La pizarra de Yuri: geología
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martes, 8 de junio de 2010

Una respuesta de BP.

Se ve que andaban algo cortos de tiempo.

Como os prometí (a vosotros y a ellos), aquí está la respuesta que el Departamento de Comunicación de BP ha tenido a bien remitirme en contestación a mis cinco preguntas:
Estimado [Yuri],

Gracias por su interés. En relación con sus preguntas, puede encontrar la mayoría de las respuestas en las webs  www.deepwaterhorizonresponse.com y www.bp.com. Confiamos en que comprenda que hay algunas preguntas que plantea cuyas respuestas aún no se conocen pues están en proceso de investigación.

Un saludo,

Comunicación BP

Como es bastante evidente, los sitios web indicados no contienen grandes respuestas a las preguntas más sustanciales planteadas. En particular, no hay respuesta alguna a estas tres preguntas:
  1. ¿Por qué BP y sus asociados iniciaron la explotación de pozos de gran profundidad sin disponer de ninguna tecnología razonablemente comprobada de contención en caso de accidente?
  2. ¿Qué otras instalaciones del tipo de la Deepwater Horizon existen en el mundo y dónde se encuentran ubicadas?
  3. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP en particular y la industria petrolífera en general para prevenir la repetición de un accidente de estas características?

En estos momentos, la situación es que la nueva cápsula está recogiendo 11.000 barriles al día (lo cual deja en muy mal lugar la presunción anterior de BP según la cual el escape era de unos 5.000 barriles al día) y sigue sin saberse a cuánto asciende el flujo total que ha estado y está escapando al Golfo de México. Diversas fuentes hablan de un mínimo entre 12.000 y 19.000 (Gobierno de los Estados Unidos, USGS), con algunas llegando hasta cerca de 100.000 (Steven Wereley de la Universidad Purdue en declaración al Congreso de los Estados Unidos, Ira Leifer de la UCSB y miembro del Flow Rate Technical Group gubernamental).

La catástrofe continúa y nadie sabe realmente lo grande que es. Que cada cual juzgue como crea conveniente.


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La Pizarra de Yuri
Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
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domingo, 30 de mayo de 2010

Cinco preguntas a BP.

Cinco semanas y cinco fracasos son paciencia y prudencia suficientes.

En vista de que quienes deberían hacerlas mantienen un curioso silencio, yo creo que ya es hora de que empecemos todos a hacer preguntas en tanto que ciudadanos de este mundo (y consumidores). En el momento presente, estas son las mías, que ya han sido remitidas a BP España a través de su página web:







Watch live streaming video from wkrg_oil_spill at livestream.com

Feed en tiempo real del escape de petróleo a gran profundidad ocasionado por BP en el Golfo de México. Es una webcam y puede que a veces se detenga o no se vea.

Estimado señor o señora:

En primer lugar, permítale transmitirle mi más sentido pésame por el fallecimiento de los once trabajadores a bordo de la plataforma Deepwater Horizon, hundida en el Golfo de México el pasado 20 de abril de 2010; pésame que le rogaría hiciera llegar a sus familias si tal cosa es posible. Entiendo que este es, además de un desastre ecológico, una tragedia humana que sin duda les habrá afectado hondamente como compañeros que son de estas personas.

Transcurridas cinco semanas desde el inicio de esta catástrofe, y ante el fracaso de las diversas medidas tomadas para contenerla, comprenderá que somos muchos los ciudadanos preocupados e inquietos por la evolución de la misma. Me temo que, en vista de lo que está sucediendo, las explicaciones dadas a la sociedad y a los consumidores hasta ahora por su compañía resultan lamentablemente insuficientes. Es por ello que me dirijo a ustedes para realizarles las siguientes preguntas, comunicándole que he publicado copia de las mismas en mi blog y pretendo hacer lo propio con las respuestas o su ausencia:

1. ¿Por qué BP y sus asociados iniciaron la explotación de pozos de gran profundidad sin disponer de ninguna tecnología razonablemente comprobada de contención en caso de accidente?

Ha quedado palmariamente demostrado que BP –y con toda probabilidad la industria petrolífera en general– carece de tecnologías para contener un accidente por blowout a gran profundidad, cuya posibilidad era cierta y conocida. Toda actividad humana tiene sus riesgos; sin embargo, los preceptos más básicos de la cultura de la seguridad determinan que no se emprende una actividad industrial a gran escala sin un plan de contingencia al menos razonablemente conocido y comprobado para el peor caso posible. Aparentemente, BP y sus asociados iniciaron una serie de explotaciones petrolíferas submarinas para las que no existía ni existe ninguna tecnología de contención de esta clase de siniestros en un plazo y con una fiabilidad prudenciales. ¿Por qué asumieron semejante riesgo? Habiendo asumido el riesgo, ¿se responsabilizan ustedes de todas sus consecuencias?

2. ¿Qué otras instalaciones del tipo de la Deepwater Horizon existen en el mundo y dónde se encuentran ubicadas?

Habiendo quedado demostrado de la peor manera posible que no existen tecnologías practicables para la contención de este tipo de accidentes en tiempo y forma sensatos, deduzco que la existencia de estas instalaciones implica un riesgo grave e incontrolable para el medio ambiente y las comunidades humanas circundantes. Resulta, por tanto, asunto de interés público conocer qué otras plataformas de perforación susceptibles de sufrir un accidente análogo existen en el mundo, y cuál es su ubicación precisa; tanto si pertenecen a BP como a cualquier otra compañía o estado.

3. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP en particular y la industria petrolífera en general para prevenir la repetición de un accidente de estas características?

Dado que los accidentes por blowout han demostrado ser una constante en la historia de la explotación petrolífera, a pesar de todos los esfuerzos destinados a prevenirlos, resulta obvio por sí mismo que la perforación en lugares difícilmente accesibles y con grave riesgo medioambiental representa una actividad irresponsable e inadmisible. ¿Qué medidas eficaces se han tomado o se van a tomar para evitar su repetición? Estas medidas, ¿pueden impedir realmente que vuelva a suceder un accidente así, pese al fracaso de todas las anteriores? ¿De qué manera? En caso contrario, parecería razonable clausurar de inmediato todas estas instalaciones. Entiendo que esta opción puede causar graves perjuicios económicos a sus operadores, ¿pero existe alguna otra alternativa realista en el estado actual de la tecnología? Si existe, ¿por qué no se implementó en la Deepwater Horizon?

4. ¿Qué medidas han tomado o van a tomar BP y sus asociados para reponer el daño causado al medio ambiente y para indemnizar a las comunidades humanas afectadas por el mismo en el Golfo de México o en cualquier otro lugar?

Resulta evidente que el accidente de la Deepwater Horizon ha causado un daño inmenso al medio ambiente y a las comunidades humanas afectadas por el mismo, en el Golfo de México y puede que en otros lugares. A pesar de las cifras iniciales que se dieron, claramente subestimadas, ahora ya se conoce que este accidente se encuentra al menos en la misma categoría que las mareas negras ocasionadas por el Amoco Cadiz en 1978 o el Atlantic Empress en 1979, las sucedidas en Nowruz o Fergana en 1983 y 1992 e incluso las causadas en el mismo Golfo de México por la plataforma Ixtoc I en 1979 –un accidente bastante parecido al actual–. Esto puede convertir el siniestro de la Deepwater Horizon en el segundo o tercer peor vertido de la historia, ahora mismo o en fechas próximas. ¿De qué manera BP y sus asociados van a reparar el daño causado al medio y a las comunidades humanas, hasta qué punto exacto y con qué recursos económicos, políticos y sociales? Y no menos importante: ¿de qué manera van a indemnizar a las familias de los once trabajadores fallecidos?

