Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enzarzaron también en una competencia a gran escala sobre percepción extrasensorial, telequinesis, telepatía, videncia, psicotrónica y otras ramas de la parapsicología.
Segunda parte: hippies, postmodernos y guerreros de las tinieblas.
(Ver la primera parte: Genios, visionarios y locos)
(Ver la primera parte: Genios, visionarios y locos)
Abajo: Nagasaki antes y después de la bomba atómica.
Las religiones tradicionales, que como vimos ya habían empezado a retroceder durante el periodo anterior, ahora comenzaron a sacudirse a gran escala. Como ocurriera en la URSS treinta años antes, la revolución china que culminó en 1950 hizo desaparecer la religión organizada de otro gran pedazo del mundo. Los nuevos regímenes de Europa del Este y otros lugares eran declaradamente ateos, y su población fue perdiendo la fe también.
En Europa Occidental, las sociedades fueron secularizándose más discretamente pero a gran velocidad. Según un eurobarómetro de 2005, ya menos de la mitad de los europeos occidentales (para entendernos: lo que cae a este lado del antiguo Telón de Acero) declaran "creer en un dios" en cualquiera de sus variedades. Más significativamente, una encuesta Gallup de 2008 preguntó a estos mismos europeos si la religión resultaba importante para sus vidas; casi el 60% de los entrevistados respondieron que "no". Canadá ha acompañado a los europeos en esta tendencia. El 70% de los japoneses ya no profesa ninguna religión.
En Estados Unidos y en el mundo árabe, el proceso es más complejo. Las religiones históricas han retrocedido también, pero se han visto sustituidas por una serie de nuevos movimientos religiosos de carácter fundamentalista –que, por supuesto, se denominan a sí mismos "tradicionales" e incluso "originales" pero no lo son en absoluto–. Ya apunté algo de esto en el post anterior. En los EEUU, por ejemplo, las iglesias protestantes mainline –las de toda la vida– han perdido el 25% de su grey entre 1958 y 2008, mientras que la población se ha duplicado en el mismo periodo.
La situación de la Iglesia Católica es aún más extraña: a pesar de la llegada de cincuenta millones de inmigrantes latinoamericanos durante las últimas décadas –católicos en su inmensa mayoría–, a duras penas logra mantenerse en su 25% de la población y en general se considera la religión que ha sufrido mayor retroceso en Estados Unidos. Los grandes beneficiarios de este proceso han sido nuevas las iglesias evangélicas y pentecostales de tipo integrista, fundadas entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, que constituyen ya la mayor parte de los creyentes norteamericanos con cerca del 30% de la población. Debido al extremismo religioso y político de tales grupos –resulta muy conocido el tema del creacionismo y de su ultraderechismo, pero no es lo único–, esto ha empezado a provocar recientemente un efecto rebote en las costas y entre la gente joven que nadie sabe a dónde llegará.
En el mundo musulmán, este proceso es aún más evidente si cabe. Las denominaciones tradicionales han perdido fuerza en las últimas décadas a favor de movimientos mucho más extremistas como el wahhabismo / salafismo entre los sunís o el clericalismo ultra de los ayatolás entre los chiítas. Turquía trata de defender su laicismo fundacional entre el ascenso de los grupos integristas. En Argelia ya ha habido una sangrienta guerra civil, que de momento han ganado los seculares.
La parapsicología en la Nueva Era.
Durante todos estos procesos convulsos, una nueva forma de espiritualidad heredada de los orígenes que tratamos en el post anterior se ha ido extendiendo por el mundo y especialmente por los países desarrollados. Se la viene a conocer generalmente como New Age, la Nueva Era: una forma de sincretismo de reciente creación que carece de estructuras organizadas notables y donde cada cual se corta una religión a la medida. Debido a estas características resulta muy difícil saber hasta dónde llega, pero es obvio que algunas de sus creencias y prácticas han calado profundamente: el esoterismo, la reencarnación, el holismo, el orientalismo, el ecologismo tipo Gaia, la videncia, la magia, el yoga, el tantra, las medicinas alternativas, los chakras y demás. A estas alturas, casi resulta difícil encontrar a alguna persona que no crea o –incluso sin creer– practique algo de todo esto en cualquier sociedad avanzada.
