jueves 26 de noviembre de 2009

Las armas láser no acaban de brillar.

De la ciencia ficción al limbo tecnológico.




¿Y quién no se quedó embobado al ver por primera vez un sable de luz en las manos de Obi Wan Kenobi, por no hablar de los dogfights en torno a la Estrella de la Muerte al estilo de la Segunda Guerra Mundial pero con láser en vez de ametralladoras? (Sí, pertenezco a esa generación, la que llamaba Guerra de las Galaxias a eso de Star Wars; y sí, también era demasiado peque para preguntarme por qué no se cazaban a misilazos de largo alcance o armas aún más sofisticadas como sería elemental en un remoto futuro.) Las armas de rayos ya aparecen en La Guerra de los Mundos de H. G. Wells (1898), aunque en este caso eran eléctricas: la tecnología entonces innovadora. Cuando se inventó el láser en 1960, los autores de ciencia-ficción se abalanzaron como leones sobre él... sólo para desilusionarse rápidamente.

De hecho, los láseres del dogfight mencionado ya no eran láseres según los guionistas de La Guerra de las Galaxias, sino blasters (aunque aquí siempre los llamamos láseres). En el episodio piloto de Star Trek, las pistolas eran de láser, pero rápidamente cambiaron a phasers. Y así con todos: armas ficticias más o menos sustentadas en la tecnología del láser, pero que no eran láseres. Porque, de hecho, el láser se demostró muy poco atractivo como arma desde casi el primer momento. A decir verdad, nadie sabía si aquella curiosidad científica terminaría siendo útil para algo.

El láser, básicamente, se deriva de una brujería cuántica llamada "emisión estimulada" que se sustenta  a su vez en la teoría atómica, en la teoría cuántica y en los estudios de Einstein sobre la radiación cuarenta y pico años antes de que lo inventaran. Un láser no es más que luz (esto es: fotones); sólo que una luz un poquito especial. Resulta que los átomos que componen toda la materia pueden estar en distintos estados de excitación, y esto significa que sus electrones cambian de órbita cuando están sometidos a aportes energéticos: calor, luz, electricidad. Pero al átomo, como a cualquiera de nosotros, no le gusta estar excitado sin poder aliviarse a la mayor brevedad posible para regresar a su estado habitual. Así pues, en cuanto puede tiene un, em, digamos, orgasmito, y eyac... ¡digo!, emite un fotón. Este es el origen del brillo que vemos cuando un objeto está incandescente (una bombilla, o el fuego, o una estufa, por ejemplo): átomos excitados por un aporte energético cuyos electrones van corriéndose (de órbita) para volver a su estado base tan pronto como pueden, emitiendo fotones (luz) en el proceso.


Es posible excitar los átomos de una manera particular para que al aliviarse liberen luz coherente, aprovechando sus características cuánticas. La luz coherente tiene varias propiedades interesantes: primero, emite en una única frecuencia (que, tratándose de luz, equivale a un único color, no el mezcladillo de colores que hay en la luz corriente); segundo, los frentes fotónicos están "sincronizados" de tal modo que llegan simultáneamente a su destino; y tercero, es altamente direccional: permite concentrar energía lumínica en un punto muy pequeño. Para lograrlo, se pone un conjunto de átomos en el mismo estado de excitación; en el momento en que uno de ellos se decide a relajarse y soltar un fotón, cuando ese fotón alcanza otro átomo "le contagia" sus propiedades y hace que libere su propio fotón con la misma frecuencia y dirección exactas (gracias a que los átomos sólo pueden estar en estados cuánticos definidos, iguales para todos). Y así sucesivamente. O sea, una especie de bukkake cuántico. Esto es la "emisión estimulada". Unos espejos se encargan de asegurar que todos estos fotones salen disparados en el mismo sentido. Y, ¡hop!, ya tenemos nuestro haz láser.

Tal coherencia, sincronía y direccionalidad han hecho que el láser termine sirviendo para muchas más cosas de las que se imaginaron en un principio. Su capacidad para concentrar energía de características exactas en un punto preciso lo hace extremadamente útil para un montón de aplicaciones: medicina, interferometría, espectroscopía, telemetría, corte, soldadura y otra montaña de técnicas industriales, fotoquímica, criogenización, microscopía, fusión nuclear... la monda, vamos. Incluyendo, por supuesto, la grabación y lectura de CDs, DVDs y otros medios similares de almacenamiento súper-denso de la información.


Pero como arma en sí mismo, más allá de su aplicación a técnicas de puntería, sigue siendo un juguetito de chicha y nabo.

Como ya te supondrás, tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética (qué raro, ¿eh?) gastaron años y millones por castigo en estudiar aplicaciones militares de estas armas de energía dirigida, que englobaban al láser y cualquier otro mecanismo de emisión de haces de partículas. Muchos recordamos la bravuconada de Reagan con su Iniciativa de Defensa Estratégica antimisiles, que la prensa, el público y los científicos rebautizaron rápidamente bajo el nombre –cómo no– de Guerra de las Galaxias: consistía, básicamente, en llenar el espacio de láseres y armas de haz de partículas para detener a los misiles nucleares soviéticos. No tenía ningún sentido científico ni tecnológico, los rusos lo sabían, y sirvió para poco más que para fomentar la investigación en el área. Fue discretamente reconvertida y disuelta en los actuales trabajos sobre misiles antimisil diez años después.

Pero, ¿por qué no tenía sentido? ¿Cuál es el problema?

El cañón láser no es tan buena idea.

Más allá de sus dificultades de implementación práctica en una guerra real, los láseres y otros generadores de energía dirigida presentan varios problemas de calado para su uso como arma. El primero de todos ellos es el blooming (florecimiento). Cuando esta energía pasa a través de la atmósfera a razón de más de un megajulio por centímetro cúbico, tiende a transferirse al aire (incluso en capas tenues de la atmósfera, como las que se encuentran a gran altitud) hasta hacerlo pasar a estado plasmático en torno al frente láser. Esto desenfoca el haz, lo debilita y lo dispersa: el medio por el que viaja "se ha enturbiado" debido a la propia acción del haz. Este efecto es especialmente intenso cuando hay niebla, humo, humedad o polvo en el aire. Se han postulado algunas soluciones posibles, pero impracticables en la actualidad: un gran –gran– espejo para que el haz viaje más disperso por la atmósfera hasta enfocarse en un punto concreto; una agrupación de miles de millones de antenas controladas por fase; un sistema por fases conjugadas e incluso concentrar todo el haz en un pulso muy corto de inmensa energía. En el estado actual de la técnica, ninguna de estas aproximaciones es realizable y las dos últimas terminan en destrucción del equipo emisor por sobrecalentamiento.


Un segundo problema, relacionado con el anterior, sucede tanto dentro de la atmósfera como en el espacio exterior. Cuando el láser –o arma de energía dirigida– alcanza al blanco, éste no resulta destruído instantáneamente, sino que va calentándose con rapidez pero de manera progresiva y de fuera hacia adentro. En el momento en que empiezan a evaporarse las primeras capas de material exterior del objetivo, éstas producen una neblina de ablación, que viene a provocar un "segundo florecimiento" en los últimos milímetros del recorrido. Obviamente, esto desenfoca y debilita también el haz, impidiéndole que siga destruyendo el blanco y permitiendo a éste enfriarse de nuevo. Para este problema se han planteado asimismo algunas soluciones: seguir atacando la nube de ablación con objeto de provocar una onda de choque destructiva en el medio, aprovechar la propia nube para inducir un nuevo haz, etcétera. Ninguna de estas posibilidades es realizable en la actualidad. Unido al hecho de que resulta relativamente fácil y barato diseñar "blindajes de ablación" ligeros, que amplifica tal efecto al evaporarse de una determinada manera e impedir la formación de ondas de choque aprovechables, este "segundo florecimiento" representa otro problema de gran calado para la creación de un arma láser funcional.

Un tercer problema es que, simplemente, los láseres de alta potencia consumen una barbaridad de energía de disponibilidad poco práctica para aplicaciones militares. Los equipos de alimentación y refrigeración alcanzan volúmenes masivos y pesos muy grandes. No es la clase de cosa que vuela con facilidad en un avión o en un satélite, ni desde luego algo para echarse al hombro o montarlo en un tanque. Podría resolverse a bordo de buques o en instalaciones terrestres fijas, pero desde luego no lo hace cómodo. No es la clase de equipo compacto, transportable y de mantenimiento sencillo o al menos improvisable que aprecian los militares cuando las balas vuelan de verdad.

El cuarto es que la coherencia del láser, como ya hemos visto, es delicada. Esto significa que la lluvia, la nieve, el polvo, la niebla, el humo, el follaje, las nubes y en general cualquier cosa tiende a absorberlo y dispersarlo.

El quinto es que, como ya apunté, es relativamente fácil diseñar y aplicar contramedidas eficaces, y no sólo los blindajes de ablación. La simple presencia de humos o partículas metálicas en suspensión alrededor del blanco provocarán un efecto de blossoming masivo; dejo a la imaginación del lector las muchas maneras de lograr esta protección mediante sistemas análogos a los dispensadores de chaff, los generadores de humo o cualquier otro procedimiento. La pintura reflectante y el diseño de formas que tiendan a la dispersión pueden reducir a un mínimo la efectividad del ataque láser. Láminas superficiales de gas frío, similares a las utilizadas en la súpercavitación, arrastrarán la mayor parte de la energía incidente sobre el blanco. Las mejoras en maniobrabilidad impiden su enfoque en un punto. El blindaje reactivo es eficaz también. Si el blanco a defender es un proyectil de algún tipo, aumentar su velocidad rotacional disminuirá el tiempo en que el láser enfoca al mismo punto, reduciendo su eficacia y obligándole a atacar durante más rato. Una combinación de estas y otras técnicas "anti-láser" aún más sofisticadas convertirá costosísimos sistemas de disparo de energía dirigida en artefactos inútiles para cualquier uso militar real.

Y sin embargo...





...tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética en su día, Rusia hoy y otros países vienen explorando la posibilidad, aunque por el momento a un nivel fundamentalmente experimental. El Beriev A-60 de 1981 y un láser terrestre montado en un camión que usaba como fuente de energía el motor de un MiG-23 (del que no parece haber información en Internet), así como el complejo Terra-3 de Saryshagan fueron los primeros intentos serios para construir un arma de tales características; el último de estos llegó a cegar la lanzadera espacial norteamericana. El Boeing NC-135 de las mismas fechas logró destruir algunos blancos ligeros a distancias muy cortas, pero los Estados Unidos no dispusieron de un análogo al Beriev A-60 hasta 2002, con el Boeing YAL-1. Otro programa norteamericano, el ATL, monta láseres en aviones AC-130 para atacar blancos terrestres a distancias relativamente cortas. Ninguno de estos aparatos parece haber producido resultados satisfactorios más allá de la anécdota, y permanecen como plataformas experimentales más o menos afectadas por los recortes presupuestarios.


La única arma láser que ha llegado a estar operativa con algún éxito fue la cooperación estadounidense-israelí THEL: entre 2001 y 2006, estuvo derribando algunos proyectiles artilleros y cohetes Katyusha de baja tecnología, disparados por los palestinos hacia Israel. El programa fue cancelado en 2006 por su poco alcance y sus muchas limitaciones prácticas. De las aproximaciones basadas en reflectores de gran altitud nunca más se supo. Se han desplegado algunas armas no-letales de energía dirigida, como el dazzler o el cegador ZM-87 chino, sin grandes resultados.

Recientemente, Boeing Integrated Defense Systems ha anunciado con mucho bombo y platillo que ha sido capaz de derribar algunos blancos desde un vehículo terrestre con un arma láser, presentándolo como un avance revolucionario. Las fotografías que acompañaban al comunicado de prensa son, probablemente, la expresión más gráfica del state of the art en armas de energía dirigida más allá de dispositivos de puntería y cosas por el estilo, hoy por hoy:


 

martes 24 de noviembre de 2009

LHC reloaded: colisión

El LHC vuelve.




GINEBRA, 23 DE NOVIEMBRE DE 2009. Hoy, el LHC circuló dos haces simultáneamente por primera vez, permitiendo a los operadores que comprobaran la sincronización de los mismos y otorgando a los experimentos su primera posibilidad de buscar colisiones protón-protón. Con tan solo un puñado de partículas circulando en cada sentido, se puede hacer que ambos haces se crucen en dos puntos del anillo. Desde primera hora de la tarde, se hizo que los haces se cruzaran en los puntos 1 y 5, donde se encuentran los detectores ATLAS y CMS; ambos estaban activados en busca de colisiones. Más tarde, los haces se cruzaron en los puntos 2 y 8: ALICE y LHCb.


"Haber llegado tan lejos en tan poco tiempo es un gran logro", dijo el Director General del CERN Rolf Heuer. "Pero debemos mantener un sentido de perspectiva... aún hay mucho que hacer antes de que podamos empezar el programa de física en el LHC."

Los haces se ajustaron en primer lugar para producir colisiones en el dectector ATLAS, que registró su primer candidato para un impacto a las 14:22 de esta tarde. Después, los haces se optimizaron para el CMS. Durante el resto de la tarde ALICE tuvo su primera optimización, seguido por el LHCb.

"Esto son muy buenas noticias, el inicio de una era fantástica para la física y esperamos que de descubrimientos también, después de veinte años de trabajo de la comunidad internacional para construir una máquina y unos detectores de complejidad y capacidades sin precedentes", dijo la portavoz de ATLAS, Fabiola Gianotti.

"Lo que ha ocurrido hasta este momento marca el inicio de la segunda mitad de este increíble viaje de descubrimiento de los secretos de la naturaleza", afirmó el portavoz del CMS, Tejinder Virdee.

"Todo el mundo estaba de pie en la sala de control de ALICE y los aplausos comenzaron con las primeras colisiones", recordaba el portavoz de ALICE Jurgen Schukraft. "Esto es simplemente tremendo."

"Las trazas que estamos viendo son hermosas", aseguró el portavoz de LHCb Andrei Golutvin. "Todos estamos listos para tomar los primeros datos en serio durante los próximos días."

Esto sucedía apenas tres días después del re-arranque del LHC, demostrando el excelente funcionamiento del sistema de control de haces. Desde el inicio, los operadores han estado circulando haces alrededor del anillo alternativamente en uno y otro sentido con una energía de inyección de 450 GeV. El tiempo de vida del haz se ha ido incrementando gradualmente hasta las diez horas. Hoy, los haces han estado circulando simultáneamente en ambas direcciones, todavía a la energía de inyección.

Lo que viene a continuación es una intensa fase de puesta en servicio con el objetivo de aumentar la intensidad del haz y acelerar los haces. Si todo va bien, por Navidad el LHC debería alcanzar 1,2 TeV por haz, y estar aportando buenas cantidades de datos de las colisiones para calibrar los experimentos.


 





domingo 22 de noviembre de 2009

¿Teléfonos móviles en los años '60? Da, tovarich!

El sistema de telefonía Altai, predecesor de las modernas redes de telecomunicaciones móviles.


