La pizarra de Yuri: defensa
Mostrando entradas con la etiqueta defensa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta defensa. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de mayo de 2010

Así funciona un arma nuclear.

¿Qué hay en unas pelotas de metal pulido y una bolsa de polvo blancuzco para que sean capaces de aniquilar una gran ciudad?

La gente suele tener dos reacciones cuando observa por primera vez las tripas de un arma termonuclear, no necesariamente excluyentes entre sí. La primera es el sobrecogimiento: hasta el más zoquete intuye que no se halla ante una cosa corriente, sino ante un poder inquietante, asombroso y letal. La segunda es la decepción, porque aquello tiene las pintas de una poca chatarrería como la que podrías encontrar en cualquier garaje. Cuencos, tubos y aros de metal pulido. Moldes de una especie de gel amarillento, que recuerdan vagamente a las formas de un balón de fútbol. Otros, de poliestireno (sí, poliestireno común). Y los consabidos cables y circuititos electrónicos. Todo lo cual cabe perfectamente encima de una mesa cualquiera.

Entonces, el cachondo de tu guía podría decirte: "no, no, lo que explota es eso de ahí". Y tú mirarías, claro. Ahí, dentro de unos contenedores similares a neveras de camping, verías tres tipos de objetos. El primero, unas esferas metálicas pulidas muy parecidas a bolas de petanca. El segundo, una bolsa de polvo blanco. El tercero, una especie de termo de café pequeño.

–¿Eso es todo? –preguntarías, quizás.
–Eso es todo –te contestarían.
–¿Con eso puedo matar a cinco millones de personas?
–Como si jamás hubieran existido.

Si eres del tipo valiente o al menos curioso, a lo mejor te daba por acercarte al primero de los objetos. Descubrirías que es sólo lo que parece: pelotas de metal muy pesado, tibio al tacto. Y a lo mejor preguntabas con algún escalofrío en la voz:

–¿Esto es...?
–Sí. Eso es plutonio. Aunque envuelto en berilio.
–¿Y por qué está caliente?
–Porque es radioactivo. Pero no te preocupes: ahora está en fase alfa, no pasa nada.

A menos que seas del tipo especialmente valiente, lo más normal es que apartes la mano en ese mismo instante, claro. Entonces, puede que el graciosillo que te hace de guía te lance a los brazos la bolsa de polvo blanco. Igual te asustas y esperas un golpe, pero cuando te cae en las manos descubres que no pesa nada. Es sólo un polvo tenue, muy fino, muy blanco, inocente. Ni frío, ni caliente, ni fresco, ni tibio. Neutro. Seco. Tu acompañante levanta en su mano el pequeño termo de café y lo pone ante tus ojos.

–¿Y esto qué es? –te atreves a preguntar, aunque con un temblor indefinible desde la coronilla hasta la horcajadura.
–Esto es la materia de la que están hechas las estrellas –te contestan.
–No j*das.
–Lo que oyes. Eso que tienes en las manos es deuteruro de litio. Lo llamamos liddy. Y lo que hay aquí dentro es tritio: un gas. Todo son isótopos del hidrógeno y del litio. Con esto puedes encender una estrella sobre una ciudad.
–Ah.

Es posible que sientas la tentación de dejarlo todo en su sitio y salir corriendo de allí dando educadamente las gracias pero tan deprisa como te permitan tus piernas. O igual te puede la curiosidad –o el morbo, vamos– y te quedas un poquito más. Sólo un poquito más, ¿eh? Por interés cultural. Científico. ¡Nadie lo duda! Tu guía, que seguramente llevará un uniforme militar o una bata blanca, sonríe. Ya eres de los nuestros, piensa. Pero sólo dice:

–¿Te gustaría saber cómo funciona?

Fisión.

El corazón de un arma nuclear moderna es tan solo una esfera hueca de plutonio-239 supergrade al 99% o más, normalmente envuelta en otra concéntrica de berilio. Si es un arma muy avanzada, contendrá menos de tres kilos de plutonio; con lo denso que es, eso te cabe en el puño aunque seas de manos pequeñas. Hueca y todo, no es más grande que una bola de petanca. Si fuera de mediana tecnología, serán unos cuatro o cinco kilos y un poco mayor, como una pelota de voleibol. La bomba de Nagasaki usó 6,2 kg.

Todas estas cifras son inferiores a la masa crítica del plutonio-239 a temperatura y densidad corrientes, que es de aproximadamente diez kilos. Recuerda esto de la temperatura y densidad, porque va a ser importante. ¿Y qué es esto de la masa crítica? La masa crítica es la cantidad de material fisible –normalmente uranio-235 o plutonio-239– necesaria para que éste inicie una reacción en cadena espontánea. Vamos a ver qué es esto de la reacción en cadena.

Todas las sustancias radioactivas son inestables. Esto quiere decir que sus átomos tienden a emitir energía –la radioactividad propiamente dicha– en forma de ondas y partículas (¿recuerdas los fundamentos de mecánica cuántica?). Algunas sustancias, además de radioactivas, son fisionables. Es decir, que los núcleos de sus átomos son tan grandes e inestables que pueden partirse con facilidad y de hecho lo hacen; por ejemplo, el uranio-238 o el plutonio-240. Cuando el núcleo de un átomo se parte, se convierte en núcleos más pequeños y libera energía como estas ondas y partículas.

