecto a empresas más pequeñas; de ahí come la práctica totalidad de Arabia Saudí. Saudi Aramco es quien paga todas las facturas, a través de una densa trama de nepotismo, clientelismo e ingenierías contables tanto dentro como fuera del país. Controla el 90% de la riqueza nacional. Arabia Saudí es Saudi Aramco.

Saudi Aramco tiene enormes inversiones en el exterior, y de manera muy notable en los Estados Unidos, donde ha estado estrechamente vinculada con los dos presidentes de la familia Bush. Lo hace a través de subsidiarias conocidas y de inversiones mucho menos obvias en los mercados globales. Nadie sabe hasta dónde llegan sus tentáculos. Pero llegan muy lejos.

Aviones de Saudi Aramco en el aeropuerto Rey Fahd.

La tiranía discreta de alcance global.

En Arabia Saudí no existen los derechos humanos. Es el tercer país que más gente ejecuta per capita –incluyendo menores–; las amputaciones de miembros y las tandas de cientos de latigazos se aplican libérrimamente. Su imperio de la ley depende del rey y de los clérigos. Las minorías sexuales son reprimidas brutalmente; el sexo fuera del matrimonio es ilegal. Los derechos de la mujer son un chiste (y los del hombre, sobre todo cuando es pobre, también). Los inmigrantes extranjeros (los pobres, claro) son carne de cañón para el sistema judicial, si es que se le puede llamar así. La policía política está por todas partes. Sin embargo, el caso saudí casi siempre aparece como una nota a pie de página en las declaraciones grandilocuentes sobre la protección de los derechos humanos. En serio, ¿cuántas veces has oído hablar del problema de los derechos humanos en Arabia Saudí?

En Arabia Saudí no existen ni siquiera las formas de una democracia, aunque sea de papel. Los partidos políticos y los sindicatos están rigurosamente prohibidos, y quienes intentaron formar alguno, encarcelados o muertos. No hay ni siquiera un Parlamento de coña. No hay elecciones. No hay ninguna manera mediante la que el pueblo pueda intervenir en el poder. La monarquía es intocable. No se tolera ninguna clase de disidencia. Es como Corea del Norte, pero con pasta. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de la necesidad de llevar la democracia a Arabia Saudí?

Entrevista (subtitulada en inglés) a un verdugo saudí:



En Arabia Saudí no existe la libertad de opinión. Ningún medio de comunicación ni ningún ciudadano particular puede criticar al poder o al Islam. Los periodistas están estrechamente vigilados. Incluso bloggers moderadamente críticos como Fouad Al-Farhan son detenidos durante meses en confinamiento solitario. El acceso a Internet está censurado y controlado mediante un firewall que no tiene nada que envidiar al chino, provisto por la compañía norteamericana Secure Computing. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de los problemas con la libertad de opinión, prensa e Internet en Arabia Saudí?

En Arabia Saudí no existe la libertad de religión. Vamos, ni de coña. Mucho menos que en China, por decir algo. Arabia Saudí es islámica y salafista, punto. La policía religiosa –mutaween– es omnipresente. Los extranjeros que quieran celebrar ritos, pueden hacerlo en su habitación del hotel o del complejo gubernamental para guiris. No se permite difundir materiales de ninguna otra religión (ni siquiera de otras versiones del Islam). Convertirse a otra religión es apostasía, condenada con la pena de muerte; ni en la URSS de Stalin, ni en Corea del Norte ni en la Alemania nazi se vio esto. La minoría chiíta está severamente oprimida y discriminada. La mera idea de construir un templo de algo distinto al salafismo constituye una especie de broma de poco gusto. Según estos absolutistas, cualquier cosa que suene remotamente a relativismo es motivo más que suficiente para hacerlo desaparecer en las arenas, incluso sin juicio. Sin embargo, ¿cuántas veces has oído hablar de la represión religiosa o ideológica en Arabia Saudí?

Ciudadanos prominentes de Arabia Saudí –una tiranía donde todo está controlado– han financiado abundantemente grupos terroristas por todo el mundo, y se dice que siguen haciéndolo. En una situación kafkiana, reprime en su propio país a los mismos militantes que ha fomentado –y puede que fomente– en otros muchos lugares. Allá donde hay mujahideen, hay ciudadanos saudíes, dinero saudí, teología saudí; sea Afganistán, Bosnia, Chechenia, Kosovo... o Nueva York. De los diecinueve autores materiales de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Manhattan y Washington DC, quince fueron saudíes. Y sin embargo... eso.

