La pizarra de Yuri

jueves, 17 de junio de 2010

Los guiños de la cara oculta de Luna.

...y vimos lo que jamás vieron ojos vivos.



Podría pensarse que la Luna, o al menos la superficie lunar, no puede ser más conocida. A fin de cuentas, lleva ahí desde mucho antes de que los primeros humanos surgieran sobre la faz de la Tierra. Noche tras noche, nos ha acompañado como la otra gran luminaria celeste, además del Sol. Determina las mareas de nuestros mares y océanos, y muchos creen que también el estado de ánimo de las personas y otros animales. Su ciclo de casi treinta días alrededor de la Tierra definió muchos calendarios de la Antigüedad e inspiró nuestra forma actual de contar los meses. Numerosas civilizaciones incluyeron de manera destacada a Luna en su panteón de divinidades. Todo el mundo la conoce.

Y sin embargo, Luna presenta un curiosísimo fenómeno gravitatorio conocido como acoplamiento de marea o también blocaje tidal, un barbarismo este último que para mi desgracia me gusta más. Debido a este efecto, algunos cuerpos menores que orbitan en torno a otros mayores sincronizan su movimiento de rotación con el de traslación, lo que a veces se usa para estabilizar satélites artificiales. En el caso de Luna, el resultado es bien conocido: siempre nos enseña la misma cara, en cualquier momento del año y en todos los puntos de la Tierra.

Es la cara visible la que observan siempre los astrónomos, los aficionados y los enamoradizos. A la cara visible viajaron todas las misiones tripuladas –sí, los norteamericanos lo hicieron, y además seis veces, mal que les sepa a los conspis–, así como la mayor parte de las naves robóticas. La cara visible de Luna está llena de cosas que hemos puesto allí, entre ellas los conocidos espejos para mediciones telemétricas, y de ella trajeron las sondas norteamericanas y soviéticas todas las muestras de rocas lunares que tenemos ahora en la Tierra. En realidad, debido a la libración, puede verse hasta un 9% de los bordes de la cara oculta, pero no más.

(Por cierto: ¿sabes cómo descubrir al primer vistazo si Luna está en cuarto creciente o en cuarto menguante? Pues muy sencillo: Luna es mentirosa. Si parece formar una C, entonces está decreciendo. Si parece formar una D, entonces está creciendo. Esto es así en el hemisferio norte.)

Decíamos, pues, que Luna siempre nos enseña la misma cara. Y por ese mismo motivo, ningún ojo terrestre había visto jamás su cara oculta, la que mira siempre hacia el espacio exterior. Hasta un día de octubre de 1959, año y medio antes del viaje de Gagarin, cuando una sonda soviética llamada Luna-3 dio la vuelta a su alrededor y obtuvo las primeras fotografías para enseñarnos lo que jamás vieron ojos terrestres vivos.

Fotografiando las intimidades de Luna.

Una de las cosas que los conspis de los alunizajes ignoran habitualmente es que hubo muchísimas misiones a nuestro satélite, tanto soviéticas como estadounidenses. Decenas de naves de las series Pioneer, Luna, Sputnik, Ranger, Surveyor, Lunar Orbiter, Zond / Lunokhod y finalmente Apolo la rodearon, la fotografiaron, se estrellaron sobre ella, recogieron muestras e hicieron mil cosas más con animales a bordo y sin ellos. El éxito del Apolo 11 con Armstrong, Collins y Aldrin es el éxito de la primera misión tripulada a Luna.

Se trató de una carrera entre superpotencias a la que ambas partes destinaron grandes recursos y numerosos lanzamientos. La primera nave en alcanzar Luna (de hecho, la primera en llegar a un lugar extraterrestre) fue la soviética Luna-2 de Sergei Korolev, mediante un impacto controlado, el 13 de septiembre de 1959. Lanzó los escudos habituales con la hoz y el martillo (igual que los estadounidenses ponían la bandera de las barras y estrellas), que aún siguen allí y seguirán allí durante varios miles de millones de años. Además de la cosa emblemática, Luna-2 se dedicó a tomar diversas mediciones de su campo magnético y otras tareas científicas durante la aproximación a nuestro satélite natural.

Inmediatamente a continuación, el 4 de octubre de 1959, una nueva nave espacial creada por el diseñador jefe partió de Baikonur en dirección a la Luna. Su intención era ver algo que jamás había visto ningún ojo terrestre, en los millones de años de la historia de la vida: la cara oculta de la Luna. En fechas tan tempranas, esto representaba un desafío extraordinario y también fascinante para una humanidad en mantillas espaciales. Esta nueva nave se llamaba Luna-3.

Luna-3 era un objeto de 278 kilos y medio, que fue lanzado –como siempre, en aquellos tiempos– mediante un cohete R-7 Semyorka. Para una época tan temprana (en esos momentos, los Estados Unidos aún andaban liados con minúsculos satélites en órbitas cercanas a la Tierra), Luna-3 era una nave espacial enormemente ambiciosa, avanzada y potente. Fue la primera totalmente estabilizada en los tres ejes, con un sistema de guía autónoma por fotocélulas referida a la luz del sol y de la luna (el origen de las guías astroinerciales). Iba alimentada por paneles solares, y equipaba diversos instrumentos científicos; entre ellos, una cámara con sistema autónomo de revelado y transmisión de imagen. Este conjunto completamente automatizado de captación y transmisión de fotografías se llamaba Yenisei-2, desarrollado por KMZ (que también hacía y hace las populares cámaras Zenit).

Este sistema de fototelegrafía Yenisei-2 era asombroso para su tiempo. Usaba una cámara de doble lente AFA-E1, una unidad de revelado autónomo y un escáner electromecánico con su correspondiente transmisor, muy similar a un fax (¡en octubre de 1959, oiga!). Los objetivos eran de 200 mm (f/5.6) y 500 mm (f/9.5). La película, protegida contra las radiaciones y el calor, constaba de 40 placas de 35 mm. Después, las fotografías se revelaban automaticamente a bordo al estilo de la época: revelado, fijación y secado. A continuación, un haz catódico las iba barriendo por líneas (1.000 líneas horizontales de resolución), el valor luminoso de estas líneas era recibido en un fotomultiplicador, y éste se retransmitía a la Tierra mediante video analógico por FM. Un circo tecnológico, vamos.

Luna-3 sobrepasó el polo sur lunar a 6.200 km de altitud dos días después, entre el 6 y el 7 de octubre de 1959. A continuación orbitó nuestro satélite por su cara oculta, tomando 29 fotografías desde unos 65.000 km de distancia. Después de dar la vuelta a la luna entera, se aproximó de nuevo a la Tierra en una amplia órbita. El 18 de octubre pasaba cerca de nuestro planeta, momento en que se le ordenó comenzar a transmitir las imágenes. Logró hacerlo con 17 de ellas. Después, marchó; seguramente terminaría abrasándose en la atmósfera terrestre.

Seamos realistas: las fotografías no eran de una calidad extraordinaria. De hecho, eran relativamente cutres. Sin embargo, bastaban para hacerse una idea general del aspecto de la cara oculta de la luna e identificar los accidentes geográficos más notables (a pesar de que en ese momento el sol estaba justo detrás del satélite y por tanto no se proyectaban sombras). Después de analizarlas cuidadosamente, pudieron identificar unos 500 de estos accidentes geográficos, y en 1960 la Academia Soviética de Ciencias publicaba el primer Atlas de la Cara Oculta de la Luna. Como descubridores, se permitieron el lujazo de ponerle nombre a todo: por eso tiene un montón de nombres soviéticos y también de científicos de fama mundial, a modo de declaración internacionalista.


Mapa de la cara oculta de la Luna. Clic para ampliar.

Casi seis años después, el 20 de julio de 1965, la sonda Zond-3 partió de Baikonur para repetir la misión con cámaras más modernas y actualizadas. En esta ocasión, las imágenes fueron espectaculares. Esto permitió la publicación, en 1967, de la segunda parte del Atlas de la Cara Oculta de la Luna; en la edición soviética original, cubría el 95% de la misma.

El 3 de febrero de 1966, la también soviética Luna-9 fue la primera nave automática en aterrizar sobre nuestro satélite, y en transmitir imágenes desde su superficie (en la cara visible); le siguió Luna-13, a finales del mismo año. Pero los rusos se habían quedado con ganas de saber más sobre la cara oculta, así que mandaron varias más. Los norteamericanos, por su parte, lograron también una buena colección con el programa Lunar Orbiter a partir de 1967. En 1968, la misión norteamericana Apolo 8 –uno de los precedentes del Apolo 11 que aterrizaría finalmente con humanos a bordo– permitió a sus tripulantes observar su aspecto en persona. Así fue como vimos lo que jamás vieron ojos vivos; al menos, ojos vivos terrestres.

La cara partida de la Luna.

La característica más notable de la cara oculta de la Luna es que la pobre tiene la jeta partida a guantazos. Buena parte de los asteroides que se dirigen al sistema Tierra-Luna terminan estrellándose allí (nos hace un poco de escudo gravitatorio). Como éstos vienen desde el exterior, lógicamente se estampan sobre todo en esta cara permanentemente exterior. Por ese mismo motivo, hay muchos más accidentes geográficos en la cara oculta que en la cara visible: miles, de hecho.