¿Qué es lo que hace que un núcleo fisione, es decir, se rompa? No gran cosa. Ocurre constantemente en la naturaleza, por simple probabilidad cuántica o cualquier estímulo exterior. Los núcleos grandes e inestables tienden a romperse y, según una determinada probabilidad, lo hacen a todas horas. Por ejemplo, la mayor parte del uranio existente en la naturaleza ha fisionado ya a lo largo de los últimos miles de millones de años, y por eso es tan raro en la actualidad. Esto se llama fisión espontánea, y va ocurriendo a su ritmo. En la imagen de la derecha, un núcleo de uranio-235 absorbe un neutrón, se convierte en uranio-236 altamente inestable y fisiona en dos elementos nuevos, kriptón-92 y bario-141 (sí, como en la transmutación de los alquimistas). Al hacerlo, libera varios neutrones más y una cantidad importante de energía en forma de radiación.

Algunas sustancias en particular, además de radioactivas y fisionables, son fisibles. Fisible significa que fisionan intensamente y además de una manera especial. Lo hacen fragmentándose en núcleos mucho más pequeños y emitiendo neutrones rápidos, muy energéticos (como el núcleo de U-235 de la imagen). Tan energéticos, que desestabilizan rápidamente los demás átomos que haya alrededor. Entonces, estos resultan estimulados para fisionar también, y así una y otra vez, en una reacción en cadena que se va amplificando cada vez más. Los dos elementos más fisibles del universo conocido son el uranio-235 y el plutonio-239. Por eso son los que se usan como combustible en las centrales nucleares. Y como explosivo en las armas atómicas.

Sin embargo, la reacción en cadena se interrumpe rápidamente si no hay bastante material alrededor. Esto se debe al sencillo hecho de que los átomos de la materia están enormemente separados entre sí –la inmensa mayoría de lo que ven tus ojos y tocan tus manos es espacio vacío, aunque no lo parezca–. Por ello, la mayor parte de los neutrones que surgen en estas fisiones espontáneas no llegan a alcanzar otros núcleos fisibles y se pierden hacia el exterior en forma de radiación neutrónica. Es preciso acumular una cierta cantidad de material para que haya muchos núcleos fisibles por todas partes, la probabilidad de que los neutrones alcancen alguno de ellos aumente y la reacción se mantenga a sí misma.

Esto es la masa crítica: la cantidad de material fisible que necesitas acumular para que se produzca una reacción en cadena sostenida. Cuando usas uranio-235, esta cantidad es de 52 kilos. Usando plutonio-239, es de sólo diez kilos. Por eso, las bombas de plutonio son mucho más pequeñas y ligeras que las de uranio, lo que facilita su uso militar práctico. A la izquierda, vemos una masa subcrítica (arriba) donde la mayor parte de los neutrones escapan; una masa crítica (al medio) donde hay reacción en cadena sostenida; y una masa también crítica (abajo) que, a pesar de ser tan pequeña como la primera, está envuelta en un reflector neutrónico (como el berilio) y eso le permite alcanzar criticidad.

Porque, ¡un momento! Hemos dicho que una bomba de plutonio usa 6,2 kg en sus versiones más primitivas y menos de tres en las modernas. Entonces, ¿cómo puede producir una de estas reacciones en cadena? ¡No hay material suficiente!

Aquí radica, precisamente, la genialidad de un arma de fisión. Sí, es genialidad, qué demonio. Por no contener suficiente material para producir una reacción en cadena sostenida, la bomba es segura por completo en condiciones ambientales normales. Puedes usar la pelota de plutonio como bala de cañón y no pasará gran cosa; sólo causarás un poco de contaminación por los alrededores, más tóxica que radioactiva (el plutonio es muy venenoso).

El plutonio es mejor que el uranio por otra razón. Aunque su procesado metalúrgico resulta mucho más difícil que el del uranio –lo que requiere el uso de tecnologías industriales más avanzadas–, su emisión de neutrones por fisión espontánea es baja. Esto significa que tarda más en iniciar la reacción en cadena, pero cuando lo hace, lo hace más de golpe. Más explosivamente, como si dijéramos.

La pequeña explosión, la gran explosión.

En primer lugar, tomamos la esfera hueca de plutonio-239 y la envolvemos en otra concéntrica de berilio. El berilio no es fisionable, ni fisible, ni siquiera radioactivo. Está ahí porque constituye un reflector neutrónico de primera. Es decir: cuando recibe los neutrones rápidos del plutonio que hay dentro, tiende a devolvérselos e incluso añadir unos cuantos más. Esto ayuda a sostener la reacción en cadena, pues los neutrones que escapan de la misma al exterior resultan rebotados de vuelta al interior.

Entonces, tomamos esta esfera hueca de plutonio-berilio y la rodeamos a su vez con un explosivo convencional en una disposición muy similar a las costuras de un balón de fútbol. Hoy por hoy, este explosivo es habitualmente TATB, por tres razones: resulta extremadamente estable –lo que reduce el riesgo de detonación accidental–, la onda de choque que produce es muy simétrica (va a avanzar como una esfera perfecta hacia fuera y hacia adentro; recuerda esto de hacia adentro), y su velocidad de detonación es alta, para completar el proceso muy deprisa. Por lo demás, es un explosivo corriente de la familia de los nitrobencenos / nitrotoluenos (como el TNT).