El único país del mundo que posee aviones AWACS E-3 Sentry fuera de la OTAN es Arabia Saudí; ni siquiera Israel los tiene. Junto con Kuwait, es también el único país fuera de los Estados Unidos con carros M1A2 Abrams; y uno de los cuatro que opera cazas y cazabombarderos F-15 Eagle. Es el único país fuera de Europa que tuvo el Panavia Tornado y que tiene el Eurofighter Typhoon. A pesar de ser una conocida tiranía con extraordinarias violaciones de los derechos humanos, todo el mundo le vende material policial y represivo por toneladas. No es como si no pudiera pagar todo ello y mucho más, claro; pero las decisiones de compraventa de estas armas tan sofisticadas y poderosas no se rigen exclusivamente por motivos económicos. Ni lo hace el vendedor, ni lo hace el comprador.

Mientras tanto, Arabia Saudí –Saudi Aramco, la Casa de Saúd, el Islam salafista, todo en uno– sigue exportando 360.000 barriles de petróleo por hora –cien por segundo, más que Rusia y los Emiratos Árabes Unidos juntos– hacia todo el sediento mundo. Es el quinto poseedor de reservas de divisa del planeta con 395.000 millones de dólares, inmediatamente detrás de China (2,5 billones), Japón (990.000 millones), la Eurozona (668.000 millones) y Rusia (447.000 millones). Su fondo soberano de inversión SAMA es el tercero de esta Tierra, con 431.000 millones de dólares. La deuda pública nacional asciende al 13,5% del PIB (la de Estados Unidos es del 86,1%, la de Alemania del 77% y la de España del 50%, datos de 2009, por poner tres ejemplos); en deuda externa, eso son 58.600 millones de dólares, menos que Nueva Zelanda y equivalente a su producto nacional bruto de... 57 días. Todo ello según declaración pública, lo que difícilmente incluye las inversiones privadas de los miembros de la extensa familia real.

Sin el petróleo saudí, el mundo se detendría de inmediato. Sin el dinero saudí, los mercados colapsarían de la noche a la mañana.

El resultado es obvio: estos no son moros sino señores árabes a quienes nadie se atreve a incomodar, no vaya a ser que ocurra algo con el petróleo o con las monumentales inversiones que mantienen en todos los sectores. Sus palancas políticas y geoestratégicas son extensas y profundas, y cuanto más desarrollada es una sociedad, más depende de que esos superpetroleros cargados hasta la bandera sigan llegando a su hora –por no mencionar posibles desinversiones en, digamos, los sectores más delicados de tu economía, o de tus negocios en particular–. Mientras tanto, la que probablemente sea la peor tiranía teocrática del mundo sigue su camino suavemente, prósperamente, globalmente. Discretamente. Y de fondo, las inmensas refinerías de Saudi Aramco rielando desde el Mar Rojo hasta el Golfo Pérsico y el mundo entero, acariciadas por las ardientes arenas del lugar vacío.
Un sector de la gigantesca refinería de Rabigh, propiedad de Saudi Aramco. Con una capacidad de procesamiento de 400.000 barriles/día, es la segunda más grande del país y una de las mayores del planeta.

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domingo, 13 de junio de 2010

La guerra secreta de los magufos (y 2)

Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enzarzaron también en una competencia a gran escala sobre percepción extrasensorial, telequinesis, telepatía, videncia, psicotrónica y otras ramas de la parapsicología.

Segunda parte: hippies, postmodernos y guerreros de las tinieblas.
(Ver la primera parte: Genios, visionarios y locos)

Abajo: Nagasaki antes y después de la bomba atómica.
Decíamos en el post anterior que la Segunda Guerra Mundial terminó con una exhibición definitiva de poderío científico, tecnológico e industrial: los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Tres semanas después, Japón se rendía como hizo Alemania cuatro meses antes. Y, con ello, el viejo mundo murió definitivamente. Se consolidaba el tiempo de la ciencia, de la técnica, del materialismo positivo en su forma de naturalismo empírico.

Las religiones tradicionales, que como vimos ya habían empezado a retroceder durante el periodo anterior, ahora comenzaron a sacudirse a gran escala. Como ocurriera en la URSS treinta años antes, la revolución china que culminó en 1950 hizo desaparecer la religión organizada de otro gran pedazo del mundo. Los nuevos regímenes de Europa del Este y otros lugares eran declaradamente ateos, y su población fue perdiendo la fe también.

En Europa Occidental, las sociedades fueron secularizándose más discretamente pero a gran velocidad. Según un eurobarómetro de 2005, ya menos de la mitad de los europeos occidentales (para entendernos: lo que cae a este lado del antiguo Telón de Acero) declaran "creer en un dios" en cualquiera de sus variedades. Más significativamente, una encuesta Gallup de 2008 preguntó a estos mismos europeos si la religión resultaba importante para sus vidas; casi el 60% de los entrevistados respondieron que "no". Canadá ha acompañado a los europeos en esta tendencia. El 70% de los japoneses ya no profesa ninguna religión.