Como la Luna es un astro muerto, sin actividad interior significativa (aunque puede que una parte de su núcleo esté aún fundida), estos accidentes perduran y perdurarán durante muchos millones de años... a menos de que llegue algún meteorito más a cargárselos. En su forma actual, las características geográficas de la cara oculta difieren bastante de las de la cara visible. Para empezar, hay muy pocos mares (apenas un 2,5% frente al 31,2 % del lado que vemos; uno de ellos, cómo no, fue bautizado Mar de Moscú). En su lugar, están los miles de cráteres causados por todos estos impactos. El accidente más notorio es, de hecho, uno de estos cráteres. Esta situado en el polo sur, es parcialmente visible desde la Tierra y recibe el nombre de Cuenca de Aitken; con dos mil quinientos kilómetros de diámetro, constituye uno de los impactos más grandes que se conocen en el Sistema Solar. Otros grandes cráteres son Hertzsprung, Apolo, Mendeleev, Korolev (no confundir con el cráter Korolev de Marte) o Gagarin.

A lo largo de las últimas décadas, diversas naves de numerosas nacionalidades han pasado por detrás de la Luna, obteniendo en el proceso cartografías mucho más detalladas que aquellas de los años '50 y '60. Estas mismas naves han tratado de localizar algún rastro de agua, pues desde tiempo atrás se venían detectando distintas combinaciones de hidrógeno y oxígeno. Recientemente la NASA en cooperación con la Agencia Espacial India anunció que habían confirmado su presencia; pero se requiere un mayor esfuerzo de verificación. En todo caso, de haberla, está en cantidades minúsculas (menos que en los desiertos más secos de la Tierra) y muy esparcida o en lugares de difícil acceso, lo que haría muy difícil su recuperación y explotación. En este sentido, Marte sigue resultando mucho más prometedor.

En general, sólo hay una cosa en la cara oculta de la Luna que mejore las posibilidades de exploración de la cara visible: su aislamiento de la contaminación radioeléctrica terrestre. Por tanto, resultaría el lugar idóneo para instalar un gran radiotelescopio de extrema sensibilidad, blindado de nuestras propias emisiones por la misma masa lunar (una alternativa sería el Punto de Lagrange L2). También se habla de que allí las concentraciones de helio-3 –un potencial combustible de fusión futuro– deberían ser mayores; aún así, seguimos hablando de muy pocas partes por millón. En realidad la Luna –que, según la hipótesis mayoritaria, no es más que un fragmento de la Tierra– no contiene gran cosa que no podamos encontrar en nuestro propio planeta. Se ha postulado que un cosmopuerto en su superficie –debido a la menor gravedad– sería extraordinariamente más eficiente, pero en la actualidad no existe ninguna aproximación factible ni desde el punto de vista tecnológico ni desde el punto de vista económico.

La Luna, el astro más brillante del cielo nocturno, madre de incontables tradiciones y leyendas, siempre nos fascinó. Y quisimos ir, y fuimos. Sin embargo, hoy por hoy no parece haber nada de gran interés allí. Permanece ahí, llena sin duda de misterios y cosas extraordinarias por descubrir, que quizá torne estúpida esta última frase en algún futuro más o menos próximo. Ojalá.


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domingo, 13 de junio de 2010

La guerra secreta de los magufos (y 2)

Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enzarzaron también en una competencia a gran escala sobre percepción extrasensorial, telequinesis, telepatía, videncia, psicotrónica y otras ramas de la parapsicología.

Segunda parte: hippies, postmodernos y guerreros de las tinieblas.
(Ver la primera parte: Genios, visionarios y locos)

Abajo: Nagasaki antes y después de la bomba atómica.
Decíamos en el post anterior que la Segunda Guerra Mundial terminó con una exhibición definitiva de poderío científico, tecnológico e industrial: los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Tres semanas después, Japón se rendía como hizo Alemania cuatro meses antes. Y, con ello, el viejo mundo murió definitivamente. Se consolidaba el tiempo de la ciencia, de la técnica, del materialismo positivo en su forma de naturalismo empírico.

Las religiones tradicionales, que como vimos ya habían empezado a retroceder durante el periodo anterior, ahora comenzaron a sacudirse a gran escala. Como ocurriera en la URSS treinta años antes, la revolución china que culminó en 1950 hizo desaparecer la religión organizada de otro gran pedazo del mundo. Los nuevos regímenes de Europa del Este y otros lugares eran declaradamente ateos, y su población fue perdiendo la fe también.

En Europa Occidental, las sociedades fueron secularizándose más discretamente pero a gran velocidad. Según un eurobarómetro de 2005, ya menos de la mitad de los europeos occidentales (para entendernos: lo que cae a este lado del antiguo Telón de Acero) declaran "creer en un dios" en cualquiera de sus variedades. Más significativamente, una encuesta Gallup de 2008 preguntó a estos mismos europeos si la religión resultaba importante para sus vidas; casi el 60% de los entrevistados respondieron que "no". Canadá ha acompañado a los europeos en esta tendencia. El 70% de los japoneses ya no profesa ninguna religión.

En Estados Unidos y en el mundo árabe, el proceso es más complejo. Las religiones históricas han retrocedido también, pero se han visto sustituidas por una serie de nuevos movimientos religiosos de carácter fundamentalista –que, por supuesto, se denominan a sí mismos "tradicionales" e incluso "originales" pero no lo son en absoluto–. Ya apunté algo de esto en el post anterior. En los EEUU, por ejemplo, las iglesias protestantes mainline –las de toda la vida– han perdido el 25% de su grey entre 1958 y 2008, mientras que la población se ha duplicado en el mismo periodo.

La situación de la Iglesia Católica es aún más extraña: a pesar de la llegada de cincuenta millones de inmigrantes latinoamericanos durante las últimas décadas –católicos en su inmensa mayoría–, a duras penas logra mantenerse en su 25% de la población y en general se considera la religión que ha sufrido mayor retroceso en Estados Unidos. Los grandes beneficiarios de este proceso han sido nuevas las iglesias evangélicas y pentecostales de tipo integrista, fundadas entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, que constituyen ya la mayor parte de los creyentes norteamericanos con cerca del 30% de la población. Debido al extremismo religioso y político de tales grupos –resulta muy conocido el tema del creacionismo y de su ultraderechismo, pero no es lo único–, esto ha empezado a provocar recientemente un efecto rebote en las costas y entre la gente joven que nadie sabe a dónde llegará.

En el mundo musulmán, este proceso es aún más evidente si cabe. Las denominaciones tradicionales han perdido fuerza en las últimas décadas a favor de movimientos mucho más extremistas como el wahhabismo / salafismo entre los sunís o el clericalismo ultra de los ayatolás entre los chiítas. Turquía trata de defender su laicismo fundacional entre el ascenso de los grupos integristas. En Argelia ya ha habido una sangrienta guerra civil, que de momento han ganado los seculares.

La parapsicología en la Nueva Era.

Durante todos estos procesos convulsos, una nueva forma de espiritualidad heredada de los orígenes que tratamos en el post anterior se ha ido extendiendo por el mundo y especialmente por los países desarrollados. Se la viene a conocer generalmente como New Age, la Nueva Era: una forma de sincretismo de reciente creación que carece de estructuras organizadas notables y donde cada cual se corta una religión a la medida. Debido a estas características resulta muy difícil saber hasta dónde llega, pero es obvio que algunas de sus creencias y prácticas han calado profundamente: el esoterismo, la reencarnación, el holismo, el orientalismo, el ecologismo tipo Gaia, la videncia, la magia, el yoga, el tantra, las medicinas alternativas, los chakras y demás. A estas alturas, casi resulta difícil encontrar a alguna persona que no crea o –incluso sin creer– practique algo de todo esto en cualquier sociedad avanzada.

Al menos un 25% de la población europea y norteamericana cree en alguna de estas cosas en algún momento determinado, y su influencia se extiende a muchos agnósticos y también a gente que se mantiene en las religiones tradicionales. Hemos empezado a vivir en sociedades abiertas y plurales, donde seguir a machamartillo los preceptos de una religión o creencia se considera sinónimo de cerrazón, atraso, intolerancia y extremismo: ese relativismo que le da tanto miedo a los clérigos. Es lógico que se produzcan rebotes en una u otra dirección, pero la tendencia resulta obvia e imparable en el largo plazo.

Como parte de este fenómeno, la parapsicología encontró también su camino después de la Segunda Guerra Mundial; especialmente, por algo que ya dijimos: su presunción científica. Dejamos a los parapsicólogos soviéticos un poco deprimidos, cuando Stalin se hartó de la falta de resultados y les cortó la financiación hacia finales de los años '30. Dejamos también a los parapsicólogos estadounidenses bastante confundidos, cuando su afán bienintencionado de suprimir los errores metodológicos que caracterizaban a los primeros estudios les dejaron también sin resultados dignos de mención y con unos mecenas cada vez más impacientes. En cuanto a los nazis y su ocultismo germánicoSociedad Thule, SS-Ahnenerbe–, fueron tan barridos como todo lo demás cuando Alemania perdió la guerra.

Dejamos a J. B. Rhine, Zener y su gente un poquito decaídos y bajo presión en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial, no consta que hicieran nada digno de mencionar. Quien lo intentó en este periodo, durante el blitz de Londres, fue el matemático británico Samuel G. Soal. Si los trabajos de gente como Rhine o Zener siguen considerándose errores cometidos de buena fe, resulta difícil decir lo mismo sobre Soal. Con toda probabilidad, Soal trampeó deliberadamente las series y métodos estadísticos que utilizaba, llegando a engañar a algunas personalidades distinguidas de la ciencia y la política. Cuando le emplazaron a reproducir sus experimentos en la Universidad de Londres, después de la guerra, fue incapaz.