Al menos un 25% de la población europea y norteamericana cree en alguna de estas cosas en algún momento determinado, y su influencia se extiende a muchos agnósticos y también a gente que se mantiene en las religiones tradicionales. Hemos empezado a vivir en sociedades abiertas y plurales, donde seguir a machamartillo los preceptos de una religión o creencia se considera sinónimo de cerrazón, atraso, intolerancia y extremismo: ese relativismo que le da tanto miedo a los clérigos. Es lógico que se produzcan rebotes en una u otra dirección, pero la tendencia resulta obvia e imparable en el largo plazo.
Como parte de este fenómeno, la parapsicología encontró también su camino después de la Segunda Guerra Mundial; especialmente, por algo que ya dijimos: su presunción científica. Dejamos a los parapsicólogos soviéticos un poco deprimidos, cuando Stalin se hartó de la falta de resultados y les cortó la financiación hacia finales de los años '30. Dejamos también a los parapsicólogos estadounidenses bastante confundidos, cuando su afán bienintencionado de suprimir los errores metodológicos que caracterizaban a los primeros estudios les dejaron también sin resultados dignos de mención y con unos mecenas cada vez más impacientes. En cuanto a los nazis y su ocultismo germánico –Sociedad Thule, SS-Ahnenerbe–, fueron tan barridos como todo lo demás cuando Alemania perdió la guerra.
Dejamos a J. B. Rhine, Zener y su gente un poquito decaídos y bajo presión en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial, no consta que hicieran nada digno de mencionar. Quien lo intentó en este periodo, durante el blitz de Londres, fue el matemático británico Samuel G. Soal. Si los trabajos de gente como Rhine o Zener siguen considerándose errores cometidos de buena fe, resulta difícil decir lo mismo sobre Soal. Con toda probabilidad, Soal trampeó deliberadamente las series y métodos estadísticos que utilizaba, llegando a engañar a algunas personalidades distinguidas de la ciencia y la política. Cuando le emplazaron a reproducir sus experimentos en la Universidad de Londres, después de la guerra, fue incapaz.
A finales de los años 40, el Fair Deal de Truman y la victoria en la Segunda Guerra Mundial permiten la creación de una nueva clase media en los Estados Unidos, después del crack de 1929 y las sacudidas de los años '30. Aunque el Fair Deal reúne características muy progresistas, a partir del Bloqueo de Berlín y la Guerra de Corea comienza a surgir en Estados Unidos un nuevo conservadurismo favorable al anticomunismo de la Guerra Fría y otro contrario a las luchas negras por los derechos civiles. Estos nuevos conservadurismos están estrechamente vinculados a la religión. Son los tiempos en que el secular Estados Unidos, nacido de la primera separación radical entre iglesia y estado, comienza a derivar hacia una nueva forma de clericalismo. En 1954, grupos católicos logran que las palabras under God aparezcan en el Juramento de Lealtad, que anteriormente carecía de cualquier referencia religiosa. En 1956, in God we trust pasa a ser lema nacional de los Estados Unidos: el país cuyos textos fundacionales –la Declaración de Independencia, la Bill of Rights, la Constitución– carecían de toda referencia a divinidades, algo extraordinario en documentos del siglo XVIII. El macarthismo y lo que le rodeó no sólo se lleva por delante a buena parte de la intelectualidad norteamericana, sino también los valores fundacionales de la tierra de los grandes y los libres. El Ku Klux Klan comienza a expandirse de nuevo por todo el Sur. Thomas Jefferson, Thomas Paine o Ben Franklin se habrían horrorizado.
Frente a estos hechos, aparece una nueva generación: la generación beat. La generación beat y sus sucesores –la contracultura de los '60 y el movimiento hippie– constituyen un fenómeno muy plural, descentralizado y diverso cuyo único punto en común parece ser la oposición a este giro reaccionario en la sociedad y la política estadounidenses. Junto a la revolución sexual y los movimientos revolucionarios de índole política, muchos de ellos se interesan por formas alternativas de religiosidad, donde el esoterismo orientalista que llegó antes de la Segunda Guerra Mundial goza de especial éxito. Es a finales de los años '50 cuando vuelve a oírse hablar otra vez de la parapsicología norteamericana. Se producen reuniones, encuentros, conferencias. En 1957, J. B. Rhine puede fundar la Asociación Parapsicológica a partir de sus estudios en la Universidad de Duke. Todo el mundo empieza a interesarse de nuevo en esoterismos varios, incluyendo cosas como la telepatía, el viaje astral, las experiencias alteradas de conciencia y demás. El aspecto serio de la parapsicología hace que pronto pase de nuevo desde los bordes de la ciencia al corazón de la sociedad... y de las élites.