En Estados Unidos y en el mundo árabe, el proceso es más complejo. Las religiones históricas han retrocedido también, pero se han visto sustituidas por una serie de nuevos movimientos religiosos de carácter fundamentalista –que, por supuesto, se denominan a sí mismos "tradicionales" e incluso "originales" pero no lo son en absoluto–. Ya apunté algo de esto en el post anterior. En los EEUU, por ejemplo, las iglesias protestantes mainline –las de toda la vida– han perdido el 25% de su grey entre 1958 y 2008, mientras que la población se ha duplicado en el mismo periodo.

La situación de la Iglesia Católica es aún más extraña: a pesar de la llegada de cincuenta millones de inmigrantes latinoamericanos durante las últimas décadas –católicos en su inmensa mayoría–, a duras penas logra mantenerse en su 25% de la población y en general se considera la religión que ha sufrido mayor retroceso en Estados Unidos. Los grandes beneficiarios de este proceso han sido nuevas las iglesias evangélicas y pentecostales de tipo integrista, fundadas entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, que constituyen ya la mayor parte de los creyentes norteamericanos con cerca del 30% de la población. Debido al extremismo religioso y político de tales grupos –resulta muy conocido el tema del creacionismo y de su ultraderechismo, pero no es lo único–, esto ha empezado a provocar recientemente un efecto rebote en las costas y entre la gente joven que nadie sabe a dónde llegará.

En el mundo musulmán, este proceso es aún más evidente si cabe. Las denominaciones tradicionales han perdido fuerza en las últimas décadas a favor de movimientos mucho más extremistas como el wahhabismo / salafismo entre los sunís o el clericalismo ultra de los ayatolás entre los chiítas. Turquía trata de defender su laicismo fundacional entre el ascenso de los grupos integristas. En Argelia ya ha habido una sangrienta guerra civil, que de momento han ganado los seculares.

La parapsicología en la Nueva Era.

Durante todos estos procesos convulsos, una nueva forma de espiritualidad heredada de los orígenes que tratamos en el post anterior se ha ido extendiendo por el mundo y especialmente por los países desarrollados. Se la viene a conocer generalmente como New Age, la Nueva Era: una forma de sincretismo de reciente creación que carece de estructuras organizadas notables y donde cada cual se corta una religión a la medida. Debido a estas características resulta muy difícil saber hasta dónde llega, pero es obvio que algunas de sus creencias y prácticas han calado profundamente: el esoterismo, la reencarnación, el holismo, el orientalismo, el ecologismo tipo Gaia, la videncia, la magia, el yoga, el tantra, las medicinas alternativas, los chakras y demás. A estas alturas, casi resulta difícil encontrar a alguna persona que no crea o –incluso sin creer– practique algo de todo esto en cualquier sociedad avanzada.

Al menos un 25% de la población europea y norteamericana cree en alguna de estas cosas en algún momento determinado, y su influencia se extiende a muchos agnósticos y también a gente que se mantiene en las religiones tradicionales. Hemos empezado a vivir en sociedades abiertas y plurales, donde seguir a machamartillo los preceptos de una religión o creencia se considera sinónimo de cerrazón, atraso, intolerancia y extremismo: ese relativismo que le da tanto miedo a los clérigos. Es lógico que se produzcan rebotes en una u otra dirección, pero la tendencia resulta obvia e imparable en el largo plazo.

Como parte de este fenómeno, la parapsicología encontró también su camino después de la Segunda Guerra Mundial; especialmente, por algo que ya dijimos: su presunción científica. Dejamos a los parapsicólogos soviéticos un poco deprimidos, cuando Stalin se hartó de la falta de resultados y les cortó la financiación hacia finales de los años '30. Dejamos también a los parapsicólogos estadounidenses bastante confundidos, cuando su afán bienintencionado de suprimir los errores metodológicos que caracterizaban a los primeros estudios les dejaron también sin resultados dignos de mención y con unos mecenas cada vez más impacientes. En cuanto a los nazis y su ocultismo germánicoSociedad Thule, SS-Ahnenerbe–, fueron tan barridos como todo lo demás cuando Alemania perdió la guerra.

Dejamos a J. B. Rhine, Zener y su gente un poquito decaídos y bajo presión en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial, no consta que hicieran nada digno de mencionar. Quien lo intentó en este periodo, durante el blitz de Londres, fue el matemático británico Samuel G. Soal. Si los trabajos de gente como Rhine o Zener siguen considerándose errores cometidos de buena fe, resulta difícil decir lo mismo sobre Soal. Con toda probabilidad, Soal trampeó deliberadamente las series y métodos estadísticos que utilizaba, llegando a engañar a algunas personalidades distinguidas de la ciencia y la política. Cuando le emplazaron a reproducir sus experimentos en la Universidad de Londres, después de la guerra, fue incapaz.