Para los puristas, definamos primero lo que es un teléfono móvil: un dispositivo fácilmente transportable de comunicación bidireccional full duplex que permite conversar con cualquier otro dispositivo similar o de la red fija mediante la marcación directa de un número identificativo, a través de un sistema de conmutación automática. Estas peculiaridades lo distinguen de un transceptor de radio o radiotelefonía convencional. Un walkie-talkie no es, en puridad, un teléfono móvil. Una radio militar de campaña, tampoco. Ni los equipos de telecomunicaciones clásicos a bordo de un buque o un avión.

Para que una cosa sea un verdadero teléfono, tiene que poseer las cualidades de un teléfono de cara al usuario lego en tecnología: marco un número o recibo una llamada, hablo con alguien, puedo interrumpirle, cuelgo sin saber ni una palabra sobre frecuencias, transmisiones, electrónica o reglamentos. Sólo necesito un número al que llamar, y un timbre para recibir llamadas. Eso es un teléfono. Si lo puedo llevar por ahí más o menos a mi aire, entonces es un teléfono móvil.

Rondaba el año 1910 cuando un tal Lars Magnus Ericsson instaló un teléfono en su automóvil. Pero no era un verdadero teléfono móvil; sólo un teléfono que se movía. Resultaba preciso detenerse y conectarlo a la red fija ya existente para hablar con él, por supuesto a través de una operadora. Alemania desplegó diversos sistemas de radiotelefonía a partir de 1926. En 1946, dos ingenieros soviéticos crearon un radioteléfono montado en un coche en movimiento que podía enlazar con la red telefónica conmutada. En 1954, Humphrey Bogart llamaba desde su limusina en la peli Sabrina, aunque nunca nos quedó muy claro cómo. En 1956, la compañía Ericsson –sí, fundada por el mismo tipo que acarreaba un teléfono en su coche– creó el primer sistema de telefonía móvil automática verdadero, el MTA. El terminal pesaba 40 kg. El sistema sólo estuvo disponible en Estocolmo y Gotemburgo, con un total de 125 usuarios, todos ellos altos cargos políticos, militares o económicos.



Corría 1957 cuando el joven ingeniero electrónico soviético Leonid I. Kupriyanovich patentó en la URSS un radiófono llamado LK-1, con su correspondiente estación base (certificado de autor 15.494 del 1 de noviembre de 1957). Este era un sistema de telefonía móvil automática con diversas ventajas: enlazaba fácilmente con la red fija, podía servir a varios usuarios a la vez, y sobre todo sólo pesaba 3 kg con 30 km de alcance y 30 horas de batería. Apareció en muchas revistas populares de su época.

El LK-1 era un terminal con disco rotativo, lo que resultaba francamente incómodo a bordo de un coche en marcha. Por eso y porque 3 kg le parecían demasiado, en 1958 creó un terminal "de bolsillo" que sólo pesaba 500 gramos. Ericsson sólo podía ofrecer a sus clientes un terminal de 9 kg en 1965 con el MTB: siete años después.

A partir de 1958, la Unión Soviética estableció el estándar de telefonía móvil automática MRT-1327 en una frecuencia base de 150 MHz y se puso a instalar el invento de Kupriyanovich por las principales ciudades bajo el nombre Altai. Sus desarrolladores principales fueron el Instituto de Investigación Científica para las Comunicaciones de Voronezh (VNIIS) y el Instituto Estatal de Proyectos Especializados (GSPI). En 1963 este sistema ya estaba disponible en todo el área de Moscú, y para 1970 alcanzaba a treinta ciudades. Altai permitía hablar en multiconferencia y se dice, se cuenta, se sugiere que estaba provisto de cifrado para las conversaciones más delicadas. ¿Su problema? Sólo podía servir 16 canales simultáneos, con lo que su uso quedaba restringido a altos cargos políticos, militares, científicos y económicos –exactamente como el sistema sueco de Ericsson, que en las mismas fechas sólo alcanzaba a tres ciudades y 600 clientes.



Pero en la URSS, prácticamente toda la nomenklatura, el generalato, los científicos de alto nivel y los directivos de las grandes compañías industriales disponían de un Altai: varios miles de usuarios. Llevar un Altai en el coche se convirtió en un símbolo de éxito social a gran escala. Esto condujo a un curioso sistema de prioridades, en el que los teléfonos más importantes desconectaban automáticamente a los menos importantes cuando los canales disponibles en una ciudad quedaban agotados. Por ello, comenzaron a instalar más estaciones base que operaban en frecuencias ligeramente distintas, con objeto de multiplicar la disponibilidad, particularmente en el área de Moscú; eso convirtió al Altai en el primer sistema de telefonía móvil multifrecuencia.

Por supuesto, no se trataba de un sistema de telefonía móvil celular. Si bien la idea de utilizar células para gestionar un sistema de telecomunicaciones móviles ya había sido apuntada por los Laboratorios Bell norteamericanos en 1947, la tecnología digital necesaria para llevarlo a la práctica no estuvo disponible hasta 1971. Aunque en Finlandia instalaron una red de telefonía móvil realmente celular por esas fechas, sólo empezó a generalizarse a partir de 1982. También es verdad que con áreas de cobertura de 30 km de radio, la necesidad de mantener una conversación entre célula y célula no les resultaba tan perentoria.

Aquí hubo que esperar hasta 1976 para que la entonces llamada Compañía Telefónica Nacional de España ofreciera un cierto Teléfono Automático en Vehículos o TAV, que sólo funcionaba en Madrid y Barcelona. Al igual que sus homólogos, apenas podía atender a un número muy reducido de personas con cargos importantes (o mucho dinero). Fue sustituido por el TMA-450 aprovechando el incio del Mundial de Fútbol de 1982, y luego llegó el TMA-900 bajo el nombre comercial MoviLine.



No fue hasta principios de los años 90 cuando los sistemas celulares totalmente digitales basados en el estándar GSM se extendieron por todo el mundo, haciendo la telefonía móvil accesible a las masas.

Tras el colapso de la URSS, el Altai fue desapareciendo progresivamente. En la actualidad, parte del sistema de estaciones base sustentadas en el estándar soviético MRT-1327 se sigue utilizando en la infraestructura de comunicaciones móviles de Rusia. Pero, sin duda, fue la primera vez en que un país de gran extensión dispuso de un verdadero sistema de telefonía móvil automática operativo por numerosas ciudades hasta el extremo de convertirse en un símbolo, allá por los ya lejanos '60. Quizás por eso a los rusos de ahora les gusten tanto los móviles. A fin de cuentas, ¿quién no quiere sentirse miembro del politburó, aunque sea sólo un poco? No es tan distinto de los anuncios con familia perfecta y feliz que salen en nuestra televisión.

Actualmente, operan en Rusia hasta cuarenta compañías de telefonía móvil, todas ellas basadas en los estándares GSM 900/1800 y CDMA. Las más importantes, con cobertura en las zonas más pobladas de la Unión, son MTS, Beeline-Vympelcom y MegaFon. Para las regiones más remotas se ha vuelto popular durante los últimos años la telefonía móvil satelitaria, especialmente a través de Globalstar e Inmarsat. Si bien los altos cargos, claro, utilizan hoy por hoy las constelaciones rusas de satélites de telecomunicaciones con sus correspondientes niveles de protección; aunque ahora ya es discutible, por el otro extremo, si estos sistemas satelitarios son aún verdadera telefonía o algo más.

Imágenes de los teléfonos móviles Altai soviéticos propiedad de englishrussia.com

sábado 21 de noviembre de 2009

LHC reloaded: primera circunvalación


Como han anunciado numerosos medios de comunicación, anoche a las 22:01 hora central europea un haz de protones describió de nuevo una circunferencia completa en el sentido de las agujas del reloj y en sentido contrario siendo ya medianoche, por el Gran Colisionador de Hadrones del CERN.

Se habla del 3 de diciembre para la primera colisión.  ;-) Ahora que todo está funcionando correctamente, se han adelantado a las previsiones y ya ha habido colisiones de baja energía en todos los detectores principales durante el mismo fin de semana.

jueves 19 de noviembre de 2009

Cómo parar el meteorito

Estrategias de defensa espacial




Se ha planteado un millón de veces por lo menos en la literatura y el cine apocalípticos. Se sospecha que tuvieron mucho que decir en algunas grandes extinciones, y especialmente en la del Cretácico-Terciario: la que se cargó a los dinosaurios y nos dejó el campo libre a nosotros, los mamíferos. Los humanos tenemos alguna experiencia con estas piedras llameantes que llegan súbitamente de lo alto. No sólo los galos de Astérix tenían buenos motivos para temer que el cielo pudiera caerles sobre las cabezas. No sólo es que todas las civilizaciones han tenido ocasión de observar los bólidos surcando la atmósfera con llamas y rugido pavorosos, a veces hasta estrellarse en tierra. Es que en la historia consta al menos una ocasión en que causaron una catástrofe humana: China, año 1490, unos 10.000 muertos por "piedras que cayeron del cielo".


Y luego tenemos el Evento de Tunguska, claro, que a pesar de todos los conspiranoicos fue uno de estos bólidos estallando cerca del lago Baikal con una potencia explosiva entre diez y quince megatones (échale un vistazo a las fotos que tienen en este sitio). Aunque este no mató a nadie, obsta decir que un impacto similar sobre un área metropolitana causaría la misma mortandad que un arma termonuclear de similar calibre. Cada pocos años ocurre al menos una explosión de decenas de kilotones en las capas superiores de la atmósfera, y para eso sólo hace falta un objeto rocoso de unos diez metros de diámetro. La bomba que aniquiló Nagasaki tenía 25 kilotones. Una Tunguska es posible cada trescientos años aproximadamente, aunque la mayoría de estos eventos se habrán producido sobre los océanos o en lugares tan remotos como la propia Siberia. La hipótesis Némesis postula que debería ocurrir un impacto mayor cada 26 millones de años aproximadamente, así que como el de los dinos ocurrió hace unos 65, iríamos con retraso. Más seriamente, Stephen Hawking asegura con mucha razón que los impactos meteoríticos son "la principal amenaza para la vida en la galaxia". Nuestro planeta pudo tener alguna experiencia al respecto, durante el Intenso Bombardeo Tardío.

Uno de los primeros problemas para protegerse de esta amenaza es, por supuesto, detectarla a tiempo, cuando aún sea posible tomar alguna medida. Como en cualquier otra intercepción, el éxito depende del tiempo de alerta previa. Lamentablemente, en contra de lo que Hollywood ha hecho creer a muchos, ni el cielo ni la tierra están controlados en su totalidad las veinticuatro horas del día. Este sería un tema muy largo, pero resumámoslo en que los instrumentos cuestan mucho dinero, sólo ven realmente bien en ángulos reducidos, y luego hay que estudiar toda la información que generan en busca de algo notable... lo que puede costar años y millones en recursos. Los medios son limitados y la astronomía no suele obtener trato privilegiado en los presupuestos estatales, ni mucho menos privados.


A pesar de ello, existen varios programas en curso para catalogar y calcular las órbitas de tantos objetos cercanos a la Tierra (NEO, near-Earth objects) como sea posible. Y, específicamente, de los asteroides potencialmente peligrosos (PHA, potentially hazardous asteroids). Los dos más importantes en la actualidad son Catalina y LINEAR, seguidos por Spacewatch. Como puede verse, están detectando cerca de mil nuevos cada año, en una tendencia ascendente que refleja la progresiva mejora de los instrumentos y métodos utilizados. Los tres programas utilizan una tecnología parecida. Catalina, por ejemplo, consta de tres telescopios distantes (dos en Arizona y uno en Australia) conectados a una cámara CCD de 16 megapíxels enfriada a 100ºC bajo cero. Gracias a ese frío, la corriente de oscuridad en el CCD es muy baja y el software anexo puede distinguir cosas muy pequeñas y remotas. Todas estas iniciativas vienen a englobarse en la denominada Defensa Planetaria; el primer congreso de la Academia Internacional de la Astronáutica dedicado a tal labor se celebró en Granada en abril de este año.


Desgraciadamente, estos esfuerzos parecen ser radicalmente insuficientes. Por la sencilla razón de que en los últimos años se nos han colado varios, y sólo los detectamos al impactar o cuando ya estaban alejándose de la Tierra (antes se nos colaban igual, pero ni siquiera nos dábamos cuenta). Este fue el caso del Evento del Mediterráneo Oriental de 2002. Pero no el único, ni mucho menos. En marzo de 2009 un objeto del tamaño de lo que causó Tunguska, llamado 2009 DD45, nos ha pasado rozando en términos astronómicos: a 63.500 kilómetros de distancia. Sólo fue detectado tres días antes del posible impacto. 2009 VA, que pasó hace diez días raspando los satélites GPS que orbitan a 20.000 km de la Tierra, tuvo una prealerta de menos de quince horas. 2002 MN se cruzó entre la Tierra y la Luna y sólo fue detectado cuando ya se marchaba de aquí. El cometa kilométrico que alcanzó Júpiter por sorpresa el 19 de julio no fue observado en ningún momento durante su aproximación. Catalina, LINEAR, Spacewatch y el resto de instrumentos hacen muy bien su trabajo, y se calcula que a estas alturas tienen catalogada al menos la mitad de objetos con tamaño superior a un kilómetro, pero no es suficiente. En el lado de los éxitos, se cuenta por ejemplo haber calculado con precisión el impacto de 2008 TC3 sobre un área despoblada de Sudán, el 7 de octubre del año pasado.

Si habláramos de un objeto de alta peligrosidad, ni tres días ni quince horas de preaviso bastan para tomar alguna medida. Pues carecemos por completo de medios para plantarle cara en la actualidad. Requeriría un proyecto de años de duración, meses en el mejor de los casos bajo "economía de guerra". Quienes piensan que podemos despacharles una andanada de misiles atómicos a la voz de ya, ignoran que los misiles atómicos están pensados para matarnos a nosotros mismos, no para interceptar un objeto en aproximación a la Tierra desde el espacio exterior a varios kilómetros por segundo. No pueden atacar blancos a esos ángulos, altitudes y velocidades, y de hecho no pueden destruir nada que no se encuentre sobre la superficie terrestre.


Suponiendo, claro, que esa fuera la mejor opción. Lo cual resulta muy dudoso. En principio, parecería lógico pensar que la manera de tratar con una amenaza así es reventarla a fuerza de puros megatones, utilizando sondas como la Deep Impact de la NASA que alcanzó el cometa Tempel-1 el 4 de julio de 2005, pero cargada con bombas de las gordas. Sin embargo, los efectos de un ataque de esta clase no son evidentes por sí mismos. Muchos objetos son relativamente frágiles, y podrían convertirse en una peligrosa tormenta con miles de meteoritos, imposible de detener. A un objeto realmente grande, por otra parte, no le haría ni cosquillas.

Además, juega en nuestra contra la propia gravedad terrestre, que tiende a atraer todo lo que pasa por aquí cerca. La gravedad masiva de Júpiter y Saturno nos protegen, pero la gravedad terrestre nos traiciona. Y por otra parte, los efectos de una detonación termonuclear son muy poco controlables: incluso aunque no fragmentase el objeto provocando así un espantoso Día del Granizo, e incluso aunque lograse la deflexión primaria, aún quedaría por resolver la secundaria; esto es, que no vaya a parar a una órbita desde donde choque contra nosotros poco después y mucho peor.