Por si fuera poco, en 1947 se produce el primer avistamiento OVNI de la ufología moderna, que acuñó el término platillo volante; seguido inmediatamente del incidente de Roswell. En poco tiempo, miles de personas aseguran haber sido testigos de visitas extraterrestres o sufrido abducciones alienígenas, lo que resulta amplificado por numerosos medios de comunicación, en lo que viene pareciéndose mucho a las oleadas de apariciones divinas del pasado. Este es un fenómeno eminentemente occidental, que no se reproduce a escala significativa en la URSS hasta muchos años después, pero que envuelve un nuevo misterio en una capa de respetabilidad científica; ahora, de tecnología aeroespacial. Y si bien la sociedad soviética ve pocos OVNIs, la enorme cantidad de información publicada al respecto cruza también el Telón de Acero y llega a las élites con acceso a la prensa occidental. Inevitablemente, algunos de ellos comienzan a creer. Y preguntar.
El incidente del USS Nautilus.
En este contexto, ocurre un suceso bastante curioso. La popular revista francesa de divulgación científica Science et Vie, en su número de febrero de 1960, publicó un artículo de portada donde se afirmaba que la Armada Estadounidense había logrado ponerse en contacto con un submarino atómico sumergido bajo el hielo polar –el USS Nautilus– por medios telepáticos. Al parecer, el joven periodista que lo firmaba fue engañado por un magufo habitual de origen ruso, fuertemente anticomunista y vinculado con labores de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Jacques Bergier (Yakov Bergier).
Resulta imposible saber a estas alturas si todo fue una invención de Bergier o alguien le sugirió la idea a su vez; el experimento, en todo caso, nunca existió. El caso es que Science et Vie era una de las revistas extranjeras más populares en... la Unión Soviética, sobre todo desde que Francia empezara a alejarse de la OTAN con Charles de Gaulle, en 1958.
El artículo de Science et Vie provocó una reacción instantánea en la URSS. Los Estados Unidos negaron que el experimento hubiera existido, lo que naturalmente no hizo otra cosa que exacerbar la histeria de los soviéticos. Y el caso es que era verdad, pero Science et Vie tenía –y tiene, merecidamente– mucho crédito y varios cuadros dirigentes de la potencia del este se tragaron el artículo entero. En Magonia resumen muy bien lo que sucedió a continuación.
Leonid Vasiliev, el J. B. Rhine soviético cuya historia contamos en el post anterior, emergió de debajo de las piedras estalinistas. Desde su Instituto Bekhterev de Leningrado, comenzó a decir a todo el que quisiera escucharle que la URSS debía "abrir la mente" y ponerse las pilas en el campo de la parapsicología antes de que los guerreros psíquicos norteamericanos les derrotaran sin disparar un solo tiro. En este mismo año de 1960, el doctor Vasiliev se dirige a varios científicos soviéticos notables con las siguientes palabras:
"Desarrollamos investigaciones extensas y hasta hoy no publicadas durante el régimen de Stalin. Hoy, la Armada Estadounidense está probando la telepatía en sus submarinos atómicos. Los científicos soviéticos desarrollamos muchas pruebas muy importantes [en el Instituto Bekhterev] con gran éxito hace un cuarto de siglo. Es urgente que nos deshagamos de nuestros prejuicios. Debemos lanzarnos de nuevo a la exploración de este campo vital."
Dotados esotéricos y auras espirituales en la Unión Soviética.
El miedo y la paranoia de la Guerra Fría hizo el resto. La URSS de Khruschev, que acababa de poner en órbita el Sputnik, a Laika y se disponía a hacerlo con Gagarin, determinó que no podía quedarse atrás en guerra psíquica. El Instituto Bekhterev recibió de nuevo los fondos y recursos que Stalin les había retirado a finales de los años 30, y con él una montaña de centros de investigación por todo el inmenso país (sobre todo en Leningrado, Moscú, Kiev, Novosibirsk y Járkov). El número de investigadores y estudiosos se multiplicó. Las publicaciones populares de la superpotencia atea se llenaron de referencias a las fuerzas de la mente, el aura y las experiencias próximas a la muerte. Los ideólogos materialistas-dialécticos del Partido Comunista y los encargados de la represión religiosa en el KGB flipaban en colores ante esta avalancha paranormal. Al principio, sus protestas fueron desoídas: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los capitalistas en ningún campo o nos aniquilarán.