A finales de los años 40, el Fair Deal de Truman y la victoria en la Segunda Guerra Mundial permiten la creación de una nueva clase media en los Estados Unidos, después del crack de 1929 y las sacudidas de los años '30. Aunque el Fair Deal reúne características muy progresistas, a partir del Bloqueo de Berlín y la Guerra de Corea comienza a surgir en Estados Unidos un nuevo conservadurismo favorable al anticomunismo de la Guerra Fría y otro contrario a las luchas negras por los derechos civiles.  Estos nuevos conservadurismos están estrechamente vinculados a la religión. Son los tiempos en que el secular Estados Unidos, nacido de la primera separación radical entre iglesia y estado, comienza a derivar hacia una nueva forma de clericalismo. En 1954, grupos católicos logran que las palabras under God aparezcan en el Juramento de Lealtad, que anteriormente carecía de cualquier referencia religiosa. En 1956, in God we trust pasa a ser lema nacional de los Estados Unidos: el país cuyos textos fundacionales –la Declaración de Independencia, la Bill of Rights, la Constitución– carecían de toda referencia a divinidades, algo extraordinario en documentos del siglo XVIII. El macarthismo y lo que le rodeó no sólo se lleva por delante a buena parte de la intelectualidad norteamericana, sino también los valores fundacionales de la tierra de los grandes y los libres. El Ku Klux Klan comienza a expandirse de nuevo por todo el Sur. Thomas Jefferson, Thomas Paine o Ben Franklin se habrían horrorizado.

Frente a estos hechos, aparece una nueva generación: la generación beat. La generación beat y sus sucesores –la contracultura de los '60 y el movimiento hippie– constituyen un fenómeno muy plural, descentralizado y diverso cuyo único punto en común parece ser la oposición a este giro reaccionario en la sociedad y la política estadounidenses. Junto a la revolución sexual y los movimientos revolucionarios de índole política, muchos de ellos se interesan por formas alternativas de religiosidad, donde el esoterismo orientalista que llegó antes de la Segunda Guerra Mundial goza de especial éxito. Es a finales de los años '50 cuando vuelve a oírse hablar otra vez de la parapsicología norteamericana. Se producen reuniones, encuentros, conferencias. En 1957, J. B. Rhine puede fundar la Asociación Parapsicológica a partir de sus estudios en la Universidad de Duke. Todo el mundo empieza a interesarse de nuevo en esoterismos varios, incluyendo cosas como la telepatía, el viaje astral, las experiencias alteradas de conciencia y demás. El aspecto serio de la parapsicología hace que pronto pase de nuevo desde los bordes de la ciencia al corazón de la sociedad... y de las élites.

Por si fuera poco, en 1947 se produce el primer avistamiento OVNI de la ufología moderna, que acuñó el término platillo volante; seguido inmediatamente del incidente de Roswell. En poco tiempo, miles de personas aseguran haber sido testigos de visitas extraterrestres o sufrido abducciones alienígenas, lo que resulta amplificado por numerosos medios de comunicación, en lo que viene pareciéndose mucho a las oleadas de apariciones divinas del pasado. Este es un fenómeno eminentemente occidental, que no se reproduce a escala significativa en la URSS hasta muchos años después, pero que envuelve un nuevo misterio en una capa de respetabilidad científica; ahora, de tecnología aeroespacial. Y si bien la sociedad soviética ve pocos OVNIs, la enorme cantidad de información publicada al respecto cruza también el Telón de Acero y llega a las élites con acceso a la prensa occidental. Inevitablemente, algunos de ellos comienzan a creer. Y preguntar.

El incidente del USS Nautilus.

En este contexto, ocurre un suceso bastante curioso. La popular revista francesa de divulgación científica Science et Vie, en su número de febrero de 1960, publicó un artículo de portada donde se afirmaba que la Armada Estadounidense había logrado ponerse en contacto con un submarino atómico sumergido bajo el hielo polar –el USS Nautilus– por medios telepáticos. Al parecer, el joven periodista que lo firmaba fue engañado por un magufo habitual de origen ruso, fuertemente anticomunista y vinculado con labores de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Jacques Bergier (Yakov Bergier).

Resulta imposible saber a estas alturas si todo fue una invención de Bergier o alguien le sugirió la idea a su vez; el experimento, en todo caso, nunca existió. El caso es que Science et Vie era una de las revistas extranjeras más populares en... la Unión Soviética, sobre todo desde que Francia empezara a alejarse de la OTAN con Charles de Gaulle, en 1958.