5. Finalmente, ¿cómo van a parar el desastre actual y cómo van a reparar el daño total causado por el mismo?

Una vez los intentos de contener el accidente han fracasado, el petróleo sigue fluyendo al Golfo de México a un ritmo de entre 5.000 y 100.000 barriles por día, según las diversas fuentes (estimación original de BP: 5.000 bbl/día; Eugene Chaing de la Universidad de California en Berkeley: 20.000-100.000 bbl/día; Steven Wereley de la Universidad Purdue en testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos: 95.000 bbl/día; entre otros).

En estos momentos, más allá del nuevo intento de tapar el orificio con una nueva cápsula, se están dando estimaciones de "meses" o "hasta agosto" para la perforación de pozos que alivien al siniestrado; lo que, en varios escenarios posibles a la luz de estos datos, podría convertir el desastre de la Deepwater Horizon en uno de los dos más graves de la historia, en la misma categoría que los vertidos ocasionados durante la Guerra del Golfo de 1991. Funcione el nuevo intento de taponar la perforación o no, ¿qué medidas de específicas están tomando o van a tomar para minimizar los daños mientras estos trabajos se completan, para reparar el daño causado al medio ambiente y para indemnizar a las comunidades afectadas por la prolongación en el tiempo de este desastre?

Soy consciente de que estas son preguntas complicadas a las que no se puede responder con las habituales frases hechas de relaciones públicas; pero es que, precisamente, somos bastantes las personas cansadas de frases hechas de relaciones públicas y necesitamos explicaciones de mayor calado y profundidad sobre lo sucedido en tanto que ciudadanos y consumidores de sus productos. Es por ello que les ruego un esfuerzo para dar a conocer a la sociedad la respuesta a estas cuestiones y cualesquiera otras que consideren oportuno añadir.

Queda atentamente a su disposición,



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miércoles, 21 de abril de 2010

Del volcán islandés y la (no tanta) fragilidad humana.

El problema no es que seamos frágiles; el problema es que ser fuertes sale muy caro.

Por costumbre, los humanos seguimos empeñados en llamar tierra firme y cosas así a las inciertas balsas de roca tibia sobre las que vivimos, bamboleándonos a la deriva sobre un inmenso mar de magma ardiente. Definitivamente, aún no nos hemos hecho a la idea de que la biosfera terrestre –el lugar donde alienta casi todo lo que somos, casi todo lo que amamos– es una estrechísima capa de moho raro y gases tenues sobre otra capa igualmente estrecha de piedra, alrededor de una esfera de lava ígnea en un rincón cualquiera del cosmos. Existimos en una delgada, casi imperceptible lámina de realidad atrapada para siempre entre el fuego abrasador y el helor infinito.

Quizá por ello, nos alarmamos cuando estos pecios a la deriva topan y rascan y rasgan y pliegan entre sí, generando toda clase de fenómenos sísmicos y volcánicos. Bueno, por eso y porque nos puede matar, claro. Lo que llamamos vulcanismo –por el viejo dios Vulcano de los romanos, el herrero– es sin duda la manifestación más espectacular y temible de esta sencilla realidad. Es la vulcanología, una rama de la geología, quien estudia las muchas maneras en que este magma candente bajo nuestros pies llega hasta la superficie infiltrándose por las costuras de nuestros precarios navíos pétreos o simplemente estallando a través de la cubierta. Continentes enteros se han formado –y han desaparecido– así a lo largo de todas las eras terrestres. Este es un planeta vivo, está caliente y se mueve.

Algunas zonas, generalmente a lo largo de las líneas de contacto entre estas gabarras terrosas que creemos sólidas como la roca, son de suyo proclives a ceder el paso a este magma infernal hacia la superficie. Estas líneas se conocen como cinturones de fuego, por razones obvias. A lo largo de estos cinturones de fuego la actividad volcánica y sísmica es constante, e intensa. El más conocido es el del Pacífico, una interminable sima ardiente alrededor del más grande de nuestros océanos, entre las embarcaciones llamadas América y Eurasia.

Islandia se halla exactamente a caballo entre dos de estas brechas abismales: en la dorsal mesoatlántica. De hecho, toda Islandia es un gigantesco volcán, que se ha ido elevando a fuerza de acumular lava durante los últimos veinte millones de años. La autoría específica se debe a la denominada pluma islandesa, o punto caliente islandés. Estos son lugares específicos donde la actividad es extremadamente elevada, y tiende a permanecer estable en el tiempo aunque las capas superficiales de corteza se muevan. Esto da lugar a veces a curiosas trazas de volcanes que van emergiendo a lo largo de una línea aparente, aunque en realidad la pluma se ha mantenido estable y es la placa tectónica la que ha ido moviéndose sobre ella.

La erupción volcánica más gigantesca de la historia de la Tierra –al menos desde que la Tierra terminó de estabilizarse (más o menos) tras su formación– fueron las Escaleras Siberianas, que bulleron desde gran profundidad hace unos 250 millones de años, aportando a Eurasia una masa equivalente a la de toda Europa Occidental. Constituyen el origen de la inmensa riqueza mineral rusa del presente, y se las considera responsables del Gran Morir: la extinción supermasiva del Pérmico-Triásico, que acabó con el 90% de las especies vivas. Les siguen de cerca las Escaleras Decanas, en la India, hace unos 65 millones de años; no son pocos quienes opinan que le echaron también una manita importante al meteorito que acabó con los dinosaurios no aéreos por esas mismas fechas, durante la extinción masiva del Cretácico-Terciario.

Extensión de las Escaleras Siberianas. Sí, todo eso fue un solo volcán una vez.

Pero estas escaleras fluyeron lentamente a lo largo de mucho tiempo, lo que no se corresponde muy bien con nuestra idea infantil de un volcán de verdad: la montañita cónica que explota un buen día, según la dibujaría un niño. Entre las erupciones explosivas más importantes de la historia terrestre se encuentran la caldera de La Garita, actualmente en el estado norteamericano de Colorado, que sufrió varias explosiones consecutivas a lo largo de un par de millones de años con una potencia explosiva total equivalente a cien mil veces la bomba Zar –el arma termonuclear más potente fabricada por la especie humana jamás–. Esto sucedió hace aproximadamente 27 millones de años. No fue tampoco pequeña Toba, hace unos 70.000 años –cuando ya andábamos por aquí–, a la que se supone causante directa de aquella vez en que no fuimos muchos más de mil.

En tiempos históricos tenemos Thera, que hirió de muerte a la civilización minoica y muchos creen en el origen de las leyendas sobre la Atlántida.  Y por supuesto el Tambora, en 1815, causante de la mayor hambruna del siglo XIX durante el año sin verano a través de un invierno volcánico muy similar a un pequeño invierno nuclear, pero sin radiación. La famosa erupción del Vesubio que enterró las ciudades romanas de Pompeya y Herculano en el año 79 dC es sólo una más de los millares de volcanes que vienen explotando constantemente y seguirán haciéndolo durante miles de millones de años. Comparándolo con todos estos, la reciente erupción del Eyjafjallajökull islandés que está provocando tantos problemas no es más que un suceso menor.

El Eyjafjallajökull.