A finales de los años 40, el Fair Deal de Truman y la victoria en la Segunda Guerra Mundial permiten la creación de una nueva clase media en los Estados Unidos, después del crack de 1929 y las sacudidas de los años '30. Aunque el Fair Deal reúne características muy progresistas, a partir del Bloqueo de Berlín y la Guerra de Corea comienza a surgir en Estados Unidos un nuevo conservadurismo favorable al anticomunismo de la Guerra Fría y otro contrario a las luchas negras por los derechos civiles.  Estos nuevos conservadurismos están estrechamente vinculados a la religión. Son los tiempos en que el secular Estados Unidos, nacido de la primera separación radical entre iglesia y estado, comienza a derivar hacia una nueva forma de clericalismo. En 1954, grupos católicos logran que las palabras under God aparezcan en el Juramento de Lealtad, que anteriormente carecía de cualquier referencia religiosa. En 1956, in God we trust pasa a ser lema nacional de los Estados Unidos: el país cuyos textos fundacionales –la Declaración de Independencia, la Bill of Rights, la Constitución– carecían de toda referencia a divinidades, algo extraordinario en documentos del siglo XVIII. El macarthismo y lo que le rodeó no sólo se lleva por delante a buena parte de la intelectualidad norteamericana, sino también los valores fundacionales de la tierra de los grandes y los libres. El Ku Klux Klan comienza a expandirse de nuevo por todo el Sur. Thomas Jefferson, Thomas Paine o Ben Franklin se habrían horrorizado.

Frente a estos hechos, aparece una nueva generación: la generación beat. La generación beat y sus sucesores –la contracultura de los '60 y el movimiento hippie– constituyen un fenómeno muy plural, descentralizado y diverso cuyo único punto en común parece ser la oposición a este giro reaccionario en la sociedad y la política estadounidenses. Junto a la revolución sexual y los movimientos revolucionarios de índole política, muchos de ellos se interesan por formas alternativas de religiosidad, donde el esoterismo orientalista que llegó antes de la Segunda Guerra Mundial goza de especial éxito. Es a finales de los años '50 cuando vuelve a oírse hablar otra vez de la parapsicología norteamericana. Se producen reuniones, encuentros, conferencias. En 1957, J. B. Rhine puede fundar la Asociación Parapsicológica a partir de sus estudios en la Universidad de Duke. Todo el mundo empieza a interesarse de nuevo en esoterismos varios, incluyendo cosas como la telepatía, el viaje astral, las experiencias alteradas de conciencia y demás. El aspecto serio de la parapsicología hace que pronto pase de nuevo desde los bordes de la ciencia al corazón de la sociedad... y de las élites.

Por si fuera poco, en 1947 se produce el primer avistamiento OVNI de la ufología moderna, que acuñó el término platillo volante; seguido inmediatamente del incidente de Roswell. En poco tiempo, miles de personas aseguran haber sido testigos de visitas extraterrestres o sufrido abducciones alienígenas, lo que resulta amplificado por numerosos medios de comunicación, en lo que viene pareciéndose mucho a las oleadas de apariciones divinas del pasado. Este es un fenómeno eminentemente occidental, que no se reproduce a escala significativa en la URSS hasta muchos años después, pero que envuelve un nuevo misterio en una capa de respetabilidad científica; ahora, de tecnología aeroespacial. Y si bien la sociedad soviética ve pocos OVNIs, la enorme cantidad de información publicada al respecto cruza también el Telón de Acero y llega a las élites con acceso a la prensa occidental. Inevitablemente, algunos de ellos comienzan a creer. Y preguntar.

El incidente del USS Nautilus.

En este contexto, ocurre un suceso bastante curioso. La popular revista francesa de divulgación científica Science et Vie, en su número de febrero de 1960, publicó un artículo de portada donde se afirmaba que la Armada Estadounidense había logrado ponerse en contacto con un submarino atómico sumergido bajo el hielo polar –el USS Nautilus– por medios telepáticos. Al parecer, el joven periodista que lo firmaba fue engañado por un magufo habitual de origen ruso, fuertemente anticomunista y vinculado con labores de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Jacques Bergier (Yakov Bergier).

Resulta imposible saber a estas alturas si todo fue una invención de Bergier o alguien le sugirió la idea a su vez; el experimento, en todo caso, nunca existió. El caso es que Science et Vie era una de las revistas extranjeras más populares en... la Unión Soviética, sobre todo desde que Francia empezara a alejarse de la OTAN con Charles de Gaulle, en 1958.

El artículo de Science et Vie provocó una reacción instantánea en la URSS. Los Estados Unidos negaron que el experimento hubiera existido, lo que naturalmente no hizo otra cosa que exacerbar la histeria de los soviéticos. Y el caso es que era verdad, pero Science et Vie tenía –y tiene, merecidamente– mucho crédito y varios cuadros dirigentes de la potencia del este se tragaron el artículo entero. En Magonia resumen muy bien lo que sucedió a continuación.

Leonid Vasiliev, el J. B. Rhine soviético cuya historia contamos en el post anterior, emergió de debajo de las piedras estalinistas. Desde su Instituto Bekhterev de Leningrado, comenzó a decir a todo el que quisiera escucharle que la URSS debía  "abrir la mente" y ponerse las pilas en el campo de la parapsicología antes de que los guerreros psíquicos norteamericanos les derrotaran sin disparar un solo tiro. En este mismo año de 1960, el doctor Vasiliev se dirige a varios científicos soviéticos notables con las siguientes palabras:

"Desarrollamos investigaciones extensas y hasta hoy no publicadas durante el régimen de Stalin. Hoy, la Armada Estadounidense está probando la telepatía en sus submarinos atómicos. Los científicos soviéticos desarrollamos muchas pruebas muy importantes [en el Instituto Bekhterev] con gran éxito hace un cuarto de siglo. Es urgente que nos deshagamos de nuestros prejuicios. Debemos lanzarnos de nuevo a la exploración de este campo vital."

Dotados esotéricos y auras espirituales en la Unión Soviética.

El miedo y la paranoia de la Guerra Fría hizo el resto. La URSS de Khruschev, que acababa de poner en órbita el Sputnik, a Laika y se disponía a hacerlo con Gagarin, determinó que no podía quedarse atrás en guerra psíquica. El Instituto Bekhterev recibió de nuevo los fondos y recursos que Stalin les había retirado a finales de los años 30, y con él una montaña de centros de investigación por todo el inmenso país (sobre todo en Leningrado, Moscú, Kiev, Novosibirsk y Járkov). El número de investigadores y estudiosos se multiplicó. Las publicaciones populares de la superpotencia atea se llenaron de referencias a las fuerzas de la mente, el aura y las experiencias próximas a la muerte. Los ideólogos materialistas-dialécticos del Partido Comunista y los encargados de la represión religiosa en el KGB flipaban en colores ante esta avalancha paranormal. Al principio, sus protestas fueron desoídas: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los capitalistas en ningún campo o nos aniquilarán.

En 1961, la fotografía "del aura" Kirlian –por Semyon Kirlian, de Krasnodar, originada también en los años '30– comienza a aparecer en las revistas soviéticas sobre fotografía. En 1962, numerosas instituciones científicas de la URSS están trabajando también sobre este asunto de las auras. Otros se dedican al efecto de las ondas psi sobre plantas, animales y personas, a palo seco o amplificadas mediante medios electrónicos. Los doctores Nikolaiev y Kamensky desarrollan un presunto método para transmitir mensajes en código Morse por telepatía.

Inevitablemente, pronto surgió una generación de dotados: gente que parecía tener poderes psíquicos y que estos laboratorios e instituciones se rifaban. La más conocida fue Nina Kulagina, una ama de casa cuarentona, cuyas imágenes moviendo objetos telequinésicamente darían la vuelta al mundo en años posteriores. Pero también Rosa Kuleshova, una paciente mental de 22 años que supuestamente podía sentir cosas con los ojos tapados, como textos escritos, colores o huellas dactilares; esto se denominó visión paraóptica, y probablemente era un simple truco de prestidigitación. O Boris Ermolaev, que aparentemente levantaba cosas con las manos sin tocarlas (sin coñitas), al que luego se descubrió usando un hilito muy fino. Y por supuesto la histriónica maestra de escuela Alla Vinogradova y sus tubos móviles (mediante electricidad estática...). Daba igual. Al igual que le ocurriera a Rhine años antes, pese a descubrir varios de estos fraudes la investigación siguió adelante porque sin duda había un fondo de verdad. En 1963 se organizaba el primer congreso pan-soviético de parapsicología, al que fueron invitadas muchas personas extranjeras, incluyendo occidentales.

Sin embargo, allá por 1967 los detractores de la nueva arma comenzaron a recuperar el terreno perdido. Entre eso y lo de los OVNIs que iba llegando por la prensa occidental, el destacado piloto militar y dos veces Héroe coronel-general Pavel Kutakhov –que pronto se convertiría en el comandante de la Fuerza Aérea Soviética– se despachó a gusto varias veces sobre el tema con el lenguaje que cabe esperar en un veterano soldado ruso. La Academia de Ciencias de la URSS se negó persistentemente a aceptar como miembro a ninguno de estos investigadores, aunque algunos de ellos lograron acceder a academias regionales y de menor entidad. El muy leído diario ateo Ciencia y Religión cargó contra ellos número tras número. Pravda empezó a sacar artículos ridiculizando la parapsicología y la credulidad en general. Su argumento central resulta predecible y obvio: esto es un fiasco, esto es superstición religiosa, esto es un fraude de prestidigitadores, esto siempre parece que va a dar resultados y nunca los da, ¿dónde están las pruebas científicas que prometen? Mientras tanto, el nuevo director del KGB –un tal Yuri Andrópov–, observaba todo el asunto con ambigüedad y silencio.

Trampas en las trampas en las trampas, fintas en las fintas en las fintas...