Antiguamente, pondríamos en el centro de la esfera hueca una bolita de polonio-berilio o algo así, como fuente neutrónica; hoy en día, se usa gas de deuterio/tritio, dos isótopos del hidrógeno. Lo que estamos intentando es, en esencia, ultracomprimir bruscamente la esfera hueca de plutonio de tal modo que quede atrapada entre una fuente neutrónica –la bolita de polonio o el gas– y un reflector de neutrones –la funda de berilio–; de tal modo que aumente enormemente su densidad, su temperatura y su flujo neutrónico. Porque entonces la masa crítica efectiva se reduce de golpe y cae de los diez kilos en condiciones normales a mucho menos de tres kilos, con lo que se volverá supercrítica instantáneamente. ¡Ojo, que esta es la clave! Vamos a explicarlo un poquito mejor:

Dijimos que la masa crítica del plutonio es de unos diez kilos en condiciones normales de densidad y temperatura. Pero resulta que la masa crítica es inversamente proporcional a la densidad, la temperatura y la cantidad de neutrones rápidos que haya circulando por dentro. Cuanto mayor es la densidad, la temperatura y el flujo neutrónico, menor es la masa crítica. Si conseguimos comprimir muy deprisa la esfera hueca de plutonio en forma de una esfera compacta a alta temperatura, presión y flujo neutrónico, el plutonio saltará rápidamente de ser muy subcrítico a ser muy supercrítico, lo que iniciará una reacción en cadena sostenida e instantánea de alta energía hasta que el material se agote o disperse por la propia explosión resultante. Como además –dijimos más arriba– al plutonio le cuesta un poquito empezar a emitir neutrones, cuando empiece a suceder sucederá de golpe, en avalancha, formando un pico de energía más breve pero más intenso que el del uranio. (En la imagen de la izquierda, 5,3 kg de plutonio-239 militar supergrade al 99,96%, antes de su procesado metalúrgico; suficiente para volar una ciudad).

Evidentemente, la manera más práctica de comprimir deprisa un material es rodeándolo con un explosivo de detonación rápida y haciéndolo estallar. Estos eran los moldes de material amarillento que vimos encima de la mesa al principio. Dispuestos alrededor de la esfera de plutonio-berilio y detonados con mucha precisión –para eso eran los cables y circuitos electrónicos– van a provocar una onda de choque esférica y muy rápida que avanzará hacia el exterior –como en cualquier otra explosión– pero también hacia el interior, en lo que denominamos una implosión. De hecho, a toda esta clase de armas se las llama de detonación por implosión.

 
¿Estamos listos para volar algo serio? Pues vamos allá. Atención, porque va a ocurrir todo en pocos microsegundos:
1. Nosotros nos limitamos a activar los detonadores exteriores del explosivo convencional, y ya no tenemos que hacer nada más. De lo único que tenemos que asegurarnos es de que la detonación sea muy precisa, pues de lo contrario la onda de choque será asimétrica y el material no implosionará perfectamente hacia el centro.
2. El explosivo convencional que envuelve la esfera de plutonio-berilio estalla. La parte de la onda de choque que viaja hacia el interior comprime violentamente la esfera hueca hacia su centro geométrico, aumentando su densidad y temperatura a alta velocidad.
3. El hueco interior desaparece. La esfera es ahora sólida y se está ultracomprimiendo contra la fuente neutrónica interior.
4. Si la bomba está bien diseñada y ejecutada, ocurren cinco fenómenos simultáneamente en menos de un microsegundo:
  •  El plutonio se vuelve supercrítico, con lo que ya puede iniciar la reacción en cadena.
  •  La fuente neutrónica del centro se activa por temperatura/presión e inunda instantáneamente el plutonio con neutrones rápidos que lanzan la reacción en cadena por todas partes a la vez.
  •  La reacción en cadena del plutonio se inicia en avalancha. Comienza a producirse energía.
  •  La esfera exterior de berilio rebota los neutrones que intentan escapar de nuevo hacia el interior.
  •  Todo esto coincide con el pico máximo de presión ocasionado por la onda de choque del explosivo convencional, con lo que la reacción, en vez de disgregarse, se concentra cada vez más.
5. Se produce una reacción en cadena instantánea de alta energía durante un cuarto de microsegundo. El centro geométrico del arma salta de golpe a estado plasmático, con una temperatura equivalente a cientos de miles de grados centígrados, con lo que la reacción se embala aún más.
6. Estas reacciones producen una violenta oleada de radiación fotónica electromagnética –luz visible, radiofrecuencia, infrarrojos, gamma, rayos X– que escapan al aire circundante a la velocidad de la luz. Se inicia el destello más brillante que un sol. Conforme la funda de berilio termina de desintegrarse durante otro cuarto de microsegundo, se le unen los neutrones rápidos que escapan de las reacciones en cadena en forma de radiación neutrónica.
7. La energía así generada comienza a disgregar el material y supera por muchos órdenes de magnitud la "energía implosiva" producida por el explosivo convencional, que se torna irrelevante en comparación. El plutonio que no ha fisionado todavía se vuelve de nuevo subcrítico y la reacción en cadena se interrumpe.
En menos de cinco microsegundos, el fenómeno ha finalizado y tenemos un cogollo de alta energía ultraconcentrada que se irradia velozmente en todas direcciones; la mayor parte, a la velocidad de la luz. Cuando esto ocurre dentro de la atmósfera, lo que hay en todas direcciones es, fundamentalmente, aire. Este aire absorbe parte de la radiación ultravioleta, parte de la gamma y casi todos los rayos X.