El artículo de Science et Vie provocó una reacción instantánea en la URSS. Los Estados Unidos negaron que el experimento hubiera existido, lo que naturalmente no hizo otra cosa que exacerbar la histeria de los soviéticos. Y el caso es que era verdad, pero Science et Vie tenía –y tiene, merecidamente– mucho crédito y varios cuadros dirigentes de la potencia del este se tragaron el artículo entero. En Magonia resumen muy bien lo que sucedió a continuación.

Leonid Vasiliev, el J. B. Rhine soviético cuya historia contamos en el post anterior, emergió de debajo de las piedras estalinistas. Desde su Instituto Bekhterev de Leningrado, comenzó a decir a todo el que quisiera escucharle que la URSS debía  "abrir la mente" y ponerse las pilas en el campo de la parapsicología antes de que los guerreros psíquicos norteamericanos les derrotaran sin disparar un solo tiro. En este mismo año de 1960, el doctor Vasiliev se dirige a varios científicos soviéticos notables con las siguientes palabras:

"Desarrollamos investigaciones extensas y hasta hoy no publicadas durante el régimen de Stalin. Hoy, la Armada Estadounidense está probando la telepatía en sus submarinos atómicos. Los científicos soviéticos desarrollamos muchas pruebas muy importantes [en el Instituto Bekhterev] con gran éxito hace un cuarto de siglo. Es urgente que nos deshagamos de nuestros prejuicios. Debemos lanzarnos de nuevo a la exploración de este campo vital."

Dotados esotéricos y auras espirituales en la Unión Soviética.

El miedo y la paranoia de la Guerra Fría hizo el resto. La URSS de Khruschev, que acababa de poner en órbita el Sputnik, a Laika y se disponía a hacerlo con Gagarin, determinó que no podía quedarse atrás en guerra psíquica. El Instituto Bekhterev recibió de nuevo los fondos y recursos que Stalin les había retirado a finales de los años 30, y con él una montaña de centros de investigación por todo el inmenso país (sobre todo en Leningrado, Moscú, Kiev, Novosibirsk y Járkov). El número de investigadores y estudiosos se multiplicó. Las publicaciones populares de la superpotencia atea se llenaron de referencias a las fuerzas de la mente, el aura y las experiencias próximas a la muerte. Los ideólogos materialistas-dialécticos del Partido Comunista y los encargados de la represión religiosa en el KGB flipaban en colores ante esta avalancha paranormal. Al principio, sus protestas fueron desoídas: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los capitalistas en ningún campo o nos aniquilarán.

En 1961, la fotografía "del aura" Kirlian –por Semyon Kirlian, de Krasnodar, originada también en los años '30– comienza a aparecer en las revistas soviéticas sobre fotografía. En 1962, numerosas instituciones científicas de la URSS están trabajando también sobre este asunto de las auras. Otros se dedican al efecto de las ondas psi sobre plantas, animales y personas, a palo seco o amplificadas mediante medios electrónicos. Los doctores Nikolaiev y Kamensky desarrollan un presunto método para transmitir mensajes en código Morse por telepatía.

Inevitablemente, pronto surgió una generación de dotados: gente que parecía tener poderes psíquicos y que estos laboratorios e instituciones se rifaban. La más conocida fue Nina Kulagina, una ama de casa cuarentona, cuyas imágenes moviendo objetos telequinésicamente darían la vuelta al mundo en años posteriores. Pero también Rosa Kuleshova, una paciente mental de 22 años que supuestamente podía sentir cosas con los ojos tapados, como textos escritos, colores o huellas dactilares; esto se denominó visión paraóptica, y probablemente era un simple truco de prestidigitación. O Boris Ermolaev, que aparentemente levantaba cosas con las manos sin tocarlas (sin coñitas), al que luego se descubrió usando un hilito muy fino. Y por supuesto la histriónica maestra de escuela Alla Vinogradova y sus tubos móviles (mediante electricidad estática...). Daba igual. Al igual que le ocurriera a Rhine años antes, pese a descubrir varios de estos fraudes la investigación siguió adelante porque sin duda había un fondo de verdad. En 1963 se organizaba el primer congreso pan-soviético de parapsicología, al que fueron invitadas muchas personas extranjeras, incluyendo occidentales.

Sin embargo, allá por 1967 los detractores de la nueva arma comenzaron a recuperar el terreno perdido. Entre eso y lo de los OVNIs que iba llegando por la prensa occidental, el destacado piloto militar y dos veces Héroe coronel-general Pavel Kutakhov –que pronto se convertiría en el comandante de la Fuerza Aérea Soviética– se despachó a gusto varias veces sobre el tema con el lenguaje que cabe esperar en un veterano soldado ruso. La Academia de Ciencias de la URSS se negó persistentemente a aceptar como miembro a ninguno de estos investigadores, aunque algunos de ellos lograron acceder a academias regionales y de menor entidad. El muy leído diario ateo Ciencia y Religión cargó contra ellos número tras número. Pravda empezó a sacar artículos ridiculizando la parapsicología y la credulidad en general. Su argumento central resulta predecible y obvio: esto es un fiasco, esto es superstición religiosa, esto es un fraude de prestidigitadores, esto siempre parece que va a dar resultados y nunca los da, ¿dónde están las pruebas científicas que prometen? Mientras tanto, el nuevo director del KGB –un tal Yuri Andrópov–, observaba todo el asunto con ambigüedad y silencio.