En apariencia, lo que ocurrió fue que la parapsicología se convirtió efectivamente en un arma de la Guerra Fría... pero económica y disuasoria. En ambos bandos, hubo un sector creyente y un sector escéptico en posiciones de poder. El papel de los creyentes fue cándido y no tuvo mucha doblez. El de los escépticos, en cambio, fue bastante más retorcido; todo sea dicho en justicia. Pues los escépticos fumaban por las orejas de cabreo ante lo que consideraban una pérdida ridícula de tiempo y dinero; pero algunos de ellos, los más brillantes, se daban cuenta de que podían utilizarlo para fomentar la credulidad del otro bando e incitarles a invertir cada vez más tiempo y dinero en algo inútil, así como asustarlos haciéndoles pensar que ellos estaban más avanzados en "guerra psíquica". O algo parecido.

Sólo así tienen sentido algunas cosas. Uno puede imaginarse, por ejemplo, la cara de pasmo del jefe de Asuntos Religiosos del KGB cuando le comunicaran que la URSS –ni más ni menos que la URSS– iba a organizar a bombo y platillo la Primera Conferencia Mundial de Parapsicología (1968)... y que el director Andrópov no tenía nada que objetar.  Por supuesto, con la presencia de toda clase de médiums, gente con poderes, espiritistas a tutiplén, investigadores de lo paranormal y una montaña de invitados norteamericanos y del resto del mundo que se dedicaban a estudiar cosas como la vida después de la muerte, el destino del alma y sus interacciones con los vivos, las experiencias cercanas a la muerte, el aura, la reencarnación o las casas encantadas. Existía el precedente de 1963, pero no de este calibre ni con tanto alcance.

A ver si nos entendemos: aquello era la URSS, tovarich, ya sabes, donde los rojos ateos con cuernos y rabo y todo eso. El país en el que apenas quedaban mezquitas, sinagogas ni iglesias; no exactamente una eco-feria new age pastelosa con paz, amor, buen rollito y foto de tu aura a veinte euros. Y los muy jodíos montaron lo que probablemente fuera el congreso parapsicológico más chulo de la historia de Europa. Repartieron visados como si aquello fuera Cancún en vez de Moscú (sobre todo, a los estadounidenses). Permitieron la entrada de toda clase de cámaras y grabadoras; por si acaso alguien se perdía algo, allí estaba la televisión soviética para filmarlo también. Toleraron que todo el mundo hablara con todo el mundo de lo que le diese la gana. Hubo desde séances espiritistas con tablero ouija y todo (¿has visto alguna vez una condenada güija en cirílico?) hasta sesudas conferencias sobre psicotrónica y actividades para la infancia por cuenta de las muchachas del Komsomol. Durante unos días, la capital atea del mundo se convirtió en el escaparate global de toda clase de magufadas. Demonio, yo habría pagado buen dinero por estar entre los organizadores, porque se lo tuvieron que pasar pipa: conferencia mundial de parapsicología en la URSS, ¡yeah! Lo más parecido que se me ocurre es montar una asamblea antiglobalización en la Bolsa de Nueva York por iniciativa del Fondo Monetario Internacional.

De esta conferencia (y sus preparativos, en 1967, cuidadosamente filmados también por la TV soviética) son las míticas imágenes que dieron la vuelta al mundo y que en España Jiménez del Oso y RTVE nos metieron hasta en la sopa. Por ejemplo, este famoso video de la dotada Nina Kulagina:




Todo el mundo volvió a casa encantado de la hospitalidad soviética y maravillado de sus grandes avances en la nueva ciencia. Entonces, empezaron a ocurrir cosas en los Estados Unidos; algo muy parecido a una histeria, visto en perspectiva. Ya se puede imaginar la reacción: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los comunistas en ningún campo o nos aniquilarán.

Después de años languideciendo, de pronto aparecieron grandes cantidades de dinero para la investigación parapsicológica, cuya defensa salta de pronto desde los ambientes hippies y contraculturales a la élite científica y política. En 1969, la prestigiosa Asociación Americana para el Avance de la Ciencia –la sociedad científica más grande del mundo, editora de la revista peer-review Science– aceptaba en su seno a la Asociación Parapsicológica fundada por J. B. Rhine bajo la dirección de la conocida antropóloga Margaret Mead. En 1970 se fundaba en California la Academia de Parapsicología y Medicina. En 1971, el astronauta Edgar D. Mitchell realizaba experimentos telepáticos –supuestamente a título particular, con sus "amigos en la Tierra"– desde la nave lunar Apolo 14; tras regresar, creó el Instituto de Ciencias Noéticas (1973). En 1972, un documento ultrasecreto de la DIA –ahora desclasificado– advierte que la URSS se encuentra años por delante en toda clase de técnicas psíquicas que se extienden desde el control del comportamiento y la psicofarmacología hasta toda clase de magufadas:

Hay informes de que los soviéticos están entrenando a sus cosmonautas en telepatía como respaldo a sus sistemas de comunicaciones electrónicas. Se sabe que uno de estos sistemas incluye códigos telepáticos [...]

Los resultados de los experimentos del Apolo 14 están bien documentados con todo detalle y han sido publicados en el Journal of Parapsychology. La newsletter de la Universidad de California proporciona más documentación sobre los experimentos de Mitchell.

Hay numerosos informes sobre las aplicaciones soviéticas de la clarividencia, el hipnotismo, la radiestesia, etc. En el caso de los zahoríes, esto no resulta sorprendente, pues nuestras fuerzas han usado la radiestesia en Vietnam para localizar túneles y zulos del enemigo. Con respecto al control mental y el condicionamiento cerebral, un informe reciente señala que la Unión Soviética ha hecho grandes progresos en condicionamiento y entrenamiento emocional. Se enseña a los soldados a ajustar su tono emocional en situaciones de tensión y batalla. Se instruye a los astronautas para distorsionar el tiempo y aliviar el aburrimiento en el espacio exterior. [...]

Es significativo debido la energía y recursos destinados a estos trabajos en la Unión Soviética y también por sus implicaciones militares [...] Los aspectos más siniestros de la investigación paranormal parecen estar surgiendo en la Unión Soviética. ¿Por qué, si no, los investigadores soviéticos estarían haciendo declaraciones del tipo 'decidle a América que el potencial psíquico del hombre debe usarse para el bien'?"


Pronto surgieron más informes confidenciales que extendían este peligro a Checoslovaquia y Bulgaria. El Instituto de Investigaciones de Stanford, estrechamente vinculado a la agencia militar de proyectos avanzados DARPA, comenzó a invertir millones de dólares de la CIA y la DIA en estudiar la llamada visión remota (clarividencia, vamos) bajo la dirección de los físicos Harold E. Putoff y Russell Targ. En 1975 se funda también la Asociación Internacional de Investigaciones Kirlian. La psicóloga Thelma Moss hizo lo propio desde el recién fundado Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), realizando varios viajes a la URSS para mantenerse al día.

Es precisamente en torno estas fechas cuando los soviéticos parecen comenzar a hartarse del tema. Van retirando su financiación a todo el asunto y, aunque permiten que algunos de sus investigadores sigan adelante, les van cortando las alas. Incluso llegan a producirse algunas detenciones de los demasiado entusiastas en 1975; no les pasó gran cosa, pero desde luego desanimó mucho a los demás. Lo que podría leerse en clave de "ya vale con la broma". O no. O todo lo contrario. El caso es que a partir de entonces la parapsicología soviética empieza a languidecer. Desde 1978 sus publicaciones desaparecen casi por completo y va disolviéndose lentamente hasta la actualidad, reducida a un pequeño círculo de entusiastas y cierto interés popular.

Pero los Estados Unidos se han tragado el asunto entero y siguen adelante con gran ímpetu. En 1979 se crea el Laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de la Universidad de Princeton. Mientras tanto, bajo el más absoluto secreto, el Gobierno de los Estados Unidos ha fundado un programa de investigación de millones de dólares y más de una década de duración: el Proyecto Stargate. Ya, sí, suena a coña, pero es absolutamente real. ¿Su propósito? Estudiar las posibilidades militares de la telepatía, la clarividencia, la radiestesia y otras magufadas al uso. Como lo lees.

El proyecto Stargate.

No se sabe cuándo comenzó con exactitud, probablemente porque fueron varios programas paralelos, spin-offs progresivos de los estudios parapsicológicos del Instituto de Investigaciones de Stanford y otros de los lugares indicados. Lo financió la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) y el Mando de Inteligencia y Seguridad del Ejército de los Estados Unidos (INSCOM), con al menos veinte millones de dólares de la época y probablemente bastante más a la luz de su extensión y alcance. Fue fomentado y dirigido al principio por el mayor-general Albert N. Stubblebine, un oficial de inteligencia peculiar que sería el responsable de rediseñar la infraestructura de espionaje del INSCOM entre 1981 y 1984; este mayor-general Stubblebine es más conocido por obligar a sus oficiales a aprender a doblar cucharas a lo Uri Geller, y recientemente por apoyar algunas de las conspiranoias sobre el 11-S.