Como consecuencia, el aire se calienta en forma de una burbuja que se expande a varias decenas de millones de grados centígrados; esto se conoce como esfera isotérmica y brilla como cientos de millones de soles, desintegrando súbitamente todo lo que esté a su alcance. Cualquier persona que mire en su dirección quedará ciega al instante. Unos cien microsegundos después, su temperatura ha descendido a 300.000 ºC y ya sólo brilla como diez millones de soles; entonces, comienza a formarse una onda de choque en su superficie. Esto es la separación hidrodinámica. Esta onda de choque, que echa a correr a cien veces la velocidad del sonido (sí, Mach 100), no sólo transporta una brutal energía cinética sino que calienta por compresión las capas de aire de alrededor hasta unos 30.000 ºC: cinco veces la que hay en la superficie del sol. Todo lo que quede dentro de esta región (unos 220 metros para una bomba de 20 kilotones, menos que Nagasaki) resulta reventado y vaporizado sin importar de qué material estuviera hecho. No existe materia bariónica en el universo conocido capaz de resistir estas temperaturas ni muy remotamente. Estamos en la llamada área de aniquilación.

En este punto, la temperatura va cayendo a unos 3.000 ºC. Esta primera bola de fuego deja de brillar y se vuelve transparente, fenómeno conocido como la ruptura (breakaway). Pero entonces la esfera isotérmica aparece de nuevo por detrás, aún a 8.000 ºC; impacta contra la onda de choque que ha ido perdiendo velocidad y la realimenta violentamente, provocando así una tormenta ígnea en todas direcciones a miles de grados de temperatura y velocidades supersónicas. Es la onda de choque termocinética o segundo pulso, causante de la destrucción extensa típica de las armas nucleares, que en las más potentes puede llegar a decenas de kilómetros. Las personas mueren abrasadas, reventadas y por efecto del colapso de los edificios y el impacto de los proyectiles que vuelan a gran velocidad hacia todas partes (notoriamente, los cristales). Conforme aumenta la distancia, poco a poco, la onda de choque se va disipando (las colinas y otras irregularidades del terreno pueden proteger a lo que haya inmediatamente al otro lado). La cosa no acaba aquí; qué va.

Volvamos al principio. Teníamos un cogollo de alta energía irradiando a su alrededor. Hemos visto lo que ocurre con la parte de esta energía que interactúa con el aire, pero resulta que el aire es transparente al resto. El resto de la energía, pues, viaja libremente a su través hasta chocar con otras cosas sin que nada la pare por el camino, decreciendo sólo con el cuadrado de la distancia (por teoría de campos). Hay una parte de los rayos gamma, por ejemplo, que atraviesa el aire sin más e irradia lo que haya alrededor, incluyendo por supuesto a los seres vivos. A los seres vivos, la radiación gamma masiva les sienta fatal, pero fatal de veras: la tierra se vuelve estéril y la gente y los animales mueren al momento o más tarde, de síndrome radioactivo agudo. Esta es la irradiación directa de un arma nuclear.

¿Te acuerdas de todos esos neutrones que escaparon cuando finalizaba la reacción en cadena?  Bueno, pues esos también llegan detrás, y la radiación neutrónica es extremadamente penetrante. La más penetrante de todas, capaz de atravesar metros de hormigón armado. Bien es cierto que estos interactúan un poco más con el aire... para producir más radiación gamma. Pero los neutrones hacen algo que no hacen las otras formas de radiación: cuando alcanzan los átomos circundantes, los desestabilizan y los vuelven radioactivos también. Y a continuación viene la onda de choque, para pulverizarlos y esparcirlos por todas partes: es la primera fase de la contaminación radiológica, a la que pronto se sumarán los restos de la bomba y los isótopos radioactivos formados al paso de la esfera isotérmica. Cuando la onda de choque cese, la nube en hongo y los vientos terminarán de esparcirlos por todas partes.

¡Volvamos otra vez al principio! Una vez más, sólo una vez más: te lo prometo. La bomba ha emitido también grandes cantidades de energía fotónica/electromagnética en forma de radiofrecuencia, a las que hay que sumar las emisiones de los átomos excitados de la esfera isotérmica. Esto produce varios fenómenos curiosos, que eran en su mayor parte secretos hasta hace poco tiempo. Para empezar, por ejemplo, tenemos los pulsos electromagnéticos; no obstante, cuando la explosión se produce dentro de la atmósfera estos pulsos no llegan muy lejos y sus efectos sobre los equipos eléctricos y electrónicos resultan indistinguibles de la misma destrucción ocasionada por el arma. Sin embargo, también se producen otros más extraños como el oscurecimiento (blackout), que bloquea las ondas hertzianas (y con ellas las transmisiones de radio o televisión, el rádar y demás). Este oscurecimiento radioeléctrico es todavía muy poco conocido a nivel público, pero se sabe que se origina al menos de tres maneras diferentes y puede durar horas o días (hasta que se disipa el aire altamente ionizado).

Así funciona una bomba de fisión como la de Nagasaki y en general las primeras que hicieron los EEUU, la URSS o cualquier otro país. Su principal problema es que existe un límite práctico a la potencia que pueden liberar, directamente dependiente de la cantidad de plutonio que cargue y tu pericia científico-técnica a la hora de extraerle una eficiencia máxima. En el mundo real, resulta impráctico hacer armas de fisión pura con más de quinientos kilotones; y sale antieconómico superar los ochenta o cien (cuatro veces Nagasaki). Además, son muy poco flexibles.



Grapple-Orange Herald (31 de mayo de 1957). Desarrollada por el Reino Unido, fue el dispositivo de fisión más potente detonado jamás: cerca del límite teórico máximo, con 720 kilotones efectivos (cincuenta veces Hiroshima). Las armas de fisión de este calibre son muy costosas e imprácticas.