En 1961, la fotografía "del aura" Kirlian –por Semyon Kirlian, de Krasnodar, originada también en los años '30– comienza a aparecer en las revistas soviéticas sobre fotografía. En 1962, numerosas instituciones científicas de la URSS están trabajando también sobre este asunto de las auras. Otros se dedican al efecto de las ondas psi sobre plantas, animales y personas, a palo seco o amplificadas mediante medios electrónicos. Los doctores Nikolaiev y Kamensky desarrollan un presunto método para transmitir mensajes en código Morse por telepatía.
Inevitablemente, pronto surgió una generación de dotados: gente que parecía tener poderes psíquicos y que estos laboratorios e instituciones se rifaban. La más conocida fue Nina Kulagina, una ama de casa cuarentona, cuyas imágenes moviendo objetos telequinésicamente darían la vuelta al mundo en años posteriores. Pero también Rosa Kuleshova, una paciente mental de 22 años que supuestamente podía sentir cosas con los ojos tapados, como textos escritos, colores o huellas dactilares; esto se denominó visión paraóptica, y probablemente era un simple truco de prestidigitación. O Boris Ermolaev, que aparentemente levantaba cosas con las manos sin tocarlas (sin coñitas), al que luego se descubrió usando un hilito muy fino. Y por supuesto la histriónica maestra de escuela Alla Vinogradova y sus tubos móviles (mediante electricidad estática...). Daba igual. Al igual que le ocurriera a Rhine años antes, pese a descubrir varios de estos fraudes la investigación siguió adelante porque sin duda había un fondo de verdad. En 1963 se organizaba el primer congreso pan-soviético de parapsicología, al que fueron invitadas muchas personas extranjeras, incluyendo occidentales.
Sin embargo, allá por 1967 los detractores de la nueva arma comenzaron a recuperar el terreno perdido. Entre eso y lo de los OVNIs que iba llegando por la prensa occidental, el destacado piloto militar y dos veces Héroe coronel-general Pavel Kutakhov –que pronto se convertiría en el comandante de la Fuerza Aérea Soviética– se despachó a gusto varias veces sobre el tema con el lenguaje que cabe esperar en un veterano soldado ruso. La Academia de Ciencias de la URSS se negó persistentemente a aceptar como miembro a ninguno de estos investigadores, aunque algunos de ellos lograron acceder a academias regionales y de menor entidad. El muy leído diario ateo Ciencia y Religión cargó contra ellos número tras número. Pravda empezó a sacar artículos ridiculizando la parapsicología y la credulidad en general. Su argumento central resulta predecible y obvio: esto es un fiasco, esto es superstición religiosa, esto es un fraude de prestidigitadores, esto siempre parece que va a dar resultados y nunca los da, ¿dónde están las pruebas científicas que prometen? Mientras tanto, el nuevo director del KGB –un tal Yuri Andrópov–, observaba todo el asunto con ambigüedad y silencio.
Trampas en las trampas en las trampas, fintas en las fintas en las fintas...
En apariencia, lo que ocurrió fue que la parapsicología se convirtió efectivamente en un arma de la Guerra Fría... pero económica y disuasoria. En ambos bandos, hubo un sector creyente y un sector escéptico en posiciones de poder. El papel de los creyentes fue cándido y no tuvo mucha doblez. El de los escépticos, en cambio, fue bastante más retorcido; todo sea dicho en justicia. Pues los escépticos fumaban por las orejas de cabreo ante lo que consideraban una pérdida ridícula de tiempo y dinero; pero algunos de ellos, los más brillantes, se daban cuenta de que podían utilizarlo para fomentar la credulidad del otro bando e incitarles a invertir cada vez más tiempo y dinero en algo inútil, así como asustarlos haciéndoles pensar que ellos estaban más avanzados en "guerra psíquica". O algo parecido.