El proyecto Stargate se extendió entre mediados de los '70 y 1995; varios de sus documentos han sido desclasificados con posterioridad, y por eso conocemos su existencia. Es todo muy rollo Expediente-X. El proyecto tuvo al menos seis fases diferenciadas, a saber:
  • SCANATE, el original, por cuenta de la CIA en el Instituto de Investigaciones de Stanford. Probablemente iniciado en torno a 1972. SCANATE es un acrónimo de scan by coordinate:  esto es, a ver si algunos dotados eran capaces de localizar mentalmente objetos en coordenadas precisas. Uno de estos dotados fue Ingo Swann, de la secta de la cienciología, que luego tendría gran influencia sobre el proyecto. Muchos de los presuntos dotados del programa resultaron ser cienciólogos.
  • Gondola Wish, una derivación militar del anterior para estimar las probabilidades de que el enemigo (la URSS, vaya) estuviera localizando blancos en los Estados Unidos a través de la clarividencia.
  • Grill Flame, una formalización y extensión de Gondola Wish a mediados de 1978. Este fue el programa militar principal. De aquí salió la generación norteamericana de dotados, encabezada por el tal Ingo Swann; muchos se dedican hoy en día a sacar los cuartos a los crédulos con toda clase de actividades.
  • Center Lane, que fue Grill Flame bajo un nuevo nombre, desde 1983. Supuestamente habían desarrollado una metodología capaz de localizar con precisión blancos enemigos mediante telepatía o clarividencia, y la experimentaron en esta fase. Center Lane fue destapado por el legendario periodista de investigación y premio Pulitzer Jack Anderson en 1984. En 1985, una evaluación de Stargate realizada por la Academia Nacional de Ciencias resultó devastadora para el proyecto, sacando a la luz toda clase de sesgos sistémicos, errores metodológicos y simples fraudes. Este informe hizo que el Ejército sustituyera a Stubblebine por el teniente-general Harry E. Soyster. Soyster no ve claro el asunto y le retira la financiación.
  • Sun Streak, desde 1985. Cuando el Ejército retira la financiación, el proyecto pasa con este nombre a la Agencia de Inteligencia para la Defensa (código DT-S). En 1988 Soyster se convierte también en director de la DIA y está a punto de cancelarlo completamente, pero la CIA insiste en conservarlo aún un poco más.
  • Star Gate, que le da su nombre genérico y fue adoptado en 1991. En este momento pasa de secreto a sólo discreto, y es privatizado al contratista SAIC (sí, los mismos que andan metidos en los mejunjes de guerra biológica).
Finalmente, en 1995 –ya acabada la Guerra Fría– un informe de los Institutos Americanos de Investigación le da la puntilla final. En él se viene a decir de un modo edulcorado que, evaluados los resultados de todos esos años de investigación, todo el asunto no sirve para nada.

Al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando en direcciones nuevas y diferentes. Ya en los años '80, la parapsicología había ido perdiendo el favor del público a ambos lados del Telón de Acero, convirtiéndose en un asunto marginal. Y no digamos entre científicos. Sus pretensiones históricas de ser una ciencia pata negra ya no pudieron sostenerse por más tiempo, y colapsó; no se puede sostener una ciencia que no da ni un solo resultado verificable independientemente en más de un siglo de investigaciones. Eso, de hecho, es una característica central de las pseudociencias.

Simultáneamente, perdió su interés como arma de engaño económico y disuasorio (¿lo fue?). Por fin, todos esos institutos de investigación tan chulos fueron perdiendo sus presupuestos y cerrando poco a poco durante los siguientes años. El último en hacerlo fue el PEAR de Princeton, en 2007. Todo lo que quedan son asociaciones particulares y grupos universitarios de financiación privada, sobre todo en el Reino Unido (y un par en Estados Unidos). En la Rusia actual, hay algunos investigadores particulares de poca entidad.

Esta fue la guerra secreta de los magufos; una historia extraña de la Guerra Fría y la ocasión en que las pseudociencias se estudiaron durante décadas con grandes recursos y profundidad; telepatía, telequinesis, auras, psicotrónica, videncia. Y, a pesar de constantes declaraciones triunfalistas y grandilocuentes, los resultados fueron nulos. Como todas las pseudociencias, debido a sus sesgos metodológicos siempre parecen estar a punto de dar resultados, pero jamás los dan. Hoy por hoy, aunque mucha gente sigue creyendo en esas cosas, la ciencia las ha descartado por completo y prosigue su camino hacia el futuro sin ellas. Para bien.

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jueves, 10 de junio de 2010

'Ántrax'

Y el misterio sin resolver de los ataques biológicos de 2001 en los Estados Unidos.

En castellano, el ántrax es una infección cutánea de poca gravedad causada por un estafilococo y se suele curar con higiene, compresas calientes y algún antibiótico. Cuando hablan por ahí de anthrax no se refieren a estas molestias menores, claro, sino a algo muchísimo peor: lo que en nuestro idioma se ha llamado siempre carbunco. El carbunco está provocado por una bacteria totalmente distinta, el bacillus anthracis, y su fama temible se debe a razones sencillas: es muy infeccioso, es muy letal y constituye una excelente arma biológica.

Bacillus anthracis.

El carbunco (o ántrax maligno) es un viejo conocido de la humanidad. Se trata, fundamentalmente, de una enfermedad del ganado y otros mamíferos y aves, incluyendo a los seres humanos. Anthrax significa carbón, en griego (ανθραξ, y de ahí viene también la palabra antracita). Carbunco, que en castellano antiguo era carbunclo o carbúnculo (y en catalán, por ejemplo, carboncle) se deriva del latín carbunculus, que significa asímismo carboncillo. En francés se dice directamente charbon; o sea, carbón. Y en ruso karbunkyl o úlcera siberiana, por ser allí muy común ya mucho antes de que nos pusiéramos a hacer perrerías con él.

El motivo de estos nombres tan carboníferos –ya mencionados así en la Ilíada de Homero, las Geórgicas de Virgilio y en los textos del protomédico Hipócrates– no es otro que su síntoma más característico en su variante cutánea: unas úlceras o pústulas negruzcas en la piel. Sin embargo, no siempre aparecen, pues dependiendo de la vía de infección el carbunco se presenta en tres variedades (o una combinación de las tres): respiratorio, gastrointestinal y cutáneo. Históricamente, la variante cutánea mataba al 20% de los enfermos, la gastrointestinal al 60% y la respiratoria al 95%. Con los tratamientos propios del siglo XXI y diagnosticándolo en fase temprana, estas cifras han caído a prácticamente el 0% (cutánea), el 25% (gastrointestinal) y el 45% (respiratoria). Tales datos convierten al carbunco pulmonar en una de las enfermedades más mortíferas que existen.

El motivo de tanta mortalidad es que el microorganismo que lo provoca, el bacillus anthracis, está envuelto en una cápsula capaz de inhibir la acción de los fagocitos mientras produce una compleja toxina compuesta por tres elementos diferentes. Estos elementos actúan sinérgicamente de varias maneras distintas para producir edemas o la destrucción celular. En el caso respiratorio no sólo es que los pulmones van resultando rápidamente destruidos con edema torácico masivo, sino que además el bacilo y su toxina se esparcen por todo el cuerpo de manera muy virulenta a través de los alveolos y el torrente sanguíneo, aniquilando los tejidos por donde pasa. El carbunco pulmonar tiene un periodo de incubación entre uno y seis días, pero tan pronto como se declara, rara vez tarda más de 72 horas en matar al paciente y normalmente menos de 48.

El bacillus anthracis es una bacteria gram-positiva con forma de palo o rectángulo alargado que suele tener de tres a seis milésimas de milímetro a lo largo y entre una y 1,2 a lo ancho. Es la única bacteria conocida que puede generar esa cápsula o cubierta proteínica que la protege de los fagocitos, y también la única causante de enfermedades capaz de transportar su propio factor de virulencia EF que provoca el edema característico. Se desarrolla tanto en condiciones aeróbicas como anaeróbicas y carece de movilidad propia. El carbunco es un patógeno sometido al nivel de bioseguridad 3 (excepto las muestras diagnósticas y el instrumental clínico, para los que resulta suficiente el 2). La variante pulmonar cursa con fiebre, cansancio y síntomas parecidos a los del resfriado común o la gripe. Tras una breve mejoría, aparecen abruptamente problemas respiratorios severos, neumonía, shock y complicaciones multiorgánicas generalizadas que conducen a la muerte con rapidez.

Este bacillus anthracis tiene otra propiedad: es capaz de formar unas esporas ovaladas que duran largo tiempo fijadas al suelo y la vegetación (incluyendo los pastos). Cuando está protegido por esta espora, el bacilo resulta extremadamente resistente al calor, al frío, a la falta de agua, a la luz ultravioleta, a la radiación gamma y a la mayor parte de los desinfectantes y otros tratamientos químicos, lo que le permite sobrevivir largo tiempo al aire libre. Estas esporas se desarrollan en cuanto la bacteria detecta que el ambiente le es hostil –por ejemplo, a partir de la muerte del huésped o cuando abandona su cuerpo por cualquier otra razón– y resultan muy difíciles de erradicar: pueden perdurar décadas e incluso siglos. Así, el territorio entero –y no sólo los seres vivos– se transforma en un reservorio del bacilo. Debido a esta característica, el carbunco ha sido endémico a lo largo de la historia en diversas regiones como África Occidental, el Caribe, el Oriente Próximo, el Territorio Noroeste de Canadá, el Sur de Siberia, Texas Occidental, partes de Europa Central, Grecia, Turquía, la ex-Yugoslavia y... España. Sí, España: a nuestros tatarabuelos, el carbunco se los comía con patatas. Está especialmente presente en la Meseta Central y actualmente se dan unos cincuenta casos al año (hace veinte años eran cien aproximadamente).