Vamos, no es tan difícil de pronunciar: éyzfasleiguk, o algo así (sí, he estado un cuarto de hora hasta que lo he conseguido, ¿qué pasa?). Se trata de un estratovolcán justo encima de la pluma islandesa mencionada más arriba, que ha estallado un montón de veces; la última, en 1821. Aquella vez mató a un montón de ganado local por envenenamiento con flúor.

Ya en diciembre del año pasado, los geólogos comprendían que el éyzfasleiguk estaba por la labor de armarla otra vez. Nadie le dio mucha importancia: en Islandia, uno u otro volcán está constantemente reventando, a punto de reventar o recién reventado. El caso es que desde 2006 a 2009 se habían detectado unos 250 terremotos entre 8 y 12 km de profundidad (menos que el de Haití, conspis), y en febrero los monitores GPS dispuestos en el área observaron desplazamiento de tierra de tres centímetros en dirección sur, con un rápido corrimiento de un centímetro en un solo día: indicadores claros de que grandes cantidades de magma estaban fluyendo por el subsuelo.

Aquello es una zona despoblada e inhóspita, y nadie vio la primera erupción. Se cree que se produjo el 20 de marzo, entre las 10:30 y las 11:30 UTC. Las autoridades evacuaron a unas 500 familias de granjeros situadas en las proximidades, sobre todo por el riesgo de inundaciones instantáneas (aquello son glaciares), y cerraron los aeropuertos de Reikyavik y Keflavik; los reabrirían poco después. Con lo tocada que está la economía islandesa a consecuencia de la crisis financiera global, los emprendedores locales rápidamente pusieron en marcha una campaña de turismo volcánico, con visitas guiadas, webcams (cam1, cam2, cam3) y toda la pesca.

Se estimó que la fisura tiene unos 500 metros de longitud, con 10 o 12 cráteres en erupción, que emiten lava basáltica bastante densa a unos 1.000 ºC. Esta viscosidad hace que la lava avance lentamente, en dirección noreste. El 31 de marzo se abría una segunda fisura, 200 metros al norte. Los geofísicos afirman que ambas fisuras comparten la misma cámara magmática; es decir, que se trata de un único volcán. Y no es un volcán muy importante: tan solo uno más, cuyo interés difícilmente sobrepasa el ámbito de la geología y las ciencias planetarias. Durante los siguientes días, la erupción fue remitiendo hasta convertirse en un lento río de lava que fluía poquito a poco.

El 14 de abril se produjo una nueva erupción explosiva del éyzfasleiguk, en el centro del glaciar; cosa frecuente en esta clase de volcanes, y de hecho esperada. Las autoridades evacuaron esta vez a 800 habitantes locales, y de nuevo no parecía que pasase nada digno de recordar. Sin embargo, esta segunda erupción reventó debajo del hielo glaciar, en vez de al aire libre como la primera. Y fue más potente: unas veinte veces más.

El glaciar empezó a fundirse por el enorme calor, el agua cayó a chorros dentro del volcán y se puso a enfriar rápidamente la lava y, muy especialmente, la ceniza. Este enfriamiento rápido produce un fenómeno de cristalización de la ceniza caliente, que a continuación es propulsada a la alta atmósfera por la propia erupción. Entonces fue cuando las alertas empezaron a dispararse, y el mundo entero empezó a mirar hacia este olvidado volcán.

El volcán, las NATs y la economía global.

Pues se da la circunstancia de que esta ceniza cristalizada es muy peligrosa para la aviación. Se trata de un polvo abrasivo, finísimo y muy ligero, que se cuela por todos los rincones y destroza rápidamente por limado los mecanismos en marcha; de manera notable, las complejas etapas de admisión y compresión de los motores a reacción girando a miles de revoluciones por minuto.

Cuando la toma de aire de un reactor absorbe cantidades significativas de esta ceniza abrasiva, se filtra por todos los mecanismos y se deposita en las turbinas y compresores. Entonces éstos se convierten en una especie de torno de fresado que se fresa a sí mismo rotando a gran velocidad, deteriorando rápidamente los sofisticados sistemas e incrementando la temperatura hasta el punto de ignición y fundido.Además, obtura las intrincadas redes de inyectores para la cámara de combustión, y contamina la reacción. Y adicionalmente, el grano este tiende a fundirse y recristalizarse en torno a los mecanismos, bloqueándolos y gripándolos. En pocos minutos, el motor está destrozado por completo y, seguramente, en llamas. Otros muchos sistemas del avión dependientes del aire exterior resultan afectados también. En suma: el vuelo por dentro de una nube de esta ceniza abrasiva constituye un riesgo cierto, y muy notorio, de perder los motores, perder los generadores eléctricos, perder la sensorización barométrica y acabar hechos pedazos en medio del mar.

Se da la circunstancia de que Islandia está justo en medio del Océano Atlántico, a mitad camino entre Europa y Norteamérica. Los vientos dominantes a esta latitud son los del oeste, que empujan la ceniza hacia Europa. Pero por esta zona los vientos también rotan en célula de Hadley, en el sentido de las agujas del reloj, para convertirse en los alisios ecuatoriales: los vientos que hincharon las velas de los exploradores y comerciantes desde tiempo inmemorial. A efectos prácticos, la ceniza abrasiva del éyzfasleiguk se extiende como una mancha de aceite hacia oriente y hacia el sur, desde ras del suelo hasta la alta estratosfera.



Hace mucho que viajeros y mercaderes ya no atraviesan los mares empujados viento en popa por sus velas. Pero sus descendientes, los grandes jetliners que surcan orgullosamente esos mismos cielos propulsados con poderosos motores a reacción, son tan dependientes del aire en esas regiones como lo fueron Cristóbal Colón, Vasco de Gama o la Flota de las Indias. Más todavía: a estos marinos les habría dado igual si el viento soplaba un poco sucio y les manchaba las velas, pero a los navegantes del cielo no les da igual si sus reactores se transforman en un amasijo destrozado e incendiado de metal pulido.

Hablamos de la ruta comercial más densa e importante del mundo: la que une Europa y Norteamérica. Al sur de Islandia se extienden las aerorrutas intercontinentales NAT por donde circulan día y noche cientos y miles de aviones con millones de pasajeros y cientos de miles de millones de euros en valiosísimas mercancías. Hacia oriente, Europa: la muy rica, muy avanzada, muy superpoblada Europa, dependiente de una densísima trama de tráfico aéreo para su prosperidad y normal funcionamiento. Y los aviones no deben, no pueden volar por ese aire tenue impregnado con la ceniza abrasiva del Eyjafjallajökull.



Por supuesto, hay soluciones: buscar rutas alternativas menos contaminadas, trabajar a altitudes más limpias, optar por otros medios de transporte o simplemente esperar a que pase lo peor. El problema es que todas estas soluciones son carísimas, antieconómicas e imprácticas. Todo el sistema de comercio aéreo global está concebido para ser rentable sobre unas rutas determinadas con unas características determinadas; y esa concepción lo determina todo, desde las decisiones de compra de este u otro tipo de avión, hasta el precio del combustible aeronáutico o el modelo de negocio de los transportistas, sus proveedores y sus clientes: todos nosotros, en último término. La erupción del Eyjafjallajökull es, sobre todo, un desastre económico en unos tiempos en que no estamos para muchas tonterías con el dinero.