Sólo así tienen sentido algunas cosas. Uno puede imaginarse, por ejemplo, la cara de pasmo del jefe de Asuntos Religiosos del KGB cuando le comunicaran que la URSS –ni más ni menos que la URSS– iba a organizar a bombo y platillo la Primera Conferencia Mundial de Parapsicología (1968)... y que el director Andrópov no tenía nada que objetar. Por supuesto, con la presencia de toda clase de médiums, gente con poderes, espiritistas a tutiplén, investigadores de lo paranormal y una montaña de invitados norteamericanos y del resto del mundo que se dedicaban a estudiar cosas como la vida después de la muerte, el destino del alma y sus interacciones con los vivos, las experiencias cercanas a la muerte, el aura, la reencarnación o las casas encantadas. Existía el precedente de 1963, pero no de este calibre ni con tanto alcance.
A ver si nos entendemos: aquello era la URSS, tovarich, ya sabes, donde los rojos ateos con cuernos y rabo y todo eso. El país en el que apenas quedaban mezquitas, sinagogas ni iglesias; no exactamente una eco-feria new age pastelosa con paz, amor, buen rollito y foto de tu aura a veinte euros. Y los muy jodíos montaron lo que probablemente fuera el congreso parapsicológico más chulo de la historia de Europa. Repartieron visados como si aquello fuera Cancún en vez de Moscú (sobre todo, a los estadounidenses). Permitieron la entrada de toda clase de cámaras y grabadoras; por si acaso alguien se perdía algo, allí estaba la televisión soviética para filmarlo también. Toleraron que todo el mundo hablara con todo el mundo de lo que le diese la gana. Hubo desde séances espiritistas con tablero ouija y todo (¿has visto alguna vez una condenada güija en cirílico?) hasta sesudas conferencias sobre psicotrónica y actividades para la infancia por cuenta de las muchachas del Komsomol. Durante unos días, la capital atea del mundo se convirtió en el escaparate global de toda clase de magufadas. Demonio, yo habría pagado buen dinero por estar entre los organizadores, porque se lo tuvieron que pasar pipa: conferencia mundial de parapsicología en la URSS, ¡yeah! Lo más parecido que se me ocurre es montar una asamblea antiglobalización en la Bolsa de Nueva York por iniciativa del Fondo Monetario Internacional.
De esta conferencia (y sus preparativos, en 1967, cuidadosamente filmados también por la TV soviética) son las míticas imágenes que dieron la vuelta al mundo y que en España Jiménez del Oso y RTVE nos metieron hasta en la sopa. Por ejemplo, este famoso video de la dotada Nina Kulagina:
Todo el mundo volvió a casa encantado de la hospitalidad soviética y maravillado de sus grandes avances en la nueva ciencia. Entonces, empezaron a ocurrir cosas en los Estados Unidos; algo muy parecido a una histeria, visto en perspectiva. Ya se puede imaginar la reacción: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los comunistas en ningún campo o nos aniquilarán.
Después de años languideciendo, de pronto aparecieron grandes cantidades de dinero para la investigación parapsicológica, cuya defensa salta de pronto desde los ambientes hippies y contraculturales a la élite científica y política. En 1969, la prestigiosa Asociación Americana para el Avance de la Ciencia –la sociedad científica más grande del mundo, editora de la revista peer-review Science– aceptaba en su seno a la Asociación Parapsicológica fundada por J. B. Rhine bajo la dirección de la conocida antropóloga Margaret Mead. En 1970 se fundaba en California la Academia de Parapsicología y Medicina. En 1971, el astronauta Edgar D. Mitchell realizaba experimentos telepáticos –supuestamente a título particular, con sus "amigos en la Tierra"– desde la nave lunar Apolo 14; tras regresar, creó el Instituto de Ciencias Noéticas (1973). En 1972, un documento ultrasecreto de la DIA –ahora desclasificado– advierte que la URSS se encuentra años por delante en toda clase de técnicas psíquicas que se extienden desde el control del comportamiento y la psicofarmacología hasta toda clase de magufadas:
Hay informes de que los soviéticos están entrenando a sus cosmonautas en telepatía como respaldo a sus sistemas de comunicaciones electrónicas. Se sabe que uno de estos sistemas incluye códigos telepáticos [...]