Se han planteado alternativas menos expeditivas, pero quizá más juiciosas. Si el impactor es algo masivo del tipo de Tea, entonces casi que lo más lógico sería largarnos de aquí, aunque no sepamos muy bien ni cómo ni a dónde. Pero no es probable que queden Teas a estas alturas en nuestro sistema solar. Se puede tratar con un objeto más pequeño siempre que dispongamos del tiempo y de los medios suficientes. A fin de cuentas, un meteorito de estos es algo muy parecido a una nave espacial describiendo una órbita determinada que intercepta la de la Tierra. Por tanto, el problema consiste en cómo modificar un poquito su trayectoria hacia otra órbita más segura para nosotros. Si está todavía lo bastante lejos, menos de un segundo de arco puede ser suficiente.


Una de estas alternativas implica también el uso de armas nucleares, pero en este caso haciendo estallar varias más pequeñas a cierta distancia del blanco, de manera consecutiva. La mayor parte de la energía de una carga termonuclear se libera en forma de rayos X y neutrones rápidos, con mucha energía cinética, capaces de empujar al objeto hacia otro rumbo. Se trataría, pues de una forma de propulsión por pulsos nucleares.

Recientemente, el Equipo de Conceptos Avanzados de la Agencia Espacial Europea ha determinado que no sería necesario recurrir a las armas nucleares en el caso de objetos del tamaño de 2003 SM84, con 115 metros, o incluso Apophis, que viene teniendo un cuarto de kilómetro de diámetro. Para demostrarlo, han diseñado la misión Don Quijote, que debe partir hacia uno de los dos en 2011: un orbitador llamado Sancho, a quien ya se sabe un tanto cobardica, se situará en las proximidades del asteroide para tomar las mediciones; y un colisionador pesado llamado Hidalgo se estrellará contra el mismo a diez kilómetros por segundo, como si cargara contra los molinos creyéndolos gigantes. Parece una broma, pero es la metáfora que ha elegido la ESA para darles nombre, y a mí al menos me parece muy apropiada. Es de esperar que la carga de este ingenioso hidalgo tenga más éxito que la de su antecesor, y compruebe que es posible desviar un asteroide de un cuarto de kilómetro mediante un simple impacto directo, por pura energía cinética. Colisionadores más pesados y veloces podrían, lógicamente, hacerse con objetos mayores.



Video de la misión Don Quijote prevista para 2011.
(Equipo de Conceptos Avanzados, Agencia Espacial Europea)

No son estas las únicas propuestas posibles. Desde tractores gravitacionales hasta espolvorear el objeto con hollín o talco para cambiarle el albedo y desviarlo por efecto Yarkovsky, las posibilidades son muchas. Entre otras, la opción simple de instalarle una vela solar o incluso un motor más o menos convencional que le modifique la trayectoria.

Así que tecnología tenemos para impedir que el cielo caiga sobre nuestras cabezas, como temieran los galos de Astérix y puede que hubieran debido temer los grandes saurios. Lo que hace falta, sobre todo, es dinero: en el momento actual, dinero para asegurarse de que tenemos un sistema de alerta temprana exhaustivo y eficaz. Si el objeto es detectado a distancia suficiente, desviarlo no tiene por qué ser ni muy crítico ni muy costoso. Pero a nadie nos gusta pagar impuestos, y seguramente continuaremos con los casi artesanales medios actuales una buena temporada más. A menos que la gente lúcida se imponga, comprendiendo que una moderada inversión ahora puede convertirse algún día en nuestra única, nuestra última oportunidad. El Día del Meteorito. Si es que llega, claro.

domingo 15 de noviembre de 2009

Energía nuclear de fusión: avanzando... a su ritmo

Resolver el problema más endiablado del sistema solar se toma su tiempo.




A lo largo de los años, son muchas las personas que han ido quedando decepcionadas con la energía nuclear de fusión. Y es normal: se ofreció mucho y... no se ha puesto nada tangible encima de la mesa. Bueno, sí: las bombas de hidrógeno. Esas sí llevan funcionando desde el primer día, capaces de encender un sol sobre una ciudad a lo largo de toda la Guerra Fría y hasta la actualidad. Muchos no acaban de tener claro que un arma que se encuentra en el núcleo de nuestra capacidad para aniquilarnos a nosotros mismos sea un verdadero progreso, pero es lo que hay. Todo lo que hay. Eso es lo que sabemos hacer por el momento, en la práctica, con la energía nuclear de fusión.


El asunto, además, ha ido quedando contaminado con afirmaciones un poquito insensatas de algunos científicos, antiguamente prometiéndonos energía ilimitada, segura y limpia para todos a precio de risa, incluso montada directamente en los coches; y luego con el temita de la fusión fría, que no es posible por motivos que explicaré en un artículo futuro pero sin duda ha contribuido a introducir aún más dudas y sospechas sobre toda la cuestión. Unos piensan que realmente la energía nuclear de fusión no tiene futuro en ningún periodo practicable, y otros que está siendo suprimida por grandes intereses petroleros, estatales, etcétera.

La pura verdad es que el problema es más peliagudo de lo que pensábamos en un principio. Hacer un arma nuclear de fusión instantánea resultó ser relativamente fácil, y ahí llevan en servicio desde hace más de cincuenta años. El problema, pues, no es la fusión en sí, sino la contención y el aprovechamiento. Dicho en otras palabras: sabemos desde hace mucho cómo producir la misma energía que los soles, pero no cómo hacerlo poquito a poco y de manera aprovechable como fuente energética, más allá de formar un cráter donde antes había una ciudad.

La cuestión, pues, es precisamente contener esas abrumadoras cantidades de energía y convertirlas en electricidad para su distribución por las redes civiles. Para que el hidrógeno alcance la fusión, tiene que estar en estado plasmático; no hay otra. ¿Recuerdas aquello de los tres estados de la materia: sólido, líquido, gaseoso? Bueno, pues en realidad son cuatro: sólido, líquido, gaseoso, plasma. Repasemos: en los sólidos, los átomos y moléculas están firmemente bloqueados entre sí por fuerzas intensas y no pueden moverse libremente, sino tan sólo vibrar. En los líquidos, estas fuerzas unificadoras son más débiles y estos átomos o moléculas pueden vibrar y además moverse con respecto a los demás. En los gases, los átomos y moléculas tienen mucha energía cinética mientras que las fuerzas solidificantes son débiles, con lo que van a su aire, llenando todo el espacio disponible.


El plasma consiste en una variante particular del estado gaseoso, donde al menos una parte de las partículas están ionizadas hasta el punto de conducir la electricidad. Las fuerzas dominantes en un plasma son las electromagnéticas, no las leyes convencionales de los gases, hasta el punto de que se comporta de una manera totalmente distinta a la de un gas y por eso se considera un estado diferente de la materia. Pero este estado sólo resulta posible a elevadas temperaturas y presiones. Poca cosa: unas decenas de millones de grados centígrados. Por cierto que es el más frecuente del universo: la mayor parte de la materia está concentrada en las estrellas, y la materia de las estrellas está en estado plasmático.

En las estrellas, como nuestro sol, la fusión y la contención se obtienen a la vez de manera natural por la gran cantidad de hidrógeno que hay allí: simplemente, la enorme gravedad ocasionada por tanta materia junta la obliga a comprimirse sobre sí misma en forma de una esfera hasta que por temperatura-presión entra en estado plasmático y se activa la fusión. A partir de ese momento se mantendrá en un punto de equilibrio entre la explosión de la fusión y la compresión de la gravedad. Así, seguirá transmutando hidrógeno en helio durante una porrada de millones de años para producir grandes cantidades de energía. Eso es una estrella, un sol.

Obviamente, nosotros no podemos –más bien no debemos– meter todo ese hidrógeno en el planeta Tierra y luego encender una estrella alrededor del mismo.  :-P Tenemos que apañarnos con cantidades mucho más pequeñas, radicalmente insuficientes para cualquier clase de autocontención gravitacional.


En un arma termonuclear, que sólo tiene que producir energía instantánea, el asunto se resuelve de la manera más expeditiva: hay una pequeña bomba atómica por fisión de plutonio –el primario– que al estallar pone en estado plasmático y además contiene durante unos nanosegundos por presión neutrónica un contenedor o secundario de hidrógeno –frecuentemente en forma de deuteruro de litio o liddy– mientras se completa su fusión. Después, la "gracia" de un arma, claro, es que no haya contención alguna, sino que toda esa avalancha de energía de fusión se libere a saco para convertir a unos cuantos millones de desdichados en contaminación ambiental.

Sin embargo, si queremos contener ese mismo plasma dentro de una central energética y hacer que vaya soltando toda esa energía a un ritmo utilizable para transformarla en electricidad hacen falta unas tecnologías especiales que aún no hemos logrado desarrollar en suficiente medida.

Con vistas a resolver este problema, y reflejando el espíritu de la Guerra Fría, norteamericanos y soviéticos arrancaron por caminos distintos. Los Estados Unidos apostaron por la contención inercial, que muy a grandes rasgos consiste en hacer perdigones de hidrógeno (deuterio y/o tritio) y dispararles un láser o cualquier otro haz de alta energía de modo que la fusión de las capas exteriores del blanco vaya autoconteniendo la de las interiores mientras se completa la reacción.


Fusión por confinamiento inercial. Un perdigón de deuterio-tritio se encuentra en el centro de una cámara de implosión donde es alcanzado por numerosos haces sincrónicos de alta energía (por ejemplo, láseres de elevada potencia). El color azul representa estos haces de radiación, el naranja la liberación de energía de fusión y el violeta, el transporte de energía térmica hacia el interior.
  1. Haces láser o de rayos X inducidos por láser calientan rápidamente la superficie del blanco de fusión (perdigón), formando un plasma que lo envuelve.
  2. El perdigón de combustible es comprimido por la liberación de energía de fusión en el material superficial, que se comporta como un cohete que comprime su núcleo desde todas direcciones.
  3. Durante la fase final de la implosión, el núcleo del perdigón alcanza 20 veces la densidad del plomo y fusiona a cien millones de grados centígrados.
  4. La ignición termonuclear se expande rápidamente a lo largo del combustible así ultracomprimido, liberando mucha más energía que la utilizada en todo el proceso.
A pesar de sus prometedores éxitos iniciales, pronto surgieron problemas de difícil resolución. No sólo resulta complicado montar un montón de láseres de manera que ataquen el blanco simultáneamente con simetría perfecta, sino que la menor anisotropía entre haces y en el mismo plasma así generado provoca que el propio perdigón se niegue a comportarse de manera homogénea, cayendo en las inestabilidades de Rayleigh-Taylor. Como resultado, la fusión por contención inercial resulta errática, poco eficiente y débil. Cuarenta años después de su nacimiento, no ha sido capaz de producir ningún resultado claro, y mucho menos de generar más energía de la que consume.


La Unión Soviética apostó por la contención magnética, con los reactores TOKAMAK del Instituto Kurchatov de Moscú. TOKAMAK es el acrónimo en ruso de toroidal'naya kamera s magnitnymi katiushkamy, que en cristiano de aquí viene significando "cámara toroidal a bobinas magnéticas". Y es, básicamente, lo que asegura su nombre: una estructura hueca en forma de donuts compuesta por potentes bobinas electromagnéticas. Este dispositivo aprovecha la fuerza de Lorentz para mantener las partículas plasmáticas cargadas en un anillo de contención magnética mientras se produce su fusión.

En 1968, la unidad TOKAMAK T-4 de Novosibirsk alcanzó la primera reacción de fusión cuasiestacionaria, con temperaturas electrónicas superiores a 1.000 electronvoltios. Cuando lo anunciaron en una conferencia de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, los norteamericanos y británicos no se lo creían: estaba un orden de magnitud por encima de lo que ellos eran capaces de generar. Pero pronto se convencieron, y al poco el mundo entero estaba construyendo reactores de diseño TOKAMAK (o su variante el stellarator). Nacieron así el DIII-D norteamericano, el JT-60 japonés y el JET europeo, entre otros muchos. Sobre la base TOKAMAK se ha podido recuperar hasta el 70% de la energía total utilizada para causar la fusión, y se espera alcanzar el 101%: el momento en que el reactor producirá más de lo que consume, convirtiéndose así en una fuente viable de energía. El ITER que Europa construye ahora mismo en Cadarache (Francia) es, también, un diseño TOKAMAK por contención magnética.

 
Confinamiento magnético: nterior de la cámara toroidal del TOKAMAK europeo JET. A la izquierda en parado, a la derecha con circulación de plasma de mediana energía (BNES YGN).

De todas formas, la contención inercial no está aún muerta: la National Ignition Facility norteamericana, de los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, ha sido inaugurada hace poco. Francia está montando el Laser Mégajoule, y hasta Rusia viene explorando también esta vía desde tiempos soviéticos con sus ISKRA de lo que fuera Arzamas-16 y ahora llaman Sarov; se espera que el ISKRA-6 alcance el nivel energético de estos otros dos durante la próxima década. El trabajo con su masivo TOKAMAK T-15 de contención magnética ha sido derivado a la cooperación internacional ITER.

Pero, ¿por qué es tan diabólicamente difícil? ¿Qué es lo que hace que aún no tengamos energía nuclear de fusión, abundante, limpia y barata?

  • El consumo de todos esos láseres o campos magnéticos es monumental. El objetivo ideal sería alcanzar un factor de ganancia Q infinito, donde la reacción es capaz de mantenerse a sí misma como hace en las estrellas, sin necesidad de aporte energético externo (aunque las estrellas hacen trampa: cuentan con su propia gravedad). Hay que llegar por lo menos a Q = 5 y preferiblemente a Q = 20 para que el equipo produzca mucha más energía de la que se gasta. En la actualidad, aún no se ha podido llegar mucho más allá de Q = 1,25.
  • El diseño de contención inercial por haces de partículas de alta energía presenta inmensos problemas de anisotropía de la radiación y del plasma, incluyendo las ya mencionadas inestabilidades de Rayleigh-Taylor en cuanto la reacción comienza a producirse. Resulta complejo luchar contra leyes fundamentales de la física que determinan el caos plasmático.
  • El diseño de contención magnética del tipo del TOKAMAK, aunque más prometedor y extendido, tiene también sus propias dificultades. Entre ellas, se encuentra la durabilidad de los materiales interiores de la cámara toroidal, enfrentados a temperaturas equivalentes a trescientos millones de grados centígrados durante varios minutos; el equilibrio magnético interior del plasma debe ser perfecto y exactamente axial (la menor carga espuria lo hará caótico); y también presenta problemas de contaminación interior por hollines.
  • El comportamiento de los plasmas de alta energía es esencialmente caótico y cae con facilidad en regímenes de inestabilidad autoamplificada. Hace falta más física y más matemáticas de las que tenemos para comprender en profundidad la manera como esto sucede y, en caso necesario, cómo se puede corregir. El acelerador LHC puede ser de mucha utilidad para entender la naturaleza y conducta íntima de los plasmas y otras formas anómalas de la materia en semejantes rangos de energía.
  • El flujo neutrónico dentro de un reactor de fusión es enorme, muchas veces mayor que el que hay en el corazón de una bomba atómica. Por efecto Wigner, estas avalanchas neutrónicas debilitan rápidamente los materiales circundantes, ya de por sí sometidos a temperaturas diez veces superiores a la del núcleo del sol. La durabilidad de los componentes interiores de un reactor de fusión está gravemente comprometida si no se encuentra alguna manera práctica de apantallar o reducir estos flujos neutrónicos.
  • No se conoce aún un mecanismo práctico para convertir o almacenar toda esa energía en forma de electricidad. Las tecnologías presentes de cambiadores de calor son insuficientes o inútiles en este caso, y las aproximaciones realizadas hasta el momento en este sentido sufren de una eficiencia muy baja.