Trampas en las trampas en las trampas, fintas en las fintas en las fintas...

En apariencia, lo que ocurrió fue que la parapsicología se convirtió efectivamente en un arma de la Guerra Fría... pero económica y disuasoria. En ambos bandos, hubo un sector creyente y un sector escéptico en posiciones de poder. El papel de los creyentes fue cándido y no tuvo mucha doblez. El de los escépticos, en cambio, fue bastante más retorcido; todo sea dicho en justicia. Pues los escépticos fumaban por las orejas de cabreo ante lo que consideraban una pérdida ridícula de tiempo y dinero; pero algunos de ellos, los más brillantes, se daban cuenta de que podían utilizarlo para fomentar la credulidad del otro bando e incitarles a invertir cada vez más tiempo y dinero en algo inútil, así como asustarlos haciéndoles pensar que ellos estaban más avanzados en "guerra psíquica". O algo parecido.

Sólo así tienen sentido algunas cosas. Uno puede imaginarse, por ejemplo, la cara de pasmo del jefe de Asuntos Religiosos del KGB cuando le comunicaran que la URSS –ni más ni menos que la URSS– iba a organizar a bombo y platillo la Primera Conferencia Mundial de Parapsicología (1968)... y que el director Andrópov no tenía nada que objetar.  Por supuesto, con la presencia de toda clase de médiums, gente con poderes, espiritistas a tutiplén, investigadores de lo paranormal y una montaña de invitados norteamericanos y del resto del mundo que se dedicaban a estudiar cosas como la vida después de la muerte, el destino del alma y sus interacciones con los vivos, las experiencias cercanas a la muerte, el aura, la reencarnación o las casas encantadas. Existía el precedente de 1963, pero no de este calibre ni con tanto alcance.

A ver si nos entendemos: aquello era la URSS, tovarich, ya sabes, donde los rojos ateos con cuernos y rabo y todo eso. El país en el que apenas quedaban mezquitas, sinagogas ni iglesias; no exactamente una eco-feria new age pastelosa con paz, amor, buen rollito y foto de tu aura a veinte euros. Y los muy jodíos montaron lo que probablemente fuera el congreso parapsicológico más chulo de la historia de Europa. Repartieron visados como si aquello fuera Cancún en vez de Moscú (sobre todo, a los estadounidenses). Permitieron la entrada de toda clase de cámaras y grabadoras; por si acaso alguien se perdía algo, allí estaba la televisión soviética para filmarlo también. Toleraron que todo el mundo hablara con todo el mundo de lo que le diese la gana. Hubo desde séances espiritistas con tablero ouija y todo (¿has visto alguna vez una condenada güija en cirílico?) hasta sesudas conferencias sobre psicotrónica y actividades para la infancia por cuenta de las muchachas del Komsomol. Durante unos días, la capital atea del mundo se convirtió en el escaparate global de toda clase de magufadas. Demonio, yo habría pagado buen dinero por estar entre los organizadores, porque se lo tuvieron que pasar pipa: conferencia mundial de parapsicología en la URSS, ¡yeah! Lo más parecido que se me ocurre es montar una asamblea antiglobalización en la Bolsa de Nueva York por iniciativa del Fondo Monetario Internacional.

De esta conferencia (y sus preparativos, en 1967, cuidadosamente filmados también por la TV soviética) son las míticas imágenes que dieron la vuelta al mundo y que en España Jiménez del Oso y RTVE nos metieron hasta en la sopa. Por ejemplo, este famoso video de la dotada Nina Kulagina:




Todo el mundo volvió a casa encantado de la hospitalidad soviética y maravillado de sus grandes avances en la nueva ciencia. Entonces, empezaron a ocurrir cosas en los Estados Unidos; algo muy parecido a una histeria, visto en perspectiva. Ya se puede imaginar la reacción: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los comunistas en ningún campo o nos aniquilarán.