–¿Y entonces? –le preguntas a tu guía, el simpático.
–Entonces, aprendimos a hacer estrellas –contesta él.
–Creí que me habías dicho que esto ya era como un sol.
–Ah, sí, pero no es un sol de verdad. Los soles de verdad no funcionan así. Son mucho más poderosos. Así que hicimos estrellas de verdad.
–No me lo puedo creer.
–¿Y para qué te crees que es ese polvo blanco que tienes ahí y este termo que tengo yo aquí?
–¿La materia de la que están hechas las estrellas?
–Sí. Y las pesadillas.

EL LIBRO DE LA PIZARRA DE YURI:
La Pizarra de Yuri
Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
o pulsa aquí para comprarlo por Internet

·
La Pizarra de Yuri se ha mudado a www.lapizarradeyuri.com
Por imposibilidad de atender dos blogs a la vez, los comentarios en este quedan cerrados. Puedes ponerte en contacto conmigo a través del correo electrónico o en el nuevo blog.

jueves, 11 de marzo de 2010

El secreto bajo la Montaña Mala.

Hay rumores insistentes sobre un enorme complejo subterráneo bajo el monte Yamantau, en Rusia.



Ver mapa más grande

Todo lo que lo rodea es secreto, pero ha circulado alguna información –más bien, rumores– a lo largo de los últimos 15 años. En un lugar remoto de los Montes Urales, dentro de un área prohibida, se encuentra un macizo de nombre inquietante: Yamantau, que en el idioma bashkir local significa Montaña Mala. Y dicen que entre 1996 y 2007 Rusia ha construido bajo él un inmenso complejo subterráneo, a mil metros de profundidad bajo la roca de cuarzo. No se ha hecho público para qué sirve. No se sabe lo que es. Pero es muy grande.

Se rumorea que existen varios lugares así en los Montes Urales, la principal cordillera de Rusia, considerada como inexpugnable bastión contra toda clase de enemigos e invasores. El más notorio de todos ellos es la montaña Kosvinsky, seiscientos kilómetros al norte, generalmente considerado el monte Cheyenne ruso: un centro de mando alternativo para las fuerzas de misiles atómicos, en estado desconocido de operación. Montañeros y excursionistas han observado grandes entradas selladas tan al norte como Kharp: invariablemente, las autoridades locales afirman que se trata de antiguas minas, cuando se molestan en explicar algo. Oficialmente, en Kosvinsky sólo hay una mina de oro y platino –lo que justificaría las medidas de seguridad–, aunque no se conozcan yacimientos notables ni de oro ni de platino en el área.

Oficialmente, en Mezhgorye también hay únicamente una mina vinculada a la industria siderometalúrgica de la región, gestionada por una empresa que ha cambiado de nombre varias veces pero ha permanecido invariablemente dirigida por un general en activo (entre ellos, un tal Leonid Akimovich Tsirkunov). Un antiguo funcionario comunista regional, en cambio, afirmó que se trata de un refugio de última línea para la dirigencia rusa en caso de guerra total; esta es la opinión más extendida en Occidente. Otras voces aseguran que se trataría de un almacén de reserva de armas atómicas: está cerca (lo que en Rusia llaman cerca) del enorme conglomerado de ciudades cerradas para la construcción de armamento especial en torno a Chelyabinsk, equidistante a tres polígonos de lanzamiento de misiles termonucleares (Nizhny Tagil, Yoshkar-Olá y Dombarovsky, este último con capacidad espacial).

Uniendo estas dos últimas ideas, algunos han concluido que la instalación subterránea del Yamantau podría formar parte de una especie de santuario nacional o nido del águila, al amparo del Distrito Militar del Volga-Urales, donde retirarse para dar la defensa final y luchar la última de todas las guerras (o negociar una paz conveniente) en caso de conflicto total. Este santuario de límites difusos se correspondería con un área montañosa secretista del tamaño de España, fácil de defender, provista con numerosos centros industriales, científicos y tecnológicos, cubierta por tres divisiones mecanizadas y varias brigadas spetsnaz, equipada con grandes aeropuertos donde replegar importantes fuerzas aéreas, albergando los tres polígonos de fuerzas nucleares mencionados con misiles SS-25 Tópol, SS-27 Tópol-M y SS-18 Satán (y probablemente los nuevos RS-24 Yars, en un futuro próximo).

Con estas especulaciones sobre la mesa, no es tampoco extraño que la instalación se haya vinculado también al mítico Perimetr, el sistema de mano del hombre muerto que pondría automáticamente en marcha la represalia termonuclear contra sus blancos predeterminados en caso de que la estructura de mando político o militar quedara desarticulada.

Otras fuentes han planteado otras hipótesis, no necesariamente incompatibles con lo anterior; según estas, el complejo subterráneo del monte Yamantau podría ser también un depósito para los archivos y tesoros nacionales más secretos y esenciales de Rusia, heredados de la URSS y del Imperio Zarista. El general Tsirkunov, después diputado en la Asamblea de Bashkiria, aseguró con mucho desparpajo que tan solo se trata de un almacén de comida y ropa para caso de emergencia. Por otra parte, quienes afirman que es un gran centro de mando, control e inteligencia se encuentran con el problema de que el macizo de cuarzo dificulta las comunicaciones, y no hay antenas exteriores visibles; o han tirado fibra óptica por los montes, o el centro de mando no está ahí.

El complejo secreto del Monte Yamantau.