Leo ahora mismo que el Eyjafjallajökull ha proyectado una nueva nube abrasiva que avanza en dirección sur, otra vez a través de las pistas NAT. No se puede saber cuándo remitirá el fenómeno: puede costarle días o años. Parece razonable suponer que el agua del glaciar que se encuentra en posición de cristalizar la ceniza se agotará más pronto que tarde, y entonces pasaremos a tener nubes de ceniza volcánica común que siguen siendo molestas y peligrosas, pero no tanto ni a tanta distancia. Por otra parte, en cualquier momento podría producirse una nueva erupción en zona glaciar que ponga el fenómeno en marcha otra vez, con mayor intensidad.

El Eyjafjallajökull está activo, está en erupción y no se va a parar porque al moho que camina sobre dos patas le parezca bien. En realidad, no existe nada a escala humana que pueda parar un volcán de cierto calibre. Tampoco es obvia la manera de proteger a los aviones para que puedan volar a través de esta ceniza, y mucho menos la manera de implementarlo en miles de aeronaves si se encontrara algún arreglo (sin duda, igualmente costoso). Erupciones anteriores del Eyjafjallajökull han durado en torno a dos años, aunque la actividad principal se daba en fases de pocos días, por si sirve como un intento de predicción sobre lo que va a ocurrir a partir de ahora. Por otra parte, si dura tanto es posible que provoque un cierto efecto de enfriamiento planetario por invierno volcánico, lo que no nos vendría nada mal frente al calentamiento global; el que no se consuela, es porque no quiere.

Se dice que esta es la semana en que Europa retrocedió noventa años, antes de que hubiera aviación comercial, y en cierta medida es verdad. Por un lado estamos inconcebiblemente mejor equipados para enfrentarnos a esta situación (pagando mucho dinero), pero por otro ya nos habíamos desadaptado a un mundo en que el tráfico aéreo no estaba garantizado y normalizado. Desde hace más de medio siglo, nuestra economía y nuestro modo de vida depende de la existencia de rutas aéreas económicas y seguras mucho más de lo que imaginamos. Si la erupción se extiende en el tiempo, nos va a costar readaptarnos. Nos va a costar mucho dinero, quiero decir. A todos.

El ser humano no es tan frágil. Sobrevivimos al Tambora, y a Toba, y a Thera, y con el Eyjafjallajökull ni siquiera nos vamos a sentir en peligro en ningún momento. Lo que es frágil es nuestra dependencia de las infraestructuras enormemente sofisticadas que mantienen nuestra prosperidad y nuestro modo de vida, de las que casi nunca somos conscientes. No hace mucho conté en este blog cómo una guerra moderna podría causar decenas de millones de muertos y miseria incontable para miles de millones más sin necesidad de arrojar una sola bomba sobre la gente, por el sencillo procedimiento de cortarnos la luz. Esto no se parece ni de lejos a eso, pero a menos que el viejo dios Vulcano sea misericordioso, terminará ocasionando más empobrecimiento y desempleo del que estamos padeciendo ya. Como les ocurrió a los antiguos, la mayor parte de la gente ni siquiera será consciente de la causa y sólo lo percibirán a través de sus experiencias personales; aunque si el Eyjafjallajökull no cesa, o cuando ocurra cualquier otro en el futuro, será tan real como la depresión económica que azotó a las comarcas alrededor del Vesubio desde tiempos romanos hasta casi nuestros días. Esto... ¿queda algún templo de Vulcano por ahí donde ir a quemar algo de incienso, si me hace usté el favor? :-D

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jueves, 14 de enero de 2010

Grandes terremotos en la Península Ibérica

Los peores seísmos de nuestra historia. Medidas de protección.


Seguramente ya sabrás que tanto España como Portugal y sus alrededores se encuentran en una zona de alto riesgo sísmico. Aunque formemos parte de la gran placa tectónica euroasiática, nos hallamos de hecho en la Microplaca Ibérica, con unas dinámicas diferenciadas propias. Esta microplaca, formada hace unos 600 millones de años, incluye toda la Península Ibérica y se extiende hasta las Baleares, Córcega, Cerdeña y un sector de los Alpes Occidentales.

La Microplaca Ibérica se encuentra, pues, a caballo entre la placa tectónica africana y la euroasiática, que se empujan y deslizan entre sí; durante los próximos treinta millones de años, el Mar Mediterráneo se cerrará y desaparecerá hasta unir completamente Europa con África para muchos cientos de millones más. Según algunos autores, durante este proceso nos convertiremos en una cordillera más alta y extensa que el Himalaya del presente, extendiéndose desde el Océano Atlántico hasta lo que hoy en día es Asia Central.


Evolución futura de la Tierra (NASA)

Tanto movimiento provoca, claro, que vivamos en la segunda zona más volcánica del mundo después del Cinturón de Fuego del Pacífico: el Cinturón Álpido, que se extiende desde las Azores hasta Sumatra. A ambos lados del estrecho de Gibraltar, encontramos dos complejas zonas geológicas de fallas y subducciones: la gran Región de Fractura submarina de Azores-Gibraltar, en el Atlántico (AGFZ); y los complejos volcánicos de Italia y Grecia, en el Mediterráneo, que incluyen algunos tan conocidos como el Etna, el Vesubio, el Santorini y hasta el Vulcano original, dando nombre desde hace dos mil años a todos los demás gracias al latín de los romanos. Hay mucha fiesta ahí abajo, por lo que no resulta extraño que la tierra se mueva bajo nuestros pies. Y mucho.


Esto ha causado algunos potentes terremotos en nuestros alrededores, algunos de los cuantes se cuentan entre los más mortíferos de la historia. Este fue el caso del tsunami de Messina (Italia), el Día de los Inocentes de 1908, que se cobró entre cien mil y doscientos mil muertos, precedido por el terremoto de Sicilia de 1693, con 60.000 víctimas, y los Cinco de Calabria en 1783, que sumaron 50.000. El Magreb también ha recibido lo suyo, con la destrucción de la ciudad vieja de Argel (1716), la aniquilación de Orán en 1790 (que condujo al abandono de esa posesión por España, dado que no quedaba gran cosa que poseer), el de Agadir de 1960 (15.000 muertos) o los más recientes de El Asnam, Boumerdès y Alhucemas, cada uno con su cuenta de cientos y miles de pérdidas humanas y graves efectos económicos de alcance regional que se extienden a lo largo de las décadas.

España suele evitar estas sacudidas devastadoras por hallarse en una zona ya muy machacada, que cede fácilmente en forma de pequeños sismos antes de que llegue a acumularse energía suficiente para provocar uno verdaderamente grande. Gracias a este hecho, la mitad sur de la Península Ibérica sufre muchos terremotos suaves pero pocos destructivos a gran escala. Aunque no siempre. De vez en cuando, estas fuerzas telúricas se encuentran con una resistencia mayor, que va acumulando silenciosamente cada vez más y más energía hasta romper la tierra por fin. La tierra que se encuentra debajo de nuestros pies, esa que suponemos firme, de la que sabemos tan poco.

El Gran Tsunami de Lisboa de 1755.

"Este fue el año en que la ciudad de Lisboa
vio la tierra abrirse y tragársela..."