Los resultados de los experimentos del Apolo 14 están bien documentados con todo detalle y han sido publicados en el Journal of Parapsychology. La newsletter de la Universidad de California proporciona más documentación sobre los experimentos de Mitchell.
Hay numerosos informes sobre las aplicaciones soviéticas de la clarividencia, el hipnotismo, la radiestesia, etc. En el caso de los zahoríes, esto no resulta sorprendente, pues nuestras fuerzas han usado la radiestesia en Vietnam para localizar túneles y zulos del enemigo. Con respecto al control mental y el condicionamiento cerebral, un informe reciente señala que la Unión Soviética ha hecho grandes progresos en condicionamiento y entrenamiento emocional. Se enseña a los soldados a ajustar su tono emocional en situaciones de tensión y batalla. Se instruye a los astronautas para distorsionar el tiempo y aliviar el aburrimiento en el espacio exterior. [...]
Es significativo debido la energía y recursos destinados a estos trabajos en la Unión Soviética y también por sus implicaciones militares [...] Los aspectos más siniestros de la investigación paranormal parecen estar surgiendo en la Unión Soviética. ¿Por qué, si no, los investigadores soviéticos estarían haciendo declaraciones del tipo 'decidle a América que el potencial psíquico del hombre debe usarse para el bien'?"
Pronto surgieron más informes confidenciales que extendían este peligro a Checoslovaquia y Bulgaria. El Instituto de Investigaciones de Stanford, estrechamente vinculado a la agencia militar de proyectos avanzados DARPA, comenzó a invertir millones de dólares de la CIA y la DIA en estudiar la llamada visión remota (clarividencia, vamos) bajo la dirección de los físicos Harold E. Putoff y Russell Targ. En 1975 se funda también la Asociación Internacional de Investigaciones Kirlian. La psicóloga Thelma Moss hizo lo propio desde el recién fundado Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), realizando varios viajes a la URSS para mantenerse al día.
Es precisamente en torno estas fechas cuando los soviéticos parecen comenzar a hartarse del tema. Van retirando su financiación a todo el asunto y, aunque permiten que algunos de sus investigadores sigan adelante, les van cortando las alas. Incluso llegan a producirse algunas detenciones de los demasiado entusiastas en 1975; no les pasó gran cosa, pero desde luego desanimó mucho a los demás. Lo que podría leerse en clave de "ya vale con la broma". O no. O todo lo contrario. El caso es que a partir de entonces la parapsicología soviética empieza a languidecer. Desde 1978 sus publicaciones desaparecen casi por completo y va disolviéndose lentamente hasta la actualidad, reducida a un pequeño círculo de entusiastas y cierto interés popular.
Pero los Estados Unidos se han tragado el asunto entero y siguen adelante con gran ímpetu. En 1979 se crea el Laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de la Universidad de Princeton. Mientras tanto, bajo el más absoluto secreto, el Gobierno de los Estados Unidos ha fundado un programa de investigación de millones de dólares y más de una década de duración: el Proyecto Stargate. Ya, sí, suena a coña, pero es absolutamente real. ¿Su propósito? Estudiar las posibilidades militares de la telepatía, la clarividencia, la radiestesia y otras magufadas al uso. Como lo lees.
El proyecto Stargate.
No se sabe cuándo comenzó con exactitud, probablemente porque fueron varios programas paralelos, spin-offs progresivos de los estudios parapsicológicos del Instituto de Investigaciones de Stanford y otros de los lugares indicados. Lo financió la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) y el Mando de Inteligencia y Seguridad del Ejército de los Estados Unidos (INSCOM), con al menos veinte millones de dólares de la época y probablemente bastante más a la luz de su extensión y alcance. Fue fomentado y dirigido al principio por el mayor-general Albert N. Stubblebine, un oficial de inteligencia peculiar que sería el responsable de rediseñar la infraestructura de espionaje del INSCOM entre 1981 y 1984; este mayor-general Stubblebine es más conocido por obligar a sus oficiales a aprender a doblar cucharas a lo Uri Geller, y recientemente por apoyar algunas de las conspiranoias sobre el 11-S.