Sin embargo, sus beneficios como posible fuente de energía futura son tan abrumadores que realmente merece la pena seguir trabajando en esta dirección:

  • La energía nuclear de fusión utiliza como combustible el elemento más común del universo: hidrógeno. También es un elemento muy común en el planeta Tierra, y se encuentra disponible en grandes cantidades en el agua de los mares y océanos. Aunque separar químicamente el hidrógeno del agua y convertirlo en los isótopos deuterio y tritio necesarios tiene un gasto energético y económico elevado, la posibilidad de transformarlo íntegramente en energía según la conocida ecuación física E = mc2 puede obtener rendimientos muchos órdenes de magnitud mayores. Todo el mundo es capaz de obtener este combustible con instalaciones relativamente sencillas.
  • El subproducto resultante de la fusión del hidrógeno no es otra cosa que helio, un gas noble e inerte que no es radiactivo ni tóxico. Desaparecería así el problema de los residuos nucleares de alta actividad, sustituidos por un gas valioso para la industria. Es tan limpia como una energía renovable, con la fiabilidad y estabilidad de la energía nuclear.
  • El accidente más grave imaginable en una planta nuclear de fusión sería una fuga total de tritio radiactivo, que debido a las pequeñas cantidades utilizadas se habría disuelto en el aire a concentraciones seguras incluso antes de salir del recinto de la central. Por la naturaleza intrínseca de un reactor de fusión, no son posibles los embalamientos de alta energía que causaron accidentes como el de Chernóbyl o Isla Tres Millas.
  • El coste de producción es radicalmente inelástico. Los molinos eólicos, por ejemplo, se vuelven progresivamente menos rentables conforme los lugares más idóneos para su instalación quedan ocupados y es preciso ir poniéndolos en lugares peores. El petróleo, el uranio y el gas natural deben ser desplazados desde donde se producen hasta donde se utilizan, con costes de extracción, transporte y refinado incrementales. Una planta nuclear de fusión es igualmente idónea esté donde esté, y los costes de transporte del combustible y el residuo son ridículos.
  • La cantidad de energía producida por cada kilogramo de combustible es abismalmente alta, muchos órdenes de magnitud mayor que la de la energía nuclear de fisión y cualquier otra alternativa renovable o no.
  • Algunos problemas mayores de la humanidad, como el déficit de agua potable o las grandes crisis energéticas, tienen fácil solución si se dispone de grandes cantidades de energía barata y limpia.
  • Aunque no sea renovable en sentido estricto, tiene mejores características de disponibilidad, limpieza y ecología que las energías renovables. El hidrógeno está por todas partes en este universo y su fusión no produce ningún gas de efecto invernadero que pueda contribuir al calentamiento global, no produce sustancias contaminantes en cantidades significativas, y además tampoco depende de la meteorología ni ningún otro factor impredecible para su producción.




Por todo ello, la humanidad debe seguir investigando en energía nuclear de fusión. Por el momento, en el ITER de Cadarache se esperan alcanzar los siguientes objetivos durante las próximas dos décadas:
  • Producir momentáneamente diez veces más energía térmica mediante calentamiento por fusión de la que se consume en el proceso (Q = 10).
  • Producir un plasma estacionario que produzca cinco veces más energía de la que consume en su totalidad (Q = 5), justo en la frontera del rendimiento aprovechable.
  • Mantener un pulso de fusión durante al menos ocho minutos.
  • Encender un plasma en combustión (capaz de sostener su propia fusión).
  • Desarrollar las tecnologías necesarias para una planta de fusión viable, incluyendo los magnetos superconductores con su manto protector de alta resistencia térmica y neutrónica, así como los manipuladores robóticos y las técnicas cotidianas. "Escribir el manual."
  • Verificar los conceptos teóricos de realimentación del tritio.
  • Refinar los blindajes neutrónicos y las tecnologías de conversión de calor por neutrones rápidos en electricidad.

Seguramente, la humanidad podrá aguantar hasta 2050 con las fuentes energéticas actuales. Pero no mucho más allá. Si las agotamos hasta el extremo, dejaremos a nuestros hijos y nietos un planeta exhausto, contaminado y con costes energéticos altísimos que les condenarán a la miseria y la decadencia. Estaría bien que para el 2050-2070 les pudiéramos también dejar como herencia las bases para disponer de una verdadera fuente de energía cósmica, inagotable, limpia y segura, que les permita burlarse alguna vez de sus torpes y sucios antepasados mientras avanzan hacia su propio fututo apoyándose en ella; hacia una civilización de nivel II de Kardashev o donde sea que quieran llegar. La misma energía del sol y las estrellas, sólo un poco menos eficiente que la antimateria, disponible para siempre. O, al menos, hasta la Era de los Agujeros Negros. Y para entonces, es muy posible que ya no tengamos esta clase de preocupaciones. Si tal es la herencia que les queremos dejar, debemos ir despabilándonos ya.
Puedes descargarte este excelente poster educacional sobre energía de fusión (en castellano) elaborado por el Acuerdo Europeo para el Desarrollo de la Fusión, en versión para impresora (aquí) y de alta calidad para impresión profesional (aquí).

jueves 12 de noviembre de 2009

LHC reloaded: Ya circulan hadrones por el Gran Colisionador de Hadrones

NOTICIA

El sábado pasado, aproximadamente sobre las 20:00h CET, los primeros haces de protones describieron semicircunferencias completas en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, a ambos lados de los experimentos CMS y ALICE.

Se inyectaron protones de baja energía en el LHC hacia la caverna del CMS. Los calorímetros y las cámaras de muones detectaron las trazas de estas partículas en forma de un splash event (ver imagen). Durante el resto del fin de semana  se hizo lo mismo también en el sentido de las agujas del reloj, con detección en el experimento ALICE, obteniendo los mismos resultados positivos.

Si no entiendes nada de lo que quiere decir esto, significa que todo va bien por el momento.  ;-) Los hadrones han descrito dos semicircunferencias completas en el acelerador, lo que viene a verificar el correcto funcionamiento del anillo entero, y además lo han hecho dentro del rango correcto y pasando por donde tienen que pasar. Como era de esperar, el "incidente de la miga de pan" del día 3 no ha tenido ningún efecto sobre el sistema y ni siquiera habría sido noticia sin la avería del año pasado.


Splash event registrado en el experimento CMS el 7 de noviembre. El calorímetro electromagnético está en rojo, el calorímetro hadrónico en azul, y los detectores muónicos en amarillo y magenta. El cañón detector de muones estaba en standby y el detector interior de trazas, apagado.

Más información sobre la avería del LHC, la reparación y el programa de operaciones en El regreso del LHC.

Fuentes:

domingo 8 de noviembre de 2009

Si los físicos escribieran las etiquetas de advertencia comerciales...


Si los físicos escribieran las etiquetas de advertencia de los productos comerciales –cualquier producto comercial–, éstas deberían decir lo siguiente (¡y además todo es verdad!):

ADVERTENCIAS
  • Este producto deforma el espacio y el tiempo en sus proximidades.
  • Este producto atrae cualquier otro elemento de materia en el Universo, incluyendo a los productos de otros fabricantes, con una fuerza proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional a la distancia entre ellos.
PRECAUCIONES
  • Este producto contiene energía equivalente a 21,5 kilotones de potencia explosiva por cada gramo de masa.
  • Este producto está fabricado con materia al 100%. En el caso poco probable de que este producto entre en contacto con antimateria por cualquier vía, se producirá una explosión catastrófica de potencia equivalente a 43 kilotones por cada gramo de masa.
MANEJESE CON EXTREMO CUIDADO
Este producto contiene partículas eléctricas cargadas desplazándose a velocidades superiores a mil millones de kilómetros por hora.

INFORMACION AL CONSUMIDOR
  • Debido al Principio de Incertidumbre, el consumidor puede encontrar problemas para saber dónde está este producto y a qué velocidad se mueve al mismo tiempo.
  • Todo uso de este producto, en cualquier forma, aumentará la cantidad de desorden en el universo. Aunque de ello no se deriva ninguna responsabilidad legal, el consumidor queda advertido de que este proceso conducirá finalmente a la Muerte Térmica del Universo.
  • Las partículas más fundamentales de este producto se mantienen unidas por una fuerza adhesiva de la que apenas se conoce nada en la actualidad y cuya capacidad adhesiva no puede, por tanto, garantizarse con carácter permanente.
  • A pesar de cualquier otro listado de componentes o contenidos de este producto, se apercibe al consumidor de que, en realidad, este producto consiste de espacio vacío en un 99,9999999999%
RENUNCIA DE RESPONSABILIDADES LEGALES
Existe una probabilidad extremadamente pequeña –pero no nula– de que, debido a un proceso llamado Efecto Túnel Cuántico, este producto desaparezca de su ubicación presente y reaparezca en cualquier lugar al azar del universo, incluyendo el domicilio de sus vecinos o familiares. El fabricante no se hará responsable de los daños o molestias que se puedan producir en consecuencia.
RENUNCIA DE RESPONSABILIDADES EN CASO DE EXISTENCIA DE SUPERCUERDAS
El fabricante tiene técnicamente derecho a afirmar que este producto es n-dimensional. No obstante, se recuerda al consumidor que esto no le confiere derechos legales más allá de los aplicables a los objetos tridimensionales, dado que las otras dimensiones adicionales están enrolladas en un área tan pequeña que no pueden ser detectadas.
RENUNCIA DE RESPONSABILIDADES EN CASO DE EXISTENCIA DE MULTIVERSOS
El fabricante no garantiza la existencia, características o comportamiento del presente producto en otros universos, sean o no derivativos del universo presente, ni aceptará responsabilidad alguna por sus hipotéticas interacciones o efectos en esos otros universos.
LEA ANTES DE ABRIR
Según ciertas versiones hipotéticas de la Gran Teoría Unificada, las partículas primarias que constituyen este producto pueden decaer en forma de nada durante los próximos cuatrocientos a cuatrocientos mil millones de años.
POR FAVOR, TENGA EN CUENTA QUE:
Algunas conjeturas relacionadas con la Física Cuántica sugieren que, cuando el consumidor no está observando directamente este producto, éste podría dejar de existir o pasar a existir únicamente en un estado vago e indeterminado.
DECLARACION DE EQUIVALENCIA DE COMPONENTES
Las partículas subatómicas que componen este producto son exactamente las mismas, en cualquier sentido mensurable, a las utilizadas por los productos de otros fabricantes. Por tanto, no se puede realizar o sugerir ninguna declaración de exclusividad.
LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN:
Se deben tomar precauciones al levantar este producto, puesto que su masa –y su peso– es variable y dependiente de su velocidad relativa al usuario.

HALAL Y KOSHER
El fabricante no garantiza que este producto sea halal o kosher, dado que los átomos y partículas que lo constituyen pueden haber estado en contacto con, o formado parte de objetos y seres impuros –sea lo que sea tal cosa– a lo largo de su existencia en este universo.
NOTA IMPORTANTE PARA LOS CONSUMIDORES
El universo físico entero, incluyendo este producto, puede llegar a colapsar de nuevo algún día en un espacio infinitesimalmente pequeño. En el caso de que otro universo re-emerja a continuación, no se puede garantizar la existencia de este producto en ese universo.
(Traducido, adaptado y ampliado de Susan Hewitt y Edward Subitzky, A Call for More
Scientific Truth in Product Warning Labels, 1991.  Publicado en el volumen 36, nº 1
del Journal of Irreproducible Results. Copyright 1991 Blackwell Scientific Publications Inc.)

jueves 5 de noviembre de 2009

Hijas de la Lluvia 09: N ≥ 1

Capítulo anterior: Cante jondo de la extinción

N 1


Desde hace milenios, los seres humanos han considerado la posibilidad de que otros entes inteligentes pudieran existir más allá de la superficie terrestre. No en vano todas las religiones colocaron a sus dioses y demonios en "paraísos celestiales" e "inframundos infernales". Pero más allá de este planteamiento religioso, muchas personas han pensado que era muy posible la existencia de seres pensantes no divinos en otros astros. Este debate, de raíces científicas, filosóficas y teológicas, nació ya en la Grecia clásica y se prolonga hasta la actualidad. Los primeros proponentes conocidos de la multiplicidad de mundos fueron los filósofos atomistas -como Demócrito o Epicuro- y entre sus oponentes se contaron Platón y Aristóteles. La posibilidad de que existieran selenitas en la Luna fue planteada por Anaxágoras, Plutarco y Luciano. Hay que tener en cuenta que en aquella época no se consideraba que el Sol fuese una estrella más, sino que era la única, y por tanto toda posibilidad de vida quedaba restringida al sistema solar hasta Saturno.

En el Occidente Cristiano no hubo mucha discusión sobre la posibilidad de vida extraterrestre (aparte de los ángeles y los demonios, claro); el modelo geocéntrico de Aristóteles y Ptolomeo era el predominante, porque servía bien a los intereses de la Iglesia y reducía los problemas teológicos de qué hacer con la reencarnación y la redención en caso de que hubiera seres en otros mundos. Esta visión geocéntrica, con la Tierra como núcleo privilegiado del cosmos y la especie humana como "especie única" para la redención por el Mesías desarticulaba numerosos argumentos de cualquier posible oposición.

Sin embargo, ya algunos escolásticos como Guillermo de Occam, Jean Buridan, Nicole Oresme y Guillermo Vorilong señalaron que el planteamiento aristotélico de un único kosmos establecía límites inaceptables sobre el poder de Dios. Un creador omnipotente, dijeron, habría tenido al menos la opción de crear múltiples mundos. Este punto de vista quedó oficialmente sancionado en 1277 por el Obispo de París, actuando en nombre del Papa.

Con este cambio en el esquema aristotélico, se pasó a pensar que el dios occidental pudo haber creado otros mundos, pero no lo hizo. Pese a ello, en 1440 Nicolás de Cusa comenzó a romper el esquema afirmando que todo lo que estuviera en el poder de Dios debió realizarse (a este principio se le conoce como plenitud), y de esta forma introdujo el concepto de que debía haber más mundos habitados en el pensamiento filosófico moderno.