Eran las 10:24 del 1 de noviembre de 1755 cuando una enorme acumulación de estas fuerzas tectónicas provocó un terremoto gigantesco en la Región de Fractura de Azores-Gibraltar, unos 200 km al sudoeste del Cabo San Vicente, en medio del Atlántico. Alcanzó magnitud 8.7 (9 MMS según otras fuentes), convirtiéndose así en uno de los diez más potentes de la historia. Poco después, las ondas sísimicas alcanzaron Lisboa, que por aquel entonces contaba con 200.000 habitantes. No era la primera vez que la capital portuguesa sufría un movimiento sísmico ocasionado en la AGFZ atlántica, pero jamás uno como este. El terremoto sacudió la ciudad violentamente durante unos tres a seis minutos, provocando el colapso instantáneo de los edificios y en especial de las iglesias que se hallaban llenas de gente debido a la festividad católica celebrada en esa fecha: misa matutina antes de la procesión, día de Todos los Santos.
Nunca salió una mañana tan buena como la de aquel 1 de noviembre. El sol brillaba con todo su lustre; la faz entera de los cielos estaba perfectamente serena y clara; y no había la menor señal de advertencia del suceso que se aproximaba, que hizo de esta ciudad una vez floreciente, opulenta y populosa el escenario del mayor horror y desolación [...].



En la mañana de este día fatal, entre las horas de nueve y diez [local], me hallaba sentado en mi apartamento terminando una carta cuando los papeles y la mesa en la que estaba escribiendo comenzaron a temblar con un movimiento suave que me sorprendió, ya que no podía percibir el menor viento. Mientras reflexionaba a qué podía deberse esto, pero sin tener la menor comprensión de su causa real, la casa entera se puso a temblar desde sus mismos cimientos; lo que al principio imputé al traqueteo de varios coches en la calle principal, que solían pasar así a estas horas desde [el barrio de] Belém hacia el palacio. Pero al escuchar más atentamente salí pronto de mi error, pues descubrí que se debía a una clase de sonido extraño y temible bajo el suelo, parecido al rumor distante y apagado del trueno. Todo esto sucedió en menos de un minuto, y debo confesar que ahora empecé a alarmarme, conforme se me ocurría que este ruido podía ser posiblemente el inicio de un terremoto; pues otro que recordaba, sucedido seis o siete años atrás en la isla de Madeira, comenzó de la misma forma aunque hizo poco o ningún daño.


Así pues, arrojé mi pluma y me puse en pie, quedando un momento en suspense, decidiendo si debía seguir en el apartamento o correr a la calle, pues el peligro en ambos lugares parecía igual, aún engañándome a mi mismo con la suposición de que este temblor no produciría más daños que los indignos de consideración vistos en Madeira. Pero al momento fui arrancado de mi sueño, quedando instantáneamente atontado por un estrépito horroroso, como si todos los edificios de la ciudad se hubieran derrumbado a la vez. La casa en la que estaba se agitó con tal violencia que los pisos superiores colapsaron de inmediato, y aunque mi apartamento (que estaba en la planta baja) no compartió por el momento este destino, todo salió despedido fuera de su lugar de tal manera que sólo pude mantenerme en pie con mucha dificultad, esperando nada menos que ser pronto aplastado hasta la muerte, mientras las paredes continuaban sacudiéndose de un lado a otro de la manera más aterrorizadora, abriéndose en varios puntos; grandes piedras caían de las roturas por todas partes, y los extremos de las vigas se salían del techo. Para empeorar esta escena terrorífica, el cielo se tornó en un momento tan oscuro que ahora no podía distinguir ningún objeto en particular; era una oscuridad egipcia [se refiere a la novena plaga de Egipto según la Biblia] que se debía, sin duda, a las nubes prodigiosas de polvo y cal alzándose a causa de la violenta concusión y, como algunos informaron, a exhalaciones sulfurosas, aunque esto no puedo afirmarlo; en todo caso, lo cierto es que estuve ahogándome durante casi diez minutos.


Huí de la casa a las calles estrechas, donde los edificios ya se habían desplomado o estaban cayéndose continuamemnte, y escalé las ruinas de la Iglesia de San Pablo para llegar a la orilla del río, pensando que ahí encontraría alguna seguridad. Aquí hallé una reunión prodigiosa de personas de ambos sexos, y de todos los niveles y condiciones, entre los que observé a algunos de los clérigos principales de la iglesia patriarcal con sus ropajes púrpuras, pues todos iban con hábito de obispos; así como a varios curas que habían huido de los altares con sus vestimentas sacerdotales mientras celebraban misa; señoras medio vestidas, y algunas descalzas. Todos estos se habían reunido allí debido al peligro común y estaban de rodillas, rezando, con los terrores de la muerte en sus expresiones, dándose golpes de pecho y gritando incesantemente: "Miserecordia meu Dios...!"


En medio de nuestras devociones, vino el segundo gran impacto, un poco menos violento que el primero, pero suficiente para completar la destrucción de los edificios ya muy dañados. La consternación se tornó ahora tan universal que los gritos y llantos de "Miserecordia" nos llegaban perfectamente desde lo alto de la colina de Santa Catalina, a una considerable distancia, donde un gran número de personas se habían retirado; al mismo tiempo, pudimos escuchar en ese momento la caída de la iglesia parroquial que había allí, donde muchas personas perecieron en el momento y otras resultaron mortalmente heridas."

–Reverendo Charles Davy, recogido en Eva March Tappan, El relato del mundo: una historia del mundo en relatos, canciones y arte, vol. V (Italia, Francia, España y Portugal), pp. 618-628, Houghton Mifflin, Boston, 1914.
Pero el desastre sólo acababa de empezar. Pese a las súplicas al cielo de los lisboetas, algo pavoroso se avecinaba. Desde Irlanda hasta Senegal, el Atlántico había desaparecido y no tardaría en volver bajo la forma de un tsunami monstruoso. El reverendo Davy nos lo cuenta también:

De pronto, oí un griterío general: "el mar viene, estamos perdidos". Al escuchar esto giré mis ojos hacia el río, que en ese lugar tiene casi cuatro millas de ancho, y pude verlo hinchándose y agitándose de la manera más indescriptible, aunque no soplaba ningún viento. En un instante surgió, a poca distancia, una gran masa de agua, creciendo hasta convertirse en una montaña. Vino rugiendo y echando espumarajos para dirigirse hacia la costa con tal ímpetu que al instante todos corrimos por nuestras vidas tan deprisa como podíamos; muchos fueron arrastrados hacia alta mar, y el resto acabamos con el agua por la cintura a gran distancia de la orilla. Por mi parte, escapé por los pelos [...] Sin saber a dónde retirarme en busca de refugio, volví con mis ropas chorreando al área de San Pablo. Allí estuve durante unos minutos, observando cómo los barcos en el mar se inclinaban y encabritaban como si estuvieran en una gran tormenta; algunos habían roto amarras y se veían arrastrados al otro lado del Tajo [...] Varios grandes barcos zozobraron y terminaron quilla arriba.


[Un marino que lo vio desde mar adentro me informó después] que, cuando llegó el segundo golpe, pudo ver cómo la ciudad entera se agitaba hacia atrás y delante, igual que el mar cuando el viento empieza a levantarse [...]; el río se elevó veinte pies de golpe y al instante desapareció; momento en el que el muelle entero, con toda la gente que había en él, se hundió; y, al mismo tiempo, todos los buques que había cerca fueron succionados hacia la cavidad, que suponía se cerró de inmediato tras ellos, pues no se pudo hallar el menor signo de naufragio. Doy crédito a esta explicación, pues todo el mundo está de acuerdo en que los barcos han desaparecido, y en cuanto al muelle [acudí unos días después] lo hallé sumergido en aguas profundas, invisible en muchos puntos.