El carbunco pasa a los humanos sobre todo mediante la interacción con el ganado; más raramente, mediante la interacción con otros mamíferos como los perros. En general, la inmensa mayoría de casos de carbunco humano están relacionados con la ganadería y los productos ganaderos; en España, ovejas y cabras fundamentalmente. El mortífero carbunco pulmonar ha sido históricamente una enfermedad profesional de las personas que trabajan con pieles y pelos animales (como el cuero y la lana). Eso que queda tan guay de beber leche directamente de la ubre en plan Heidi es la manera más natural de contraer un estupendo carbunco cutáneo o gastrointestinal; y así caían los niños como chinches antes de que llegara la pasteurización (por Louis Pasteur, claro). Los veterinarios, ganaderos y sus familias han sido siempre la población de mayor riesgo.

El tratamiento contra el carbunco está basado en antibióticos capaces de matar al bacillus anthracis. Entre tales antibióticos se encuentra la doxicilina y otras tetraciclinas, la penicilina, la ciprofloxacina y la levofloxacina (en niños). Los pacientes graves, además, pueden recibir corticosteroides por vía intravenosa. La eficacia del tratamiento es significativamente mayor cuanto más pronto se detecta la enfermedad. Usando estos tratamientos, la medicina moderna es capaz de salvar a más de la mitad de las personas infectadas. No obstante, su letalidad sigue siendo pavorosamente alta y –al igual que ocurre con todos los microorganismos– el bacillus anthracis va evolucionando constantemente y aumentando su resistencia a los antibióticos.

Existen vacunas contra el carbunco desde los tiempos de Pasteur, pero su uso en humanos presenta relevantes efectos secundarios y su administración es compleja y no exenta de riesgos. En Estados Unidos, el programa de inmunización militar con Biothrax AVA ha causado graves controversias, y en Israel también. Ningún servicio sanitario del mundo las considera todavía aptas para su uso generalista entre la población civil, y como consecuencia no se vende al público. Notoriamente, el Ejército Ruso restringe el uso de sus múltiples vacunas contra el carbunco a "adultos sanos" en grave riesgo de quedar expuestos a cepas virulentas del bacilo. Es decir: soldados en un entorno de guerra biológica.

Arma biológica.

Pues, en todos estos casos, estamos hablando del carbunco natural. Pero resulta que todas estas propiedades tan curiosas del bacillus anthracis y muy particularmente del carbunco pulmonar –elevada tasa de mortalidad, acción relativamente rápida, grandes posibilidades de supervivencia y persistencia del bacilo fuera de un huésped, tendencia a permanecer en el mismo lugar sin extenderse incontroladamente, daño simultáneo a seres humanos y a la cabaña ganadera, resistencia térmica, hídrica y a desinfectantes y radiaciones, difícil vacunación– han hecho que se transformara en un candidato idóneo a arma biológica. Su flexibilidad y adaptabilidad a técnicas de selección evolutiva inducidas artificialmente y de ingeniería genética terminaron de convertirlo en el chico más popular del curso de medicina oscura durante muchísimos años.

Esta especie nuestra ha usado armas biológicas desde muy antiguo. Ya algunos textos hititas datados milenio y medio antes de nuestra era hablan de enviar enfermos de peste a territorio enemigo como estrategia militar. El uso de agentes infecciosos en puntas de flechas y lanzas –heces, sangre humana, venenos– era una práctica generalizada, así como la contaminación de las fuentes de agua del enemigo mediante técnicas que se encuentran a caballo entre la guerra química y la guerra biológica. Arrojarles animales venenosos vivos como serpientes o escorpiones, o cadáveres en descomposición, parece haber sido bastante común también. Durante la Edad Media, se usaron catapultas frecuentemente para arrojar los cuerpos de víctimas de la peste negra y otras fuentes infecciosas al interior de las ciudades sitiadas. Durante la colonización de Norteamérica, existen numerosos indicios que apuntan al contagio deliberado de la viruela contra las poblaciones indias nativas –más allá de la propia difusión natural de la enfermedad– y es posible que también se utilizara el sarampión contra los aborígenes polinésicos.

El primer uso del carbunco como arma biológica se produjo en 1916, durante un episodio muy poco conocido de la Primera Guerra Mundial. Desde 1809, el Gran Ducado de Finlandia había formado parte del Imperio Ruso de los zares. La Alemania del Segundo Reich, tratando de debilitar al enemigo ruso por todos los medios, suministró a los independentistas finlandeses ampollas de bacillus anthracis para usarlas contra los establos de la caballería zarista. Al parecer Alemania usó armas biológicas en más ocasiones durante la Primera Guerra Mundial –una guerra conocida por el uso extensivo de armas químicas–. El resultado fue inconcluyente.

La primera investigación seria sobre el uso del carbunco como arma biológica fue obra del famoso e infame Escuadrón 731 del Ejército Japonés, en Manchuria. En su singular afán por acumular tantos crímenes de guerra y contra la humanidad como fuera posible, estos japoneses infectaron con diversas enfermedades a cientos de miles de civiles chinos, muchos de los cuales perecieron. Entre tales enfermedades se encontraban varias versiones del carbunco. Los dirigentes del Escuadrón 731 y sus organizaciones paralelas que cayeron en manos soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial fueron juzgados y condenados; pero las condenas fueron relativamente suaves, se dice que a cambio de los resultados de estos experimentos. Los que cayeron en manos norteamericanas pactaron directamente su libertad a cambio de estos mismos resultados y ni siquiera llegaron a pisar un tribunal (de manera notoria, el Dr. Shiro Ishii, máximo responsable de semejantes atrocidades).

La cepa Vollum-14578 y Gruinard Island, Escocia, 1942.

Y es que la investigación sobre armas biológicas modernas ya llevaba su recorrido tanto en Occidente como en la URSS; por supuesto, siempre bajo la excusa formal de la investigación defensiva. Al parecer, los británicos fueron los primeros en obtener una cepa especialmente virulenta y proclive a ser usada como arma biológica de manera específica: la llamada cepa Vollum-14578, por el bacteriólogo Roy Lars Vollum de la Universidad de Oxford, quien la aisló en 1935 a partir de una vaca de Oxfordshire. Tras su victoria en la Batalla de Inglaterra, el Reino Unido comenzaba a intensificar su campaña de bombardeos estratégicos contra la Alemania Nazi y consideraron la posibilidad de incorporar a la misma el uso de armas biológicas. Bajo órdenes de Churchill –un gran aficionado al uso de gas venenoso y otras armas de destrucción masiva–, los científicos de Porton Down dirigidos por Sir Paul Fildes comenzaron a estudiar en profundidad la forma de contaminar Alemania con algún patógeno capaz de matar a grandes cantidades de población o al menos ganado, para rendirlos por hambre. Naturalmente, la cepa Vollum-14578 ocupó de inmediato el primer puesto de la lista.

El equipo de Sir Paul Fildes desarrolló dos programas paralelos. El primero fue la Operación Vegetarian, así, con coñita, que consistió en preparar cinco millones de pasteles de lino –por lo visto, le gusta mucho a las vacas– contaminados con carbunco para lanzarlos sobre las regiones ganaderas de Alemania; como indica el nombre, la idea era matar masivamente al ganado para dejar a los alemanes sin carne (o, complementariamente, que la enfermedad pasara a la población rural causando gran mortandad y forzando la evacuación de las zonas ganaderas). El segundo consistió en el desarrollo de una llamada "bomba N" (término que mucho después se reutilizaría para la bomba de neutrones, pero no tiene nada que ver). Esta bomba N era un concepto más sofisticado sobre la misma idea: una especie de bomba de racimo con submuniciones de carbunco, para su uso tanto en las regiones rurales como alrededor de las ciudades, de donde procedía buena parte de los suministros alimentarios consumidos por la población urbana.

Los cinco millones de pasteles de lino eran fáciles de preparar y se almacenaron en el propio Porton Down listos para su uso. Estas bombas-N, en cambio, necesitaban algunas pruebas para comprobar su funcionamiento y efectividad. Y se eligió la Isla de Gruinard, un islote deshabitado a apenas 1.100 metros de la costa escocesa que expropiaron a sus dueños. El equipo de investigadores de Porton Down dirigido por Fildes se estableció allí en 1942 para hacer numerosas pruebas de dispersión de esporas de carbunco contra el ganado (ovejas y vacas) y se sugiere que también contra típicas mascotas tanto rurales como urbanas (perros y gatos). Al parecer, el resultado de los estudios fue espectacular y Sir Paul Fildes y su equipo concluyeron que el carbunco no sólo podía usarse para destruir la ganadería enemiga, sino que era capaz de dejar inhabitables sus ciudades "durante décadas".



El equipo de guerra biológica de Porton Down grabó filmó sus actividades en la Isla de Gruinard. Este video, secreto hasta 1997, muestra algunas de las mismas.

En noviembre de 1942, Fildes y un colega viajaron a Washington D.C. para solicitar a los Estados Unidos que iniciaran la fabricación de grandes cantidades de esporas de carbunco ("agente N") y también toxina botulínica ("agente X"). Los norteamericanos accedieron y en 1943 se fundaba el Laboratorio de Guerra Biológica del Ejército de los Estados Unidos en un aeródromo militar decomisionado que pasó a llamarse Camp Detrick y luego Fort Detrick. Su director científico fue el bacteriólogo Ira L. Baldwin y el investigador jefe, George W. Merck, presidente de la multinacional farmacéutica Merck. Que, curiosamente, era en su origen una empresa alemana.

Sin embargo, el Presidente Franklin D. Roosevelt no estaba tan dispuesto como Churchill (y algunos de sus propios generales, como Marshall) a iniciar una guerra biológica contra Alemania. Roosevelt insistía en que los aliados debían respetar el Protocolo de Ginebra de 1925. Por otra parte, durante 1943 quedó demostrado que la combinación de grandes cantidades de bombas explosivas e incendiarias sobre las ciudades e industrias alemanas resultaba suficientemente devastador, por lo que estas "bombas N" no serían necesarias. Los constantes bombardeos sobre Colonia, la destrucción de Hamburgo en el verano de 1943 y los grandes avances soviéticos a partir de agosto de este mismo mismo año convencieron a muchos de que el recurso a esas armas inciertas y temibles no estaba justificado. Además, el Proyecto Manhattan para la construcción de la bomba atómica iba a buen ritmo y al mismo tiempo se temía que Alemania respondiera con la misma moneda al Reino Unido si se veía atacada con armamento biológico.