Cuando el geocentrismo copernicano se desplomó finalmente, asumiéndose que la Tierra no es más que otro planeta de los que giran alrededor del Sol, la idea de que esos otros mundos pudieran estar habitados creció como la espuma. Algunos de los primeros científicos, como Giordano Bruno, Johannes Kepler, Campanella, Wilkins, Pierre Borel, Cirano de Bergerac, Huyguens o Fontanelle especularon sobre esta posibilidad en numerosas obras, apoyándose en las primeras observaciones telescópicas. A lo largo de los siglos siguientes, incontables personalidades se sumaron a la especulación sobre la pluralidad de mundos habitados, a veces muy racionalmente y otras yéndose de varetas cosa mala: John Locke, Georges Buffon, Immanuel Kant, Honoré de Balzac, Camille Flammarion o John Herschel se encuentran entre los personajes que, desde diversos ámbitos del conocimiento humano, apoyaron la proposición.

Frente a esta idea hemos planteado la paradoja de Fermi: "entonces, ¿dónde está todo el mundo?" (Fermi era un profundo simpatizante de los proyectos tipo SETI de búsqueda científica de civilizaciones extraterrestres, pero la planteó ante el excesivo entusiasmo de otros investigadores como Frank Drake).

Repasemos, pues, los pros y los contras de esta idea.
  • La presencia de vida está estrechamente relacionada con las llamadas "zonas de habitabilidad" (HZ). La HZ se define como el área en torno a una estrella donde las condiciones de temperatura, radiación, gravedad, etc., son compatibles con la aparición y estabilización de estructuras moleculares organizadas del tipo de la vida. La proximidad de núcleos galácticos, agujeros negros, púlsares u otros fenómenos de alta energía son enemigos directos de la posibilidad de surgimiento de la vida.
  • Descontando estos problemas, las mejores HZ se encuentran en torno a estrellas del tipo G, y en las regiones inferiores de las tipo F y las más altas del K. Nuestro Sol, por ejemplo, es del tipo G2V. Estos soles tienen HZ amplias, donde es fácil que caiga algún planeta, sin quedar enganchado dentro del radio de blocaje tidal.
  • La HZ ha de ser estable, porque a la vida le cuesta mucho tiempo desarrollarse. Las estrellas binarias, por ejemplo, plantean problemas de estabilidad, dado que el paso de la "compañera" puede alterar radicalmente las condiciones de la misma, destruyendo todo lo creado.
  • Vida significa planetas rocosos de tamaño intermedio. Es difícil imaginar formas de vida estables capaces de evolucionar en gigantes gaseosos, y no te digo ya en ausencia de planetas. Afortunadamente, en estos momentos tenemos identificados ya centenares de planetas extrasolares, muchos de los cuales son rocosos. Estos planetas han de ser lo bastante grandes como para sostener gravitacionalmente una atmósfera, pero no tanto para que las tempestades gravitatorias se lo carguen todo.
  • Vida significa también agua líquida, o al menos otro soluble donde los átomos y moléculas puedan moverse libre y fácilmente para combinarse entre si de maneras complejas con un cierto grado de estabilidad.
  • Antes se pensaba que la vida era un fenómeno rarísimo, el resultado de una "carambola cósmica" extraordinaria. Hoy en día existen numerosos indicios para pensar que la materia tiende a autoorganizarse en forma de vida tan pronto como se dan las condiciones mínimas posibles, al igual que lo hace en forma de cristales, espirales o ramificaciones. La investigacion sobre extremófilos, como los del Río Tinto de España, ha aportado grandes cantidades de evidencias a este respecto.
  • Parece lógico pensar que toda forma de vida, en cualquier lugar, estará sometida a alguna clase de presión evolutiva, y que tenderá a evolucionar hacia formas más adaptadas y complejas. La inteligencia es, sin duda, una adaptación de extraordinario éxito en cualquier concepto evolutivo imaginable.

Pero estas zonas de habitabilidad, ¿son comunes en el Universo? ¿Dónde se podrían dar, si es que se dan en algún lugar?
  • En el universo conocido hay entre 1022 y 1024 estrellas, mayormente nucleadas en 1011 o 1012 galaxias. Esto es: entre diez mil billones y un trillón de estrellas, en 100.000 millones a un billón de galaxias.
  • En nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay de 200.000 millones a 400.000 millones de estrellas. Pongamos 300.000 millones, para que no se enfade nadie o se enfaden todos, como ocurre en estos casos.
  • El 1% de estos soles son de tipo G, K alto y F bajo, sin encontrarse cerca de fuentes destructivas de energía, y sin formar parte de grupos binarios proximales (o ternarios, etc.). Por tanto, tienen HZs favorables a la vida, como nuestro sol. Esto son 3.000 millones de estrellas en la Vía Láctea, y entre 100.000 millones y 10 billones en el universo conocido.
  • En contra de lo que se pensaba hasta hace pocos años, hay planetas orbitando alrededor de la mayoría de estrellas. Al parecer, los sistemas de astrogénesis tienden a producir sistemas solares, igual que ocurrió en nuestro caso. A uno de ellos, 55 Cancri, ya le hemos encontrado hasta 4 planetas, y eso que nuestros instrumentos aún no son muy potentes. Uno de estos, 55 Cancri E (a 41 años luz de aquí), es ya tan pequeño como Neptuno (antes sólo detectábamos los muy grandes, debido a las deficiencias de nuestros instrumentos).
  • Por tanto, es posible concluir provisionalmente que deben existir cientos de millones de planetas en las HZ de nuestra galaxia, y centenares de miles de millones en el universo conocido.
(Hay que tener en cuenta que detectar planetas es muy difícil porque no emiten luz ni energía propias, sólo la reflejada, que es muy débil. Por eso nos cuesta tanto hallarlos, con frecuencia mediante métodos indirectos como su influencia gravitatoria sobre la estrella, y los más pequeños aún no nos es posible)

En todo caso, ¿cuáles son las probabilidades reales de que surja vida en estas zonas de habitabilidad?


  • La existencia de planetas en las zonas de habitabilidad (HZ) no implica necesariamente que en ellos se haya desarrollado la vida, y mucho menos la vida inteligente.
  • Sin embargo, los experimentos con extremófilos y el experimento de Stanley-Urey (premio Nobel) de 1952 prueban que la aparición de aminoácidos prebióticos es extremadamente probable en atmósferas como las de la Tierra primitiva (metano, hidrógeno y amoniaco en presencia de electricidad del tipo del rayo). El metano, hidrógeno y amoniaco son compuestos extremadamente comunes en el cosmos, y forman parte indisoluble de la génesis de los sistemas solares, por lo que deben estar por todas partes, incluyendo muchos de los planetas extrasolares que hemos mencionado.
  • Abundando en el asunto, estos y otros experimentos prueban (aunque aún no tengamos la prueba definitiva, el descubrimiento de una xenoforma de vida) que el fenómeno conocido como "vida" parece ser una tendencia intrínseca de autoorganización de la materia en los sucesos llamados Fluctuaciones. Las fluctuaciones son alteraciones locales del Segundo Principio de la Termodinámica, el de la entropía. No lo invalidan en absoluto, pero producen efectos antientrópicos a escala local. Sin ellas (esto es, si el Segundo Principio de la Termodinámica no sufriera fluctuaciones), el universo no existiría. Las fluctuaciones son constantes en el Cosmos, y las vemos todos los días.
  • Por tanto, las probabilidades de aparición de vida en algunos de estos muchillones de planetas mencionados son extremadamente elevadas.
  • El ejemplo de la Tierra, donde la vida lleva existiendo continuamente a lo largo de al menos los últimos cuatro mil millones de años, invita a pensar que dadas las circunstancias adecuadas la vida es duradera. Tenemos menos datos sobre la duración de civilizaciones inteligentes.
Hoy por hoy, numerosos estudios científicos y exploraciones espaciales incorporan experimentos destinados a saber cómo y en qué condiciones puede surgir y desarrollarse realmente la vida.


Pero, aunque haya surgido vida, ¿puede evolucionar hasta llegar a la inteligencia intelectiva? Bien, puntualicemos algunos hechos más:
  • La naturaleza y distribución de la materia y la energía en el universo nos permiten determinar que la "economía" es un hecho común a todo el Cosmos. Los recursos materiales y energéticos son limitados en todas partes, sin importar su escala. En un lugar lo suficientemente estable como para contener vida, más. Esto significa que en todas partes se producirán fenómenos, entre otros, de "economía energética" y "economía ecológica".
  • La plasmación más directa de la economía ecológica es la evolución biológica. La vida se define como una construcción molecular autorreplicante. Tarde o temprano, a golpe de reproducción, agotará los recursos utilizables en su configuración inicial. Y además, estará sujeta a las características y variaciones del medio ambiente que la envuelve.
  • Con lo que, si carece de la capacidad de mutación y adaptación, se extinguirá.
  • Si es capaz de mutar y adaptarse, por sus propios medios o mediante la acción de agentes externos, evolucionará necesariamente. La evolución es un fenómeno interesantísimo, una de estas fluctuaciones que violan en apariencia el Segundo Principio de la Termodinámica, porque tiende a construir estructuras cada vez más complejas y sofisticadas, con características claramente antientrópicas.
  • En la Tierra, se han observado clarísimos fenómenos de convergencia evolutiva independiente. El ojo, por ejemplo. La aparición de un sensor óptico capaz de traducir la radiación lumínica en impulsos nerviosos organizables como información útil en el cerebro constituye una poderosísima ventaja evolutiva evidente. Y aparece independientemente en familias biológicas apartadas cientos de millones de años entre si. Lo mismo cabe decir, por ejemplo, de la vida pluricelular.
  • Es difícil discutir que el surgimiento de la inteligencia constituye otra ventaja evolutiva extraordinaria, capaz de permitir un grado de adaptación al medio (e incluso de adaptación del medio) absolutamente fuera de lo común. Gracias a ella, los seres humanos hemos sido capaces de adaptarnos (o adaptar) la práctica totalidad de los nichos ecológicos (desde las profundidades marinas hasta el espacio exterior) para vivir en ellos y encima tomarnos un cafelito.
  • Aunque no existen pruebas directas de que la inteligencia sea uno de esos fenómenos sujetos a convergencia evolutiva (de momento, sólo nosotros y nuestros hermanos los grandes simios presentamos distintos grados de inteligencia intelectiva), su increíble utilidad en la carrera evolutiva sugeriría que sí es un fenómeno con todos los puntos para aparecer en algún momento de la pelea por la vida.
No tenemos respuestas precisas a todas estas preguntas y consideraciones. Pero la hija de la lluvia, que ya dijimos puñetera, mira a las estrellas, a los libros viejos y a las máquinas sofisticadas; luego nos guiña el ojo y asegura, un poquito oscura y seductora, con ese tono pretencioso de las jovenzuelas valientes:
–La probabilidad de que exista vida inteligente en el Cosmos es del 100%. Absoluta. Total. En la Ecuación del Dragón, N es necesariamente mayor o igual que 1. Lo sé con completa seguridad.
–¿Por qué, hija de la lluvia?
–Muy sencillo, hombre tonto: porque tú y yo estamos aquí.

martes 3 de noviembre de 2009

Luciano Pavarotti: Ave María.

La voz de Dios. Absolutamente nada más que añadir:


jueves 29 de octubre de 2009

Hijas de la Lluvia 08: Cante jondo de la extinción


fL
(Tiempo de supervivencia de las civilizaciones que realizan comunicaciones interestelares)



Las iteraciones continúan. La entropía siempre termina por vencer, y nuevas fluctuaciones destruyen la obra de las anteriores. El universo entero evoluciona, igual que la vida; cambia, se transforma, surgen cosas nuevas y muere lo viejo, avanzando siempre hacia el Gran Frío Final: la muerte térmica del universo, que se producirá aproximadamente dentro de 10100 años. En el camino, ya se verá si hay materia y energía suficiente en este cosmos para que colapse hacia un Big Rip o un Big Crunch (esas condenadas cuentas de materia y energía oscuras que no acaban de salir). O simplemente se queda así, helado y muerto, durante toda la eternidad.

En todo caso, las fluctuaciones que mantienen la vida y la civilización tecnológica en un mundo determinado se disolverán mucho antes. En el caso de la Tierra, como ya te dije en el capítulo anterior, cuando el Sol alcance la fase del helio se expandirá en forma de gigante roja. Todo lo que haya más acá de Júpiter quedará abrasado, esterilizado y muerto. Dentro de unos cinco mil millones de años, y ya llevamos aquí 4.500.



A partir de ahí, sólo podemos especular. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir la vida en un planeta? ¿Y una civilización tecnológica? ¿Qué pasa si su sol evoluciona más deprisa o más despacio que el nuestro? ¿Qué clase de catástrofes pueden erradicar toda vida en un sistema solar, o varios? ¿Cuál es su probabilidad?


Todo lo que empieza, terminará. Eso es seguro. Si no otros, lo harán esos sucesos monumentales del fin del universo presente: el Gran Frío, el Gran Desgarro, el Gran Crujido (Big Freeze, Big Rip, Big Crunch). Pero sabemos que en la Tierra la vida ha resultado ser brutalmente feraz, capaces de sobrevivir a transformaciones y fenómenos catastróficos de gran calado. Las hipótesis más fuerte sobre la formación de Luna apunta a que ésta se separó de la Tierra cuando un objeto del tamaño de Marte al que llamamos Tea nos golpeó con inusitada violencia, mientras aún terminaba de formarse el sistema solar. Según algunos indicios, ya podía haber vida por aquel entonces, aunque fuese siquiera como proteínas arcaicas aferradas a una corteza aún caliente. El impacto fue inmenso, el más grande que ha visto este mundo jamás. La corteza en formación se fragmentó y se hundió en el magma ardiente del manto; una gran burbuja de materia terrestre y teana salió despedida a órbita para formar la Luna. Se trató de una verdadera catástrofe cósmica.

Y la vida, la hija de la lluvia, fue capaz de sobrevivir. La saga del ADN terrestre prosiguió, dicen que cayendo de nuevo a la superficie junto al resto de pedazos, después de pasar algún millar de años en el espacio exterior.


De todas formas, aunque no hubiera habido vida por aquel entonces, sí la había con bastante probabilidad cuando se produjo el Intenso Bombardeo Tardío: miles de meteoritos de gran tamaño cayendo hacia el interior del sistema solar. No te habría gustado estar allí. Fue el Intenso Bombardeo Tardío el que le dejó a la pobre Luna la cara como la tiene, llena de cráteres, y a nosotros también; lo que pasa es que en la Tierra, un planeta vivo, la deriva continental, la erosión, la sedimentación, el agua y el aire han hecho desaparecer la mayoría de las cicatrices a lo largo de todo este tiempo. Fue una constante tormenta de aerolitos de gran tamaño, una extinción como la de los dinosaurios cada cien años.

La hija de la lluvia sobrevivió al Intenso Bombardeo Tardío.

Y muchas veces más. Lo de los dinosaurios, bien mirado, fue una bromita cortesana. Hace unos 251 millones de años se produjo lo que llamamos el Gran Morir. O, más técnicamente, el Evento de Extinción del Pérmico-Triásico. Algo muy malo le pasó a la Tierra aquella vez. Aún no sabemos muy bien qué fue, pero sí sus efectos: acabó con el 96% de las especies marinas y el 70% de los vertebrados terrestres, incluyendo a ocho órdenes enteros de insectos, que ya se sabe lo resistentes que son. El 57% de las familias y el 83% de los géneros biológicos desaparecieron para siempre en las tinieblas de la extinción.