–Rev. C. Davy, op. cit.

Lo poco que quedaba de la ciudad fue consumido por el incendio subsiguiente. Esta clase de incendios masivos son comunes en las ciudades arrasadas, con los servicios de emergencia dislocados, y el reverendo Davy los achaca en este caso a los cirios y velones de los templos derribados (miles de focos de fuego en una festividad tan importante), los fuegos abandonados de las cocinas y la acción de los saqueadores. 

Hubo un total de tres olas causadas por el gran terremoto submarino que atravesaron el océano causando muerte, terror y devastación por todas partes. Las poblaciones costeras del Algarve sufrieron graves daños, con miles de muertos y desaparecidos, y no sólo hasta Cascais o Estoril, sino incluso en lugares como Covilhã, que se halla tierra adentro, en las estribaciones de la Sierra de la Estrella (extremo portugués del Sistema Central). Todos los puertos de las Azores resultaron destruidos.

Un tsunami de tres metros azotó Coruña, cruzó la Bahía de Vizcaya y fue a golpear con fuerza en Cornualles (Reino Unido) y Galway (Irlanda), donde derrumbó una parte de la muralla que protegía la ciudad. Por el sur, en Marruecos, pudo causar hasta diez mil muertos, aunque existe confusión en las fechas con la mortandad ocasionada por unas réplicas que se produjeron dos semanas y pico después. En Lisboa perecieron de treinta a cuarenta mil personas, y muchas más fueron heridas y mutiladas. Muchos pueblos pequeños situados en la costa desaparecieron, simplemente. Distintas estimaciones calculan que el terremoto y tsunami del día de Todos los Santos de 1755 ocasionó entre 50.000 y 100.000 muertos.


Con el 85% de sus edificios arrasados, la Lisboa antigua y su arquitectura manuelina desaparecieron, para verse sustituidas por la ciudad actual. La Biblioteca Real de 70.000 volúmenes y su colección de pintura de Tiziano, Rubens y Correggio fueron aniquiladas junto al Palacio de Ribeira que las albergaba. La Ópera, recientemente inaugurada, dejó también de existir. Los archivos reales, con datos detallados sobre las exploraciones de Vasco de Gama y otros grandes navegantes, tampoco se pudieron recuperar. La catedral antigua se había derrumbado también, aunque fue reconstruida con posterioridad, al igual que las principales basílicas y monasterios. El mayor hospital con el que contaba la capital pereció en el incendio, y cientos de enfermos se quemaron vivos en su interior.

Los efectos del desastre siguieron sintiéndose a largo plazo, durante muchos años. No sólo contribuyó a empobrecer el sur de Portugal, sino que la destrucción del puerto y los astilleros lisboetas redujeron sus aspiraciones colonialistas, contribuyendo al declive del Imperio Portugués. La gran mortandad acaecida dentro de los templos en fecha tan señalada provocó duda y confusión entre los hasta entonces muy católicos y romanos lisboetas, favoreciendo a la Ilustración y el Racionalismo tanto en el país como fuera de él. Voltaire se sintió inspirado por el suceso para escribir Cándido y Poema sobre el desastre de Lisboa, que puso en duda netamente por primera vez en el Occidente moderno la idea de que vivíamos en el mejor de los mundos bajo la protección de un dios benevolente. También influyó en un sentido muy parecido a Rousseau y Kant, tambaleando el sistema filosófico cartesiano que hasta entonces dominaba en Europa. La reconstrucción y la investigación desarrolladas por el Marqués de Pombal, primer ministro por aquel entonces, se hallan en el origen de la sismología contemporánea y la construcción contra terremotos. Sin duda, hubo un antes y un después del día de Todos los Santos de 1755.

Condado de Ribagorza, 1373.

Por supuesto, no fue este el primer terremoto en alcanzar la Península Ibérica con consecuencias devastadoras para sus habitantes, aunque sí el más grave.

El 2 de marxo de 1373, siendo Alfonso de Aragón conde de Ribagorza, un terremoto que se ha estimado actualmente en una intensidad de 6.5 sacudió esta histórica región pirenaica. El origen de este temblor estuvo situado en lo que hoy en día conocemos como falla del Macizo de Maladeta (norte), en las proximidades de la unión entre la Microplaca Ibérica y la Placa Euroasiática, que fue identificada tras el sismo de Viella de 1923. Este terremoto hizo colapsar numerosos pueblos y castillos en su área epicentral, que hoy en día se encuentra entre Huesca y Lleida.

Olot, 1427.

Menos de un siglo después, la histórica ciudad gerundense de Olot fue aniquilada por dos seísmos que se sucedieron el 15 de mayo de 1427 y el 2 de febrero de 1428; este último también destruyó Queralbs, con un saldo de 800 muertos. Olot fue reconstruida en una ubicación distinta, donde se encuentra actualmente, con el trazado de calles perpendiculares que la caracteriza. El origen de estos terremotos también se halla en la zona de contacto ibérica-euroasiática del Pirineo.

Almería, 1522.

Arrancaba la Edad Moderna cuando un terremoto en el Mar de Alborán con una intensidad actualmente estimada en 6.5 destruía la ciudad de Almería y su puerto, ocasionando mil muertos y llegando hasta Granada. Las consecuencias para la región, recientemente reconquistada al musulmán, fueron devastadoras: dado que el puerto no se reconstruyó hasta tres siglos después, la que había sido una de las taifas más importantes de Al-Andalus quedó efectivamente excluida del comercio con América y languideció lentamente durante mucho tiempo. Poco después, en 1531, Baza (Granada) corría la misma suerte, con cuatrocientos muertos.

Montesa (Valencia), 1748: la agonía de los Templarios.


Aunque no fuera un terremoto de gran importancia, este suceso en tierras valencianas tuvo unos efectos gravísimos sobre la Orden de Montesa, una de las más importantes de su época. Eran las seis y cuarto de la madrugada del 23 de marzo de 1748 cuando, después de "copiosas y fuertes lluvias", un fuerte seísmo sacudió la comarca de La Costera, afectando entre otras localidades a Xàtiva, Estubeny y Montesa. En el montículo que domina esta histórica villa se hallaba el castillo y convento de la orden de caballería del mismo nombre, sucesora de los famosos Templarios. Nos lo cuenta el cronista Teodoro Llorente:

Amanecía el día 23 de marzo de 1748. Después de copiosas lluvias, sonreía hermosa la primavera [...] Los clérigos del Sacro Convento habían rezado en coro las Horas menores, y algunos de ellos estaban celebrando misa. De pronto sintieron temblar la tierra a sus pies, bambolearse las paredes y desplomarse las bóvedas con horrible estrépito. Eran las seis y cuarto de la mañana. La iglesia y todas las construcciones del castillo se venían abajo. Un prolongado trueno salía de aquellas ruinas y una nube de polvo las envolvía. A las dos horas, otra sacudida completó la destrucción. Repitióse el estrépito y la polvareda; caían rodando por la montaña los sillares desprendidos de los muros [...] En Enguera, Vallada, Canals, Sellent y demás pueblos de la Costera, el terremoto registró una gran intensidad, produciendo desastres, derrumbándose casas, iglesias, campanarios, desprendimiento de peñas [...] abrió grandes grietas en la tierra, llegando a alcanzar una longitud de una legua.
Resultaron muertas en el castillo 18 personas, entre caballeros y monjes. Tras varias réplicas, el 2 de abril
se produjo otro seísmo de gran intensidad, que acabó con lo poco que había quedado. Los supervivientes se desplazaron a la ciudad de Valencia, donde poseían unos terrenos y construyeron (claro) el Palacio del Temple. Sin embargo, por aquel entonces la orden ya estaba en completa decadencia y, alejados así de sus territorios históricos, perdió relevancia y los últimos templarios se extinguieron a efectos prácticos menos de un siglo más tarde, tras la Guerra de la Independencia contra el francés. La supresión de los señoríos feudales y la desamortización de Mendizábal les daría la puntilla final en la primera mitad del siglo XIX.