Debido todos estos motivos, la Operación Vegetarian fue quedando relegada. Churchill aún quiso reactivarla en marzo de 1944, y pidió a los Estados Unidos que fabricaran 500.000 bombas de carbunco; éstas empezaron a construirse en Canadá. El éxito del desembarco de Normandía y la evidencia de que pronto serían los aliados quienes estarían administrando una Alemania derrotada terminó de desactivar el proyecto.

Los cinco millones de pasteles de pasto infectado con carbunco fueron incinerados en Porton Down a finales de 1945. Sin embargo, todos los intentos de descontaminar la isla de Gruinard, donde el carbunco se había dispersado efectivamente, resultaron inútiles debido a la durabilidad de las esporas y su resistencia a la mayor parte de desinfectantes químicos. No quedó otro remedio que ponerla en cuarentena durante los siguientes 48 años.

A partir de 1981, diversas iniciativas ciudadanas –vinculadas sobre todo al ecopacifismo y al nacionalismo escocés– comenzaron a presionar con fuerza al gobierno británico para que limpiaran Gruinard. Esta limpieza se produjo finalmente en 1986, retirando el suelo más contaminado y cubriendo el resto con formaldehído disuelto en agua de mar. Dejaron un rebaño de prueba, que en 1990 seguía gozando de buena salud, con lo que la isla fue declarada segura por fin. En la actualidad sigue deshabitada excepto por el rebaño en cuestión.

Vista actual de la isla de Gruinard desde la costa con Google Street View.

La cepa 836 y Sverdlovsk, 1979.

Esta no es la clase de carrera en la que la URSS estuviera dispuesta a quedarse atrás. El lysenkoísmo hizo un daño inmenso a la biología soviética (y a su producción agrícola), pero en el mismo año en que murió Stalin (1953), el Ejército Rojo recuperó el control de todas las investigaciones biológicas militares. Y lo mantuvo durante los siguientes veinte años, hasta que toda traza de lysenkoísmo hubo desaparecido de la URSS y el programa era ya tan monumental y llegaba a tantos ámbitos a la vez que se justificaba la creación de un inmenso conglomerado mixto civil-militar bajo el nombre –más o menos confidencial– de Biopreparat.

Biopreparat siguió al pie de la letra el argumento universal de que las investigaciones en guerra biológica son estrictamente defensivas. Sin embargo, el número, tamaño y tecnología de sus instalaciones conocidas durante unas inspecciones internacionales realizadas en los años '90 cuentan más bien una historia de producción industrial masiva de algo. O algos.

Entre estas instalaciones se contaron como mínimo el Instituto VECTOR de Virología y Biotecnología (Novosibirsk, con instalaciones de nivel de seguridad 4, uno de los dos repositorios legales de viruela que quedan en el mundo y más o menos equivalente al Centro de Control de Enfermedades y el Mando de Defensa Química y Biológica del Ejército de los Estados Unidos a la vez); el Instituto de Preparados Bioquímicos Ultrapuros de San Petersburgo; el Instituto de Bioquímica Aplicada de Kirov; el antiguo Instituto Científico-Técnico de Microbiología de Stepnagorsk (ahora en Kazajstán y desactivado como el campo de pruebas de la isla Vozrozhdeniye, la Gruinard soviética); y al menos cuatro grandes fábricas por todo el país. Más la instalación original: el Complejo 19 de Sverdlovsk (actualmente Ekaterinburgo). Fue en Sverdlovsk donde ocurrió algo muy malo durante la primavera de 1979.

La verdad es que aún no se sabe lo que pasó. Las autoridades entonces soviéticas y ahora rusas siguen diciendo que tuvo su origen en una partida de carne incontrolada sanitariamente, procedente de granjas próximas y vendida al público en el mercado negro. Las agencias de espionaje y numerosos especialistas occidentales insisten una y otra vez en que se trató de una fuga de material militar del Complejo 19. A partir del día 2 de abril de 1979, y en un breve periodo de tiempo, hasta 68 personas murieron de carbunco en esta entonces ciudad cerrada situada 1.450 km al este de Moscú (sigue habiendo al menos dos localidades cerradas en las proximidades: Lesnoy y Novouralsk; pero parece que ambas están relacionadas con el armamento nuclear). Otras fuentes elevan la cifra a 105, aunque esto es bastante dudoso; la versión original, por su parte, hablaba de 13 o 17. La mayor parte de los muertos estaban relacionados con una fábrica de cerámica cercana; aparentemente, no hubo víctimas en el propio complejo. El diagnóstico más común fue "neumonía infecciosa". El KGB y la policía local anduvieron tiroteando perros y otros mamíferos vagabundos durante varias semanas para incinerar sus cadáveres a continuación.

Y esto es todo lo que se puede decir honestamente sobre los sucesos de abril de 1979. En todo caso, si fue un escape de carbunco del Complejo 19, tuvo que producirse en una cantidad francamente baja (en principio compatible con una verdadera investigación defensiva para la producción de vacunas o para el estudio de la dispersión en caso de ataque biológico enemigo). La fuente más fiable (Meselson) afirma que fue una fuga en estas cantidades reducidas, ocasionada por un error humano al retirar un filtro exterior obstruido sin notificarlo apropiadamente al turno siguiente. Ken Alibek opina que este carbunco pertenecía a su cepa 836, pero las declaraciones de Ken Alibek se han demostrado cada vez más dudosas con el paso de los años (y cada vez más relacionadas con sus intereses en la industria farmacéutica militar). Aparentemente la cepa 836 existe o existió: se han encontrado rastros de la misma en la instalación abandonada de Stepnogorsk y en la isla Vozrozhdeniye; pero resulta imposible determinar si este fue el origen de la infección en Sverdlovsk-19.

Tampoco se sabe si Biopreparat sigue existiendo en la actualidad, o no, o todo lo contrario. Tanto el Instituto VECTOR de Novosibirsk como el Complejo 19 de Ekaterinburgo han sido recientemente ampliados y mejorados, al menos en lo que se puede ver desde el exterior (nuevas instalaciones, medidas de seguridad perimetral avanzadas, etc.). Algunas fuentes hablan de la existencia de una cepa de carbunco mucho más avanzada, modificada mediante técnicas de ingeniería genética, que llevaría el nombre de H-4. Al igual que ocurriera en tiempos soviéticos, el programa ruso de defensa biológica continúa en la más completa oscuridad. Y, por supuesto, es investigación estrictamente defensiva. Faltaría más.

Complejo 19-34, Ekaterinburgo (antes Sverdlovsk-19).

La Guerra del Matorral.

En este mismo año de 1979, el penúltimo gobierno blanco del África Subsahariana se tambaleaba agónicamente ante los mismos ojos de la Sudáfrica del apartheid. Rodesia, una antigua posesión británica que había declarado unilateralmente su independecia en 1965 ante la negativa de Londres de descolonizar territorios africanos donde no hubiese un gobierno de la mayoría, combatía contra al menos tres guerrillas negras diferentes: la Guerra del Matorral. Y los blancos iban perdiendo.

Fue en este contexto donde se produjo el mayor brote de carbunco de la historia contemporánea. El carbunco no es endémico en África meridional, y durante el periodo 1950-1978 sólo hubo 334 casos humanos al sur de Rodesia (lo que ahora se llama Zimbabwe). Sin embargo, a finales de 1978 las cifras comenzaron a multiplicarse; pero, curiosamente, sólo lo hicieron en los territorios concedidos a los agricultores y ganaderos negros –las Tribal Trust Lands–, mientras que las tierras en posesión de colonos blancos no resultaban alcanzadas por el bacilo.

Durante 1979 este brote se convirtió en el principal problema sanitario del país, y para finales de año un tercio de las tierras tribales (el 17% del territorio nacional) estaba plagado de carbunco. Hasta mediados de 1980 se registraron 10.738 casos en humanos (treinta y dos veces más que en los 28 años anteriores, sumados). Estas infecciones eran fundamentalmente de tipo cutáneo; 182 personas perecieron y centenares más quedaron con graves secuelas. Centenares de miles de cabezas de ganado resultaron afectadas.

Finalmente el acuerdo de Lancaster House terminó con la guerra y con el dominio blanco de Rodesia, mediante unas elecciones generales un poco raritas que ganó el actual presidente Mugabe. Y, aparentemente, también acabó con el brote. Para finales de 1980, los casos de carbunco comenzaban a volver a sus cifras históricas. Al parecer, la cepa causante del brote era de origen local. La cuestión es que estas cepas locales nunca habían causado problemas y no han vuelto a hacerlo desde entonces.

Inevitablemente, pronto surgieron acusaciones de que las fuerzas armadas blancas –y muy específicamente los escuadrones de la muerte llamados Selous Scouts– habían utilizado carbunco como arma de guerra biológica contra las comunidades negras, a la desesperada, antes de ser derrotados. El origen de este carbunco no sería otro que el programa sudafricano de armas de destrucción masiva, cuyo ámbito químico y biológico estaba dirigido por el cardiólogo Wouter Basson –médico personal del Primer Ministro Botha– bajo el nombre en clave Proyecto Costa (publicación de UNIDIR al respecto). Otro personaje que rondaba por allí en aquellos tiempos era el virólogo Steven J. Hatfill, a quien nos vamos a encontrar de nuevo un poquito más adelante. Casualidades de la vida, y eso.