Cincuenta millones de años después, era como si no hubiese pasado nada, y la evolución había producido una gran diversidad de seres nuevos de quienes nosotros descendemos. Fuera lo que fuese, la hija de la lluvia también sobrevivió al Gran Morir.

Planetoides, lluvias de meteoritos, supervolcanes del tamaño de continentes, envenenamientos geológicos globales del agua y del aire. Y nada. La hija de la lluvia continuó su marcha por los eones, cada vez más resistente, cada vez más poderosa, cada vez más inteligente.


¿Qué clase de cosa puede matar algo tan tenaz?

Hay algunas. Un brote de rayos gamma muy próximo y potente, por ejemplo. Aunque dice la NASA que ya hemos sobrevivido por lo menos a alguno. Otra posibilidad es que sucediera una catástrofe del carbono, que por efecto invernadero calentara la superficie terrestre en demasía, como ya le ocurrió a Venus. En general, cualquier cosa que modificara la zona de habitabilidad del sistema solar.

Pero la hija de la lluvia lleva aquí unos cuatro mil millones de años. Y pico. Una tercera parte de la edad del universo. Sólo nos queda otro tanto en este planeta, antes de que el Sol empiece a expandirse. La ruleta ha girado ya la mitad de las veces. Y, hasta el momento, no ha salido el doble cero de la extinción total.

¿Y qué hay de la inteligencia? ¿Qué hay de las civilizaciones tecnológicas capaces de practicar comunicaciones interestelares detectables? ¿Pueden sobrevivir –y sobrevivirse a sí mismas– largo tiempo? ¿O son sólo una burbujita, algo que surge y desaparece antes de dejar siquiera una huella visible en el esquema cósmico de las cosas?


Bien, nuestra experiencia al respecto es de cierto sucinta. Sólo conocemos una: nosotros. Y ni siquiera emitimos aún señales capaces de distinguirse del ruido de fondo verdaderamente lejos. Según el loco de los marcianos y astrofísico Nikolay Kardashev, cofundador del masivo programa SETI soviético, seríamos una civilización de tipo I, o incluso menos.Para hacerse oír realmente fuerte en el cosmos, hay que superar el tipo II y aproximarse, como poco, al III.

Hay al menos dos perspectivas posibles en este debate. Una es que las civilizaciones tecnológicas, por su complejidad y dependencia de una única especie (o, hipotéticamente, un número reducido de especies) serían extraordinariamente frágiles y minúsculas en la inmensidad de un cosmos peligroso y hostil. Otra, apunta que la inteligencia constituye una herramienta poderosísima para garantizar la supervivencia y la expansión mucho más allá de lo que una especie podría conseguir sólo con sus medios biológicos; y que, por tanto, es posible superar ya no sólo un desastre planetario, sino incluso largarse de casa en caso necesario. Una tercera vía, muy popular desde la invención de la bomba atómica, apunta que la inteligencia es sin duda una fuerza potentísima, pero tanto para asegurarse la supervivencia como la extinción por propia mano.


No lo sabemos. De esto sí que no tenemos ni idea. Sólo nos conocemos a nosotros mismos, y ni siquiera muy bien. Llevamos muy poquito tiempo existiendo: en nuestra forma actual, apenas doscientos mil años, un breve chispazo en los abismos del tiempo cósmico. La civilización humana, apenas diez mil. Y nuestra capacidad de realizar comunicaciones estelares tiene poco más de cien, cincuenta si nos ponemos estrictos.

De momento, a pesar de todo, parece que no lo hemos hecho tan mal. Seguimos aquí, y mira que a veces estuvimos a punto de liarla bien gorda.

Hay una tenue esperanza. Quizás sea de interés apuntar que, bien debido a la explosión del volcán Toba o por nuestros propios problemas de poca diversidad genética, hubo una vez en que la población humana se redujo. Se redujo mucho. Gente que caminaba, pensaba y sentía como nosotros se vio empujada al borde de la extinción, incluso antes de llegar a salir de África bajo nuestra forma actual de homo sapiens sapiens. Estuvimos a punto, muy a punto, de no ser más que otro experimento fallido de la evolución. En vez de nosotros, pudo perfectamente ganar el Neandertal. Maldito fuera.


Y, ¿sabes qué? La hija de la lluvia sobrevivió también a aquella vez en que no éramos muchos más de mil. Y luego, extinguimos al Neandertal en la guerra más larga y brutal de todos los tiempos. Buenos somos nosotros para que nos vengan a disputar la tierra, el cielo y el mar.

Próximo capítulo en La Pizarra de Yuri el jueves, 05/11/2009: N ≥ 1.

miércoles 21 de octubre de 2009

Una pausita

Debido a exigencias laborales, voy a estar unos días con más bien poco tiempo. Así que, descontando algún comentario breve que me apetezca hacer, no podré preparar artículos nuevos hasta la semana que viene.

Por ello, la publicación del siguiente capítulo de Hijas de la Lluvia queda pospuesto al jueves, 29/10/2009. Publicado.

Gracias por vuestra comprensión.  ;)

domingo 18 de octubre de 2009

El estado de la religión en España

Secularización e indiferencia generalizada, diversidad, sincretismo y
lento ascenso del escepticismo caracterizan a la sociedad española del siglo XXI.

Una de las curiosidades de la bastante curiosa democracia española es que, en general, no se habla de religión. La religión está ausente del discurso privado común, y mucho más aún del discurso público. Hablar de religión en público es, en la práctica, hablar de política; y en cuanto al ámbito privado, parece aún más tabú que conversar sobre sexo (mucho más, ahora que lo pienso). Entre unas cosas y otras, la religión existe en España bajo la neblina de una zona gris donde nadie se atreve a mirar mucho, no sea que no le guste lo que ve. Cualquier acción pública de los representantes religiosos se vive como un ataque de la religión, y cualquier intento de debatir a la luz pública las cuestiones religiosas se vive como un ataque contra la religión.

Hablando de creencias, este que te escribe cree en algunas cosas. En la luz y los taquígrafos, por ejemplo. Y hay otras en las que no cree, como en meter las cosas debajo de la alfombra, a ver si ahí no incomodan mucho. Trataremos, pues, de levantar aunque sea un piquito de esta alfombra para echarle un vistazo a plena luz del día a la religión y la espiritualidad en España.

Identidad religiosa en España


No ha sido fácil recopilar la información para escribir este artículo. Los datos son pocos y dispersos, los análisis resultan unidimensionales, y en general parece como si en efecto mirar las creencias en España fuera de tan mal gusto como mirarle las partes pudendas a la vecina. Uno de los pocos estudios estadísticos lo bastante constantes como para deducir las tendencias a lo largo de los años es obra del Centro de Investigaciones Sociológicas, que lleva haciendo algunas preguntas al respecto a los españoles desde al menos 1996. Son dos preguntas muy básicas: auto-identificación religiosa y nivel de práctica de la religión. Menos da una piedra. Así, sabemos que en julio de 2009 un 76% de los españoles se declaraban "católicos", un 13% "no creyentes", un 7,3% "ateos" y un 2,1% "creyentes de otra religión".

Algunos aspectos quedan un poco oscuros. Por ejemplo, el estudio del CIS hace referencia únicamente a personas con nacionalidad española. Sabemos que en España viven unos cinco millones y medio de extranjeros (fuente: INE), de los cuales algo menos de un millón proceden de países con tradición musulmana, otro millón de países con tradición cristiana ortodoxa, y el resto de estados con tradición cristiana en forma de catolicismo y protestantismo. Atribuyendo estas correcciones así un poco a lo bruto, obtendríamos la siguiente aproximación de la identidad religiosa entre la población española total:



Principales creencias de España: catolicismo y... no creencia.


Otro aspecto un tanto oscuro es la diferencia entre "no creyentes" y "ateos". Los ateos están más o menos claros, pero resulta imposible determinar si la autocalificación de "no creyente" quiere decir "agnóstico", "escéptico", "indiferente" o incluso "ateo sin ganas de bronca". O una mezcla de todo ello. Por suerte, para arrojar un poco de luz al respecto, contamos con un documento singular: el Eurobarómetro Especial 225 de junio de 2005 (pág. 9), elaborado por el grupo británico TNS.

Según este trabajo, el 59% de los españoles declararon "creer en un dios", el 21% en "alguna clase de espíritu o fuerza vital" y el 18% en "ninguna clase de espíritu, dios o fuerza vital". Este 18% se parece mucho al 17,4% de "no creyentes" y "ateos" calculado por el CIS en las mismas fechas, lo que por un lado vendría a validar estos estudios, y por otro nos conduce a pensar que los "no creyentes" y "ateos" formarían en realidad un grupo único caracterizado por su escepticismo en materia religiosa, o falta de fe, y separado únicamente por cuestiones semánticas o de matiz. El número de españoles diversos en los matices pero esencialmente no creyentes ascendería, pues, en la actualidad a unos siete millones de personas: uno de cada cinco ciudadanos de esta nacionalidad mayores de 18 años.

Diversidad y sincretismo en el catolicismo español.

Resultará sin duda interesante estudiar con mayor profundidad al grupo mayoritario que se declaran "católicos", y que vienen a constituir el 76% de la sociedad española. Cualquier persona que salga a la calle sabe que pocos de ellos son católicos practicantes a machamartillo, y que en general la gente pasa bastante de las opiniones morales, religiosas y sociales de los dirigentes eclesiásticos. Y, como decíamos al principio, de la religión en general. Pero, ¿hasta qué punto esto es cierto? ¿De verdad es la religión tan poco relevante en la vida cotidiana de los españoles, o hay una "religiosidad oculta" que no se expresa públicamente pero importa en privado? ¿Qué es ser católico en España, hoy?

Una primera contestación a estas preguntas nos viene de otro Eurobarómetro, el nº 69 de noviembre de 2008. En sus páginas 15 y 16, descubrimos que sólo un 3% de los españoles consideran la religión como un valor importante, muy lejos de la paz (45%), el respeto a la vida (42%) y los derechos humanos (38%). En realidad, es el menos relevante de los valores propuestos a los entrevistados, y está muy por debajo de la ya de por sí débil media europea del 7%. Sólo hay un país que le otorgue menos importancia: Portugal. Otro estudio del CIS (enero de 2008) coincide en afirmar que la religión, junto a la política, constituyen los "aspectos menos importantes" en la vida de los españoles.

Más intrigante resulta analizar las características de esa fe católica que afirman profesar la mayoría de los españoles. Si recordamos el Eurobarómetro Especial 225 mencionado antes, el 59% afirman "creer en un dios", el 21% en "alguna clase de espíritu o fuerza vital" y el 18% en "ninguna clase de espíritu, dios o fuerza vital". Vimos que ese 18% venía a coincidir con el número de "no creyentes" y "ateos" en las estadísticas del CIS, lo cual es bastante lógico.

Sin embargo, si un 76% de los españoles se declaran católicos pero sólo un 59% cree en "un dios" en el sentido clásico, monoteísta, del término... significa que al menos un 17% dice ser católico pero no creer en un dios sino, en el mejor de los casos, en "alguna clase de espíritu o fuerza vital". ¿Cómo es esto posible?


Esto nos conduce a la singular cuestión de los "católicos no practicantes", que según otro estudio del gallego Obradoiro de Socioloxia, constituirían la mayoría absoluta de los españoles (y de los católicos españoles): el 51,3% de la población (y el 64% de los católicos). ¿Y qué es un católico no practicante? Pues la verdad es que nadie lo sabe muy bien. O quizás sí que lo sabemos todos muy bien: es la persona más corriente de esta sociedad, que celebra las bodas, bautizos, comuniones y entierros por el rito católico pero no se le ve el pelo en misa, "cree en Dios pero no en los curas", suele estar en desacuerdo con el discurso de las jerarquías eclesiásticas y en general vive su vida como un no creyente.

Como mencioné al principio, el Centro de Estudios Sociológicos viene también preguntando a los españoles por su asistencia a los oficios religiosos. Y en este caso, la respuesta entre los creyentes resulta abrumadora: un 58,2% no pisa las iglesias más que para los actos sociales. Tan solo un 15,3 va a misa "casi todos los domingos y festivos" o más a menudo, y un 26,1% "algunas veces al mes" o "varias veces al año".



El Obradoiro de Socioloxia, que yo sepa, ha sido el único en preguntarle a sus encuestados en qué creen exactamente. Y de nuevo, sus respuestas nos aportan sorpresas. Más de la mitad de los "católicos no practicantes" no creen que Cristo fuera Dios o hijo de Dios, que naciera de una virgen o que resucitara al tercer día (curiosamente, tampoco lo creen un 20% de los que se consideran "practicantes"). Y más del 60% no creen en el cielo ni en el infierno, en los milagros, en Adán y Eva, en la creación divina del universo o en la supervivencia del alma tras la muerte. Extraordinariamente, sólo el 54% de ellos dicen "creer en Dios", lo que viene a aproximarse a ese 59% que, según el Eurobarómetro, "creen en un dios".


Uno podría preguntarse qué clase de católicos son estos, y también por qué se identifican como católicos ante los encuestadores y eligen a la Iglesia Católica Romana para sus ritos sociales.

Más curiosa resulta su fe en cuestiones esotéricas y paranormales, que entre los no creyentes es residual, desmintiendo aquella frase de G. K. Chesterton según la cual "quien no cree en Dios cree en cualquier cosa". Por el contrario, más del 15% y hasta la cuarta parte de los católicos (practicantes y no practicantes) tiene fe también en la astrología, el mal de ojo, la reencarnación, los fantasmas, la videncia, la comunicación con los muertos y la existencia de personas con poderes maléficos, como las brujas; todas ellas, creencias heréticas e incluso malignas según la doctrina católica. Entre no creyentes, en cambio, la cifra rara vez llega al 10% y normalmente está muy por debajo.

¿Sabes una cosa? Por experiencia personal, doy por buenos estos datos. A fin de cuentas, a las consultas y teléfonos de videntes no les falta clientela, a los sanadores por los santos tampoco, y cualquier conversación ligera sobre tales cuestiones en los barrios y pueblos de España saca a la luz personas que realmente tienen fe estas cosas. Muy rara vez son no creyentes o ateos, sino gente que normalmente se declara católica.

Alcanzaríamos así la conclusión de que una parte significativa, incluso mayoritaria, de los españoles albergan en realidad una gradación sincrética de creencias mixtas, frecuentemente contradictorias con la doctrina eclesiástica, que nominalmente se llaman católicas pero difícilmente se pueden calificar como tales según cualquier criterio razonable. Por otra parte, a excepción del pueblo gitano y su conocida tendencia al evangelismo, los españoles tampoco han derivado a formas alternativas de cristianismo organizado, bajo banderas protestantes, ortodoxas o de cualquier otra clase. El judaísmo, el Islam, los Testigos de Jehová o los demás milleritas y otras minorías siguen siendo meramente testimoniales, así como las denominadas sectas.