Efectos del terremoto de Lisboa en Andalucía Occidental.

El Gran Tsunami de Lisboa de 1755 dañó también gravemente Huelva, Cádiz, Conil de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, destruyendo gran número de casas e iglesias, y causando centenares de víctimas. Huelva y su comarca tardarían mucho tiempo en reponerse.

Siglos XIX y XX.


El 25 de agosto de 1804, la tierra volvió a moverse con gran violencia en Almería. Esta vez resultaron alcanzadas las poblaciones de Dalías, Berja y Roquetas de Mar, con un saldo de 407 personas muertas.

El 21 de marzo de 1829, un grave terremoto golpeó Almoradí (Alicante), haciendo sentir sus efectos en Torrevieja, Orihuela, Guardamar y otras localidades de la Vega Baja del Segura, ocasionando 389 muertes. Almoradí resultó aniquilado totalmente y tuvo que reconstruirse entero, aunque Orihuela y Guardamar no salieron mucho mejor paradas y hubo que reedificarlas por completo también. El seísmo, de intesidad 6.6, se originó en un complejo de fallas geológicas que se encuentra en esta comarca.

El último terremoto con una notable pérdida de vidas ocurrió en Arenas del Rey (Granada) el día de Navidad de 1884, cobrándose 839 víctimas. Arenas del Rey era una localidad de cierta importancia donde resultaron demolidas 4.400 casas. Sería reconstruída con aportaciones de toda España bajo el impulso del rey Alfonso XII, aunque tardó mucho en recuperar su vigor.

Durante el último siglo, la madre tierra ha sido buena con nosotros y sólo cupo lamentar varias muertes en 1956 (Albolote, 11 víctimas) y 1969 (Huelva e Isla Cristina, 19 fallecidos en un terremoto de intensidad 7.3).

Medidas de prevención.


En la Península Ibérica, todas las edificaciones deben levantarse en la actualidad de manera acorde a la normativa de protección contra terremotos. En España, esta es la Norma de Construcción Sismorresistente NCSE-02 (R.D. 997/2002 de 27 de septiembre), que sustituye a la anterior NCSE-94 (R.D. 2543/1994, de 29 de diciembre), precedida a su vez por otra de 1974. Es de esperar, pues, que los edificios construidos con posterioridad a estas fechas gocen de niveles cada vez mayores de defensa contra seísmos intensos.

Pese a ello, cualquier persona que experimente un terremoto de cierta potencia haría bien en tomar las siguientes medidas de protección:

Si estás en un vehículo:
  • Detente tan pronto como lo permita la seguridad del tráfico. No te pares cerca de edificios o bajo los mismos, ni tampoco debajo de puentes, pasos elevados, aparcamientos y postes o cables.
  • Para el motor, pon el freno de mano y/o una marcha, y abre los seguros para que los equipos de emergencia puedan acceder con más facilidad en caso necesario.
  • Adopta la postura de emergencia. Haz que los demás ocupantes la adopten también.
  • Una vez haya pasado el terremoto, continúa con mucha prudencia y sólo si es estrictamente necesario. Evita las carreteras, vías, puentes o túneles que parezcan haber sufrido daños. Recuerda siempre que pueden producirse réplicas o nuevos seísmos.

Si estás dentro de un edificio:
  • En principio, hoy en día se recomienda permanecer dentro de los edificios, a diferencia de lo que era corriente en el pasado. A menos que tengas sospechas fundadas sobre su resistencia a los terremotos (por antigüedad, ubicación, características, etc), no te eches a la calle.
  • Aléjate de los cristales. Los cristales son muy peligrosos cuando se rompen o estallan.
  • Tírate al suelo, ponte a cubierto bajo una mesa resistente o mobiliario similar, y mantente ahí hasta que la tierra deje de moverse. Si no hay un mueble de estas características, cúbrete la cabeza con los brazos y hazte un ovillo en un rincón con la espalda y los pies contra las paredes.
  • Si estás en la cama, quédate ahí salvo que haya algo encima de ti que pueda caer fácilmente. Protégete la cabeza con una almohada (si proteges a otra persona, como un niño, lleva cuidado, no lo vayas a asfixiar).
  • Tradicionalmente se aconseja ponese bajo el umbral de una puerta, pero hazlo solamente si es resistente y está situado en un muro de carga.
  • Permanece así hasta que termine el terremoto y las réplicas. La mayor parte de los heridos se producen cuando la gente trata de abandonar los edificios a lo loco.
  • No te asustes si se va la luz o si se disparan las alarmas o los sistemas de protección contra incendios.
  • BAJO NINGUN CONCEPTO uses los ascensores. Si crees que debes abandonar el edificio, USA SIEMPRE LAS ESCALERAS.
Si estás en el exterior
  • Apártate de los edificios, farolas, postes y cables.
  • Una vez estés en lugar abierto, quédate ahí hasta que finalice el terremoto y las réplicas.
  • No hará ningún mal tirarse al suelo y cubrirse la cabeza con los brazos.

Si los escombros te sepultan
  • Mantén la calma.
  • No enciendas cerillas ni ninguna otra cosa que pueda inflamar algún gas que pudiera haber en el aire, aunque no huelas o sientas nada en particular. Muchos de esos gases no son perceptibles.
  • No remuevas el polvo.
  • Tápate la boca con un paño.
  • Para llamar la atención de los equipos de socorro, golpea las paredes o tuberías de la manera que te sea posible. Si tienes un silbato, úsalo. Grita sólo como un último recurso: al gritar puedes inhalar mucho polvo, que es peligroso para tus pulmones.
Recuerda siempre que puede haber réplicas o nuevos terremotos: no actúes a lo loco tras el primer movimiento.

Te recuerdo que...

...si quieres echar una mano a la gente de Haití que acaba de sufrir uno de estos desastres, puedes hacerlo ahora mismo, por ejemplo, a través de las siguientes direcciones:

UNICEF España (en "destino", selecciona "fondo de emergencias")

...y pásalo.

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viernes, 7 de agosto de 2009

Camino del infierno: la Perforación Superprofunda de Kola.

Mirando hacia el corazón de nuestro planeta.

Con mucha frecuencia, el progreso del conocimiento humano se vincula con las alturas. Desde que el primer humano se sobrecogió ante el extraordinario espectáculo de una bóveda celeste llena de estrellas, los dioses quedaron establecidos en las regiones del cielo. Muchos milenios después, la ciencia y la tecnología también arrancarían su historia estudiando los fenómenos celestes, tanto por razones prácticas de calendario y navegación, como por esa emoción profunda que nos hace alzar los ojos hacia arriba cuando acechamos lo mejor de nostros mismos.