La localidad cerrada de Mezhgorye fue fundada en 1979 bajo el nombre Ufá-105, evidenciando que ya la Unión Soviética tenía alguna intención de hacer algo por esos riscos inaccesibles. Esto de las ciudades cerradas que llevan el nombre de una (distante) población mayor con un sufijo numérico fue una idea soviética, surgida durante la Segunda Guerra Mundial y aplicada masivamente con el desarrollo de los programas nucleares, espaciales y similares. La mayor parte de ellas eran naukogrados, esto es, poblaciones científicas e industriales llenas de personal especializado, casi siempre con la mejor calidad de vida que la URSS podía ofrecer (y en algunas de ellas, no era poca, incluso con rasgos de lujo asiático). Muchas eran de nueva creación, frecuentemente a partir de aldeas o pueblecitos anteriormente irrelevantes en la inmensidad rusa.

Eufemísticamente, se las llamaba apartados de correos, porque esta era la única forma de ponerse en contacto con sus habitantes a menos que fueras un familiar cercano: escribirles una carta a su nombre (real o simulado), seguida de un apartado de correos en alguna localidad de importancia relativamente cercana. Así, para entrar en contacto con un tal Vladimir Popov que residiera en la ciudad cerrada del centro de investigaciones nucleares de Sarov, mandarías tu carta a Vladimir Popov, apartado 16, Arzamas (lo que en la costumbre postal rusa se puede escribir como Arzamas-16); Arzamas es una ciudad comercial y cultural corriente situada a 60 km de distancia. Si llamabas por teléfono, el código telefónico local sería el de Arzamas (y probablemente alguien más escucharía vuestra conversación). Y así con todo.

Ufá-105 ("apartado de correos 105, Ufá"), por tanto, tenía poco que ver con la verdadera ciudad industrial de Ufá. De hecho, está a casi 200 km de distancia. Se estableció como una pequeña comunidad minera, aparentemente compuesta por geólogos e ingenieros de minas. Pronto, el gobierno descubrió que era de lo más conveniente tender una línea del ferrocarril a esos poblachos montañeses y, ya puestos, una estupenda carretera, ¿por qué no? Total, iban de camino 20.000 o 30.000 mineros para extraer... no se sabe qué. Poco después le cambiaron el nombre, aumentando así la confusión: pasó a llamarse Beloretsk-16; la auténtica Beloretsk se halla a unos 30 o 40 km. Tras el colapso de la Unión Soviética, aparecieron otras dos pequeñas localidades mineras en el área, llamadas Beloretsk-15 y Alkino-2.

En 1995, estas tres localidades fueron unificadas en una sola población cerrada, a la que llamaron Mezhgorye. Por esas mismas fechas, el monte Yamantau al completo fue declarado también area cerrada (aparecen como entidades distintas en el registro de zonas cerradas de la Federación Rusa, a pesar de estar juntas). Se cree que las obras comenzaron en 1997 y finalizaron en 2007; al parecer, a partir de esa fecha ha habido algunos conflictos laborales en los tribunales locales debido a que una parte significativa de los mineros han sido despedidos (en tiempos de la URSS habrían sido reasignados a otros proyectos del estado, repartidos por zonas distantes, o les habrían conseguido trabajo en una industria o en el ferrocarril; se ve que la nueva Rusia no puede permitirse eso).

Las características del complejo subterráneo están sujetas a especulación. Diversas fuentes lo han descrito como un termitero dentro de la montaña, a más o menos un kilómetro de profundidad (esto es, a unos 600 metros sobre el nivel del mar; el Yamantau tiene 1.610 metros hasta la cima), lejos de donde puede llegar cualquier cabeza de penetración en el subsuelo. Fuentes occidentales lo describen con el tamaño de la ciudad de Washington hasta la Beltway, no se sabe con cuántos niveles, lo que vendría siendo una monstruosidad y puede que una exageración. Alguna de ellas, vinculada a los servicios secretos norteamericanos y británicos, ha llegado a sugerir que si estuviera compuesta de habitáculos, tendría capacidad para unas 60.000 personas.


 
Esta podría ser una foto (y tengo mis más que serias dudas) de una perforación para la "mina" del monte Yamantau. El resto de imágenes disponibles atribuidas al lugar, aunque más espectaculares, no se corresponden con el mismo en absoluto; y algunas son de lugares tan distantes como Corea del Sur.


Área restringida.

No es posible saber en la actualidad si tales suposiciones tienen visos de verosimilitud. Lo único cierto es que está completamente prohibido penetrar en el área, y los montañeros locales que se han aventurado bajo el paraguas de alguna federación deportiva, dicen que es muy peligroso acercarse a la montaña: cuando lo intentas, pronto descubres que hay soldados controlando tus movimientos desde los bosques circundantes. Si te aproximas un poco más, te piden la documentación y te preguntan qué pintas tú por allí. Que se sepa, nadie ha desafiado hasta el momento esta clara disuasión. A los excursionistas locales se les permite llegar hasta una cima cercana (el Mashaki o Pequeño Yamantau) por senderos autorizados. Afirman, quizá con alguna ironía, que "es más bonita". Según cuentan, en la cumbre del Yamantau propiamente dicho sigue habiendo un busto de Lenin (es el pico más alto de los Urales Meridionales).

La zona está totalmente clausurada a extranjeros e incluso a ciudadanos rusos sin alguna razón clara que justifique su presencia. Para acceder a la población cerrada, hay que obtener una invitación previa de alguna entidad autorizada y luego presentar una solicitud motivada ante el FSB (ex KGB) local vinculado a una cierta "unidad militar 55041" (o ante la Embajada Rusa en tu país). Las autoridades rusas se reservan el derecho de rechazar estas solicitudes sin dar ninguna explicación, o limitarlas a una fecha o recorrido determinados. El espacio aéreo está restringido por completo y es conocido que hay sistemas antiaéreos S-300 en el distrito, así como interceptores MiG-31 en Perm, a menos de quince minutos de vuelo (para ellos...); no se sabe de nadie que haya intentado desafiar esta prohibición.