Composición sociológica de la religiosidad en España.

Atendiendo a los datos del Obradoiro de Socioloxia, existe una segmentación bastante definida de las creencias en España. Claramente, las personas más mayores y las de menor nivel cultural son las más proclives a creer en los dogmas esenciales del catolicismo (véase el gráfico anterior). Entre la gente menor de 30 años y/o con estudios superiores, ni uno solo de ellos alcanza el 50% y con frecuencia no superan el 35%.

La creencia en cuestiones esotéricas y paranormales, en cambio, está más extendida y hace acto de presencia en los menores de 30 años y las personas con estudios medios, aunque generalmente sin superar el 30%.

En ambos casos, las mujeres son más creyentes que los hombres, con una diferencia en torno a los quince puntos porcentuales.

La religiosidad en España parece haber evolucionado, pues, a un "mar" informe de creencias sincréticas y difusas a las que no se da demasiada importancia en la vida cotidiana, sino sólo en ocasiones puntuales. Y en este proceso, el compromiso con la religión y con formas organizadas de religión ha ido decayendo lenta pero constantemente. Veámoslo.

La evolución de la religiosidad en España.

Nuestro país aún se halla en la zona media-alta de la religiosidad europea, con Francia y varios países nórdicos y bálticos en la parte inferior, mientras que Italia, Polonia, Portugal, Grecia, Chipre y Malta (y Turquía, si entrara en la Unión) son los más creyentes. España, pues, sigue inmersa en la tendencia general de secularización, sincretismo y pérdida de religiosidad organizada que viene caracterizando a las sociedades europeas sin que los varios intentos de las distintas iglesias para reevangelizar o revitalizar la fe tradicional en nuestras sociedades parezcan tener efectos a largo plazo.

Esta tendencia se ha plasmado claramente a lo largo de la última década. En el periodo 1998-2009 el porcentaje de no creyentes y ateos casi se ha duplicado, a costa de los creyentes. Este fenómeno se dio sobre todo entre 1998 y 2005, seguido de una estabilización a lo largo de los siguientes cuatro años y un repunte del escepticismo en el primer semestre de 2009:




Pero esta caracterización que, como hemos visto, es más nominal que otra cosa no refleja el verdadero descenso de la religiosidad organizada –y esto, en España, es decir la Iglesia Católica Romana–. Más allá de la denominación que se dé cada cual, los españoles están abandonando los templos a millones. Los datos de participación en los actos religiosos son impresionantes y hablan por sí solos:




Cabe reseñar que 2004 fue el primer año en que el número de ateos y no creyentes superó al número de católicos que participan en los oficios todos o casi todos los domingos y fiestas de guardar o más a menudo. Para quienes gustan de asociar estos procesos al carácter de los partidos en el gobierno, sin duda les interesará observar que el descenso más acusado de la religiosidad organizada se produce en el periodo del Partido Popular (1996-2004), mientras que durante la pasada legislatura socialista (2004-2008) se constataba una estabilización hasta el reciente repunte del escepticismo y el desapego religioso en 2009. En cuanto a las autoridades eclesiásticas, las mayores caídas se observan siendo Presidente de la Conferencia Episcopal Española el cardenal Antonio María Rouco Varela (1999-2005 y desde 2008), mientras que la estabilización correspondería aparentemente a la presidencia del obispo de Bilbao Ricardo Blázquez Pérez (2005-2008).

Mayor tendencia descendente se constata en el compromiso religioso, manifestado con la caída de las vocaciones. En este caso, me han resultado de gran utilidad las estadísticas de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, perteneciente a la Conferencia Episcopal Española. Aunque el número de ordenaciones se mantiene, el número de seminaristas mayores se ha desplomado durante la última década tanto en términos absolutos como relativos:



Resulta obvio que, si bien el número de ordenaciones se puede mantener artificialmente, para satisfacerlo será preciso rebajar el nivel de exigencia al tener que elegir entre un número de aspirantes cada vez menor. La edad media de los sacerdotes y religiosas en la mayoría de comunidades autónomas superó los 60 años hace mucho. El número total de sacerdotes diocesanos ha descendido de 24.300 en 1975 (uno por cada 1.441 habitantes) a 19.307 en 2.005 (uno por cada 2.285 habitantes). Pero en este mismo plazo de tiempo, al menos 6.000 de ellos han contraído matrimonio. Entre las nuevas ordenaciones se cuenta un número cada vez mayor de extranjeros; está por ver cómo absorberán los sectores más conservadores de la sociedad lo de ser pastoreados por un cura inmigrante. Las monjas descendieron otro 6,9% en el periodo 2001-2005. (Datos del Anuario Estadístico de la Iglesia 2007)


Por su parte, el porcentaje de ciudadanos que marcan la "casilla de la Iglesia Católica" en su Declaración de la Renta ha bajado del 42,7% en 1993 al 39,1% en 2001 y el 32,92% en 2005, con un repunte al 34,38% en 2008. Sin embargo, este dato resulta engañoso, pues además de haber sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo (como el cambio a la "doble marcación" con la casilla de "fines sociales"), sólo es representativo de las rentas más altas (las que hacen declaración de IRPF).

Conclusiones y algunas opiniones personales.

A pesar de todo el ruido y la propaganda, resulta obvio a la luz de estos datos que las formas de religiosidad organizada se están perdiendo en España, a favor de la secularización, el sincretismo y el escepticismo. Este hecho es especialmente cierto entre los sectores más jóvenes y mejor formados de la sociedad. La otrora "reserva espiritual de Occidente" está pasando a creer de otra manera o no creer, directamente. En privado, sin mucha algarabía ni grandes manifestaciones.

Resulta curioso observar que nadie ha sido capaz de recoger la representatividad de estas grandes masas sociales. Ni los grupos escépticos o ateos ni otros colectivos religiosos, ni sectas, ni nadie. No de manera significativa, al menos. Gracias a este silencio, la Iglesia Católica puede seguir arrogándose la representación de ese 76% de autodenominados católicos aunque su relevancia real es mucho menor con toda seguridad. Por otra parte, nadie puede hablar actualmente en nombre de los no creyentes, que son ya uno de cada cinco españoles: el segundo grupo más importante del país en términos de perspectiva religiosa.

Lo más parecido a un activismo ateo es el incremento en las solicitudes de apostasía y las voces en contra de un clero que perciben como ultraconservador, alejado de la realidad y vinculado a determinadas opciones políticas situadas en la derecha. Pero tampoco se puede afirmar, ni mucho menos, que todos los no creyentes o ateos se sitúen en la izquierda, aunque probablemente el porcentaje sea más elevado.

Se oye con frecuencia en los ámbitos más ultras del catolicismo que este retroceso de la fe organizada se debe a la pérdida de referentes claros (quieren decir duros), al aggiornamento de muchos sectores religiosos que ellos perciben como tibieza, cuando no traición. También acusan de la caída a un percibido anticlericalismo sociopolítico "que juega a la contra" y que tiende a repetir los clichés de otros tiempos: masonería, comunismo, izquierdismo, homosexualismo, judaísmo... Inevitablemente, disiento con ellos. Ese es un análisis facilón e interesado, acomodaticio, que obvia numerosos hechos históricos, filosóficos y sociológicos a gran escala. Entre estos, yo resaltaría los siguientes:
  • Cosmovisión. Los dogmas inamovibles y la autoridad doctrinal, esenciales al hecho religioso organizado, son fundamentalmente incompatibles con las sociedades democráticas abiertas. Una sociedad que fomenta la individualidad, la pluralidad y el libre pensamiento difícilmente aceptará, al menos de forma mayoritaria, un conjunto único de verdades reveladas establecidas por un grupo único de individuos elegidos bajo el dedo de Dios a quienes no se puede discutir. Paralelamente, la mayoría de referentes sociales, económicos y culturales de las sociedades desarrolladas sustentadas en la economía capitalista de consumo ya no pertenecen al campo de la religión, a diferencia de lo que ocurría en el pasado.
  • Predominio de la epistemología. El extraordinario progreso de la ciencia y la técnica a lo largo de los últimos siglos ha venido ocupando muchos espacios donde anteriormente predominaba la religión. Aunque considerados individualmente ninguno de estos avances resulta devastador para la creencia tradicional, el conjunto de todos ellos y su éxito a la hora de ofrecer explicaciones cosmogónicas y beneficios materiales constituyen un constante goteo que diluye las explicaciones y beneficios de la fe. En la sociedad actual, muchas personas sólo consideran válido el conocimiento obtenido por métodos análogos al científico –datos, pruebas, razonamientos, aunque sean más o menos sesgados–. En sociedades así, las búsquedas de la verdad por fe, por revelación o porque lo diga un libro antiguo o un hombre más antiguo todavía carecen de credibilidad y pierden capacidad de difusión. Pueden funcionar en circunstancias muy emocionales o de aislamiento, pero después se van debilitando ante el predominio del pensamiento racional.
  • Pérdida de liderazgo. Se deriva de las dos anteriores. En el pasado, las religiones organizadas contenían en su seno a los principales creadores de pensamiento, opinión y filosofía. Pero los tiempos de Santo Tomás de Aquino o Guillermo de Occam pasaron hace mucho. Hoy por hoy, esos creadores se hallan en otros ámbitos: las empresas, la política, los medios de comunicación, el mundo científico. Y aunque las religiones organizadas tratan de mantener su presencia en todos ellos, van a rastras y se nota. Ya no poseen las cabezas más brillantes, y se adaptan demasiado lentamente a las innovaciones.
  • Valores desadaptados. En otros tiempos, las sociedades evolucionaban muy lentamente y las religiones orgnizadas iban adaptándose con ellas –cuando no dirigiendo los cambios– a lo largo de siglos. Las sociedades modernas, en cambio, se transforman constantemente y a gran velocidad. Poco a poco, los valores tradicionales van perdiendo su sentido conforme las personas necesitan adaptarse a nuevas formas de vida y pensamiento. Simplemente una buena parte de esos valores ya no le sirven a la gente para nada útil en el mundo real, cuando no son abiertamente contradictorios con las necesidades vitales comunes, y sus proponentes van perdiendo audiencia, interés y respeto.
  • Pluralidad de oferta. Desaparecidas para bien las religiones de estado en el mundo occidental, y existiendo en sociedades abiertas y plurales, las creencias organizadas convencionales tienen que competir constantemente con otras ofertas que para la mayoría del público resultan más agradables y adaptativas. Las religiones ya no son cabeza, autoridad y luz, sino un agente más en un mercado cada vez más amplio y competitivo de ideologías, filosofías y formas de vida. ¡Rápido! ¿Qué prefieres, Física o Química o misa de diez? ¿El lado Coca-Cola de la vida o la vida en el seminario? ¿El horóscopo o el rosario? ¿Este blog o una lectura comentada del Antiguo Testamento (¡bueno, no es tan distinto!)?
  • Conflictividad sociopolítica. La frecuente asociación de las religiones organizadas con determinados ámbitos del poder u opciones políticas específicas aleja, lógicamente, a los sectores sociales que no están de acuerdo con las mismas. Cuando dicha asociación es repetitiva, estos sectores se alejan definitivamente y desarrollan combatividad antieclesiástica. Los intentos de aproximación seguidos de enfrentamiento se interpretan fácilmente como doblez o traición. Y la gente ya no siente la necesidad de permanecer unida a su iglesia a pesar de todo. No en un mundo donde hay muchas más opciones tanto ideológicas como religiosas. Lo más grave de todo es que los cambios en las necesidades políticas cotidianas de los partidos terminan dejando fuera de juego a las religiones incluso ante los suyos.
  • Pérdida de crédito social y distorsión perceptiva. Como consecuencia de todo lo anterior, el abismo entre amplias capas de la sociedad y las religiones organizadas se amplía cada vez más, y las vías de comunicación se van cortando. Por razones de psicología grupal, la gente de religión va perdiendo sensibilidad sociológica y no comprenden, o les cuesta aceptar, lo que millones de personas piensan o desean de ellos. En el proceso, también pierden la compresión de las palancas que mueven a la gente y poco a poco, a veces por escándalos y a veces a la chita callando, también pierden el crédito y el respeto. Todo lo cual no hace sino reforzar los demás elementos, en un círculo vicioso sin fin. Lo cual termina por consolidar un núcleo de partidarios duros entre los duros... y la animadversión creciente de millones. O, peor aún, su indiferencia.
Pienso que las religiones organizadas, en su forma actual, no tienen la capacidad de superar estos problemas en el medio y largo plazo. Con altibajos, como todos los procesos históricos, seguirán languideciendo a menos que encuentren una forma radicalmente distinta de interactuar con la sociedad; y a mí, todas las que se me ocurren implican el abandono o disolución de sus características doctrinarias fundamentales, lo cual imagino que les resulta inaceptable. No obstante, si no son capaces, las tendencias observadas en este artículo seguirán calando y profundizándose hasta disolverlos a ellos, convirtiéndolos en una minoría irrelevante. Estos procesos son lentos, y pueden tomarse generaciones, con avances y retrocesos.

Pero observando lo ocurrido en los últimos 250 años y particularmente en el reciente medio siglo, el proceso parece irreversible. En las sociedades contemporáneas, las religiones tradicionales están atrapadas en una trampa mortal: o mantenerse fieles a su doctrina con el apoyo de un grupo de incondicionales cada vez más reducido y una animadversión social cada vez mayor, o abandonar sus dogmas y entonces dejar de existir para transformarse en otra cosa. Yo no sé si Dios habrá muerto o no, como dijera Nietzsche. Lo que sí sé es que, a este paso, las religiones tradicionales terminarán desapareciendo en las sociedades abiertas. Quizás, lo último en perecer serán sus formas y apariencias externas. Después, nadie sabe qué ocurrirá, ni si surgirán nuevas formas de espiritualidad, quizá mejores, quizá peores. O no.
Resumen de fuentes principales:

Actualización del 23/11/2009:


En una intervención ante la XCIV asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, hoy, su presidente Antonio María Rouco Varela parece validar el sentido de algunos datos aportados en este artículo:


«Los sacerdotes somos menos y de más edad que hace algunos años. No podemos dejar de atender a los datos que nos muestran una realidad preocupante: cada sacerdote secular ha de atender, como término medio, a 3.445 personas (en algunas partes de España el número se eleva hasta 9.000); mientras tanto, la media de edad del clero diocesano español es de 63,30 años (alcanzando en algún lugar los 72,04 años). Aun teniendo en cuenta que la población en general ha frenado su crecimiento y que envejece sin parar, estas cifras nos deben hacer reflexionar y nos deben estimular para adoptar decisiones adecuadas.» (Fuente)

jueves 15 de octubre de 2009

Hijas de la Lluvia 07: El mundo al que usted llama se encuentra apagado o fuera de cobertura en este momento

Capítulo anterior: El barro que te mira
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(Fracción de los planetas de la galaxia donde podría haber surgido vida inteligente que realice comunicaciones interestelares)

Podría haber miles o millones de civilizaciones inteligentes ahí fuera, cada una alrededor de su estrellita, y no sabríamos que están ahí. Ya hemos visto lo difícil que es detectar planetas; distinguir si en la superficie de alguno de ellos (o en cualquier otro lugar) hay bebés extraños durmiendo sueños de cobalto resulta completamente imposible con la tecnología disponible en este momento o en los próximos cien años. Por decir algo.