Las profundidades, en cambio, siempre quedaron relacionadas con la muerte y la ciénaga, con las fuerzas oscuras y telúricas que preferimos ignorar. Allá fueron a parar todos los inframundos y, cómo no, las fuerzas diabólicas. El suelo que pisamos nos inquieta. No nos fiamos de él. Hay quien hasta siente rechazo a tocarlo con las manos. En general, siempre hemos vivido de espaldas a aquellas cosas que se ocultan bajo la tierra y el mar, pero sobre todo bajo la tierra. Lugar de monstruos, de demonios. Hic sunt dracones. ¿Sabrías tú hacer un esquema sencillo de lo que hay bajo el suelo de tu casa?

Y sin embargo, el estudio del suelo y del subsuelo fue objetivo de una de las ciencias más antiguas: la geología. Desde el principio, la geología tuvo una vertiente práctica, relacionada con la minería, la búsqueda de recursos naturales y la cimentación arquitectónica. Pero también, desde hace mucho tiempo, la geología viene proporcionándonos pistas fundamentales sobre la manera en que se formó nuestro sistema solar, nuestro planeta y la vida en la Tierra. Fue la geología quien nos aportó los primeros indicios de la verdadera edad y evolución del universo y de la vida. Es la geología quien nos permite mantener en marcha las sociedades industriales desarrolladas, mediante la prospección y explotación de los recursos necesarios para su subsistencia. La geología es mucho más que una colección de piedrecitas.

La geología nos cuenta cómo y de qué está hecha la Tierra, y de paso nos apunta cómo y de qué están hechos otros mundos. Gracias a ella sabemos que este es un planeta vivo, con un núcleo ardiente de hierro y níquel tan caliente como el Sol, un grueso manto de roca viscosa no mucho más frío, y una estrecha e inestable corteza de continentes a la deriva sobre ese mar de fuego donde alienta todo lo que amamos. Esta corteza quebradiza no tiene más de setenta kilómetros de profundidad, en un planeta con más de 12.000 km de diámetro.

La ciencia, antes de validar una hipótesis para convertirla en teoría, tiene la obligación de verificarla por todos los medios posibles. Y aunque esta estructura interna de la Tierra está bien demostrada mediante numerosos métodos indirectos, hacía y hace falta echar un vistazo en profundidad, literalmente. Gracias a la minería, desde antiguo se conocen algunas de las propiedades de esta corteza, y el hecho de que la temperatura y la presión aumentan constantemente con la profundidad. Pero nunca nos ha bastado con eso. Teníamos que mirar, y de paso descubrir unas cuantas cosas más por el camino. La manera más lógica de hacerlo era cavar un agujero. Un agujero muy grande.

Un agujero hacia el infierno.

Los espeleólogos han llegado hasta 2.080 metros de profundidad en la Cueva de Voronya (Georgia), que es la gruta más profunda conocida. Y los mineros del oro sudafricano bajan con frecuencia a 3.500 metros. Pero nadie había llegado nunca más abajo. Así que, en 1962, la Unión Soviética puso en marcha el primer gran proyecto de exploración del espacio interior profundo, con una perforadora situada en la Península de Kola. Su barrena Uralmash-4E mordió el suelo por primera vez el 24 de mayo de 1970, con el propósito de llegar a quince kilómetros de profundidad, allá en el lejano Ártico. No muy lejos de donde Julio Verne iniciara su viaje al centro de la Tierra.

Costó nueve años batir el récord precedente: la perforación Bertha Rogers de Oklahoma, realizada por la compañía petrolera GHK en busca de hidrocarburos, sin hallarlos. A 9.583 metros de profundidad, los geólogos norteamericanos se habían encontrado con una presión enorme, de 1.700 atmósferas; momento en que la barrena topó con un depósito de azufre ardiente y resultó destruida.

Pero la Uralmash de los científicos de Kola sobrepasó este récord el 6 de junio de 1979, para luego proseguir su camino hacia el manto terrestre. En 1983 la perforadora alcanzaba la marca de los doce kilómetros, tras la cual estaba prevista una pausa de un año para realizar ajustes y mejoras. Aparentemente, esta pausa no le sentó bien a la maquinaria: poco después de reanudar la penetración, el 27 de septiembre de 1984, una sección de cinco kilómetros de taladradora se partió sin posibilidad de recuperación alguna a semejantes profundidades: 12.066 metros bajo la superficie terrestre.

La perforación se reiniciaría poco después, partiendo de nuevo desde los 7.000 metros. En 1989 alcanzaron 12.262, momento en que se encontraron temperaturas de 180ºC en vez de los 100ºC que se esperaban a esa profundidad. Aunque por aquel entonces aún mantenían la idea de llegar a 13.500 en 1990 y su meta de 15.000 en 1993, finalmente decidieron modificar el proyecto: proseguir habría implicado trabajar a más de 300ºC, por encima de las posibilidades incluso de las nuevas perforadoras Uralmash-15000, más o menos como en la superficie de Venus. Así que, en vez de eso, comenzaron a realizar nuevos agujeros de mayores y mejores prestaciones.

Así quedó establecido el récord de la máxima profundidad alcanzada jamás por la especie humana: 12.262 metros, que sigue sin batir hasta la actualidad.

Los logros científicos.

Además del desarrollo de estas perforadoras especiales como nunca se habían diseñado, la Perforación Superprofunda de Kola obtuvo una colección única de muestras geológicas jamás vistas que retroceden hasta una antigüedad de 2.700 millones de años. Esta colección se conserva actualmente en Zapolyarny, diez kilómetros más al sur, a disposición de la comunidad científica internacional.

Otro descubrimiento de gran importancia fue constatar que las zonas de discontinuidad sísmica no se correspondían con áreas de transición del granito al basalto, como se pensaba antes; sino que se deben a capas metamórficas empapadas de agua entre cinco y diez kilómetros de profundidad. Esto no sólo es muy relevante para el estudio de los terremotos, sino también para las prospecciones petrolíferas y gasísticas del mundo entero. También se hallaron grandes cantidades de hidrógeno, imprevistas hasta el momento.

A partir de 1995, el proyecto se transformó en un completo laboratorio de geología superprofunda, que constituye aún hoy en día la principal fuente de conocimiento sobre las cosas que se esconden debajo de nuestros pies. En él se realizan estudios geofísicos, petrológicos, geocronológicos, minerológicos, geoquímicos, petrofísicos, sismológicos y de estudio de los terremotos y de la seguridad en minería y extracción de gran profundidad.

En la actualidad, un proyecto internacional –el IODP– trata de alcanzar profundidades similares partiendo del fondo de los océanos, donde la corteza es mucho menos gruesa.

La Perforación Superprofunda de Kola protagonizó otra de las grandes carreras de la Guerra Fría, aunque esta no tuvo rival. Tales carreras abrieron un mundo de exploración no sólo hacia el cosmos y los océanos, sino también hacia el centro de la Tierra; hazañas pioneras cuya importancia sólo ahora comenzamos a comprender.

Web de la Perforación Superprofunda de Kola (en ruso)

Edición del 09/08/2009: sí, este es el mismo "pozo infernal" donde una serie de publicaciones evangélicas afirmaron que se habían escuchado las "voces de los condenados". Naturalmente, toda esa historia es un fraude. Nunca existieron tales micrófonos, nunca hubo ningún "pánico" en la URSS al respecto (ni en ninguna otra parte), y en general constituye una invención para almas cándidas y sobre todo muy crédulas. El lugar tampoco está en Siberia, por cierto, sino en la Rusia europea.


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