La legislación rusa prevé severas penas de prisión en algún lugar muy frío para personas –nacionales o extranjeros– capturados en violación de un área cerrada, suponiendo que no ocurra algún accidente durante el arresto. La gente de allí, según dicen, prefiere no tentar la suerte fuera de los caminos autorizados. De todas formas, nadie sabe dónde está exactamente el complejo subterráneo o sus accesos.

Tampoco se sabe cuál es el estado del complejo: si está terminado, si está ocupado, si está mantenido. Uno de estos excursionistas dice haber encontrado a bastante altitud una gran cantidad de maquinaria minera gastada y abandonada a principios de 2008 ("un campo de hierro", en sus propias palabras). Sigue siendo bastante habitual en Rusia abandonar maquinaria pesada deteriorada por un uso intensivo, que no justifique los costes de sacarla de donde esté y trasladarla a algún otro lugar para su destrucción. Los chatarreros suelen beneficiarse de esta costumbre, pero un particular no puede meter allí vehículos sin permiso para recuperarla. Sin embargo, es posible que los propios soldados hayan obtenido algún beneficio vendiéndosela a alguien, lo que también es una práctica corriente.

En apariencia, la construcción de este complejo subterráneo era muy importante para las autoridades rusas. Se propuso en tiempos de la URSS. Se puso en marcha durante los años horribles de Yeltsin, con el país (incluyendo a muchos oficiales militares) pasando hambre y frío, mientras grandes partes del ejército convencional se degradaban hasta la chatarra por falta de mantenimiento. Se continuó a pesar de que Yeltsin era un amigo de Occidente, poco dispuesto a dar pábulo a esta clase de desconfianzas. Y se prosiguió y terminó con Vladimir Putin, lo cual era más lógico: Putin es, en buena medida, un silovik que no da gran importancia a los miedos que pueda despertar en el exterior (y, de hecho, sabe utilizarlos francamente bien).

En todo caso, después de los grandes enigmas que caracterizaron a la URSS durante toda la Guerra Fría, quizás estemos ante el primer gran misterio postsoviético: la instalación subterránea secreta de la montaña Mala, según los antiguos bashkires. Allí abajo (o arriba, según se mire) los rusos han cavado un agujero muy grande, y aunque oficialmente sigue siendo sólo una mina, nadie sabe lo que es. Al menos, nadie que esté dispuesto a publicarlo.

Más información:

EL LIBRO DE LA PIZARRA DE YURI:
La Pizarra de Yuri
Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
o pulsa aquí para comprarlo por Internet

·
La Pizarra de Yuri se ha mudado a www.lapizarradeyuri.com
Por imposibilidad de atender dos blogs a la vez, los comentarios en este quedan cerrados. Puedes ponerte en contacto conmigo a través del correo electrónico o en el nuevo blog.

jueves, 27 de agosto de 2009

Obama cancela grandes proyectos militares y termina el F-22 Raptor.

La crisis, la ruina de Iraq y los errores fundamentales de concepto provocan una decisión esperada.

Es un proceso lento, pero seguro, que se plasmó claramente el mes pasado con la votación en el Senado de los Estados Unidos favorable a terminar la producción del supercaza F-22 Raptor. No habrá presupuesto el año próximo para seguir fabricándolos, y a duras penas para mantener los actuales, que necesitan 34 horas de mantenimiento por cada hora de vuelo. No es de extrañar que cada una de estas horas de vuelo cueste casi 50.000 dólares. Así, se quedarán finalmente con 187 aviones de este tipo, muy lejos de los 750 que se prometieron en un principio, de los 381 que la Fuerza Aérea consideró "imprescindibles" año y medio atrás y bastante por debajo de los 243 que constituían un "mínimo absoluto" hace seis meses. En vez de eso, la columna vertebral de la USAF estará compuesta por los mucho más flexibles y económicos F-35 Lightning II.

Y con semejantes costes de mantenimiento, habrá que ver cuántos de esos 187 Raptors siguen volando dentro de cinco o diez años. Pero no se trata sólo de este polémico caza semifurtivo de superioridad aérea, sino también de más cosas. El Secretario de Defensa Robert Gates explicó algunos de los recortes más significativos en una comparecencia del pasado mes de abril:
  • Cancelación del programa satelitario de comunicaciones militares avanzadas TSAT, valorado en 26.000 millones de dólares.
  • Recorte de 1.400 millones en el controvertido sistema de defensa antimisil, para concentrarse en la protección terminal de teatro de operaciones. Específicamente, desaparece el segundo prototipo de láser aereo ABL, el vehículo interceptor múltiple MKV y en general cualquier cosa que no esté orientada a la defensa terminal estricta.
  • Terminación de los nuevos destructores furtivos DDG-1000, que a su vez era un recorte sobre el proyecto DD-21 anterior. Se construirá un mínimo de uno y un máximo de tres de los que ya están en el astillero, y ninguno más.
  • Retraso en la producción de los nuevos portaaviones de la clase Gerald Ford, cuyo tiempo de construcción por unidad pasará a ser de cinco años.
  • No se iniciará el desarrollo de ningún nuevo bombardero que sustituya a los B-52 Stratofortress, B-1B Lancer o B-2 Spirit. Algunos de estos aparatos tienen más de cincuenta años de antigüedad y el más reciente lleva ya doce años en servicio.
  • También se cancela el proyecto FCS para la construcción de vehículos de combate futuros, que debían suceder a los actuales carros M1 Abrams y otros blindados.
¿En qué guerra?