¿Se conformará la hija de la lluvia con sospechar su existencia, y ya?

Quien así piense, es que no la conoce bien.


La hija de la lluvia siguió pensando, y pensando, y pensando, con esa cara de velocidad que adoptan los niños cuando se disponen a poner en algún compromiso al adulto más próximo con su lógica impecable. Una vez más, se miró a si misma. Reflexionó y se acordó de Julio Verne o de aquel maestro de escuela siberiano llamado Constantino Tsiolkovsky quien, con poco más que las cuatro reglas, diseñó los esquemas básicos de los cohetes y las estaciones espaciales que construimos hoy en día. Y recordó sus palabras:
“La Tierra es la cuna de la Humanidad. Pero uno no puede vivir en la cuna para siempre”.

Simplemente, es que no es práctico, ni económico ni seguro. No es práctico ni económico ni seguro permanecer confinados a un único planeta superpoblado, contaminado, con los recursos naturales cada vez más agotados y, lo más peligroso de todo, expuestos a la extinción en cualquier momento bajo la amenaza de nuestras propias armas o de cualquier objeto cósmico de buen tamaño que tenga la mala idea de cruzarse en nuestro camino.

Desde que se hizo obvia la posibilidad teórica de vivir en más de un planeta, la hija de la lluvia viene pensando en mudarse o, al menos, comprarle un pisito en otro lugar a algunos de sus retoños. No es que la Tierra tenga nada de malo: es un planeta estupendo, chulísimo, con vistas excelentes y grandes piscinas. Es que poner todos los huevos en la misma cesta es una pésima idea, sobre todo si tenemos en cuenta cómo la maltratamos.


Inevitablemente, y pese a la moda de los recortes presupuestarios y los beneficios a corto plazo, la hija de la lluvia acabará mudándose. Más vale que lo haga con tiempo y por las buenas, porque en cinco mil millones de años el hidrógeno del Sol empezará a consumirse. Entonces, a nuestra amable estrella le dará un ataquito llamado Fase del Helio o de la Gigante Roja: se calentará y expandirá hasta comerse a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte e incluso más allá. Ñam.

Sabiamente o por la fuerza, cualquier otra civilización se verá enfrentada a la misma tesitura tarde o temprano. Conquistar los espacios interestelares no es una opción: es una necesidad (y un buen negocio aunque, todo hay que decirlo, con unos beneficios muy a largo plazo).

Repartir nuestra herencia por más de un mundo en más de un sistema solar (y, si fuera posible, en más de una galaxia) es la única garantía de supervivencia en caso de que aquí las cosas se pongan crudas para nosotros o para nuestros nietos.

De un modo u otro, si efectivamente hay otras civilizaciones allá a lo lejos, en otras orillas del mar oscuro, es muy probable que algunas de ellas hayan emprendido ya el camino. Quienes creen en los OVNIs, sin embargo, deberían esperar un poco antes de saltar de alegría. Las distancias son tan enormes y los destinos tan remotos y separados entre si, que la probabilidad de que uno de esos exploradores coincida con la Tierra es francamente baja. Muy baja, vamos. Casi nula, como si dijéramos.

A menos que sean unos ermitaños, cualquier civilización que se adentre en el espacio interestelar tendrá la necesidad de comunicarse con sus exploradores, primero, con sus colonias, más adelante, y con sus pares, en el último término. Para ello, es necesario crear y establecer tecnologías de telecomunicaciones interestelares. La más básica de estas telecomunicaciones se basa en las ondas de radio. Es la que usamos nosotros para llamar a nuestros navíos, tripulados o no. El problema es que es lenta: las ondas de radio sólo viajan a la velocidad de la luz como máximo (igual que cualquier otra cosa del Universo, que sepamos, al menos). Sus ventajas son muchas: es flexible, económica y fácil de utilizar. De momento nos vale, porque nada fabricado por las manos de las hijas de la lluvia ha viajado mucho más allá de Plutón y eso está ahí al ladito como quien dice; la más lejana de nuestras naves, la Voyager-1, se encuentra ahora a unos diecisiete mil millones de kilómetros, aproximadamente quince horas-luz. Eso significa que una comunicación de radio con el más lejano de nuestros navíos actuales utilizando ondas de radio consumiría un máximo de veintiocho horas, ida y vuelta. Cualquier comunicación con una colonia establecida dentro del sistema solar requeriría menos tiempo.


Las ondas de radio nunca llegan a diluirse del todo en el océano cósmico. Conforme aumenta la distancia se vuelven muy débiles, extremadamente débiles, apenas un levísimo temblor en los diales. Después, terminan confundiéndose con el ruido de fondo. Pero siempre siguen su viaje, hasta el fin del Universo.

Si el instrumento con el que las buscas es lo bastante sensible, se pueden detectar a distancias sorprendentes. El problema, en la Tierra, es que la mayoría de antenas son pequeñas y baratas: la de tu coche, la de tu tele, la de tu teléfono móvil. Pero si usas como antena el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, un inmenso receptor hipersensible que ocupa todo un valle, no tendrías problemas de cobertura en la órbita de Júpiter.

Desde hace unas décadas, la hija de la lluvia está usando estas enormes antenas para tratar de escuchar alguna comunicación interestelar realizada por otras gentes. Es una apuesta improbable, un tiro al azar, entre otras cosas porque –naturalmente– otras civilizaciones podrían usar otros sistemas de telecomunicación que ni siquiera sospechamos todavía, igual que las ondas de radio eran insospechables para un sabio medieval. Pero no resulta tan descabellado como pudiera parecer. A fin de cuentas, construir una radio es sencillo.


No fue hasta mediados del siglo XX cuando la posibilidad de que existiera vida y civilizaciones extraterrestres cayó bajo el escrutinio de la Ciencia contemporánea. Allá por 1959, el entonces joven ingeniero electrónico Frank Drake concibió que si existían civilizaciones interplanetarias, era posible que estuvieran comunicándose entre si mediante ondas de radio, al igual que hacemos nosotros. Fascinado por el Cosmos, había hecho varios cursillos (ahora que somos mucho más pijos los llamamos masters) de radioastronomía y la idea de que pudieran existir otros mundos habitados le resultaba muy sugerente. Al conseguir un trabajo en el Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank, propuso la realización de una pequeña búsqueda de tales transmisiones extraterrestres. Paralelamente, dos jóvenes físicos de la universidad de Cornell muy interesados en las cuestiones de ionización asociadas a los rayos gamma, publicaron en Nature (Vol. 184, # 4690, pp. 844-846, 19-09-1959) un artículo titulado "Buscando Comunicaciones Interestelares" que decía así:

"...habrá muy pocos que nieguen la importancia práctica y filosófica que tendría la detección de comunicaciones interestelares. Entendemos, pues, que una búsqueda discriminada de señales se merece un esfuerzo considerable. La probabilidad de éxito es difícil de estimar; pero si nunca buscamos, la probabilidad de éxito es cero."

Con este sustento científico y filosófico, los jefes de Drake aceptaron un pequeño experimento de dos semanas de duración (ampliada luego a dos meses) en torno a las estrellas Tau Ceti y Epsilon Eridani. Se llamaría Proyecto Ozma.

El Proyecto Ozma fue la primera iniciativa científica para localizar civilizaciones extraterrestres. Su nombre era el de la Reina de Oz, un lugar "muy lejano, muy difícil de llegar, poblado por seres extraños y exóticos". Entre abril y julio de 1960, el radiotelescopio de 28 metros del Observatorio Nacional de Radioastronomía se sintonizó durante 6 horas al día en la frecuencia propuesta por Cocconi y Morrison: el "agujero del agua", 1.420 MHz (21 cm), apuntando a las estrellas Tau Ceti (constelación de la Ballena) y Epsilon Eridani (constelación del Río). Estos astros se encuentran a 8 años luz de la Tierra y tienen una edad parecida a la de nuestro Sol.

Como ya habían previsto de algún modo Cocconi y Morrison, este primer experimento fracasó: tras escuchar detenidamente las cintas, no se halló evidencia alguna de comunicaciones extraterrestres: todas las fuentes de emisión electromagnética se correspondían con fenómenos naturales conocidos y carecían de características propias de una transmisión "inteligente" (por ejemplo, un ancho espectral reducido... ya veremos lo que es esto).


Pese al esperado fracaso, este humilde experimento abrió el camino para un interés mayor en el problema por parte del mundo científico. Los papers se multiplicaron y las propuestas para hacer "algo más" al respecto también. Sin embargo, el elemento "lanzador" fue que en 1965 se detectó un súbito interés soviético al respecto. No se sabía entonces por qué, pero es que entre 1964 y 1965 dos astrofísicos soviéticos, Kardashev y Sholomitsky, habían estado reproduciendo el Proyecto Ozma desde la Estación de Espacio Profundo de Crimea. Kardashev era un "obseso de los marcianos" con la cabeza muy bien amueblada, y había llegado a crear una "escala de civilizaciones" basada en sus potencias teóricas de transmisión (tipos I, II, y III). Enfocaron su radiotelescopio a dos objetos de características extrañas llamados CTA-21 y CTA-102, y creyeron detectar características artificiales de variabilidad en este último. En realidad se trataba de un quasar, pero este "falso positivo" despertó el interés soviético en el tema. A las varias carreras más o menos terribles de la Guerra Fría, se sumó una bonita y positiva: la de ver quién encontraba antes una civilización extraterrestre.

La URSS puso en marcha varias búsquedas paralelas con distintas instalaciones radioastronómicas (desde Gorky, Zimenkie, Crimea, Murmansk y Primorsky), la mayor parte de ellas dirigidas por Troitsky (ninguna relación con el dirigente revolucionario que acabó sus días a manos de cierto catalán...). Una de estas búsquedas, la de Espacio Completo (no dirigida) que se inició en 1969, sigue activa hasta la actualidad.


A principios de los años '70 se sumaron los franceses, desde el observatorio de Nançay y los canadienses, desde Algonquin (Ontario). El SETI (pues así se le comenzó a llamar, por Search for ExtraTerrestrial Intelligence) se estaba convirtiendo en una cuestión de Estado. La NASA empezó a tomar cartas en el asunto, mientras en la Universidad de California en Berkeley se ponían en marcha el programa de búsqueda dirigida SERENDIP, el Radioobservatorio de Ohio comenzaba una búsqueda continua y la Sociedad Planetaria iniciaba el proyecto META.

En 1974, un equipo de científicos encabezados por el Dr. Carl Sagan, conocido astrónomo, humanista y divulgador, convencieron a la dirección del Radiotelescopio de Arecibo para utilizarlo como transmisor de una señal terrestre a nuestros potenciales vecinos. La emisión, equivalente a 20 gigawatios omnidireccionales, se concentró en dirección al cúmulo globular M13. Este cúmulo se encuentra en el borde de nuestra galaxia, a unos 21.000 años luz, y en él hay aproximadamente 330.000 estrellas con posibles planetas orbitando a su alrededor. La señal llegará allí en el año 22.974 dC

Este mensaje, una especie de "testigo cósmico" de que la especie humana existió alguna vez en el Universo, está compuesto de 1679 bits organizados en una matriz de 73x23 (dos números primos que cualquier civilización mínimamente tecnificada debe reconocer rápidamente). Contiene una imagen que consta del radiotelescopio emisor, una descripción matemática del sistema solar, los primeros números primos, una silueta humana, una silueta de la "doble hélice" del ADN con su número de bases púricas (en binario). El mensaje era exactamente este:



0000001010101000000000000101000001010000000100100010001000100101100101010
1010101010100100100000000000000000000000000000000000001100000000000000000
0011010000000000000000000110100000000000000000010101000000000000000000111
1100000000000000000000000000000000110000111000110000110001000000000000011
0010000110100011000110000110101111101111101111101111100000000000000000000
0000001000000000000000001000000000000000000000000000010000000000000000011
1111000000000000011111000000000000000000000001100001100001110001100010000
0001000000000100001101000011000111001101011111011111011111011111000000000
0000000000000000010000001100000000010000000000011000000000000000100000110
0000000001111110000011000000111110000000000110000000000000100000000100000
0001000001000000110000000100000001100001100000010000000000110001000011000
0000000000001100110000000000000110001000011000000000110000110000001000000
0100000010000000010000010000000110000000010001000000001100000000100010000
0000010000000100000100000001000000010000000100000000000011000000000110000
0000110000000001000111010110000000000010000000100000000000000100000111110
0000000000010000101110100101101100000010011100100111111101110000111000001
1011100000000010100000111011001000000101000001111110010000001010000011000
0001000001101100000000000000000000000000000000000111000001000000000000001
1101010001010101010100111000000000101010100000000000000001010000000000000
0111110000000000000000111111111000000000000111000000011100000000011000000
0000011000000011010000000001011000001100110000000110011000010001010000010
1000100001000100100010010001000000001000101000100000000000010000100001000
0000000001000000000100000000000000100101000000000001111001111101001111000



...que, organizado en una matriz de 73x23 (ambos números primos), proporciona la siguiente figura:




En los últimos años, la investigación SETI perdió interés para los ámbitos políticos, y la mayoría de programas fueron cancelados. Sin embargo, la fascinación y el hondo significado filosófico y humanístico de la pregunta "¿estamos solos?" atrajo a la iniciativa privada. Gracias a ello, el Instituto SETI sigue existiendo y goza de buena salud. Tanta, que les ha permitido comprar tiempo de radiotelescopios, tiempo de procesamiento supercomputacional, y, gracias a las aportaciones económicas del cofundador de Microsoft Paul G. Allen, se acaba de poner en marcha el Allen Telescope Array. El Allen Telescope Array es un superradiointerferómetro que constituye el instrumento más sensible del planeta Tierra a la hora de buscar señales artificiales emitidas por otras civilizaciones, deliberada o accidentalmente.


El fracaso, hasta el momento, de todas las búsquedas SETI da lugar a varias preguntas inquietantes para la hija de la lluvia. Especialmente, la del físico Enrico Fermi, allá por 1950: “¿dónde está todo el mundo?”

Expresado de otra manera: si todo apunta a que la vida puede surgir con facilidad, evolucionar hacia la inteligencia, surcar el espacio interplanetario y mantener comunicaciones interestelares… ¿por qué no hay un solo indicio sólido, una detección de alguna clase, una prueba fiable al respecto?

Una de las posibles respuestas es: “quizá aún no tenemos instrumentos lo bastante sensibles, o del tipo adecuado, para hacerlo.”

Otra, claro, podría ser: “quizá nunca estuvieron ahí.”

Y otra más, terrible, contestaría: “quizá ya se hayan ido. Y nosotros nos iremos pronto, también.”

Próximo capítulo en La Pizarra de Yuri el jueves, 29/10/2009: Cante jondo de la extinción.

domingo 11 de octubre de 2009

Port albuferenc de Catarroja

La terra valenciana (I)


 
 
 
 

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