Después de años languideciendo, de pronto aparecieron grandes cantidades de dinero para la investigación parapsicológica, cuya defensa salta de pronto desde los ambientes hippies y contraculturales a la élite científica y política. En 1969, la prestigiosa Asociación Americana para el Avance de la Ciencia –la sociedad científica más grande del mundo, editora de la revista peer-review Science– aceptaba en su seno a la Asociación Parapsicológica fundada por J. B. Rhine bajo la dirección de la conocida antropóloga Margaret Mead. En 1970 se fundaba en California la Academia de Parapsicología y Medicina. En 1971, el astronauta Edgar D. Mitchell realizaba experimentos telepáticos –supuestamente a título particular, con sus "amigos en la Tierra"– desde la nave lunar Apolo 14; tras regresar, creó el Instituto de Ciencias Noéticas (1973). En 1972, un documento ultrasecreto de la DIA –ahora desclasificado– advierte que la URSS se encuentra años por delante en toda clase de técnicas psíquicas que se extienden desde el control del comportamiento y la psicofarmacología hasta toda clase de magufadas:

Hay informes de que los soviéticos están entrenando a sus cosmonautas en telepatía como respaldo a sus sistemas de comunicaciones electrónicas. Se sabe que uno de estos sistemas incluye códigos telepáticos [...]

Los resultados de los experimentos del Apolo 14 están bien documentados con todo detalle y han sido publicados en el Journal of Parapsychology. La newsletter de la Universidad de California proporciona más documentación sobre los experimentos de Mitchell.

Hay numerosos informes sobre las aplicaciones soviéticas de la clarividencia, el hipnotismo, la radiestesia, etc. En el caso de los zahoríes, esto no resulta sorprendente, pues nuestras fuerzas han usado la radiestesia en Vietnam para localizar túneles y zulos del enemigo. Con respecto al control mental y el condicionamiento cerebral, un informe reciente señala que la Unión Soviética ha hecho grandes progresos en condicionamiento y entrenamiento emocional. Se enseña a los soldados a ajustar su tono emocional en situaciones de tensión y batalla. Se instruye a los astronautas para distorsionar el tiempo y aliviar el aburrimiento en el espacio exterior. [...]

Es significativo debido la energía y recursos destinados a estos trabajos en la Unión Soviética y también por sus implicaciones militares [...] Los aspectos más siniestros de la investigación paranormal parecen estar surgiendo en la Unión Soviética. ¿Por qué, si no, los investigadores soviéticos estarían haciendo declaraciones del tipo 'decidle a América que el potencial psíquico del hombre debe usarse para el bien'?"


Pronto surgieron más informes confidenciales que extendían este peligro a Checoslovaquia y Bulgaria. El Instituto de Investigaciones de Stanford, estrechamente vinculado a la agencia militar de proyectos avanzados DARPA, comenzó a invertir millones de dólares de la CIA y la DIA en estudiar la llamada visión remota (clarividencia, vamos) bajo la dirección de los físicos Harold E. Putoff y Russell Targ. En 1975 se funda también la Asociación Internacional de Investigaciones Kirlian. La psicóloga Thelma Moss hizo lo propio desde el recién fundado Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), realizando varios viajes a la URSS para mantenerse al día.

Es precisamente en torno estas fechas cuando los soviéticos parecen comenzar a hartarse del tema. Van retirando su financiación a todo el asunto y, aunque permiten que algunos de sus investigadores sigan adelante, les van cortando las alas. Incluso llegan a producirse algunas detenciones de los demasiado entusiastas en 1975; no les pasó gran cosa, pero desde luego desanimó mucho a los demás. Lo que podría leerse en clave de "ya vale con la broma". O no. O todo lo contrario. El caso es que a partir de entonces la parapsicología soviética empieza a languidecer. Desde 1978 sus publicaciones desaparecen casi por completo y va disolviéndose lentamente hasta la actualidad, reducida a un pequeño círculo de entusiastas y cierto interés popular.

Pero los Estados Unidos se han tragado el asunto entero y siguen adelante con gran ímpetu. En 1979 se crea el Laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de la Universidad de Princeton. Mientras tanto, bajo el más absoluto secreto, el Gobierno de los Estados Unidos ha fundado un programa de investigación de millones de dólares y más de una década de duración: el Proyecto Stargate. Ya, sí, suena a coña, pero es absolutamente real. ¿Su propósito? Estudiar las posibilidades militares de la telepatía, la clarividencia, la radiestesia y otras magufadas al uso. Como lo lees.

El proyecto Stargate.

No se sabe cuándo comenzó con exactitud, probablemente porque fueron varios programas paralelos, spin-offs progresivos de los estudios parapsicológicos del Instituto de Investigaciones de Stanford y otros de los lugares indicados. Lo financió la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) y el Mando de Inteligencia y Seguridad del Ejército de los Estados Unidos (INSCOM), con al menos veinte millones de dólares de la época y probablemente bastante más a la luz de su extensión y alcance. Fue fomentado y dirigido al principio por el mayor-general Albert N. Stubblebine, un oficial de inteligencia peculiar que sería el responsable de rediseñar la infraestructura de espionaje del INSCOM entre 1981 y 1984; este mayor-general Stubblebine es más conocido por obligar a sus oficiales a aprender a doblar cucharas a lo Uri Geller, y recientemente por apoyar algunas de las conspiranoias sobre el 11-S.