La primera pregunta que hay que hacerse a la hora de evaluar un sistema armamentístico es: "¿en qué guerra?". De nada sirve disponer de un arma muy sofisticada o impresionante si no existe ningún conflicto en que pueda ser usada claramente; pues un arma, a fin de cuentas, sirve para pelear en una guerra. Y todos estos proyectos son herederos de la Guerra Fría, cuando enfrente había una URSS capaz de igualar e incluso aumentar todas las apuestas.

En el nuevo mundo de guerras asimétricas en lugares de relevancia menor, focos geoestratégicos multilaterales, fuerzas nucleares proliferadas y modelo económico globalizado, donde las grandes disputas se pelean ante la Organización Mundial de Comercio, muchos de estos sistemas carecen de sentido. Por decirlo de alguna manera, "ha estallado la paz", y la fantasmagórica guerra contra el terrorismo simplemente es un chiste trivial en comparación con los enfrentamientos de otros tiempos aunque algunos quieran ver en ella la Tercera Guerra Mundial que nunca estalló.

Armas como el F-22 no tienen oponente. Pero no en sentido metafórico, sino en sentido estricto: no hay ningún conflicto donde se puedan utilizar con provecho, salvo ejercicios de imaginación bastante descabellados. Se dice con frecuencia que un portaaviones de la US Navy son cien mil toneladas de diplomacia, pero es una diplomacia muy cara y poco útil en el mundo actual. Nadie va a ir a la guerra contra Rusia o China, por poner dos ejemplos clásicos; todos estamos muy contentos comprándoles millones de toneladas de hidrocarburos y microelectrónica. Y para enfrentarse a países tercermundistas o en vías de desarrollo, es una fórmula demasiado sobredimensionada. Matar moscas a cañonazos, que se dice.

¿Con qué dinero?

Como es sabido, la economía norteamericana ha sido fuertemente afectada por la crisis global. Pero no se trata sólo de eso. Las aventuras militares del periodo de George W. Bush han resultado ser catastróficas en términos económicos. La Guerra de Iraq es especialmente desastrosa: según el Times, su coste ascenderá en el largo plazo a tres billones de dólares. Billones europeos; o sea, tres millones de millones de dólares. Haciendo las conversiones oportunas a dinero actual, eso resulta ser más que todo lo gastado por los EEUU en la Guerra de Vietnam o en la Primera Guerra Mundial, y un 60% de lo que emplearon en la Segunda Guerra Mundial. Sin ninguno de los beneficios de la Segunda Guerra Mundial; tan sólo el control indirecto sobre un país productor de petróleo que no logra pasar de 2,5 millones de barriles al día y un más que tenue dominio estratégico sobre un sector del Golfo Pérsico.

Estados Unidos tiene también la mayor deuda pública del mundo, que viene aumentando extraordinariamente desde los años de Reagan, con un breve paréntesis durante el periodo Clinton. El billón de dólares dedicado en fechas recientes al Acta de Estabilización Económica de Emergencia ante la crisis global ha dejado a la administración norteamericana sin dinero para gastar. El dólar sigue cayendo frente al euro y perdiendo progresivamente su papel de moneda de referencia y reserva. Quizás Estados Unidos ya no sea una superpotencia, sino un primus inter pares. Sea como fuere, es obvio que andan cortos de dinero. Cómo será la cosa, que McCain se ha mostrado de acuerdo con la mayor parte de estos recortes. Algo impensable en España, desde luego.

Breve perfil de las guerras futuras.

Todo país debería tener de vez en cuando esta misma valentía de revisar sus prioridades defensivas. Estados Unidos acaba de hacerlo, aunque sea presionados por la crisis, y sus decisiones reflejan muy bien la clase de guerras en que están pensando.

El gran beneficiario de esta reestructuración son los medios de espionaje, reconocimiento e inteligencia, especialmente en forma de aeronaves no tripuladas; aparatos robóticos del tipo del Predator. Resultan también favorecidos los pequeños buques de combate litoral, como el LCS y el JHSV. Y, desde luego, el F-35 como alternativa al F-22.

Pero se observa que la mayor parte del gasto va a estar destinada a mejorar los medios logísticos, que esencialmente se caían a trozos, con una importante partida para la cooperación internacional y mucho hincapié en operaciones pegadas al terreno del tipo que son características en los conflictos irregulares. Guerra de guerrillas avanzada, o contrainsurgencia si se prefiere utilizar su lenguaje.

Es evidente que esta opción resulta forzada por el compromiso de Estados Unidos en Iraq y Afganistán, dos conflictos enormemente asimétricos que han puesto en evidencia de modo palmario las debilidades del concepto precedente. Sólo el tiempo dirá si esta elección es sabia o ciega, pero resulta obvio que los Estados Unidos se preparan para luchar guerras futuras donde el enemigo no es un ejército poderoso, sino un crío con un AK-47 y explosivos. Es un extraño mundo el que nos ha quedado al terminar la Guerra Fría. Ejércitos del Tercer Milenio contra Kalashnikovs. Y, por el momento, cualquiera diría que van ganando los Kalashnikovs. O al menos, haciendo tablas, que es de lo que se trata. De sobrevivir.


EL LIBRO DE LA PIZARRA DE YURI:
La Pizarra de Yuri
Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
o pulsa aquí para comprarlo por Internet

·
La Pizarra de Yuri se ha mudado a www.lapizarradeyuri.com
Por imposibilidad de atender dos blogs a la vez, los comentarios en este quedan cerrados. Puedes ponerte en contacto conmigo a través del correo electrónico o en el nuevo blog.