Nunca se pudo establecer si el brote de Zimbabwe se trató de un ataque biológico, y en su caso si el carbunco procedía de la Sudáfrica del apartheid. En sus declaraciones ante la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, el profesor Basson no aportó ninguna información clara (informes del juicio). La posición del actual gobierno sudafricano –pese al cambio de régimen– es muy similar a la del ruso, también a pesar de sus propias transformaciones políticas: aquí nunca hubo un programa de guerra biológica, y si alguna vez lo hubo, fue estrictamente defensivo. Hoy por hoy, todo el asunto permanece en la oscuridad.

La cepa Vollum-1B y Saddam Hussein.

Otro país conocido por sus relaciones con el carbunco fue, claro, el Iraq de Saddam Hussein (antes de 1991). En los tiempos en que el dictador iraquí era uno de our bastards, Occidente le suministró extensivamente tecnologías para desarrollar armas de destrucción masiva, y las armas biológicas no constituyeron una excepción.



Donald Rumsfeld, entonces enviado especial del Presidente Ronald Reagan, se entrevista con Saddam Hussein y su viceprimer ministro Tariq Aziz en 1983.Según las detalladas notas existentes sobre el encuentro, el tirano iraquí se mostró muy complacido con la visita del estadounidense, durante la que trataron sobre cuestiones regionales de interés mutuo, compartieron la enemistad hacia Irán y Siria y conversaron sobre los esfuerzos de Estados Unidos para encontrar rutas alternativas para transportar el petróleo de Iraq interrumpido por estos dos países.

Todas las cepas biológicas militares del Iraq de Saddam procedían de American Type Culture Collection (ATCC), una entidad privada norteamericana estrechamente vinculada al Gobierno de los Estados Unidos. Específicamente, la cepa de carbunco militar era un subtipo más virulenta de la Vollum-14578 usado durante la Segunda Guerra Mundial para la Operación Vegetarian que vimos más arriba. Se la conoce generalmente como Vollum-1B.

Se dice que esta cepa Vollum-1B fue aislada en uno de varios accidentes biológicos ocurridos en los Estados Unidos. Al parecer, en 1951 un microbiólogo llamado William A. Boyles inhaló Vollum-14578 mientras trabajaba en Fort Detrick y murió poco después víctima de una forma muy agresiva de carbunco pulmonar. Esta variante demostradamente letal –puede que mutada dentro de su organismo– pasó a ser la niña bonita del programa norteamericano y británico durante los años '60 y fue también la suministrada a Iraq por ATCC en 1986, junto a otras de menor virulencia para el desarrollo de vacunas. Con esta cepa Iraq produjo unos 8.000 litros de carbunco militar, parte de los cuales fueron militarizados en bombas y misiles pero nunca se llegaron a utilizar. Al igual que el resto del programa NBQ iraquí, este carbunco fue desactivado y eliminado en los años '90, mucho antes de la invasión de 2003. Nadie ha encontrado prueba alguna de que pudiera haber sido transferido a otros países, como dijeron algunos para salvar la cara después de que se comprobara que en Iraq no quedaban armas de destrucción masiva a pesar de toda la propaganda belicista con que nos obsequiaron.

La cepa Ames y Estados Unidos, 2001.

Oficialmente, los Estados Unidos destruyeron todas sus armas biológicas en 1969, bajo la presidencia de Richard Nixon. Hecho esto, firmaron la Convención de Armas Biológicas, al igual que la Unión Soviética, Sudáfrica, Iraq y muchos más. A partir de ese momento, se sumaron también al discurso habitual de que nuestra investigación es estrictamente defensiva, aunque negándose sistemáticamente a que los protocolos de verificación se extiendan a las empresas privadas (incluso las empresas privadas que tienen estrechos lazos con el Gobierno).

Desde 1981, los Estados Unidos utilizan para su investigación defensiva una cepa de carbunco nueva y aún mucho más virulenta que la Vollum-1B: la llamada cepa Ames. Según cuentan, la encontraron en una vaca fallecida en Texas en 1981.Estas investigaciones se desarrollan en el USAMRIID, que es en lo que se convirtieron las antiguas instalaciones de Fort Detrick; y también en el Centro Médico Walter Reed y un par de unidades navales. Tanto el USAMRIID como el Walter Reed y la Armada trabajan habitualmente con numerosas empresas privadas; entre ellas, una llamada SAIC.

En 2001, poco después de los ataques del 11-S, se produjo un suceso que creó gran escándalo y paranoia y que seguramente recordarás: dos senadores demócratas y varios medios de comunicación recibieron envíos postales con carbunco. Veintidós personas resultaron infectadas, once de ellas con carbunco pulmonar: murieron cinco, una tasa de letalidad del 45% a pesar de los avanzados medios médicos que se usaron para salvarles la vida. Se trataba de dos trabajadores postales que manejaron las cartas –Thomas Morris y Joseph Curseen–, Robert Stevens del diario sensacionalista Sun y dos personas que nadie sabe realmente cómo entraron en contacto con el bacilo: la enfermera de origen vietnamita Kathy Nguyen de Nueva York y la anciana Ottilie W. Lundgren de Connecticut.

Las cartas contaminadas iban acompañadas por notas manuscritas con textos del tipo "muerte a América, muerte a Israel, Alá es grande" y temáticas al uso. Mientras la Administración Bush argumentaba que estaban ante un nuevo ataque de Al Qaeda seguramente realizado con las armas de destrucción masiva iraquíes, y con ella la mayor parte de los medios de comunicación estadounidenses, el FBI se puso a investigar. Lógicamente, recurrieron al USAMRIID para todo el análisis científico-técnico.

La cosa comenzó a complicarse cuando se demostró que el bacilo utilizado en estos atentados era idéntico a la cepa Ames del propio USAMRIID. Los informes de esta institución asegurando que las muestras contenían bentonita o sílicio –sustancias utilizadas en la militarización del carbunco– se contradijeron, se reafirmaron y se volvieron a contradecir, determinando al final que era silicio. Una investigación interna demostró que había esporas de carbunco por buena parte del edificio de USAMRIID, fuera de las áreas seguras. Y entre el personal de USAMRIID que podía haber tenido acceso a esta cepa se encontraba un tal Steven Hatfill. ¿Te suena? Sí, es el mismo que anduvo por la Rodesia del supremacismo blanco durante el brote de carbunco de 1978-1980, y que llegó a trabajar para el Gobierno a través de la empresa SAIC tras su retorno a los Estados Unidos.

Hatfill se convirtió de inmediato en el primer sospechoso para el FBI por este motivo y por un paper que había redactado previamente describiendo un ataque muy parecido. Su nombre se filtró a la prensa y los medios lo despellejaron. Entonces se produjo un giro imprevisto: el FBI comenzó a fijarse en otro científico del USAMRIID, el doctor Bruce E. Ivins, un católico extremista que había participado en la primera investigación de los atentados. Tanto con Hatfill como con Ivins, estaban ante una situación de lobo cuidando a las gallinas. Así que el FBI empezó a buscarse otros laboratorios para proseguir los análisis (sobre todo, los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore) mientras iba abandonando la pista de Hatfill para centrarse en la de Ivins. Según la familia y los abogados de este último, la presión llegó a ser extrema e Ivins fue ingresado por depresión.

En la mañana del 27 de julio de 2008, el doctor Ivins se zampó dos frascos enteros de Tylenol, lo que viene siendo paracetamol. Lógicamente murió un par de días después, de fallo hepático y renal; una forma de morir bastante perra. Se decretó suicidio, algo ciertamente digno de consideración en un católico tan cañero. No se hizo autopsia. Apenas ocho días después, el Ministerio de Justicia declaraba a Ivins "único autor" de los atentados con carbunco de 2001 y la investigación se cerró o al menos desapareció de la vista del público (documentos del caso). El exculpado Hatfill ha obtenido al menos diez millones de dólares del estado y de la prensa en concepto de daños y perjuicios.

Numerosas personas y medios han protestado por lo que hasta el Wall Street Journal considera un caso poco claro. El antiguo vicecomandante del USAMRIID, Richard O. Spertzel, declaró en su día que "en mi opinión, hay quizá cuatro o cinco personas en todo el país que podrían ser capaces de hacer este material, y yo soy una de ellas [...] E incluso con un buen laboratorio y personal para llevarlo, me costaría un año conseguir un producto tan bueno." Antes, había dicho "no creo que la ciencia pueda identificar el laboratorio o país del que se derivan estas esporas de carbunco. La calidad del producto contenido en la carta al senador Daschle es mejor que lo que se ha encontrado en los programas de armas biológicas estadounidense, soviético o iraquí, especialmente en términos de pureza y concentración de las esporas." Eso fue antes de que la ciencia descubriese que la cepa procedía del propio USAMRIID, claro.

Todo lo relacionado con las armas biológicas se mantiene en el más riguroso secreto, hablemos de Estados Unidos, de Rusia o del antiguo Iraq. Y el uso militar del carbunco, como estrella tradicional de los investigadores en guerra bacteriológica, no constituye una excepción. La ingeniería genética y otras técnicas que permiten multiplicar su resistencia a los antibióticos y vacunas seguramente harán que sigamos oyendo hablar de este viejo enemigo de la humanidad durante una buena temporada más. El antiguo carbón de los griegos y romanos ha encontrado su camino a los arsenales –o al menos a los laboratorios– más sofisticados de nuestro tiempo. Y, como siempre hizo, no se marchará fácilmente.

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