El proyecto Stargate se extendió entre mediados de los '70 y 1995; varios de sus documentos han sido desclasificados con posterioridad, y por eso conocemos su existencia. Es todo muy rollo Expediente-X. El proyecto tuvo al menos seis fases diferenciadas, a saber:
  • SCANATE, el original, por cuenta de la CIA en el Instituto de Investigaciones de Stanford. Probablemente iniciado en torno a 1972. SCANATE es un acrónimo de scan by coordinate:  esto es, a ver si algunos dotados eran capaces de localizar mentalmente objetos en coordenadas precisas. Uno de estos dotados fue Ingo Swann, de la secta de la cienciología, que luego tendría gran influencia sobre el proyecto. Muchos de los presuntos dotados del programa resultaron ser cienciólogos.
  • Gondola Wish, una derivación militar del anterior para estimar las probabilidades de que el enemigo (la URSS, vaya) estuviera localizando blancos en los Estados Unidos a través de la clarividencia.
  • Grill Flame, una formalización y extensión de Gondola Wish a mediados de 1978. Este fue el programa militar principal. De aquí salió la generación norteamericana de dotados, encabezada por el tal Ingo Swann; muchos se dedican hoy en día a sacar los cuartos a los crédulos con toda clase de actividades.
  • Center Lane, que fue Grill Flame bajo un nuevo nombre, desde 1983. Supuestamente habían desarrollado una metodología capaz de localizar con precisión blancos enemigos mediante telepatía o clarividencia, y la experimentaron en esta fase. Center Lane fue destapado por el legendario periodista de investigación y premio Pulitzer Jack Anderson en 1984. En 1985, una evaluación de Stargate realizada por la Academia Nacional de Ciencias resultó devastadora para el proyecto, sacando a la luz toda clase de sesgos sistémicos, errores metodológicos y simples fraudes. Este informe hizo que el Ejército sustituyera a Stubblebine por el teniente-general Harry E. Soyster. Soyster no ve claro el asunto y le retira la financiación.
  • Sun Streak, desde 1985. Cuando el Ejército retira la financiación, el proyecto pasa con este nombre a la Agencia de Inteligencia para la Defensa (código DT-S). En 1988 Soyster se convierte también en director de la DIA y está a punto de cancelarlo completamente, pero la CIA insiste en conservarlo aún un poco más.
  • Star Gate, que le da su nombre genérico y fue adoptado en 1991. En este momento pasa de secreto a sólo discreto, y es privatizado al contratista SAIC (sí, los mismos que andan metidos en los mejunjes de guerra biológica).
Finalmente, en 1995 –ya acabada la Guerra Fría– un informe de los Institutos Americanos de Investigación le da la puntilla final. En él se viene a decir de un modo edulcorado que, evaluados los resultados de todos esos años de investigación, todo el asunto no sirve para nada.

Al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando en direcciones nuevas y diferentes. Ya en los años '80, la parapsicología había ido perdiendo el favor del público a ambos lados del Telón de Acero, convirtiéndose en un asunto marginal. Y no digamos entre científicos. Sus pretensiones históricas de ser una ciencia pata negra ya no pudieron sostenerse por más tiempo, y colapsó; no se puede sostener una ciencia que no da ni un solo resultado verificable independientemente en más de un siglo de investigaciones. Eso, de hecho, es una característica central de las pseudociencias.

Simultáneamente, perdió su interés como arma de engaño económico y disuasorio (¿lo fue?). Por fin, todos esos institutos de investigación tan chulos fueron perdiendo sus presupuestos y cerrando poco a poco durante los siguientes años. El último en hacerlo fue el PEAR de Princeton, en 2007. Todo lo que quedan son asociaciones particulares y grupos universitarios de financiación privada, sobre todo en el Reino Unido (y un par en Estados Unidos). En la Rusia actual, hay algunos investigadores particulares de poca entidad.

Esta fue la guerra secreta de los magufos; una historia extraña de la Guerra Fría y la ocasión en que las pseudociencias se estudiaron durante décadas con grandes recursos y profundidad; telepatía, telequinesis, auras, psicotrónica, videncia. Y, a pesar de constantes declaraciones triunfalistas y grandilocuentes, los resultados fueron nulos. Como todas las pseudociencias, debido a sus sesgos metodológicos siempre parecen estar a punto de dar resultados, pero jamás los dan. Hoy por hoy, aunque mucha gente sigue creyendo en esas cosas, la ciencia las ha descartado por completo y prosigue su camino hacia el futuro sin ellas. Para bien.

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