El proyecto Stargate se extendió entre mediados de los '70 y 1995; varios de sus documentos han sido desclasificados con posterioridad, y por eso conocemos su existencia. Es todo muy rollo Expediente-X. El proyecto tuvo al menos seis fases diferenciadas, a saber:
- SCANATE, el original, por cuenta de la CIA en el Instituto de Investigaciones de Stanford. Probablemente iniciado en torno a 1972. SCANATE es un acrónimo de scan by coordinate: esto es, a ver si algunos dotados eran capaces de localizar mentalmente objetos en coordenadas precisas. Uno de estos dotados fue Ingo Swann, de la secta de la cienciología, que luego tendría gran influencia sobre el proyecto. Muchos de los presuntos dotados del programa resultaron ser cienciólogos.
- Gondola Wish, una derivación militar del anterior para estimar las probabilidades de que el enemigo (la URSS, vaya) estuviera localizando blancos en los Estados Unidos a través de la clarividencia.
- Grill Flame, una formalización y extensión de Gondola Wish a mediados de 1978. Este fue el programa militar principal. De aquí salió la generación norteamericana de dotados, encabezada por el tal Ingo Swann; muchos se dedican hoy en día a sacar los cuartos a los crédulos con toda clase de actividades.
- Center Lane, que fue Grill Flame bajo un nuevo nombre, desde 1983. Supuestamente habían desarrollado una metodología capaz de localizar con precisión blancos enemigos mediante telepatía o clarividencia, y la experimentaron en esta fase. Center Lane fue destapado por el legendario periodista de investigación y premio Pulitzer Jack Anderson en 1984. En 1985, una evaluación de Stargate realizada por la Academia Nacional de Ciencias resultó devastadora para el proyecto, sacando a la luz toda clase de sesgos sistémicos, errores metodológicos y simples fraudes. Este informe hizo que el Ejército sustituyera a Stubblebine por el teniente-general Harry E. Soyster. Soyster no ve claro el asunto y le retira la financiación.
Sun Streak, desde 1985. Cuando el Ejército retira la financiación, el proyecto pasa con este nombre a la Agencia de Inteligencia para la Defensa (código DT-S). En 1988 Soyster se convierte también en director de la DIA y está a punto de cancelarlo completamente, pero la CIA insiste en conservarlo aún un poco más. - Star Gate, que le da su nombre genérico y fue adoptado en 1991. En este momento pasa de secreto a sólo discreto, y es privatizado al contratista SAIC (sí, los mismos que andan metidos en los mejunjes de guerra biológica).
Al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando en direcciones nuevas y diferentes. Ya en los años '80, la parapsicología había ido perdiendo el favor del público a ambos lados del Telón de Acero, convirtiéndose en un asunto marginal. Y no digamos entre científicos. Sus pretensiones históricas de ser una ciencia pata negra ya no pudieron sostenerse por más tiempo, y colapsó; no se puede sostener una ciencia que no da ni un solo resultado verificable independientemente en más de un siglo de investigaciones. Eso, de hecho, es una característica central de las pseudociencias.
Simultáneamente, perdió su interés como arma de engaño económico y disuasorio (¿lo fue?). Por fin, todos esos institutos de investigación tan chulos fueron perdiendo sus presupuestos y cerrando poco a poco durante los siguientes años. El último en hacerlo fue el PEAR de Princeton, en 2007. Todo lo que quedan son asociaciones particulares y grupos universitarios de financiación privada, sobre todo en el Reino Unido (y un par en Estados Unidos). En la Rusia actual, hay algunos investigadores particulares de poca entidad.
Esta fue la guerra secreta de los magufos; una historia extraña de la Guerra Fría y la ocasión en que las pseudociencias se estudiaron durante décadas con grandes recursos y profundidad; telepatía, telequinesis, auras, psicotrónica, videncia. Y, a pesar de constantes declaraciones triunfalistas y grandilocuentes, los resultados fueron nulos. Como todas las pseudociencias, debido a sus sesgos metodológicos siempre parecen estar a punto de dar resultados, pero jamás los dan. Hoy por hoy, aunque mucha gente sigue creyendo en esas cosas, la ciencia las ha descartado por completo y prosigue su camino hacia el futuro sin ellas. Para bien.
EL LIBRO DE LA PIZARRA DE YURI:

Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
o pulsa aquí para comprarlo por Internet

Pídelo en tu librería: Ed. Silente, La Pizarra de Yuri, ISBN 978-84-96862-36-4
o pulsa aquí para comprarlo por Internet
























